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Forja de hombres

6,9
858
votos
Año
1938
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Drama
Sinopsis
Hoy se crían sin ley en la calle. Mañana estarán en el corredor de la muerte. El Padre Edward Flanagan (Spencer Tracy) se propone romper ese ciclo maldito y entrega su vida y su fe a crear una escuela para chicos marginados que se convertirá en todo un modelo de esperanza. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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21 de noviembre de 2007
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quien al ver la película no se haya fijado bien en los títulos de crédito, quizás pensará erroneamente que lo que está viendo es una película de Frank Capra, y no es así, aunque no creo que a Capra le hubiera importado la confusión, porque seguramente, con gusto la hubiera firmado.

La verdad es que el mundo de hoy en día nos hace cada vez menos inocentes y más sofisticados, pero creo que a todos nos queda un corazoncito donde quepan Capra y films como este que buscan la ternura, el corazón y los buenos sentimientos sin más.

Pd: El que no se enternezca al ver a "Boliche", que vaya al cardiólogo porque se ha quedado sin corazón.
zymu
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6 de mayo de 2008
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Maravillosa y entrañable película, que nos muestra la labor inmensa del padre Flanagan por recuperar la calidad de vida de los jóvenes y su educación moral. El papel del periodismo, la iglesia y el gobierno como destructor o constructor de vidas y proyectos. Gran dirección, musicalización, actuaciones, fotografía y un guión inmenso. Toda una lección de vida de tolerancia con otras razas y religiones, la unión como base para lograr metas, respeto y disciplina. Whitey y Pee Wee corriendo fuera de la ciudad, nos hacen conmover y llorar, realizando una de las más bellas escenas del cine, nos roban el corazón para siempre.
Juan_Diego_GP
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2 de junio de 2010
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El padre Flanagan, uno de los papeles más recordados de la carrera del maravilloso Spencer Tracy, y también una de sus películas más memorables. Un film cargado de mensajes morales y valores humanos que te hace creer que en el fondo, la gente puede ser buena. Sin embargo, de entre todas las películas de corte moralista en las que intervino Spencer Tracy, esta no llega a ser brillante y no alcanza la maestría de otras obras como la maravillosa “Capitanes intrépidos”.

Se podría decir que la película es buena a secas, pero su guión y tratamiento de personajes tienen unas dosis de inocencia, bondad y amor al prójimo tan sumamente altas, que el dramatismo que debería haber tenido esta película basada en un hecho real, se convierte en una utopía humanista, una irrealidad cargada de buenas intenciones. Me explicaré mejor; la película va precisamente de eso, sí, pero los problemas y situaciones difíciles por las que el padre Flanagan tiene que pasar hasta poder crear ese sitio idílico donde poder educar a los niños y jóvenes sin hogar debieron ser enormes y eso no aparece bien reflejado en la película. Todo se soluciona y lleva a cabo demasiado rápida y fácilmente; basándose en una sucesión automática de problemas y soluciones instantáneas, con lo que al cuarto de hora de metraje el espectador ya intuye que todo va a tener arreglo, lo que quita una gran carga emocional a la película, a la vez que impide ver la costosa labor que el padre Flanagan realizó realmente.

Centrándome ahora más en los personajes, diré esto: si los niños huérfanos e indigentes de la película son como se les retrata, entonces ¿cómo serán los niños bien educados, con un hogar y familia? ¡Por lo menos deben estar en proceso de ser canonizados y tener una calle con su nombre! Si la película ya estaba bastante maquillada, encima nos presentan a unos niños perfectos, de buen comportamiento, educados, devotos y eternamente agradecidos. Realmente, con niños así, la misión del padre Flanagan se convierte en un poco innecesaria. Esos niños debieron de causarle mil quebraderos de cabeza, y resulta que todos tienen un comportamiento ejemplar. ¡Es que es imposible de creérselo! Ni siquiera acaba de convencer Mickey Rooney en su sobreactuado papel de chico malote e indisciplinado. ¡Ah! Otra cosa: ¿Es que no existían niñas huerfanas?

En conclusión, una película bonita, entrañable, pero poco creíble por el tratamiento excesivamente bondadoso, irreal y utópico que se les da a los personajes, y más hoy en día tal y como está el mundo, resulta totalmente inviable.

LO MEJOR:
- Spencer Tracy.
- Es sencillamente bonita, muy bonita.

LO PEOR
- Solución de problemas demasiado fácil e instantaneamente.
- Tratamiento excesivamente bondadoso, irreal y utópico que se les da a los personajes, convirtiendo el film en un producto demasiado amable.
JF_Ronah
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26 de octubre de 2010
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El gran actor Spencer Tracy transmitía bondad, compañerismo, comprensión… todos ellos adjetivos de que personalmente lo identificaban como un hombre entrañable y bonachón. En esta obra se pueden apreciar esas cualidades. Bonita película donde la preocupación por los demás, la educación y los valores humanos cuentan.
alcoleas
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10 de enero de 2013
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Claro, los realistas, pesimistas, derrotistas y demás -istas de carácter negativo pondrán el grito en el cielo y exclamarán: "¡Esto es imposible!", "¡qué película tan ñoña!", "¡eran otros tiempos!"... Sí, eran otros tiempos, más duros y difíciles y, mira por donde, todos sus argumentos se les vienen abajo porque resulta que el padre Flanagan existió, como existió su "Ciudad de los muchachos" y como siempre existirán personas maravillosas tocadas por la mano de Dios cuya máxima preocupación sea la de ayudar a los más desfavorecidos de una manera absolutamente desinteresada.
Norman Taurog, que era un director listo, sólo necesitó darle un buen ritmo a la historia y comprender que nadie había mejor que el gran Spencer Tracy, con todo su carisma y bonhomía, para interpretar al bueno del padre Flanagan. Con sencillez, con naturalidad. Repitiendo constantemente aquello de: "ningún muchacho puede considerarse malo". Y cuanto más lo dice más nos damos cuenta de que quizás tenga algo de razón y que son los padres, los educadores y los condicionantes sociales y económicos que rodean al chiquillo, los verdaderos culpables de de que fracase esa "forja de hombres". Ya lo decía Pitágoras: "Educa bien a los niños y no será necesario castigar a los hombres".
el chulucu
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