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Johnny Guitar

Western. Drama La relación sentimental entre Vienna, la propietaria de un salón situado en las afueras de una ciudad del Oeste, y Johnny Guitar, un pistolero con el que se vuelve a encontrar en un difícil momento, constituye todo un clásico que alcanzó un gran éxito de taquilla. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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13 de noviembre de 2007
104 de 111 usuarios han encontrado esta crítica útil
Johnny: ¿A cuántos hombres has olvidado?
Vienna: A tantos como mujeres tú recuerdas.
Johnny: ¡No te vayas!
Vienna: No me he movido.
Johnny: Dime algo agradable.
Vienna: Claro. ¿Qué quieres que te diga?
Johnny: Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.
Vienna: Te he esperado todos estos años.
Johnny: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.
Vienna: Habría muerto si no hubieses vuelto.
Johnny: Dime que aún me quieres como yo te quiero.
Vienna: Aún te quiero como tú me quieres.
Johnny: Gracias.muchas gracias.
Vienna: Como te he esperado, por qué has tardado tanto.

Es la declaración de amor más bella y maravillosa que yo haya visto jamás, con la rareza de encontrarlo en un western, con unos diálogos brillantes y redondos como casi en ninguna otro film, con una Vienna interpretada por Joan Crawford con una radicalidad y una altura absolutamente impresionante, la misma altura desde la que se enfrenta a un pelotón de linchamiento en una de las secuencias más magistrales de la historía del cine, con un Sterling Hayden, al que no se le hace la justicia que merece, pero que nos ha regalado unas interpretaciones majestuosas como en ésta, Atraco perfecto, o la Jungla de asfalto, aquí vuelve a encarnar a un pistolero cansado y de vuelta de todo que busca desesperadamente engancharse a la vida con la que parece será su última oportunidad.

Una banda sonora fascinante, con un tema principal inolvidable, con unos secundarios en estado de gracia, una decoración de interiores magistral, donde destaca de manera poderosísima la iluminación que parece que proviene directamente de los candelabros que adornan las paredes de piedra roja, que hacen que se acentue el carácter barroco de la película, porque tanto el amor, el odio y las pasiones se describen en términos absolutos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
maguffi
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27 de julio de 2006
86 de 98 usuarios han encontrado esta crítica útil
La capacidad que han tenido algunos directores para transgredir las normas de los géneros que abordaban en sus films es legendaria. Nicholas Ray fue uno de ellos y “Johnny Guitar” es un claro exponente de esta afirmación. Western atípico dentro de la historia del cine es ante todo un film de Ray con todos las signos de identidad propios de su cine. Film mítico como pocos se le han querido buscar interpretaciones diversas, incluida una vertiente de denuncia de la “caza de brujas”. Personalmente opino que en esencia “Johnny Guitar” es una intensa, poética y apasionada historia de amor.
Una de las cumbres indiscutibles del cine, rodado en estado de gracia, “Johnny Guitar” es un film extraño y conmovedor que disecciona los sentimientos más íntimos del ser humano sometidos a la separación física y temporal y que nos sumerge en la posibilidad de recuperar el pasado, aún en un medio hostil lleno de odios y de rencores, que atrapa al espectador desde el primer plano. Con secuencias inolvidables y algunos de los diálogos más famosos y míticos de la historia del cine -impagable el del encuentro nocturno- la relación desgarrada y condicionada por el pasado entre Vienna y Johnny Logan es de un romanticismo que cae de lleno en el “amor fou” y se sitúa a caballo entre el amor, el odio y la pasión. Un extraordinario y sólido guión y la soberbia dirección de Nicholas Ray proporcionaron a Joan Crawford uno de los mejores papeles de su vida, y a Sterling Hayden el mejor junto al Dix de “La jungla del asfalto” de John Huston. La deslumbrante fotografía en Truecolor, el sugerente colorido del vestuario enfatizando lo que la imagen ya nos muestra -esa majestuosa Vienna tocando el piano vestida de blanco, por primera y única vez, mientras espera-, la inmortal partitura de Victor Young, el tema de amor y la canción cantada por Peggy Lee forman parte sin ninguna duda de la mítica del film y contribuyen a hacer de “Johnny Guitar” una obra maestra de Ray, del western y del CINE con mayúsculas. Una imprescindible obra maestra total y absoluta del cine de todos los tiempos de obligado visionado.

Francesc Chico Jaimejuan

Barcelona 27 de julio de 2006
Harry Lime
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4 de diciembre de 2007
61 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil
Noveno largometraje de Nicholas Ray, título esencial dentro de su filmografía y uno de los "westerns" más relevantes. Escrito por Ben Maddow, al que presta su nombre Philip Yordan por hallarse apartado del oficio a raiz de la "caza de brujas", se basa en la novela "Johnny Guitar" (1953), de Roy Chanslor. Se rueda en exteriores de Red Rock Crossing y otras localizaciones de Sedona (Arizona) y en estudio, con un presupuesto de serie B. Producido por Herbert J. Yates, se estrena el 27-V-1954 (EEUU).

La acción tiene lugar en tierras de Arizona, en torno a 1880, durante varios días. Johnny Logan, alias Jonny "Guitar" (Sterling Hayden) es un pistolero legendario que desea cambiar de vida y acepta trabajar en Arizona como guitarrista del "saloon" de Vienna (Joan Crawford), amante de Dancing Kid (Scott Brady), antiguo novio de Emma Small (Mercedes McCambridge).

El film es un "western", una obra de cine negro y una apasionada historia de amor. Como "western" transgrede las normas del género. Abandona la habitual exaltación masculina, enfrentando a dos mujeres fuertes. La venganza no es concebida como un fin en si misma: pasa a ser considerada como un medio al servicio del análisis de sus causas, relaciones y consecuencias. La aventura cede su preminencia al drama romántico apoyado sobre una arquitectura básica de cine negro. Los personajes que pueblan el film son perdedores, seres solitarios, personas que cargan con el peso de derrotas, frustraciones y amarguras. Su perfil queda lejos de la mitología convencional del oeste. Por lo demás, el film mira el mundo con ojos de profundo pesimismo: considera que la corrupción es parte esencial del mismo, que la sociedad castiga la sinceridad, la inocencia y el amor, que la venganza y la codicia determinan el comportamiento de las personas y que la fatalidad rige el devenir de la historia. El realizador muestra su preocupación por la adolescencia y juventud, a la que dedica un trabajo posterior ("Rebelde sin causa", 1955). Denuncia la violencia que anida en la sociedad americana y muestra el rostro áspero de la frustración y represión sexual. Hace uso de símbolos (guitarra) y construye una ácida alegoría de la "caza de brujas". Los personajes se presentan bien construidos, los diálogos son fluidos, concisos y rotundos y la dirección presta especial atención a gestos, miradas y movimientos, en ocasiones voluntariamente exagerados. Godard en "Pierrot el loco" (1965), Truffaut en "La sirena del Mississippi" (1969) y Almodóvar en "Mujeres al borde de un ataque de nervios" (1988), rinden homenaje de admiración al film.

La música, de Victor Young, combina composiciones de cuerdas, piano y viento metal, de gran intensidad. El tema central es el de la canción "Johnny Guitar", de V. Young y Peggy Lee. La fotografía hace uso del blanco y del negro en el vestuario para poder recurrir al sistema Truecolor, visualmente efectista. La interpretación de Joan Crawford es memorable.
Miquel
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14 de mayo de 2008
65 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tenía carcasa de western, la peli, Hayden llevaba la épica en el rostro marcada y Crawford las grietas de las pioneras. Allí danzaban revólveres, caballos, diligencias, miradas de pistoleros helados, penetrantes, sucios...

Pero entonces el color... ese TruColor de blusas amarillas y rojas, un efecto de la Republic que parece colorear los fotogramas con cobre fundido... No es un color pertinente, no encaja.

Ésa no es la luz del salvaje oeste, ése no es el vapor del ferrocarril.

Aparece Mercedes McCambridge y se cruza con Joan Crawford. Las observas, unidas son el fuego de la frustración, el odio y la venganza en un mármol de intenciones veladas, de represiones latentes que existirán o no según los ojos del espectador que mire. Esto no es un western, piensas, se pongan como se pongan. Y esas paredes de roca viva te dan la pista, paredes sin piel que buscan encajar personajes descarnados en una peli de interiores. Y más detalles como una simbología quizás excesiva para el oeste (el vestuario, el agua, el fuego...). En fin, tantas cosas.

Pero Johnny Guitar es un vaquero que quiere echar raíces a lo A. Mann, opondrán algunos, y sale el fordiano Ward Bond. Y "El bailarín" es el típico secundario del oeste, típico asesino que mata bravuconeando.

Los diálogos, pues, serán el argumento definitivo para echar por tierra las pretensiones de western que a esta cinta se le quieran atribuir. Diálogos de cine negro aderezados con la amargura vital de Ray (uno de los directores, insisto, más complejos e interesantes del Hollywood clásico). Y entonces ese color adquiere ya por fin su sentido. Un color forzado, enrarecido, que refleja lo irrespirable de las vidas de estos personajes.

Es una película extraña, finalmente, porque aglutina elementos del western, perfila personajes de inusitada y afilada introspección psicológica, lo funde con la más clásica de las tragedias, y nos lo sirve una vez pasado por el tamiz de las obsesiones personales de Nicholas Ray (la soledad, la incomprensión de los recuerdos...), director que, dicen, mantuvo una relación con la Crawford. Quizás esta peli, agazapada entre caballos, hable de eso de alguna manera.

Pegan algunos tiros también, añado.
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5 últimos apuntes, a modo esquema, para espectadores inquietos:
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Bloomsday
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1 de septiembre de 2010
35 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Es un western? ¿un romance? ¿un melodrama? ¿una tragedia de inconfundible tinte griego? ¿alguien podría clasificarla? No, no lo creo. Porque más allá de todo eso, “Johnny Guitar” es -fundamentalmente- una peli inclasificable. Una peli demasiado grande para poder delimitarla tan fácilmente. Una peli que trasciende las divisorias de cualquier topic que se os ocurra para situarse, simple y llanamente, en ese sacrosanto tabernáculo en el que encontramos a los mejores films de todos los tiempos.

Hay, sin lugar a dudas, algo mágico en ella. Algo mágico, hipnótico y adictivo. Algo que no te deja indiferente y que te induce a amarla o a odiarla con la misma intensidad. Quizás sea la penetrante mirada de Vienna, el enigmático pasado de Johnny, la magistral partitura de Young, su ineludible lectura cromática o ese desbordante torrente de aforismos con el que podrías empapelar tu casa. No lo sé. Posiblemente todo se deba a quien con tanto talento supo coordinar todos esos componentes. Nicholas Ray. Un cineasta en estado de gracia cuya triste y agria mirada consiguió imbuir en este peliculón una atmósfera tensa, angustiosa, irrespirable. Una atmósfera que no da tregua al espectador en ningún momento y que lo lleva en volandas hasta la catarsis final. Y de ahí, a uno de los más románticos y estremecedores desenlaces del séptimo arte.

Como vulgarmente se dice, obra maestra.

Próxima entrega, "Duelo en la alta sierra", de Sam Peckinpah.
Taylor
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