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La regla del juego

Drama. Comedia. Romance Un rico aristócrata duda si abandonar a su amante para conservar el amor de su esposa, una mujer cortejada al mismo tiempo por su confidente y un famoso aviador. En el trascurso de una cacería de fin de semana en Sologne y de una fiesta, las intrigas amorosas de señores y sirvientes se mezclarán desembocando en un hecho inesperado. (FILMAFFINITY)
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Críticas 66
Críticas ordenadas por utilidad
1 de julio de 2005
112 de 132 usuarios han encontrado esta crítica útil
Renoir toma como punto de partida las intrigas amorosas de la aristocracia para, con un no siempre habitual tono afable en él (recordemos la malsana atmósfera de “La bestia humana” –1938–), configurar una obra tremendamente corrosiva bajo un aspecto de vodevil, comedieta de enredo sexual y teatralizado juego de puertas y persecuciones.

Fue acogida muy desfavorablemente en su momento. Autor comprometido con su época (de siempre, no solo en esta película) que nos muestra aquí el desconcierto de la Europa del momento (año ´39, el fascismo campando a sus anchas y el mundo convulsionado por la barbarie) y la torpeza e indiferencia de una clase social ajena a los acontecimientos que sacudían el mundo entonces.

Para describir el momento histórico y dar un mensaje comprometido, Renoir dibuja unos seres estériles y superficiales, demostrando su irresponsabilidad e inmoralidad, ya que no podrán evitar la tragedia por mucho que cierren los ojos. Renoir da un puñetazo en la mesa ante la desidia de esas gentes, una desidia que les llevará a tomar siempre las soluciones más fáciles sin responsabilidad, aunque ello conlleve la falta de solidaridad y el colaboracionismo tras la ocupación nazi (tema que abordará directamente en “Esta tierra es mía” –1943–).

La película está rodada con la sencilla elegancia de Renoir, al que a veces se acusa de ser un cineasta demasiado “simple” obviando sus virtudes estéticas, que se encuadran en diversos estilos cinematógrafos, desde el naturalismo poético francés y hasta un incipiente e iniciático neorrealismo (“Toni" –1935–).

Una de esas obras a descubrir por cualquier aspirante a cinéfilo.
Bloomsday
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13 de septiembre de 2008
103 de 115 usuarios han encontrado esta crítica útil
Última realización de la primera etapa francesa de Renoir. Escribe el guión Jean Renoir en colaboración con Carl Koch. Se inspira en "Les caprices de Marianne" (1883), de Alfred Musset, y en "El juego del amor y del azar" (1730), de Pierre de Mariveaux. Se rueda en Aubigny-sur-Nère (Cher, Francia). Producida por Claude Renoir y Jean Renoir para "Les Nouvelles Editions Françaises" (NEF), se proyecta en público por primera vez en sesión reservada a la prensa el 7-VII-1939 (Francia).

La acción dramática tiene lugar en el aeropuerto de Le Bourget, Paris y en la finca rústica de La Celinière (Sologne), a lo largo de unos pocos días, en noviembre de 1938. Octave (Renoir), amigo del marqués Robert de La Chesnoye (Dalio) y de su esposa Christine (Gregor), les ruega que inviten a la cacería que van a celebrar en su finca al aviador André Jurieux (Tautain), enamorado de Christine. Entre los invitados se cuentan Geneviève de Marras (Parèly), amante de Robert, Octave, un general, la sobrina Jackie y otros amigos y vecinos. Entre los servidores están el guardabosques Schumacher (Modot), su mujer Lisette (Dubost), el nuevo criado Marceau (Carette) y otros.

El film suma comedia y drama. Combina sátira, vodevil y tragedia. Bajo la apariencia de una inocente farsa campestre, elabora una aguda crítica de la alta burguesía parisina en vísperas de la IIGM. Muestra, sin palabras, cómo la clase dominante esta formada por personas inútiles, frívolas, vanidosas, incompetentes, hipócritas, superficiales y lujuriosas. Así mismo muestra cómo las personas modestas las imitan, asumen sus principios y reproducen sus pautas de conducta. El film se apoya en dos ideas centrales. Observa que todo el mundo miente: los prospectos de las medicinas, los gobernantes, la radio, el cine, los diarios... Las relaciones amorosas son intrascendentes, fútiles, triviales e inocuas. Constituyen, además, un grato motivo de diversión, entretenimiento y distracción. Los juegos del amor se pueden practicar fuera de la pareja, sin riesgos, en una sociedad sofisticada y moderna, si se cumple la regla de oro de salvar las apariencias. Con sutileza e ironía denuncia la condena de la sinceridad, el egoísmo de los privilegiados, la violencia con la que defienden sus prerrogativas, el antisemitismo, la xenofobia, el conservadurismo, etc.

El guión se presenta bien elaborado y muy trabajado. Incorpora, con acierto, ambigüedades, insinuaciones, sutilezas y elegancia. Los diálogos son fluidos y eficaces. Los caracteres están desarrollados con maestría. Todos los personajes presentan algún desgarro: el marqués es judío, su esposa es extranjera, Octavio es un inútil, Geneviève es colérica, el aviador está mal considerado por ser sincero, Lisette es coqueta y casquivana, el guardabosque carece de habilidades personales, etc. El relato traspira amor al campo, a la naturaleza y al teatro. Consigue un gratificante tono de ligereza.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Miquel
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18 de diciembre de 2009
95 de 108 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la época en la que vi “La regla del juego” por primera vez, se podía disfrutar de esta clase de películas en proyecciones de 35 mm. De eso hace hoy exactamente veinticinco años. Mi encuentro con ella sólo es posible definirlo como una conmoción. Muchas personas experimentan este sentimiento viendo una película, muchas lo hicieron en el pasado viendo “La regla del juego”, y deciden convertirse en cineastas. Es un error. “La regla del juego” es una invitación a amar el cine, pero tanto como eso es una declaración de amor a la vida exactamente como es y no como nos gustaría que fuese. Por eso yo, a la salida de aquel solitario Cine-Club lleno de talibanes, decidí vivir en vez de empeñarme en reflejar una vida imaginaria, y por eso decidí seguir siendo un simple espectador. Hacer cine es la forma que tienen los cineastas de vivir la vida, no la de los que no son cineastas, como yo.

Hoy, justo una semana antes de Navidad, he vuelto a verla, lo hago cada año. La película ha cambiado bastante. Ha ido adquiriendo matices con la edad. Se ha hecho más grave, más lúcida, más amarga, más vieja, más sabia, más pertinaz en todo. Pero sigo reconociéndola y, lo que es más importante, sigo reconociendo mi amor por ella, mi admiración por el milagro de su ritmo, su maravillosa estructura de contrapunto tonal, la facilidad mozartiana con que la comedia da paso a la ternura, el drama se funde con la farsa y el vodevil se quita la máscara para mostrar la tragedia.

Nunca me apeteció mucho hablar o escribir sobre “La regla del juego”, casi todos los elogios de la crítica especializada son excesivamente retóricos y ésta es una película tan cercana. Hoy la he visto y la he amado como la primera vez. Y observo que aún sigue estremeciéndome, como la primera vez, el salto de eje más hermoso de la historia del cine, que Jean Renoir se dedica a sí mismo cuando su personaje finalmente se “ve” como es. Entonces sé que hay amores que duran toda la vida.
Talibán
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2 de septiembre de 2009
96 de 122 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otra de esas obras cumbres del cine cuyas supuestas virtudes escapan a mi comprensión. Ignorada por el público de su época, elevada a los altares por los sesudos críticos de turno, nos encontramos ante una peliculita sencilla en su forma y bastante cargante en su fondo, cuyo único interés se centra en los quince minutos finales; para encontrar una crítica social en este vodevil de alta sociedad hay que hilar muy fino, pero, por lo visto, mi rueca no debe funcionar bien, porque, dicen, la cinta destila vitriolo en cada uno de sus fotogramas..., y yo sólo veo almíbar.

Pero, en fin, intentaré seguir viviendo con mi incapacidad para apreciar el arte, pobre de mí, a pesar de los denodados y desinteresados esfuerzos de tanta y tanta mente privilegiada por encarrilarme por el buen camino. Pero sus intentos son vanos: soy una mente de neuronas limitadas, que ansían ser entretenidas y estimuladas, y que no consiguen entrever la belleza a través de los lagrimeantes ojos entrecerrados que provocan los bostezos.
Fali
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25 de junio de 2009
72 de 101 usuarios han encontrado esta crítica útil
1. Un actor entra por la izquierda, hablando.
2. La actriz en primer plano parece que sonríe.
3. Alguien dice algo “en off”, y los dos están a punto de interrumpir su acción para atenderlo.
4. Suena una música al mismo tiempo.
5. Se discute.
6. La cámara se mueve imperceptiblemente.
7. Una figura aparece por el fondo con actitud frívola.

Y antes de que me dé tiempo a explicar por qué la mezcla y sucesión de estos elementos hacen que ese segundo tenga vida,

8. Un actor entra por la derecha, hablando.
Tomine
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