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Críticas de Luis Guillermo Cardona
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2.809 críticas
9
24 de septiembre de 2020
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¿Cuántos casos ocurren a diario, de mujeres -en su mayoría jóvenes- que abandonan a sus hijos desde el momento en que estos nacen? Entre las razones que exponen para hacerlo, se escuchan las siguientes: “No estoy en capacidad económica de sostenerlo”, “No tengo apoyo familiar”, “Quedé embarazada en una rumba y ni sé quién es el padre”, “¡No me interesan los niños!”, “Prefiero que esté en mejores manos”…

Pero, con el pasar de los días, muchas de estas mujeres comienzan a sentir que no hicieron lo correcto y un fuerte sentimiento de culpa comienza a marchitar sus corazones. Muchas preguntas comienzan a rondar persistentemente en sus cabezas: “¿Y si, Dios, quiso que yo fuera la madre de ese niño porque me necesitaba?”… “¿Y si mi pequeño no está ahora en buenas manos?”... “¿Y si, quizás, era él quien iba a brindarme el amor que nadie me ha dado?... “¿Y si acaso me reclama con ansias de conocerme?”… “¿Quién, más que yo, podía darle un amor de madre?”… "¿Y qué tal que resulte brillante y emprendedor?”…

Cuando para estas frases no hay firmes respuestas ni salidas, numerosas mujeres entran en graves estados de depresión; sus vidas se bloquean sintiendo que todos los caminos se les cierran; algunas se vuelven adictas al alcohol y/o a los psicoactivos; muchas de ellas se tornan explosivas e intolerantes… y hasta unas cuantas acuden al suicidio porque no pueden con el peso de la culpa.

A sus 19 años, Julia Fleishmann, también tomó la ligera decisión de abandonar al hijo que engendró durante una aventura. Tras haberse casado con Werner Kreuz, con los días la joven siente que debe ser sincera con él puesto que lo ama, y entonces, le cuenta lo sucedido prometiéndole que no hará nada contra la pareja que ha criado bien a su hijo desde hace seis años, cuando éste tenía solo unos días de nacido. Pero, la ocasión de ver a Carlo -como fue bautizado el niño- despierta en, Julia, ese ímpetu de madre que traía reprimido… y lo que pasará desde entonces, es lo que vamos a ver en esta valiosa y aleccionadora película que, sin duda, amerita muy serios debates.

El guion, escrito por Jean Chapot, Alain Fatou y Marguerite Duras (quien aporta los consistentes diálogos), trata de un gravísimo problema que afecta a muchas sociedades y, en su opera prima, el director francés, Jean Chapot, ha logrado plasmarlo con mucha altura y con razones de peso que hay que tomar en cuenta.

<<LA LADRONA>>, es un filme con una constante acción interior, donde el alma de tres seres sacará a flote los más poderosos sentimientos que guardan dentro, y con ese fluir van a demostrar que, no es siempre con el ejercicio de las leyes como se logra lo razonable, lo justo y lo edificante.

Romy Schneider, Michel Piccoli y Hans Christian Blech, consiguen tocarnos muy hondo con sus sentidos personajes, y acudiendo a las sustentaciones y a las reacciones naturales, sin caer en el melodramatismo, consiguen llegarnos al alma con una historia finamente trazada para dejar huella.

Cine para aprender a vivir.
Luis Guillermo Cardona
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6
22 de septiembre de 2020
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Entre 1848 y 1855, aproximadamente, en California (Estados Unidos de Norteamérica), se produjo lo que se llamó, La Fiebre del Oro, dado que, como hormigas, llegaron los inmigrantes en busca del valioso metal que, entonces abundaba y con el cual podrían hacerse ricos. Ese pudo haber sido el comienzo de ese lema que ya pocos discuten, ‘In Gold We Trust’, y desde entonces, hacer dinero, mucho dinero, es lo que más importa a la mayoría de los hijos del tío Sam. Lo llevan en la sangre. Por eso, a aquel presidente que les llene los bolsillos -no importa cómo ni contra quién- se le rendirá culto y de ser posible lo reelegirán.

Como es de esperarse toda vez que el hombre se ciega por la ambición, La Fiebre del Oro trajo consigo toda suerte de agresiones, asesinatos, invasiones de tierras, expoliaciones, y cualquier otro delito que permitiese acceder al venerado metal amarillo. “¡Para hacerse rico todo lo vale!”, era el lema de los obsesionados ascendientes de la corona inglesa.

Sobre este abominable período histórico sobre el que tantísimo celuloide ha hecho correr la industria hollywoodense -con mayor y menor fortuna-, vuelve el director, Jesse Hibbs, dispuesto a demostrar que el tema todavía no está agotado.

Se trata, en esta ocasión, de un hombre llamado, Andrew Martin, quien vuelve a su pueblo en Nevada, California, para reclamarle a su amigo, Pete Menlo -ahora un empresario y dueño del salón Fandango-, el pago de una vieja deuda. El acto de convertirá en una asociación entre los dos viejos camaradas, pero, pronto rivalizarán por una bonita muchacha y por cierta clase de negocios.

El arranque luce promisorio porque, el guion, escrito por, George Zuckerman y Russell Hughes, basados en una historia de Harold Channing Wire, contiene certeros detalles que van transparentando la personalidad oculta de ambos amigos y uno va sintiendo que ya sabe por dónde le va el agua al molino… pero justamente por esto, llegado a cierto punto del rodaje, pareciera que, el director, advirtió que la trama estaba resultando demasiado predecible, con un fuerte olor a dejá vu, y entonces, él mismo o quizás el tercer guionista, Robert Blees, se propuso retocar la historia… pero lo modificado resulta tardío, pues, a la altura en que comienzan los cambios, ya nadie se cree lo que vemos que comienza a suceder.

El resultado final, huele a hipocresía del uno, y a ingenuidad del otro… y hasta pareciera que el filme estuvo planeado para hacerlo en dos partes, siendo, en la segunda, donde por fin sabríamos como es, definitivamente, cada uno de este par de curiosos amigos que celebran a golpes sus encuentros… ¡y que los hay así, los hay!

Lex Barker, Howard Duff, William Demarest y Mala Powers (¡vaya nombre para una chica con tanto ángel!, ¡ni siquiera el de, Nevada, le sienta bien porque, además, es cálida y encantadora!), logran unos roles bien interesantes, pero, <<AMBICIÓN MALDITA>>, no pisó fuerte como para dejar una honda huella.
Luis Guillermo Cardona
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9
18 de septiembre de 2020
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¡Tantísimas religiones que hay en el mundo y ni siquiera han conseguido reducir la maldad y la violencia a niveles razonables! Convencido de algo así, y asumiendo una forma asociable a los clavos que padeció Jesucristo, un joven profesor de filosofía de la religión en la Universidad de Bologna -regida por sacerdotes católicos- decide, sorpresivamente, expresar su inconformidad con un acto sacrílego que dejará asombrados a los directivos del alma mater. Lo que, el rebelde profesor quería expresar con su acto, comenzaremos a comprenderlo a medida que veamos su forma de relacionarse con los humildes moradores del lugar, a orillas del río Po, a donde decide escapar tras simular que se ha suicidado.

Fuertes controversias ha desatado este filme, en el que Olmi se rebela como un cristiano inconforme con los hombres de iglesia que mucho leen y mucho pregonan sobre los llamados libros sagrados, pero, cuya práctica moral desdice, con excesiva frecuencia, sus poses intelectuales. Es la contradicción cotidiana entre el decir y el hacer, entre el verbo y el sustantivo. De los labios del profesor saldrá, este concepto, con una frase: “Hay más verdad en una caricia que en las páginas de todos estos libros”; y su nueva posición la ratificará cuando decide quemar su propio manuscrito de un libro que había titulado: Pensamiento Dinámico y Metódico.

En la línea de, “Cammina Cammina”, lo que será, ahora, una forma actualizada de rehacer la vida de Jesús adulto -su aspecto físico lo ratifica y, de hecho, los viejos moradores de San Benedetto Po, así se referirán a él ocasionalmente-, Olmi se propondrá cuestionar la eficacia de las religiones en el mundo actual y dando lugar a un ejercicio del amor desde las condiciones más simples y espontáneas, ajenas a todo intelectualismo.

La trama es muy convincente; los diálogos se proponen sacudirnos y ¡vaya si lo logran!; la edición es, ¡felizmente impecable!, porque fue puesta en manos de un tercero con experiencia en esa tarea… y la ambientación tiene un encanto que confluye tanto con el contacto humano como con la belleza del paisaje.

Para los personajes principales, el director eligió a actores noveles: Raz Degan (el profesor), Luna Bendandi (Gelinda) y Amina Syed (la alumna), los cuales logran transmitir un aire fresco y muy grato a sus personajes. Sobre todo, Degan, consigue emanar tan alto carisma en todo lo que hace, que sus palabras fluyen como si le salieran del alma y no hubiesen sido aprendidas.

A, <<CIEN CLAVOS>>, hay quienes la han considerado transgresora y anticristiana. Otros la han visto como un acto blasfemo contra los libros religiosos… y aún quedamos los que sentimos que es una película válidamente anticlerical, pero, con un vigor espiritual –aún en cierto exceso de escepticismo inducido por la frustración que siente el personaje- que ¡hasta Dios mismo seguro la ha aplaudido!

¡Este es el Olmi al que tanto admiro!
Luis Guillermo Cardona
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9
17 de septiembre de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para la RAE, la dignidad resulta ser algo bastante manoseado (o deslucido), pues, lo mismo es, “la gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”, que “tener un cargo honorífico y de autoridad”, también son “las prebendas (rentas) de obispos y arzobispos” o “tener un cargo representativo en las órdenes militares”. Uno se pregunta: ¿Gravedad que tiene que ver con dignidad? ¿Tener un cargo de autoridad es garantía de ser digno? ¿Son dignas las rentas de los hombres de iglesia? y ¿Es un hombre, digno, solo por tener un alto cargo militar?...

¡No, no, no! Cuando pienso en dignidad, siempre imagino (o veo) a un ser humano que hace lo correcto contra todas las consecuencias; la dignidad la asocio con la capacidad de vencer cualquier tipo de tentaciones sexuales que, para desfogarlas, requieran agresividad o sometimiento. Creo, firmemente, que una persona digna es la que es capaz de morirse de hambre antes que arrebatarle a otro lo que le pertenece… y también creo que, una persona digna es la que luego de hacer un daño (voluntario o involuntario), busca enmendarse haciendo cuanto le es posible para reparar el daño que ha causado.

<<CRUCES SOBRE EL YERMO>>, es un valiente y muy edificante drama rural (o western latino, si se quiere) que, recreado en un pueblo de México, decide cuestionar el machismo y las valentonadas que tantas desgracias causan en nuestra sociedades, de ahí hacia abajo hasta La Patagonia.

Se trata de un corpulento hombre llamado, Juan, que, cuando se dirige a cierto pueblo en plan de cobrar venganza con el individuo que asesinó a su padre, al ver en el camino nocturno a una bonita muchacha se siente tan atraído por ella… que no resiste el deseo de tomarla a la fuerza; pero, al enterarse de que, María, era virgen y tenía planes de casarse, el hombre busca resarcirse, pero, como es de esperar, la muchacha lo rechaza.

Lo que se derivará de esto, es un atinado y muy bien recreado estudio de las graves afectaciones individuales -y a veces colectivas-, que suelen derivarse de una violación; pero, lo mejor de todo, son los valores que, aquí, salen a flote entre los afectados y, muy posiblemente, el uno al otro consigan verse como Hombres de Verdad. Quizás, entonces, la dignidad quede plenamente recuperada y un esperanzador rayo de luz pueda emerger en el horizonte.

El director Alberto Mariscal -con un guion que él mismo escribiera en compañía de Gabriel Guerrero, tejido con diálogos muy bien hilvanados-, consigue brindarnos con, <<CRUCES SOBRE EL YERMO>>, un filme que dignifica al cine mexicano; y Julio Aldama, Sonia Infante y Eric del Castillo, aseguran unas interpretaciones de esas que se nos quedan grabadas en la mente.

Cine para aprender a vivir.
Luis Guillermo Cardona
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6
16 de septiembre de 2020
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“Una hormiga no puede matar a un elefante, pero se lo puede comer… ¡todo es cuestión de tiempo, pero hay que ayudar al tiempo!” Martín Fierro

Tomando como base central el personaje que, José Hernández, describiera en su poema narrativo, “El Gaucho Martín Fierro” (1872), el director Fernando E. Solanas, se sirve de los hechos que envolvieron a este mítico héroe revolucionario, para contrastarlo con la difícil situación que, en los años más cercanos, padece la clase obrera argentina.

Tres obreros identificados como, “Los Hijos de Fierro”, y que aquí se nombran como: El Hijo Mayor (quien se ocupará de formar las milicias obreras); El Hijo Menor (encargado de levantar a la gente de barrio); y Picardía, quien tendrá la tarea de movilizar las fábricas y tomárselas cuando sea necesario, son el eje revolucionario sobre el que se irá contrastando el accionar de Fierro en el pasado y las luchas que siguen padeciendo los trabajadores en los tiempos recientes.

Como en la obra de origen, el filme sigue el sendero de la narración poética, pero, ésta vez elevando su nivel literario como reclamaron los críticos que cuestionaron a Hernández por “bajarse al lenguaje colmado de jerga popular"… ¡y vaya si vale la pena escuchar estos finos versos porque, además de su gracejo, contienen significados sociológicos y posiciones políticas de alta valía:
“La ley se hace para todos, más sólo al pueblo le rige”… “Más importante que la batalla es la unidad del pueblo”… “El hombre se pierde por malo, o por tonto”… “Sólo es el pueblo quien puede salvar al pueblo”…

Contada en 11 capítulos, la historia da cuenta de las atrocidades históricas, las represiones, las torturas y los brutales crímenes que ha padecido la clase obrera argentina durante los períodos de las dictaduras y, Solanas, consigue recrearlo todo con gran eficacia en la puesta en escena, no obstante la austeridad con la que realizó su película.

Sobre el personaje de leyenda, y también basado en la obra de José Hernández, ya el director, Leopoldo Torre Nilsson, había realizado la valiosa película, “Martín Fierro” (1968), pero, el interesante paralelo que hace, Solanas, entre el pasado y el presente, y la manera como compone ciertas escenas en un acertado propósito de experimentación, hace que su filme resulte novedoso y por momentos admirable.

Infortunadamente, creo que el metraje fue excesivo (120 minutos) y una mayor observancia de la edición, pudo haber producido un filme de mayor aceptación popular.

Con todo, <<LOS HIJOS DE FIERRO>>, es otro buen reflejo de las duras luchas que ha enfrentado el aguerrido pueblo argentino.
Luis Guillermo Cardona
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