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No llores, vuela

5,4
1.357
votos
Sinopsis
Un accidente marca y distancia a una madre (Jennifer Connelly) y a un hijo (Cillian Murphy). Ella llega a ser una famosa artista; él, un peculiar cetrero que vive marcado por una doble ausencia. Una joven periodista (Mélanie Laurent) propicia un encuentro entre ambos, que los lleva a plantearse la posibilidad de entender el sentido de la vida y del arte a pesar de las incertidumbres. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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31 de enero de 2015
22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
El sentido de la vida – ¿Qué hacemos aquí? ¿Para qué venimos? – y el sentido de la enfermedad – ¿Por qué yo o mi hijo o para qué el sufrimiento? – no parecen contenidos muy propicios o ligeros con los que condimentar una película comercial al uso. Quizás esto es lo más llamativo de todo, nos encontramos con una cinta que parece remar a contracorriente, sin concesiones, ni facilidades, singular en cualquier caso, en búsqueda constante de un norte y un rumbo que no acaba de encontrar o transmitir.

Se agradece que la cinta transite caminos poco habituales y hasta arriesgados, que no se haga previsible en casi ningún momento, que revele poco a poco su trama como con coquetería y pudor, que no imponga ideas preconcebidas o fuerce respuestas deslumbrantes o alambicadas, que sencillamente deje que los acontecimientos fluyan y vayamos comprobando que la suma de los días y de los acontecimientos no siempre nos permite vislumbrar nítidamente el contorno de un rostro o de una historia reconocible. Se respira libertad y transmite libertad – que no debe confundirse con liberación, ya que todos sus protagonistas son esclavos de unas pulsiones no siempre bien encauzadas.

Quizás haya demasiado salto temporal entre las dos historias que narra – entonces, hace veinte años, y ahora, la inexorable consecuencia de aquellos acontecimientos. Este ir y venir pendular a veces se agradece y otras veces fatiga y resulta un recurso demasiado fácil para un guión que sin lugar a dudas tiene algo que contarnos y mucho que decirnos, pero parece que no encuentra siempre el tono y el ritmo adecuados, perdiéndose en meandros y disquisiciones que no están siempre a la altura de sus buenos y complejos propósitos.

Es innegable que el punto fuerte de la película es el reparto, todos ellos acertados y con un toque de verdad que dignifica la cinta en su conjunto. Destaca sobre todo Jennifer Connelly que está en un momento dulce de su carrera, tanto física como artísticamente, bien secundada por Cillian Murphy en el papel menos agradecido y más atormentado de todos. Merecen destacarse también a la parisina Mélanie Laurent y a la madrileña Oona Chaplin. Pero quizás al final prevalezca cierta dispersión y falta de garra que si bien no lastran el balance global, si dejan cierto poso de insatisfacción. Podría haber sido mejor pero se queda en interesante ejercicio voluntarioso.
antonalva
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21 de marzo de 2014
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
No Llores, Vuela (Aloft) supone la apertura del 17 Festival de Cine Español de Málaga. La directora peruana, Claudia Llosa, cuenta con un compendio de actores de renombre entre los que se encuentran ganadores del oscar, del globo de oro y diversos premios. Llosa ha querido, sin faltar a su estilo, realizar una película alejada de las grandes urbes. De ahí que los paisajes se conviertan en otro de los protagonistas de ésta historia, grabada en diversos parajes de Madrid y Canadá, respectivamente en Manitoba. La soledad de esos parajes helados, la escena del lago helado y el largo camino son algunos de los momentos que convierten esa solitaria caminata en un punto de suspense y agobio bien trabajado. Es cierto que la directora había contemplado la idea de grabar en otros parajes mas secos como en Lituania o Estonia pero fue todo un acierto acabar en Manitoba. De esa manera ha logrado añadir mas expresividad al intenso mensaje final sobre la luminosidad y la frialdad de la negra oscuridad del paraje, consiguiendo una atmósfera de una belleza poderosa y una soledad única.

Llosa ha querido dar un mensaje con ésta película. Si bien el personaje protagonista de Jenniffer Connelly ubica su vida en el mundo de la sanación y los milagros, utiliza la relación de madre e hijo para hablar del verdadero milagro actual, el perdón. Sin embargo, fuera de toda ésta poesia y ese profundo mensaje, en referencia al contenido de la película, hay que dejar claro que tiene bastantes altibajos, no solo en su historia, sino también en algunas interpretaciones. Jennifer Connelly mismamente lo hace francamente bien, pero tiene momentos de sobreactuación, sobretodo en los gritos a su pequeño, los cuales resultan hasta cierto punto incomprensibles.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
obidantenobi
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12 de febrero de 2014
12 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ganadora contra pronóstico hace cinco años del Oso de Oro con LA TETA ASUSTADA, Claudia Llosa regresa a la competición oficial de la Berlinale con un producto bastante disímil al que le reportó un significativo reconocimiento internacional. Digámoslo pronto: dudamos que ALOFT le reporte los mismos loores que aquel estimable retrato de una mujer asaetada por la influencia del maltrato a las mujeres durante la dictadura del Perú.

Llosa abandona los aledaños de la capital peruana para trasladarse a un confín helado, a un remoto lugar del planeta de apariencia polar, desértico, en el que esas adversas condiciones climatológicas definen el comportamiento de los personajes convocados. ALOFT propone una historia dividida en dos tiempos bien distintos: el de una mujer que vive desesperada por la grave enfermedad mental irreparable que padece su hijo más pequeño y el de una pareja de jóvenes que emprende un viaje hacia el confín de apariencia ártica, cuyas imágenes se encargan de servir de prólogo. Pronto intuiremos que el hombre que viaja es el hijo mayor de esa mujer, de ahí que, en principio, la historia que tiene que ver con su madre y su infancia sirve para explicar los motivos ocultos por los que ha decidido emprender el viaje junto a su compañera, reportera de televisión.

El principal problema del film es la escasa entidad de sus dos vertebraciones narrativas principales para soportar la grandilocuente trascendencia pseudometafísica contra la que se quiere abocar el significado último del film. ALOFT pertenece a esa clase de mayúsculos errores cinematográficos que acaecen cuando el mensaje pretendido se considera suficiente como coartada narrativa del film. Que la finalidad justifique el medio no suele ser buen compañero de fatigas dispositivas. Esto es lo que le ocurre a la nueva película de Claudia Llosa: que vende la entidad de las partes para que el todo quede expresado con una nitidez tan meridiana como injustificada, estridente e infructuosa.

Pese a la mutua dependencia, las dos historias dispuestas se repelen entre sí, pues el paralelismo de tiempos no revierte significación conjunta creíble y, además, cuando acaece la intersección, ésta evidencia lo aparatoso de su capricho. Sólo la preponderancia otorgada al entorno geográfico es capaz de disimular la simpleza argumental y la tosquedad dramática con las que están expuestos los hechos, y perfiladas las reacciones de los personajes principales. La gelidez del paisaje, la dificultad de su preponderancia aportan mucho más que el lánguido entrecruce de conflictos urdido. Demasiado aparatosa para reclamar el denso melodrama que persigue, demasiado artificiosa para concretar la altisonante significación trascendental que trata de imponer finalmente, ALOFT concluye convertida en un precipitado manual de heridas soflamadas a destiempo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Musiczine
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26 de marzo de 2014
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La tercera película como directora de Claudia Llosa reincide una vez más en el localismo casi marginal que protagonizaba sus anteriores films, aunque para la ocasión abandone la comodidad que podía suponerle jugar dentro de casa para localizar su historia en el frío ambiente cercano al Círculo Polar Ártico. Allí, contextualiza esta historia, narrada en dos tiempos diferenciados, de una madre superada por la desesperación en pos de lograr la determinante ayuda médica que su hijo más pequeño necesita para seguir viviendo y la del vástago mayor, que ya adulto, encierra en su pecho una herida de difícil cicatrización. En un minucioso y ajustado montaje en paralelo, No llores, vuela nos irá contando ambas tramas hasta el momento en el que la primera genera el arranque de la segunda, llevando a cabo con ello una catárquica conexión entre ambas que debía servir también de giro balsámico a las emociones que hubiesen ido naciendo en el espectador.

Sin embargo, la cinta de Llosa no termina de perfilar esa idealizada redondez debido a que, a lo largo de su desarrollo, a No llores, vuela se la pasa completamente por alto conectar con sus imágenes los ánimos del respetable. Y es que en su recorrido por el film, uno ha de enfrentarse a la desconcertante dicotomía que puebla el interior de No llores, vuela. Por un lado, la directora juega como nadie con el tiempo interno de sus imágenes, dilatando algunos importantes momentos para con ello dar forma a un lenguaje estrictamente reflexivo, muy bien conducido gracias al empleo de ralentís y de una dirección de fotografía exquisita y hermosa, en lo visual, y a la dispersión que genera todo el mapa sonoro de la película, esculpiendo un tiempo (que diría Tarkovski) preciso e intransferible en algunos gloriosos, bellos y embelesantes momentos, redundando así en la carga onírica de un film que basa su específica belleza en la pretensión de equiparar la culpa y el perdón a milagrosos actos de pura fe.

Pero el alcance de tal pretensión resulta limitado desde casi los primeros compases del film, cuando la extrañeza y el desconcierto sacuden a un espectador absorto en la embriaguez que le despiertan unas imágenes enormemente estilizadas sostenidas por una estructura del todo desequilibrada. El contraste que conlleva el que toda la película se sustente en una puesta en escena amparada en el uso y abuso de una cámara febril y en constante movimiento, que por momentos parece buscar conatos de realidad para una ficción que se retuerce en medio de una inabarcable alegoría existencial, echa por tierra las posibilidades empáticas del film. La gelidez que cubre por completo el andamiaje de la película genera con el espectador un distanciamiento difícil de asumir, tanto que ni hechos tan ferozmente trágicos como es el abandono de un hijo por su madre, logran removernos por dentro.

Al final de No llores, vuela queda la sensación de que la temperatura, en términos de humanidad, la elevan los trabajos de todo el elenco de actores. Todos muy bien en sus roles, aunque sea por muchos motivos Jennifer Connelly la que merezca destacarse por encima del resto. Su capacidad tantas veces antes manifiesta para expresar mucho con la única ayuda de su mirada vuelve a evidenciarse a lo grande aquí, donde además la intérprete disfruta de admirables momentos para demostrar que sigue siendo una experta en resultar al mismo tiempo conmovedoramente frágil y seductoramente autosuficiente, logrando de forma magistral algo tan difícil de conseguir como es "actuar" el envejecimiento de su personaje sin caer en socorridos lugares comunes o escudarse en la máscara que pueda proporcionar la espléndida labor de maquillaje. Es ella, claro está, el punto fuerte de una película áspera y dura, aunque desgraciadamente irregular, pero también balsámica en su manifiesta capacidad para traspasar las limitaciones de su estructura formal y sondear un boceto de final feliz a la altura de las pretensiones esotéricas planteadas por un film de, eso sí, transparente coherencia.

http://actoressinverguenza.wordpress.com
Juanma
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22 de marzo de 2014
9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si te gustan los dramas sobreactuados con personajes absurdos y una historia aburrida, no te la pierdas. Para el resto, no lloréis, volad. Los actores son buenos, el guión es interesante, el entorno es sugerente, pero todo junto y en primer plano durante dos horas, satura hasta el aburrimiento. El problema de los dramas con niños enfermos, familias disfuncionales y entornos hostiles es la dificultad de crear empatías con el espectador. Cuando lo que se crean son antipatías, todo falla.
ADO
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