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Midnight in Paris

7,3
71.996
votos
Sinopsis
Un escritor norteamericano algo bohemio (Owen Wilson) llega con su prometida Inez (Rachel McAdams) y los padres de ésta a París. Mientras vaga por las calles soñando con los felices años 20, cae bajo una especie de hechizo que hace que, a medianoche, en algún lugar del barrio Latino, se vea transportado a otro universo donde va a conocer a personajes que jamás imaginaría iba a conocer... (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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14 de mayo de 2011
325 de 364 usuarios han encontrado esta crítica útil
Definir esta película en pocas palabras es fácil, pero cruel, innecesario e injusto. Lo haré, de todas formas: es una película que transpira buen humor, transpira amor, respeto por las calles que pisa y por las figuras clásicas que expone, cariño hacia la figura que Woody Allen fué, agrado hacia el presente y nostalgia hacia el pasado. Es una película blanca, limpia, ajena a maldad alguna más allá de provocar a los que creen que lo barato es barato y el respeto es comunismo. No hay ningún plano equivocado, no hay ninguno que se aleje del propósito de contarte una historia, pues aunque es un escaparate de sueños, nunca deja de avanzar, de desgranar la figura del artista, pasado y presente, y lo hace con una mano meticulosa, precisa, fina en los movimientos de camara y fotógrafa en los planos fijos. No hay un actor desubicado, ni incorrecto. Es una película que en su sencillez ronda la perfección y en su originalidad, en su forma, se hace irrepetible.

Lo mejor de toda ella, es la sonrisa que te acompaña desde que Owen Wilson habla de París hasta que cae la lluvia y se cierra el telón. Es una sonrisa feliz, inconsciente, de la que es imposible separarse. Si el cine es emociones, pocas películas me han atado nunca tanto a una emoción, sea cual sea.

En resumen, en pocas palabras: Blanca, pura, casi perfecta.
0Gilthas0
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13 de mayo de 2011
142 de 166 usuarios han encontrado esta crítica útil
Salvo alguna honrosa excepción, el periplo por el viejo continente de Woody Allen (iniciado hará ya más de un lustro) no se estaba saldando con demasiada buena nota. Un resultado por lo menos curioso, sobre todo teniendo en cuenta la fama de "autor europeo" que le ha perseguido casi desde los orígenes de su larga y fecunda carrera, y que de algún modo venía a ser una explicación algo simplona de por qué sus películas parecían tener siempre una mejor acogida en el otro lado del charco (el nuestro, se entiende).

Agarrándonos a esta concepción de las sintonías allenianas, no deja de ser paradójico que las visitas de este veterano autor a ciudades tan emblemáticas como Londres o Barcelona se tradujesen en productos tan mediocres dentro de su historial. Y no deja de ser preocupante que sus mejores productos a lo largo de estos últimos años surgieran bien de sutiles revisiones de alguna de sus obras mayores (es el caso de 'Match Point', versión más agria de 'Delitos y faltas'), bien de recuperar guiones que llevaban décadas abandonados, y que de paso le servirían para volver a los Estados Unidos ('Si la cosa funciona').

En ningún lugar como en casa. Una filosofía que delata un más que evidente chobinismo, que de esto saben mucho en Francia... más aún en la gran capital. París, esa ciudad siempre con ambición de acapararlo todo en el sí del país galo, tiene algo especial. "París me excita", afirmó el genio neoyorquino en la rueda de prensa de presentación en Cannes de su última obra. Rueda de prensa en la que no perdidó la ocasión de mostrarse -una vez más- tímido ante los medios de comunicación, y de presentar un aspecto que, por qué no decirlo, de buen seguro hiz sufrir a más de uno por su estado de salud. Afortunadamente, la película que trajo bajo el brazo dejó mejores sensaciones. ¿Podemos hablar de la mejor película de esa especie de "European Tour" de Allen? Sin duda. Es más, 'Medianoche en París' hace méritos suficientes para entrar, quizás no en el grupo de obras cumbre de Allen, pero sin duda en el de las que con el paso de los años vamos a recordar con mucho cariño.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
reporter
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19 de mayo de 2011
118 de 122 usuarios han encontrado esta crítica útil
Podría analizarla al detalle, hablar del guión, del ritmo, de la fotografía e incluso hacer referencias a películas anteriores del genio neoyorquino. Pero esta película es un placentero viaje para dejarte llevar y disfrutar de un cuento mágico, esperanzador y donde la esencia de un cerebro brillante como Allen nos va pintando un lienzo mientras se nos dibuja una sonrisa en la cara.

El tiempo lo dirá, pero yo he tenido la sensación de haber asistido a una de las obras maestras de Woody Allen.

Es una película limpia, amable, sin burlas. Una declaración de respeto y admiración a París y a las figuras clásicas que él tanto admira y que van desfilan por la pantalla dejando pinceladas maestras. Todos ellos personajes tratados con un cariño que conmueve. Cada plano, cada calle por las que camina son un poema de amor en si. Incluso su brillante sentido del humor, más agudo que nunca, se aleja del sarcasmo y nos regala unos diálogos donde las bromas parecen dichas desde el cariño, desde la mas dulce de las nostalgias... bajo la lluvia de París .

Una película mágica , un viaje con billete de ida y vuelta, de la que sales con un estado muy parecido al de la felicidad.
play it again Sam
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28 de mayo de 2011
117 de 130 usuarios han encontrado esta crítica útil
Midnight in Paris comienza con un pequeño ciclo de postales. Acto seguido, una familia de pijos estadounidenses (superficiales, bufos, repulsivos), entra en escena. Todo huele a crítica feroz de espuma y palomitas: personajes de una pieza, buenos chistes, técnica impoluta, un sosias –otro más, pero ninguno me complace tanto como el genuino– del propio Woody Allen en el papel protagonista.

Acomodados en la butaca, dispuestos a disfrutar de este paseo en bateau-mouche por las aceras de ‘Paris, la nuit’, un coche antiguo nos recoge…

…y nos conduce a otra París idealizada (esa luz, nocturna y ocre, es menos de la capital francesa que de Allen), retratada en brillo (no en profundidad), con personajes bufos de una pieza, buenos chistes, técnica impoluta y el sosias de Woody campando alucinado por los Campos Elíseos de una pasión que en él es llama doble: el arte (los artistas) y el eterno femenino.

Los artistas, esos cómicos, son satirizados sin piedad y con cariño; en el fondo, se nos dice, son inocuos en vida y fértiles en obra. Los otros, los no artistas –el profesor pedante, la mujer florero, los padres ultraconservadores y clasistas, la idea gris del funcionario made in Hollywood– son caricaturizados sin atisbo de cariño y sin piedad, pero con mucha gracia.

El conjunto es algo desigual y francamente divertido. Woody Allen, en la orilla de su vida, se nos muestra nostálgico y mordaz. Se parapeta frente al miedo ante la muerte con sus dos queridas y canónicas eternidades: el Arte y la Mujer.

Existe, para él, la Edad de Oro. Y es que cada uno de nosotros alberga en su interior una pléyade particular de genios y poetas –es curioso observar cómo se imbrica el arte en el tejido de la vida, cómo se teje y se desteje nuestra historia personal en el tapiz de obras, sitios y recuerdos que configuran la memoria.

El tiempo pasa, la Edad de Oro adopta la forma idealizada de un pretérito irreal –o, más bien, hiperreal en tanto que evocación perfecta, plena y muy presente del pasado.

El eterno femenino, para Allen, es una carrera de relevos en la que, en toda época y lugar, habrá una jovencita que nos lleve de la mano en dirección contraria a la guadaña. Ya se sabe que Eros es el gran antagonista de la Muerte.

¿Y el Arte? El Arte es un divertimento. Los artistas son ridículos farsantes con encanto. Pero sin esa farsa, el aire de este mundo sería irrespirable.

===

Woody, el viejo Woody, no puede ser más transparente en su mensaje: que exista siempre una mujer con quien sentir, a orillas de algún Sena, el penúltimo disco de Cole Porter.
Servadac
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21 de mayo de 2011
75 de 83 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cualquier tiempo pasado fue mejor.
Una cita que no es invención de nuestros tiempos, si no que ya se recogía incluso en la Biblia (Eclesiastés, 10,7) o el mismo Jorge Manrique en su obra "Coplas a la muerte de su padre".

Esto puede que nos ayude a entender un poco la añoranza de Woody Allen hacia el París de los años veinte. Y es que... ¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir en otra época, soñar un cambio de la situación actual o simplemente eso de 'ojalá fuese otro'? Y es que el ser humano suele ser, por naturaleza, bastante inconformista, caprichoso o envidioso, y lo del vecino nos parece más tentador que lo de uno propio.
Pero innatamente, el ser humano también suele ser impetuoso, vehemente, impulsivo... Y me da la sensación que eso es lo que añora Woody Allen.

Los Fitzgerald, Hemingway, Picasso, Dalí, Bunuel, Cole Porter... Si algo tienen en común, aparte de su indudable talento, es que su arte nace de impulsos, sensaciones y motivaciones interiores que brotan al exterior en arrebatos de genialidad. Y de un impulsivo deseo de pasear de noche por las calles de París, el protagonista de la película, Gil Pender, 'viaja' a su anhelado París de los años veinte, junto a los eruditos literarios, pintores y demás artistas que admira. Y se crea una especia de lucha interior entre el pasado y el presente, lo sensitivo y lo práctico (que bien reflejaría su prometida Inez en la película).

Yo creo que la película no es sólo un alegato del 'carpe diem' sino de algo más vital y necesario, de darlo todo, de seguir el impulso que nace del corazón más allá de la cabeza y del pragmatismo (Gil renuncia a su vida de guionista exitoso que no le llena para escribir novelas, que es lo que verdaderamente desea) y apostar por tus sueños de tal forma que en el futuro las venideras generaciones tengan nostalgia de la nuestra y sirvamos de estimulante a sus mente creativas, así como Gil Pender echaba de menos y se inspira en su París de los años veinte.

Y si de algo estoy seguro, es de que a Woody Allen le echarán de menos.
Dragondave
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