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Tabú

7,8
1.724
votos
Año
1931
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Drama. Romance. Aventuras | Cine mudo
Sinopsis
Última película de Murnau, que empezó como una colaboración para escribir y dirigir conjuntamente con el famoso documentalista Robert J. Flaherty, aunque por diversos problemas sólo la firmó Murnau. Rodada en Tahití y Bora-Bora retrata en forma casi de documental, al igual que "Nanook of the North" hacía con los esquimales, las costumbres y modo de vida de la gente del pacífico sur. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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29 de junio de 2006
45 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras Nanuk, los posteriores documentales de Flaherty no tuvieron éxito o bien fueron abandonados por discrepancias con las productoras hollywoodienses, que le exigían incluir historias de amor novelescas con las que no podía estar de acuerdo un director-etnólogo como él. Ya alejado de Hollywood, Murnau, quien se había creado su propia productora para no tener que soportar el control de las grandes compañías, le ofreció a Flaherty la realización compartida de Tabú. No tardarían en surgir las discrepancias, pues Murnau, cineasta alemán de origen expresionista (por si alguien no lo sabía aún), estaba más interesado en plasmar sus inquietudes artísticas en un ensayo antropológico con historia romántica. Flaherty abandonó la empresa y el alemán nos brindó, poco antes de morir en un accidente, esta película de ficción preciosa visual y argumentalmente, con un gran ritmo y con uno de los finales más bonitos de la historia.
jastarloa
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29 de mayo de 2008
22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Murnau, inquieto y versátil, se trasladó desde su Alemania natal a la meca de Hollywood para seguir probando, antes los ojos del arte supremo, que él era uno de los más grandes que jamás ha dado la industria cinematográfica (casi igualando en genialidad a mi insuperable Chaplin).
El último proyecto de su fulgurante carrera dio un giro radical, si bien no en su recurrente temática de las bellas historias de amor. Lo que hizo fue buscar nuevos escenarios. Desde la Norteamérica profunda de "Amanecer", a los exóticos parajes tropicales de las islas de Bora-Bora y Tahití, situadas en el conjunto insular de la Polinesia oceánica. Lugares remotos y de ensueño que en la actualidad constituyen algunos de los más codiciados destinos turísticos.
Muchas de las miles de islas repartidas por Oceanía están habitadas por pueblos polinesios, los cuales permanecieron en un aislamiento casi total hasta la llegada de los colonizadores europeos. Francia se hizo cargo del tutelaje del conjunto al que pertenecen Tahití y Bora-Bora, que desde entonces pasaron a denominarse la Polinesia Francesa.
Murnau y el documentalista Flaherty se desplazaron hacia el corazón de aquellas islas y crearon una película-documental que se puede contar entre las más hermosas de ese género. Filmando las costumbres del pueblo nativo de Bora-Bora, experimentamos la explosión de sensualidad y alegría de vivir entre esos paisajes de ensueño cubiertos de fértil vegetación, suaves arenas blancas y aguas que podemos imaginar de un color esmeralda intenso, entre arrecifes de coral que sirven de hogar a millones de ostras perleras y atolones dispersos.
Las jornadas cotidianas para las gentes de las islas se deslizan entre sus actividades de pesca y recolección y sus alegres diversiones y celebraciones.
Da la impresión de que nada podría perturbar tanto regocijo.
Pero la tormenta se anuncia sobre el cielo claro. Reri, una bella muchacha enamorada de un chico llamado Matahi, ha sido seleccionada por el señor de todas las islas para ser la doncella de los dioses. Para ella supone algo similar a una sentencia de muerte; la doncella de los dioses deberá permanecer virgen y pura durante toda su vida para servir a las divinidades. A partir de ese instante, Reri es tabú. Ningún hombre podrá tocarla. Y quien desafíe la prohibición, será castigado con la muerte.
Reri está anonadada. Ni ella ni Matahi se resignan a separarse. La única salida es la fuga, huir a otras islas en las que impere la ley del hombre blanco y por lo tanto las leyes divinas polinesias no tengan valor.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Vivoleyendo
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14 de marzo de 2008
20 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tabú es la historia de Matahi y de Reri, dos jóvenes enamorados en una isla en la que sus habitantes viven según las tradiciones de centenares de años. Pero un barco viene a su isla, y en este barco está Hitu, que notifica a Reri que debe salir de su hogar para ser la virgen sagrada de la isla. Ella es tabu.
Dos estilos diferentes, pero perfectamente complementados. Sumemos la potencia visual de Robert Flaherty y el aliento poético de Wilhelm W. Murnau, entonces la cosa puede acabar en obra maestra. Antropología y subjetivismo romántico. Y así nace, en 1931, Tabú, uno de los poemas cinematográficos mayores de todos los tiempos. Universal hasta nuestros días.
Tabú es el discurrir de la vida misma en cada plano. No importa que sean islas perdidas por los mundos salvajes, donde todo parece barbarie. Una isla del Pacífico sur, parecida a la de Gauguin o Stevenson. El drama humano, el romance, la tragedia y las diferencias raciales, están ahí.
La inocencia de los indígenas, sus cuerpos, la naturaleza, la luz, la vuelta a un expresionismo de sombras así como la fascinación y el afecto en la mirada del cineasta hacia los polinesios. La demostración del más sublime amor, capaz de rebasar cualquier tipo de obstáculo en su afán por estar juntos, la entrega, el espíritu, la nobleza. Sentimientos que logran llegar al espectador, una historia sencilla. Muy grande. La última escena es impresionante.
Una pareja se casa infringiendo las leyes de su tribu, para ser a partir de entonces perseguidos por una maldición que sólo puede acabar en tragedia. Aunque sea un preciso y maravilloso documental sobre Polinesia y sobre sus habitantes, es también una gran historia de amor. No le hacen falta siquiera diálogos o música de acompañamiento; a veces el cine es lo suficientemente poderoso.
Naran
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29 de agosto de 2007
23 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película en la que su mayoría de actores son nativos utilizados sobre el mismo terreno. El argumento es clásico pero junto a una geografía muy exótica para los comunes aficionados al cine de la primera mitad del siglo pasado (dos jóvenes enamorados; ella es obligada a casarse con un viejo guerrero al que no quiere; los dos amantes huyen; para sobrevivir ambos en otra isla, él tiene que ganarse la vida sumergiéndose a por ostras o perlas; y más, y mucho más), toda una historia con guión, argumentada, al estilo de los dramas clásicos de amores. Tal como señala el subtítulo original de la obra, se trata de "UNA HISTORIA DE LOS MARES DEL SUR". Lógicamente al estar rodada a principio de los años treinta (s. XX) es cine mudo, en blanco y negro, con explicaciones escritas intercaladas para facilitar a los espectadores el desarrollo de la trama. O sea, un film con un argumento narrativo en la línea de Romeo y Julieta, Tristán e Isolda o de cualquiera de las grandes historias de amor ocurridas en el mundo, sin menospreciar las que hayan vivido nuestros abuelos cuando tuvieron amores con nuestras abuelas.

La película se llama "Tabu", refiriéndose a ese concepto ya universalizado, originario de los nativos melanesios o de las islas de los mares del Pacífico Sur, que significa "prohibido". Pero F.W.Murnau demuestra en su filmación más tabú alojado en su subconsciente que el de los sencillos habitantes de Bora-Bora con los que filma este film; pues salvo una o dos mujeres que salen con sus pechos desnudos moviéndolos alegremente al danzar, en el resto de la película viste a todas las demás incluso al presentarlas aseándose en unas charcas del río — cuando un grupo de muchachas isleñas se han apartado para bañarse y jugar juvenilmente entre risas, aparecen en tales menesteres ¡¡¡vestidas!!!—; algo completamente innatural en ese tiempo, en ese medio y en esa gente. Y ¿por qué este artificialismo? Por el tabú mental de Murnau a mostrar luego su film en la sociedad Occidental europea o norteamericana y que escenas reales de muchachas al natural, escandalizaran a los ciudadanos del "mundo civilizado".

Trabajo cinematográfico interesante y digno de mérito, máxime visto desde nuestros días; pero no para considerarlo excelso o eminente.

Fej Delvahe
Fej Delvahe
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16 de abril de 2007
14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hermosa película que camina en elegantísimo equilibrio sobre un filo: a un lado, la veracidad documental (paisajes exóticos, danzas, bellos indígenas); al otro, la retórica del cine mudo (ojos desorbitados, sonrisas de manual de odontología, mucho gesticuleo, convenciones narrativas inverosímiles)*. En ambos campos hay escenas bellísimas y otras que suenan falsas, avejentadas y, a veces, retóricas: pero la elegancia de la fotografía, la potencia de la historia, su exotismo, el garbo narrativo y la indulgencia con la que vemos estos primeros clásicos del cine compensan cualquier reparo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Macarrones
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