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Una doble vida

Drama. Intriga Retrato de la alta sociedad francesa. Leda, la amante del señor Marcoux, es asesinada. Su familia prefiere dejar que la policía inculpe a un inocente que no pertenece al circulo familiar, pero el prometido de la hija de Marcoux no está de acuerdo. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
10 de julio de 2011
26 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es una de las primeras películas (la segunda o la tercera) del realizador Claude Chabrol (1930-2010). Adapta la novela “The Key To Nicholas Street” (1952), del neoyorquino Stanley Ellin. Estrenado en Francia el 4-XII-1959, el film constituye una muestra destacada de la habilidad narrativa del autor y la atención preferente que presta a la construcción del relato. Sobresale el uso que hace del flashback y del flashforward, la presentación de escenas simultáneas vistas desde puntos de vista diferentes o contrapuestos, que sitúa en momentos diferentes de la narración.

Su condición de cinéfilo, le lleva a tomar de Buñuel y Truffaut adornos narrativos como la mirada reiterada a los pies, la gestualidad del andar, imágenes de animales que delatan la presencia de la irracionalidad (pavo real, mosca, peces), reflejos en espejos, la rotura de espejos como aviso de giros en el relato y confirmación de causas de hechos pasados o futuros. Por lo demás, exhibe una gran capacidad para el diseño de los movimientos de cámara y la composición de los encuadres. Sobresalen en este sentido dos escenas singulares: la huída de un personaje soberbiamente subrayada con un acelerado y grandilocuente desplazamiento de cámara y la división de la pantalla en dos secciones mediante la caña de una sombrilla que explica sin palabras el grado de separación que media entre un personaje y la pareja de la policía encargada de una investigación.

Focaliza la atención en la descripción de la mediocridad y la perversidad de la burguesía. La muestra indolente, envidiosa, desleal, agresiva, corrupta, autoritaria, clasista, egoísta, desquilibrada y obsesionada por las apariencias y la seguridad que proporciona la propiedad de medios de producción estables, como la tierra y su cultivo. Rodada en la campiña de Aix-en-Provence en mayo de 1959, la película enmarca la acción en un paisaje opulento y luminoso, que contempla desde perspectivas variadas con el propósito de cautivar la mirada del espectador y emular en color las visiones de la cámara impresionista de Jean Renoir.

Combina música e imágenes en descripciones coloristas, cálidas y de una gran frescura. Es acertada y muy grata la música minimalista de Paul Misraki, a la que encomienda funciones descriptivas y explicativas de escenas tan conseguidas como la inicial, que anticipa un crimen precedido y rodeado de violencia. Los cortes de “Romeo y Julieta”, de Héctor Berlioz, son sugerentes, oportunos y emocionantes. El fragmento de la sonata en mi bemol de Mozart aporta elementos de contraste y, a la vez, glosa el apego que siente el autor por la música de los grandes clásicos.

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SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Miquel
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14 de septiembre de 2010
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Inventor y precursor de la Nouvelle Vague, Claude Chabrol abandonó pronto esta corriente para dedicarse a lo que en realidad le ha hecho un gran cineasta: el retrato áspero de la alta burguesía francesa en clave hitchcockiana. Quizás por eso su fama no sea tan grande como la de sus compañeros Godard o Truffaut; injusticias cinéfilas supongo. Sin embargo, y repasando su extensísima filmografía, podemos decir que el parisino estuvo, sin ninguna duda, a la altura de sus célebres compañeros.

Y si hay una película donde Chabrol comienza a despegarse y a marcar su propio destino esa es “À double Tour”. Viendo los títulos de crédito iniciales, las escenas de Belmondo desinhibido o ciertos acompañamientos musicales tenemos que reconocer que la Nueva Ola está presente y con ella una nueva expresión del lenguaje cinematográfico. Pero el alma, el fondo del film, desenmascaran al cineasta para descubrir lo que a partir de ese momento va a ser una constante en su cine: el golpeo incesante y sin piedad a una sociedad burguesa acaudalada cuyas miserias y despotismos muestran continuamente el lado más sucio del ser humano. Actos gobernados por la envidia, la infidelidad, el egoísmo y la frialdad, y que retratan a una clase social abocada al fracaso más absoluto.

Todo esto Chabrol lo envuelve en la campiña francesa, en sus colores y hasta me atrevería a decir que en sus olores. Las asociaciones son fáciles y hacen recordar rápidamente a Renoir y pensar que, si hubiera tenido la ocasión, el genial director francés hubiera utilizado las mismas tonalidades que Chabrol para su inolvidable “Partie de Campagne”. Pero también los interiores son importantes para el cineasta; cuidados hasta el más mínimo detalle allí tiene lugar la escena clave del film y en la que, haciendo un ejercicio de estilo destacable y utilizando varios recursos narrativos y técnicos brillantes, transforma lo que en un principio es un mero drama de descomposición familiar en una tragedia de descomposición humana. Magnífico.

Sin tener perfilado aún su estilo y con numerosos aspectos a mejorar, en “À double Tour” podemos decir rotundamente que Chabrol comienza a ser Chabrol en un film que anticipa perfectamente una década de los sesenta que sirvió al parisino para dejar varias obras imperecederas y para demostrar que uno puede seguir su propio camino, lejos del éxito, sin que ello te lleve al fracaso.
Alfie
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3 de diciembre de 2017
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La imagen que queda de ellos, los bien posicionados, los que tienen una condición social privilegiada, no puede ser más lamentable. Hay tantos gustos como colores, eso ya lo sabemos todos, pero en lo personal que la burguesía quede tan maravillosamente retratada me encanta. Lo digo por lo estúpidos que parecen. El Chabrol de "Una doble vida" ya apretaba el gatillo sin complejos, en este caso a través de una historia fácil de seguir que incluye bastantes personajes y que pese a su sencillez es capaz de darle vueltas con estilo propio y tirando de recursos para que parezca más de lo que es. Me encanta eso que llaman flashforward, enseñar una escena de una manera, desde un punto de vista, y hacerlo parte de otra escena, principio o final, desambiguación literaria implantada en imágenes. No todos saben hacerlo así de bien. En este caso ver a Belmondo almorzar desde varios puntos de vista es una gozada, verlo cómo come haciendo ruido, como un cerdo, bebiendo y riéndose en la cara de todos.

Chabrol tiene una filmografía bastante extensa de manera que los iniciados supongo que debemos estar contentos por todo lo que nos queda por ver. "Una doble vida" bien mirado es triste, porque triste es la vida de quienes teniéndolo todo materialmente están podridos por dentro, son mezquinos, indolentes, improductivos, producen repelencia y carecen de energía. Belmondo es el contrapunto seguramente, canalla y de actitud chulesca. Vale la pena sólo por ver su sobreactuación, tan contundente que sobresale por encima del resto. Vaya con la familia que trajina casi como le da la gana. Uno de los grandes en la dirección y otro en la interpretación. Buen cine francés.
Luisito
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26 de julio de 2021
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Chabrol en sus inicios, cuando valía la pena. Después de Le Beau Serge y a la vez que Les cousins, rueda esta, en color, apartándose ya un poco de lo más típico de la nouvelle vague. Esto es un thriller en toda regla, pero combinado con comedia, gracias a un exuberante Jean-Paul Belmondo, en un personaje inexplicable, pero que da juego.
Aparte de todo, podemos ver a Antonella Lualdi, una de las mujeres más bellas que ha dado el cine.
Los planos, los detalles, el combinar música clásica con tragedia…, todo muestra a un Chabrol joven, lleno de ideas y capaz de dar al relato una amenidad indudable.
Destacar también el gran papel de André Jocelyn, un actor que hizo alguna que otra película más y del que no he conseguido obtener más información.
Se ha dicho con frecuencia que Chabrol fue un director que siempre hizo la misma pelÍcula. Después, sí, pero al principio no. Y esta película lo demuestra.
yoparam
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