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España España · Cinecittà
Críticas de Xavier Vidal
Ordenadas por:
632 críticas
5
2 de octubre de 2011
366 de 548 usuarios han encontrado esta crítica útil
En las películas de Refn siempre hay más estilo y puesta en escena que verdad, veo forma pero poco fondo, y de haberlo, o no lo sé apreciar o me interesa más bien poco. De aquí que Bronson y Valhalla Rising, pese a la fascinación visual que dejan sus fotogramas, sólo me parezcan meros videojuegos. Las aprecio, pero como no llegaron a impactarme más que en el plano visual, días después ni las recuerdo. Las criaturas de Winding Refn son artificios muy bien montados, escenas muy bien ensambladas que en el fondo son historias huecas, carentes de emociones. Sus personajes son siempre monocromáticos, muy básicos, guiados por instintos. No son, aunque lo parezcan, ni héroes ni antihéroes, sino simplemente chusma detestable. No hay complejidad en sus actos, ni tan siquiera evolución, castigo o redención. En Refn siempre gana más lo feísta que lo lírico, y por consiguiente su cine, con excepcionales destellos de maestría, es igual de nauseabundo, sombrío porque sí. Todo lo dicho se aplica también a Drive, y cobra especial importancia porque Nicolas Winding Refn, definitivamente relanzado en su periplo norteamericano, ganó en el pasado Festival de Cannes la Palma de oro al mejor director.

Con Drive se cumple mi 'paradoja Refn'. La primera escena es de una intensidad elogiable, no podría estar mejor orquestrada. Hay pequeños detalles que corroboran el oficio del director: no todos filmarían la chaqueta de Ryan Gosling, con un escorpión dibujado que parece cobrar vida con la respiración del actor, después de la brutal escena del ascensor. Fotografía y banda sonora están excelentemente ensambladas. Pero tras la hora de metraje, cuando el director ya ha dispuesto casi todas sus cartas sobre la mesa, vuelvo a darme cuenta que no hay nada que sostenga el castillo de naipes. Winding Refn puede engañarme con su innegable savoir faire, pero no hasta el final. Y en seguida vuelvo a detectar la impostura, la exageración, la violencia gratuita que tanto le gusta. Estoy seguro que Refn busca que sus películas sean bellas en su fealdad, pero no complejas. Drive no lo es, así que ya se imaginarán que ese elogio en Cannes me parece muy cuestionable. Sea como sea, Drive marcará un antes y un después en la carrera de Refn: ahora toca ver si será otro director de encargo más en L.A. o preferirá volver a sus orígenes. Opte por el camino que opte, seguiré viendo sus películas. Drive es uno de los títulos del año. Y créanme: siento no poder compartir el entusiasmo de sus admiradores.

Xavier Vidal, Cinoscar & Rarities
Xavier Vidal
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9
10 de octubre de 2012
165 de 221 usuarios han encontrado esta crítica útil
Holy Motors es una película tan extraña, tan fascinante, tan hipnótica y tan singular que resulta difícil hablar de ella. Y la hemos esperado tanto que no sabemos si hacia ella sentimos rechazo o pasión desatada. Viéndola como un collage de imágenes abstractas, el film transita unos mundos, unas texturas, unos colores y unas atmósferas nunca vistas que dejan a la audiencia pegada a la butaca. Y si se quiere acceder al corazón del misterio, la película se presenta árida, inexpugnable, poliédrica, esquiva, nocturna. Holy Motors se disfruta en dos planos diferentes. El primero, el más primitivo: la atracción por las imágenes, y aquí Carax nos brinda estampas para la historia. Y el segundo, el más sesudo: el interpretativo. ¿Que qué es, o qué puede ser, o qué quiere ser, o qué intenta ser Holy Motors? Da igual. O tal vez no. O todo lo contrario. Quién sabe.

Hay la descripción de un París familiar pero a la vez extraño, deshumanizado, carnívoro, oculto. Es un homenaje a la figura del actor militante que vive por y para sus personajes, creando a cada función una 'tranche de vie' que es una ficción, o una ficción dentro de una ficción, o un símbolo de la sociedad tan extraña en la que vivimos. Puestos a ir más allá, cabe la posibilidad de que ese actor que muta sea una metáfora del humano moderno, en constante cambio, paranoico e inestable, alguien que como Oscar parte de un no hogar para dirigirse a ningún sitio y que al ser muchas personas termina por no ser nadie, por carecer de raíz, estabilidad e identidad. De no haber crítica podemos regocijarnos en su humor marciano. Y si uno no está para tantas historias, siempre se puede pensar que todo lo visto forma parte de un retablo de locuras, la película dentro de la película que miran los espectadores cadavéricos de la primera escena.

Ver Holy Motors es como intentar contener agua en la palma de la mano: se escapa, cambia a cada segundo, se cuestiona y reformula con una rapidez increíble, desestabiliza al no saber qué será lo próximo y deja la sensación de una película tan viva como muerta que de alguna manera es un género cinematográfico en sí misma y es una mezcla de cosas, es unidad y es mosaico, es puro cine y al mismo tiempo pura figuración. Desde la duda, pero con la certeza de que Holy Motors cala hondo, Carax ha logrado una obra maestra a la que tendremos que volver queramos o no para redescubrirla, diseccionarla, saborearla. Un juego de espejos, de caras y de reflejos, que tiene su punto culminante en la escena musical protagonizada por Kylie Minogue. Sea fruto de la genialidad o de la trampa Holy Motors ya es la horma del zapato y la recurrente obsesión de este cinéfilo que cree que Los amantes del Pont Neuf es un peliculón incomprendido. Carax sigue siendo el raro de la clase, el cineasta marginado y el artista maldito. ¿Será Holy Motors autobiográfica? Véanla, ámenla u ódienla, pero opinen. No les dejará indiferentes.

@Xavicinoscar, Cinoscar & Rarities
http://cachecine.blogspot.com
Xavier Vidal
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8
21 de octubre de 2011
115 de 122 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rescaten los moldes, el bote de harina y el azúcar del fondo del armario. Pongan sobre la mesa El color púrpura, agítenlo con un poco de Mujeres desesperadas y añadan una pizca de drama de Oscar. Viertan el contenido de la batidora en un vaso y les saldrá Criadas y señoras. Desde ya, un placer culpable que logró escalar hasta lo más alto del ranking estadounidense y que no sería raro ver entre las predilecciones femeninas de esta temporada otoño-invierno. Para empezar: todas las mujeres de Criadas y señoras son muy arquetípicas, muy tiquismiquis, muy resabidas, muy relamidas, muy 're-'. Pero viene a suceder como con Tomates verdes fritos y Julie & Julia, y no abandonamos la cocina: la historia está bien contada, tiene ritmo, lo que los sureños llamarían swing. Y la cocina es precisamente el lugar donde se gesta este relato de racismo, desigualdades y secretos caseros.

¿Qué sucedería si la criada afroamericana de la señora Drapper fuera la protagonista de Mad Men? ¿Y si la misma Viola Davis hubiera copado más frases de guión en La duda o Lejos del cielo? ¿Cómo sería una Diario de una niñera en los años del Ku Klux Klan? Apunten la receta:

Ingrediente 1: La película tiene un reparto excelente. Todos los personajes (amas de casa jóvenes, parejas, vecinas, madres) tienen su momento de lucimiento.

Ingrediente 2: Lo retro está de moda. Trajes que parecen estampados de cortina, pelos que atentan contra la ley de la gravedad, ademanes muy exagerados. Las protagonistas quedan para hablar, comentan frivolidades. Algo que nos lleva al...

Ingrediente 3: Sí, es una película descaradamente kitch que muchos deberán ver con el pañuelo en la mano. Sí, muestra de forma un tanto discutible lo mal que lo pasaron los negros bajo la tiranía de los blancos. Sí, hay diálogos que parecen sacados de una película de Oscar de finales de los 70 - inicios de los 80. No es un estudio serio o fiel a los hechos que narra. Es más, la verdadera historia de opresión y racismo le importa bastante poco. Siempre resulta discutible la actitud pánfila de las protagonistas. No es una película incisiva, sino complaciente, con sonrisas y lágrimas de manual. Pero...

Ingrediente 4: Criadas y señoras tiene personalidad. Dura casi dos horas y media y nunca se desploma. Obviamente, no es la típica comedia de sábado por la tarde. Sabe combinar las personalidades de sus personajes y dispone la historia en el orden correcto. Si uno acepta las reglas del juego y sabe el diseño del menú, es difícil no admitir que Criadas y señoras cumple con creces su objetivo. Es fresca y agradable, o por lo menos más interesante que el resto de comedias estrenadas este año. Para chuparse los dedos.

Y recuerda: Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante.

Xavier Vidal, Cinoscar & Rarities
Xavier Vidal
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8
8 de diciembre de 2015
110 de 117 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tengo 25 años, y 'Merlí' es la serie que me hubiera gustado ver diez años atrás. Nuestros jóvenes están acostumbrados a consumir productos adocenados, sitcoms de instituto que potencian clichés y prototipos engañosos. 'Merlí' es una serie adolescente, pero sobre todo muy madura. Transmite valores, invita a pensar y produce emociones. Se dirige a un abanico muy amplio de espectadores: con independencia de la edad que se tenga, se sea alumno o docente, cada uno podrá apreciar en la serie pequeños destellos de verdad, escenas que ha vivido, dudas que ha experimentado y reflexiones que en algún momento hicimos pero que no nos atrevimos a verbalizar. En definitiva: 'Merlí', por su riqueza artística y su vocación ciudadana, es el modelo de ficción que debería promover la televisión de nuestros días.

Merlí, un personaje redondo y muy complejo, habla y actúa sin filtro alguno, y eso produce un gran malestar en el instituto donde trabaja. Los profesores se sienten incómodos ante sus originales métodos pedagógicos, mientras que su descaro y sinceridad potencia una sorprendente catarsis en cada uno de sus alumnos. La serie hace confluir la evolución académica y anímica de todos los personajes con el temario de Filosofía que el protagonista explica en sus clases, un punto de vista que enriquece su premisa juvenil. En consonancia con esa idea, los títulos de sus episodios coinciden con los nombres de distintos filósofos, demostrando que la verdadera enseñanza educa por y para la vida, partiendo de referentes reales y dispuesta a transformar el devenir de sus protagonistas. Puede parecer un discurso muy poético, una carambola narrativa cargada de idealismo, pero en un momento de zozobra como el que nos ha tocado vivir una serie como 'Merlí' invita al debate y abre los ojos.

Pero ahí no terminan las virtudes de la serie revelación de esta temporada. Pocas veces podemos encontrar un reparto de actores jóvenes tan brillante, con una solvencia y naturalidad apabullante. La ironía de las 'merlinadas' del magistral Francesc Orella apuesta por un humor inteligente muy loable, en las antípodas de la chabacanería de otras producciones que, a priori, se dirigen a públicos y tratan temáticas similares. La serie contiene uno de los discursos más acertados sobre el despertar de la sexualidad y de la homosexualidad, sin ñoñeces ni eufemismos: estoy seguro que la sensibilidad con la que la serie trata estas cuestiones tenderá puentes entre padres e hijos. Y además, pocas veces el lenguaje de una serie con personajes que estudian bachillerato resulta tan auténtico: en este sentido, el catalán que hablan sus protagonistas es actual, vivo y creíble, muy lejos de las muletillas prefabricadas que solemos escuchar en la pequeña y la gran pantalla actual.

Empecé diciendo que tengo 25 años y que 'Merlí' es la serie que me hubiera gustado ver diez años atrás. Y aquí ya no habla el bloguero que escribe reseñas, sino el alumno que fui no hace tanto y el docente que me gustaría ser en un futuro. Entiendo perfectamente las ansias de Joan por rebelarse contra sus padres, por mucho que éstos sólo quieran lo mejor para él. También a Bruno, una buena persona que de manera inconsciente hace daño a los demás para evadirse de sus fantasmas. O el espíritu de superación de Pol, las dudas de Gerard, los miedos de Ivan, la madurez de Mònica, la humanidad de Tània, la espontaneidad con pasado doloroso de Oliver o las ganas que tiene Berta por sentirse querida y aceptada por el grupo. Trece capítulos para reír y, por qué no, para echar alguna que otra lágrima sana. Sólo queda felicitar y dar las gracias al director Eduard Cortés, a su vastísimo reparto, a su equipo técnico y a su creador, Héctor Lozano: 'Merlí' es una serie para atesorar.

@Xavicinoscar, Cinoscar & Rarities
http://cachecine.blogspot.com.es/
Xavier Vidal
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8
14 de noviembre de 2012
110 de 121 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las mejores películas son las que cuentan las mejores historias. Es importante tener unos buenos actores, un buen guion de base y a poder ser un productor de confianza, pero sin buenas historias estamos perdidos. La mayoría de films que se estrenan en las salas casi nunca tienen un argumento potente. Searching for Sugar Man reúne todos los ingredientes del mundo para ser una película poco o nada atractiva: documental (género que tenemos pocas ocasiones de disfrutar en pantalla grande, por lo general bastante maltratado) musical (con el peligro que eso conlleva: parece un film 'para fans') sobre un cantante que nadie conoce (ni tan siquiera tenemos un nombre de peso que justifique el visionado del film). Pues bien: es una obra apasionante. Puede que no sea la mejor película del año si valoramos cuestiones técnicas o si nos ceñimos a los criterios críticos que queramos, pero es de lejos la mejor historia de este 2012. Y encima real. Tan real que parece mentira. Vaya, que debía convertirse en película. ¡Y qué peliculón!

No se debe contar demasiado sobre quién es el Sugar Man del título y quién le busca con tanta pasión como para hacer una obra audiovisual al respecto. Mejor asistan a la sesión vírgenes. Y flipen. Y si todo esto no les anima, deben saber que Searching for Sugar Man es una historia bigger than life típicamente yanki, al mismo tiempo una apasionante cinta policíaca llena de misterios, una posibilidad de sumergirnos en los entresijos de las compañías discográficas y un cuento grandioso sobre los caprichos de la fama y las verdaderas prioridades de la vida. En el fondo no estamos lejos de un fairytale con mensaje y final feliz a ritmo de folk. La ópera prima de un sueco que viaja hasta Suráfrica para encontrar las pistas de un artista de raíces mexicanas que publicó dos discos en el Detroit de los años 70. Entretenida, conmovedora, absolutamente arrebatadora y fascinante.

@Xavicinoscar, Cinoscar & Rarities
http://cachecine.blogspot.com
Xavier Vidal
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