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Críticas de Luis Guillermo Cardona
Ordenadas por:
2260 críticas
9
24 de marzo de 2009
59 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace algún tiempo, tuve en mis terapias holísticas a una joven que me trajeron con un alto grado de depresión, bajo el supuesto de haber sido victima de violación reiterada por su propio padre.

En un ejercicio de anamnesis con la joven, logré que describiera detalladamente lo que ocurría en cada acercamiento de su progenitor… y al final, ella y yo pudimos concluír que nunca hubo violación y sí, apenas, pequeños actos de irrespeto a los que se veía inducido su padre por la soledad y el rechazo que recibía de su esposa. Hubo entonces catarsis y la joven se quitó un gran peso de encima que la impedía aceptar a otro hombre.

Hago referencia a esta experiencia, para dejar constancia de que lo que se expone en “LA CALUMNIA” es perfectamente posible. Una persona puede autoengañarse cuando por falta de conocimiento malinterpreta lo ocurrido. También hay menores mitómanos, manipuladores y con capacidad de sostener una mentira hasta las peores consecuencias. ¿Y qué pretenden con esto? Defender sus intereses, evitar un presunto castigo o quedar bien con alguien que representa mucho para ellos.

La obra de Lilian Hellman (escritora de notable presencia en películas como “La Loba”, “La Jauría Humana” o “Julia”, entre otras), ha sido llevada al cine por segunda vez, por el calificado director William Wyler, quien readapta una historia que, el oprobioso código Hays, había transformado en otra cosa cuando la hizo con el título de “These Three”.

La historia nos habla de dos emprendedoras y agradables mujeres: Karen Wright y Martha Dobie, quienes han fundado una exitosa escuela para niñas. Se graduaron juntas y ahora sostienen una gran amistad que les permite trabajar con armonía entre ellas, y sobrellevar las incomodidades que alguna empleada siempre causa. Karen es la novia del médico Joe Cardin, y están próximos a casarse, cuando una de sus alumnas, Mary Tilford, queriendo escapar de la escuela donde se han descubierto sus continuas mentiras, y para quedar bien con su rígida abuela, decide contar con morbosos añadidos, algunas cosas que escuchó y que, sabe, comprometen la dignidad de las dos damas que dirigen el colegio.

Lo que Wyler recrea, es el efecto que la intolerancia genera cuando se obstaculiza el libre desarrollo de la personalidad y cuando una sociedad hipócrita se ensaña con aquellos que se salen del marco de lo convencional.

“LA CALUMNIA” es una valiente apología sobre el derecho a la libre autodeterminación sexual de cada persona, la cual fue mal acogida en su momento por el conservadurismo de la época y ahora resulta un poco rezagada por las libertades alcanzadas en nuestra cultura.

Un brillante reparto que incluye a Audrey Hepburn, Shirley MacLaine, Fay Bainter y Miriam Hopkins, recrea un drama que impacta y que sacude con fuerza nuestros más rezagados prejuicios frente a los sentimientos y derechos de los demás.

Titulo para Latinoamérica: “LA MENTIRA INFAME”.
Luis Guillermo Cardona
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7
22 de octubre de 2009
40 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
“El hombre sabio sube a la montaña y desde allí contempla a la gente… Luego desciende y convive con la gente”. (Anthony de Mello)

Resulta “casi milagroso” que, en una película que no pudo acabarse, a la que le faltaron numerosas escenas para que Buñuel desembuchara y aclarara todo lo que quería decir, y que concluye con un final forzado y decididamente abrupto, uno pueda encontrar tanta riqueza narrativa y un alegato, en definitiva, coherente.

Los estilitas eran famosos anacoretas que, asumiendo una “total renuncia del mundo”, vivían en lo alto de una columna. Se alimentaban con lechuga y agua que les traían algunos de sus devotos, y llevaban una vida de extraño aislamiento de un mundo al que consideraban pecador. Hubo muchos de ellos, sobre todo en oriente, a lo largo de varios siglos, y uno de los más conocidos fue San Simón, en cuya historia se ha basado Luis Buñuel para demostrar la vana experiencia de un aislamiento al que llaman santidad.

Y así, lo que vemos en este agudo filme, es a un hombre barbudo y sucio, subido a una columna (falo), y rodeado por un simulacro de ring protector, desde el cual lucha, solo, contra las tentaciones del mundo. Tiene un grupo de adeptos que lo proveen de su escaso alimento, y a ellos predica, y con ellos ora cada tanto, para cumplir con su “sagrada misión”. Entre tanto, el diablo, metido en el precioso cuerpo de Silvia Pinal, decide tentarlo, de las más diversas formas, para convencerlo de que no renuncie al mundo.

Nuestro “santo” comete, entonces, varios errores de procedimiento que pueden leerse en su proceso: 1. Al subirse a la columna (quizás para sentirse más cerca del cielo) expuesta al aire libre y a la vista de todos, se muestra superior y con esto denota arrogancia en su pretendida humildad. 2. La columna se convierte en símbolo de un gran falo porque, al negar la sexualidad y reprimirla, ésta se convierte en un poderoso y urgente reclamo difícil de vencer. De ahí las agradables y provocativas visiones que constantemente tiene. San Agustín decía algo así: “Si Dios no juzgara nuestras acciones sino nuestros pensamientos, yo mismo estaría ya condenado”. 3. No se lucha contra el mundo huyendo de él, sino aprendiendo a verlo y a asumirlo de otra manera. La fortaleza se demuestra al tener de frente la ocasión de pecar y conseguir resistirla. En la huida hay, casi siempre, más debilidad que fuerza moral.

Creo que hubiera preferido a Manuel “Loco” Valdez en el rol que hizo Claudio Brook. Pero, Silvia Pinal, me resulta bastante convincente jugando, como la Dietrich, a demostrar que el diablo es una mujer.

La vida se hace plena cuando te mezclas entre la gente. El hombre es un ser sociable, porque es con el otro que se salva o es con el otro que se condena.
Luis Guillermo Cardona
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7
3 de enero de 2009
29 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
“EN ALGÚN LUGAR DEL TIEMPO” es un viaje hacia el pasado con el afán de consumar la entrega afectiva con ese ser maravilloso que alguna vez hemos soñado. Un retorno a lo que nunca se ha encontrado, a la esperanza divina de amar y ser amado. Un franquear la barrera tortuosa que imponente nos niega el derecho a nuestra dicha.

La historia, escrita por el famoso guionista Richard Matheson, comienza en 1972. Se está celebrando una obra de teatro y una anciana se acerca al escritor Richard Collier, le entrega un reloj de bolsillo y le dice: “Vuelve a mi”. Ocho años después, en el gran hotel de la isla Mackinac, lugar en el que se han forjado grandes historias, el joven dramaturgo descubre un retrato que lo deja obsesionado.

Para quienes crean en la reencarnación, en que se tienen otras vidas y otros tiempos, esta película reafirmará todas sus expectativas. Richard Collier y Elise Mckenna pasarán el túnel del tiempo y una maravillosa historia de amor vivirán en 1912, sesenta años antes de aquel último encuentro. El sueño idealizado se hace realidad. Se transparenta aquel afecto magnánimo arrinconado por incomprensibles circunstancias. ¡Qué importa si todo no es más que un sueño! ¡Qué importa que el reencuentro apabullante con el mundo de la materia niegue a ultranza lo que nosotros sentimos! Contra todo lo inexequible la consumación ha sido un hecho, llevada a cabo en el más allá, en la dimensión desconocida del pensamiento.

Unos impecables decorados, una pictórica y ensoñada fotografía, una partitura musical que nos acaricia las fibras más recónditas (inolvidable John Barry) y un ambiente general de singular romanticismo, resultan sobrecogedores para cualquier espectador que desinhiba su sentir.

“EN ALGÚN LUGAR DEL TIEMPO” obtuvo, merecidamente, la Licorne d’or en el festival internacional de cine fantástico de París.

Un filme que te hará salir caminando por las nubes, y esto de vez en cuando es bueno, porque no es solamente tierra lo que existe en el universo.

Título para Latinoamérica: “PIDE AL TIEMPO QUE VUELVA”
Luis Guillermo Cardona
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10
8 de noviembre de 2009
31 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
La contemplación de la belleza, el disfrute de la alegría y el goce afectivo en el encuentro humano, son poderosas razones para la lucha del hombre. Aunque, con frecuencia, por falta de visión y abundancia de torpeza, lo que se termina encontrando es pura sombra, lo que se anhela es aquello que da sentido a la vida y que, en definitiva, permite la realización del ser humano. Todo obstáculo espera una superación, todo error merece una corrección, toda carencia ansía ser llenada. Y la belleza, la luz y la alegría surgen como la grata compensación que se nos ofrece ante todo progreso.

La belleza está en las cosas, pero, ante todo, está en la esencia del que contempla, pues es quien determina lo que para él resulta bello o no. Y, casi invariablemente, su encuentro produce exultación, admiración, atracción… y la vida renueva su sentido toda vez que se produce una percepción de este tipo.

El profesor, Gustav Aschembach, ha ido a Venecia en busca de otros aires que calmen, o quizás alivien, su maltrecha existencia que acaba de recibir el fracaso de su última composición musical y que ahora está enferma con el corazón obstruido. Los recuerdos se agolpan en su mente, mientras ocupa la mejor habitación del Hotel Lido, y la imagen de su esposa y de sus hijas a quienes ama profundamente; la figura de Alfred, su amigo también músico, que debate con él sobre la música y la belleza, tirando por la borda muchos de sus conceptos; la atractiva y sorprendente presencia de la joven prostituta capaz de interpretar a Beethoven en el piano… y otros especiales recuerdos que se entremezclan con esa realidad pesarosa, pero irresistible, que está tirando por la borda la rigidez de sus principios morales.

Entre los turistas, hay un chico llamado Tadzio, miembro de una noble familia, cuya singular y andrógina belleza deslumbra al dubitativo profesor. Más allá de la inefable admiración por las facciones de aquel rostro surge, en su interior, un sentimiento que se supone homosexual y que ansía desfogarse, pero que se ancla en la pura contemplación dadas las circunstancias que envuelven aquel ambiente. “Eso no es vergüenza sino miedo. – Testimonia en sus recuerdos su amigo Alfred - Temes el contacto sincero y directo con lo que sea”.

Ese gran maestro que fuera Luchino Visconti, concreta un filme íntimo, interiorizante, donde el personaje central - brillantemente interpretado por Dirk Bogarde - transmite una compleja e intrincada emocionalidad, valiéndose principalmente de gestos, ademanes y miradas, con los que, si nos hacemos de un poco de sensibilidad, es posible conectarse para sentir y padecer el fuerte conflicto por el que su ser atraviesa.

La grandiosa música de Gustav Mahler hace el resto, creando una atmósfera nostálgica, apesadumbrada, romántica e irremisiblemente bella. Todo se junta y se entremezcla de manera sutil y fascinante para darnos, como resultado, otra obra cumbre del arte cinematográfico.
Luis Guillermo Cardona
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8
26 de enero de 2011
30 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este es uno de los filmes más sorprendentes que haya podido hacerse en los Estados Unidos de Norteamérica. Primero, porque fue producido por uno de los más poderosos Estudios de aquellos tiempos: la Warner Bros. Segundo, porque se hizo en 1943 (en plena 2ª Guerra Mundial) con el beneplácito del gobierno de Roosevelt y como un filme de propaganda. Y tercero, porque su propósito es rectificar -de la manera más objetiva que podía hacerse- la imagen de la Unión Soviética y demostrar su relevante e imprescindible presencia durante la lucha contra el fascismo.

Todo se inicia con la publicación del libro “Misión en Moscú” cuyo autor fue Joseph E. Davies, quien fuera embajador norteamericano en la URSS (1936-1938) y quien vivió por encima de toda sospecha de que tuviera interés alguno en el comunismo, ya que, como empresario, tenía una indeclinable fe en el capitalismo, creía en la libre empresa y era defensor acérrimo del individualismo. Y fueron precisamente estas posiciones, las que animaron al presidente Roosevelt a llamarlo para ejercer dicho cargo diplomático, además de que sabía también de una cualidad indeclinable en Davies: era objetivo y diría exactamente la verdad de lo que viera y oyera en su misión.

Y así, entre los informes que trae Mr. Davies y que el filme presenta con relevancia y claridad, queda sentado que la Unión Soviética era una nación que buscaba “el máximo de bienes para el máximo de gente”, que abogaba por la paz del mundo y que, sin ella, no hubiera sido posible enfrentar con éxito al fascismo.

Michael Curtiz, el director asignado para esta singular empresa fílmica, consigue un cuidadoso y sorprendentemente bien filmado documento histórico, el cual es presentado en primeras imágenes por el propio embajador Davies, dando así cuenta de que aprueba sin objeciones todo lo filmado.

Entre los muchos aportes del filme, se revela mediante una representación casi fidedigna del verdadero juicio, lo que la prensa de derecha llamó “purgas stalinistas”, pero que no fue más que un juicio objetivo e imparcial contra verdaderos traidores al régimen. También –para acallar a los detractores del comunismo- se ilustra el sustantivo progreso industrial que se venía dando en aquellos años. Se deja en claro que, quizás, ningún líder de una nación ha sido nunca tan mal juzgado. Y se muestra la cordialidad y el respeto con que se trataban los cuestionamientos de los visitantes extranjeros.

Pero, había alguien que no deseaba que se difundieran profusamente verdades tan contundentes... y entonces, el filme fue llevado ante la infame Comisión de Actividades Antinorteamericanas, donde no tardó en ser acusado de antidemocrático… y el notable guionista, Howard Koch, fue puesto en la lista negra.

"MISIÓN EN MOSCÚ" es un material imprescindible para políticos e historiadores.
Luis Guillermo Cardona
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