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The Woman Who Left

7,1
148
votos
Sinopsis
Filipinas, años 90. Horacia ha pasado treinta años en un centro penitenciario y ha sido liberada después de que alguien confesase su presunto crimen. Abrumada por su nueva libertad, llega a la dolorosa conclusión de que su aristocrática ex-pareja le había tendido una trampa. A medida que se sucedan varios secuestros de ricos, Horacia encontrará en ello su oportunidad de planificar su venganza. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
27 de febrero de 2017
4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lav Diaz se ha consolidado en los últimos años como un director de gran fama por su presentación en diversos festivales, su particular visión del cine se convierte en un estilo con una marca muy propia: filma en blanco y negro, con tomas estáticas (por lo general), con secuencias sumamente largas, lo que produce largometrajes de cuatro o más horas de duración.

El realizador defiende su forma de trabajar al considerar que esta, ofrece una vista más libre de manipulaciones respecto a la gran mayoría de cine, en especial el comercial. Teje con calma los entramados de su película, generando una gran conexión con el espectador. Ciertamente, lo que hace es casi un milagro, su labor como guionista permite mantener el interés en todo momento, proponiendo personajes secundarios que terminan siendo casi protagonistas.

Esto es lo que sucede en Ang Babaeng Humayo, flamante ganadora del León de oro en Venecia el año anterior, una obra que sigue a Horacia (Charo Santos-Concio), una mujer que es liberada tras pasar treinta años en la cárcel por un homicidio, es soltada cuando la verdadera culpable declara. Su forma de ser no calza con el contexto en el que está, admirada y respetada por las otras reclusas, trabajan juntas en agricultura, da clases a algunas hijas de estas y cuenta historias.

Al salir, opta por buscar a sus hijos, aunque antepone su deseo de venganza en contra de su expareja, Rodrigo Trinidad (Michael De Mesa), una persona de gran poder económico y posiblemente, corrupción. Así la protagonista merodea su mansión por las noches, momento en el que conoce a una serie de personajes de mucha importancia en el relato: un travesti que sufre ataques epilépticos, un jorobado que vende comida en la calle, y una indigente de la zona.

Diaz destaca desde los primeros minutos con una obra que se sabe será de un gran humanismo, Horacio es una mujer abnegada que ayuda a estos personajes en distintas situaciones, mientras busca subsanar la herida infinita de pasar tres décadas en una cárcel. Este altruismo se contrapone con el deseo de venganza, tan oscuro como esas noches profundas donde se desarrolla la mayoría del metraje.

Pero Ang Babaeng Humayo es también una obra con una carga política muy grande, algo que no es de extrañar en este realizador, rescatador de la historia de su país y crítico de la corrupción actual que tiene. En este largometraje, determina y deferencia muy bien al pudiente y al marginado, el primero que vive prácticamente encerrado y protegido, el segundo buscando subsistir.

Una película monumental de un cineasta valiente, que antepone su interés artístico a cualquier convencionalismo comercial, no le interesa el mercado. Diaz como director de fotografía compone una poderosa imagen visual, unas secuencias de abrumadora belleza y un guion tan grande como una obra de casi cuatro horas de duración amerita.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
10P24H
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2 de mayo de 2017
4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una condesa de Montecristo se lo toma con calma y va aplazando su venganza mientras emula, según el momento, a la madre Teresa de Calcuta o a Bruce Wayne, con predilección por los paseos nocturnos, como un Marcello de "La dolce vita" que ha cambiado a los ricachos por "Los olvidados" de Buñuel.
Hacía tiempo que no veía un personaje tan original.

Mientras observamos minuciosamente a los olvidados, de fondo, los medios de comunicación no hacen más que hablar de una "epidemia" de secuestros que asola a los no olvidados, llegándolos a relacionar de forma delirante con las ilustres muertes de Versace, Lady Di y la mencionada madre Teresa.

Como decía, la protagonista se lo toma con mucha paciencia y el director también, la película dura casi 4 horas. Es normal que en algún momento el espectador note que su paciencia está siendo puesta a prueba. Es difícil de recomendar, salvo que te gusten las películas de este tipo http://artsandfaith.com/t100/ en cuyo caso es de visionado obligatorio.

Gustará a: alcaides, Almodóvar, copisterías
No gustará a: embriones de pato, abusones, abogados de oficio
eristuff
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18 de octubre de 2018
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
He oído decir reiteradamente de Lav Diaz que es un magnífico director. Digo que lo he oído porque «The Woman Who Left» es el primer filme suyo que he tenido el placer de disfrutar y no va a tener uno la desfachatez de generalizar y ponerse a hacer un estudio de sus bondades con solo una muestra.

La verdad es que, las películas de Diaz, son sin duda de las que tiran para atrás: filipino, exponente del cine lento, fotografía en blanco y negro y de una duración que haría palidecer de insignificancia a «Lo que el viento se llevó». De hecho, «The Woman Who Left» (con la que rompí mi virginidad con el director), a pesar de sus 3 horas y 48 minutos de eslora, se encuentra de largo, entre las más cortas. Y gracias a la generosidad de Diaz al realizar un filme de menos de cinco o seis horas creo fehacientemente que ha conseguido un nuevo acólito.

Aunque Diaz lleva rodando desde la década de los noventa del pasado siglo, su cine permanecía desconocido en occidente hasta 2013, cuando su película «Norte, The End of History» fue seleccionada para su proyección en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes. No pasó entonces a ser director de masas como es fácil de entender, si bien su obra comenzó a acumular galardones en diferentes festivales; el último el año pasado con la cinta que nos ocupa, que se alzó con el León de Oro en el festival de Venecia.

Pero ya sabemos que los premios son, en realidad, lo de menos y a veces un estímulo para decidirse a no ir a ver una película so pena de morir de sopor o de indignación, que sería peor. No es el caso: tras terminar de ver «The Woman Who Left» tuve la experiencia mística de haber asistido, después de muchos años, a un nuevo estilo a la hora de entender el séptimo arte. Últimamente solo había tenido esa sensación con Béla Tarr y Hong Sang-soo. Todo ello obviando el hecho nadas desdeñable de que Diaz, aparte de director, suele ser el guionista, director de fotografía y productor de todas sus películas.

Diaz maneja los tiempos, los espacios, la trama de una manera brutal y, aunque su predilección siempre ha sido el drama, ha sido capaz de indagar en todos los géneros (su último filme flirtea con el terror) desde una perspectiva de denuncia social y política de la que hace gala sin ningún reparo en «The Woman Who Left». Porque lo de menos es la necesidad imperiosa de venganza de la protagonista, Horacia, una mujer que ha pasado 30 años en prisión tras ser traicionada por su expareja; lo trasversal, lo que infunde pleno sentido al relato, es la miríada de personajes secundarios (o quizá no tanto), procedentes de la marginalidad, la exclusión y la discriminación que emergen en el mundo desasosegado de Horacia y son capaces de mostrarnos sus valiosas entrañas y su solidaridad por encima de la recurrente idea de acabar con el hombre que destruyó su vida.

Decía un tanto injustamente el libro de Ezequiel en su capítulo 18 que «si el impío se aparta de todos los pecados que ha cometido, (…) ciertamente vivirá, no morirá. Ninguna de las transgresiones que ha cometido le serán recordadas; por la justicia que ha practicado, vivirá. (…) Pero si el justo se aparta de su justicia y comete iniquidad, (…) ninguna de las obras justas que ha hecho le serán recordadas; por la infidelidad que ha cometido y el pecado que ha cometido, por ellos morirá». En la película de Diaz, la idea de justicia está bastante alejada de cualquier sentido poético o clarividente, pero lo que resulta obvio es que Horacia es buena gente, tanto que su decisión de cometer una iniquidad (o una justicia) sí que podría incluirse sin recelos en un cosmos tan parco en solidaridad social como repleto de generosidad individual.
poverello
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