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Retrato en negro

6,4
192
votos
Año
1960
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Drama
Sinopsis
El empresario Matthew S. Cabot (Lloyd Nolan), lleva varios años reducido por problemas de salud y esto lo ha vuelto déspota e intolerante con su guapa esposa Sheila (Lana Turner) y hasta con su médico David Rivera (Anthony Quinn), pero, entre estos, ha comenzado a surgir un secreto romance que los llevará a tomar una decisión que abrirá las puertas a un hondo abismo. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
24 de junio de 2010
22 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Último de los tres melodramas que protagoniza Lana Turner entre finales de los 50 y principios de los 60. Lo dirige el realizador Michael Gordon (1909-1993), inscrito en las primeras listas negras del senador MacCarthy. El guión, de Ivan Goff (“Al rojo vivo”, Walsh, 1949) y Ben Roberts, adapta la obra de teatro “Portrait in Black” (1947), escrita por ambos y estrenada en Broadway. Producido por Ross Hunter (“Imitación a la vida”, Sirk, 1959), se estrena el 27-VII-1960 (EEUU).

La acción dramática tiene lugar en la ciudad de San Francisco y alrededores (Carmel, Devil’s Slice ...), a lo largo de unos días del invierno de 1960. Sheila Cabot (Turner), de unos 40 años, está casada con Matthew S. Cabot (Nolan), próspero armador de una compañía de transporte marítimo internacional de mercancías. Tienen un hijo, Peter, de unos 10 años. Viven en una mansión elevada que domina la bocana del puerto. Ella es atractiva, seductora, dominante, manipuladora y apasionada. Él se halla postrado en cama desde hace 5 años a causa de una enfermedad dolorosa que requiere atención médica diaria. Es despótico, desconsiderado, no soporta su discapacidad y es intratable. Su médico es el doctor David Rivera (Quinn), administra sus empresas Howard Mason (Basehart) y su secretaria es la Srta. Lee (Grey). Tiene una hija del primer matrimonio, Cathy, de unos 18 años, que mantiene estrecha amistad con el joven Blake Richards (Saxon), titular de una empresa de remolcadores del puerto de San Francisco. Entre el personal doméstico se cuenta el cocinero Cobb (Welston) y la cocinera china Tawny (Wong).

El film suma drama, crimen, thriller, suspense, romance y análisis social. Forma parte del conjunto de tres melodramas que protagoniza Lana Turner (Wallace/Idaho 1920 – Los Ángeles 1995) en el trienio 1958-1960. Lo componen la obra que comentamos, “Vidas borrascosas” (1958) e “Imitación a la vida”. Es el más oscuro, malicioso y sombrío de los tres y el que presenta más claros reflejos de la vida personal y familiar de la actriz. Conocida popularmente como la mujer fatal de “El cartero siempre llama dos veces” (Garnett, 1946) y como la malvada de “Los tres mosqueteros” (Sidney, 1948), a partir del comienzo de los 60 es conocida también como una protagonista melodramática de éxito entre sus admiradores, quienes consideran que encarna el tipo de belleza que gusta a la clase media norteamericana de la época.

La obra incluye todos los elementos del melodrama: deslealtades, engaños, traiciones, chantajes, amor interesado, odio, egolatría, desprecio, burlas, caprichos, machismo, etc. El móvil principal de la acción no es ni la codicia, ni los afanes de poder, sino el pálpito del deseo, la pasión, la concupiscencia y el amor físico como fin en sí mismo, sin manifestaciones de afecto, cariño y ternura.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Miquel
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15 de septiembre de 2013
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aunque esta pelicula ha quedado algo "gastada" por el tiempo, en terminos de estilo y ambientacion de los personajes, creo poder decir que estamos ante una buena pelicula de intriga donde su desenlance está muy bien hilvanado por su director y el espectador va inmerso en la trama desde el inicio del metraje.
Tanto la Turner como Queen estan excelentes en su papel y el perfil del rol que le toca a Basehart es de muy buena factura.
Tiene algun guiño clasico con Anna Wong, la misteriosa y muy china ama de llaves, que le da un toque simpatico a la cosa y considero que es muy muy recomendable.
Su final es trepidante, especialmente teniendo en cuenta que el tono general es sostenido alto.
manolo
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13 de abril de 2015
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Universal fue el estudio que produjo algunas de las obras maestras de Douglas Sirk y algunas otras de Alfred Hitchcock. Las mejores realizadas precisamente por la fecha que data esta película. Si sumamos estos dos talentos con esa estética de finales de los 50, la pasamos por el filtro de la mediocridad, tenemos esta obra, sumamente entretenida pero falta de la grandeza de las obras maestras.

Un reparto ejemplar, un guión bien elaborado y con numerosos giros, una fotografía impecable, una música agradable y una realización correcta hacen de este retrato en negro un producto que se ve sin problemas, y que quizá se olvida de la misma manera. Sólo lo había visto en un pase televisivo por allá los años 80, ahora la he podido repescar y la verdad es que me ha proporcionado una velada entretenida, aunque en algún momento se le vean las costuras a los remiendos argumentales.
waldeker
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29 de noviembre de 2016
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un crimen cometido para sacar a un rival de en medio, jamás une a la pareja que lo ha ejecutado. La consecuencia es que ¡siempre la separa, física y/o emocionalmente! Esta es la conclusión a la que he llegado tras conocer decenas de historias de la vida real, y tras haber leído y visto incontadas historias cinematográficas que registran hechos acaecidos en algún momento histórico. Por más abonado que sea un jardín, el amor no florecerá allí donde ronda el espíritu de un ser humano a quien se le ha truncado premeditadamente la vida. Si era bueno ¡jamás!... Y si no lo era tanto, si acaso era una suerte de verdugo intolerable, aún sigue siendo muy, pero muy difícil, porque con este hecho se ha demostrado que no se es mejor.

El amor sólo pervive y siempre se consolida, cuando es fruto de la generosidad sincera, del prodigarse incondicionalmente y de la integridad. Esto parecían entenderlo, Sheila Cabot y el médico David Rivera, cuando ambos cuidaban de ese ser amargado y resentido llamado Matthew S. Cabot, quien pareciera sentir la ‘inutilidad’ de poseer una gran empresa, vivir en una gran mansión y tener una fascinante esposa, porque nada de esto puede disfrutarlo ahora, ya que, desde hace varios años, se encuentra reducido a una silla de ruedas, sintiendo que ya nada puede hacer contra su inminente final.

Pero, en vez de compadecerlo y de ofrecerle la ayuda psicológica que requeriría, la señora Cabot comienza a anhelar desesperadamente el espacio libre que le permita abrirse a un nuevo y esperanzador sentimiento que despierta en ella el médico de su marido… y para su suerte, y desgracia, éste da cuenta de venir ansiando algo parecido, y entonces, ambos darán ese paso en falso que, tantísimas veces, ha demostrado ser suficiente para convertir en tragedia el resto de la existencia.

Duelen los sorpresivos y trágicos hechos que suceden en esta historia, pero también se comprende cómo las malas decisiones traen siempre consigo consecuencias lamentables, y el resultado final, por más que no lo aceptemos, es pura Ley de Resonancia.

Mucha gente no salió contenta en los días en que se estrenó esta película y hasta hubo críticos que denostaron de ella por considerarla injusta en su desenlace, pero, la explicación que encuentro, es que jugaron con gran peso los prejuicios, porque -como suele suceder en sociedad- se da excesiva trascendencia al incidente donde el empresario actúa indelicadamente, y se valora demasiado, el papel de víctima que refleja su mujer. Y la caballerosidad y ‘prudencia’ del médico, suma otro tanto para que, a estos dos últimos, consigamos verlos como la pareja ideal.

Pero, a los impulsos primarios se opone siempre la capacidad de razonar, y es entonces, cuando en un sólido proceso muy bien recreado en sus matices psicológicos, podemos ir apreciando la suerte de decisiones que van llevando al sorprendente resultado final. Se acepta que no son los deseados, pero son, justamente, los precisos.

A su manera, el filme de Michael Gordon, rememora viejas historias como la de “Thérèse Raquin” célebre novela de Émile Zola llevada al cine por Marcel Carné, y también nos remite a “El Cartero siempre llama dos veces” de Tay Garnett, donde ya, Lana Turner, nos embelesara con su singular belleza, mientras tramaba construir otro amor sobre la fría losa de una vieja tumba. Pero, en la obra homónima que escribieran Ivan Goff y Ben Roberts (encargados también de hacer la adaptación), hay suficiente vuelo para que, “RETRATO EN NEGRO”, luzca bien original, y la exquisita puesta en escena del director Gordon, logra que el filme se sostenga de cabo a rabo con marcada autenticidad. Memorable también, la actuación de Anthony Quinn, logrando una magistral escena de clímax que consigue ponernos los pelos de punta, mientras nos apesadumbra en lo más íntimo del alma.

Creo, firmemente, que, “RETRATO EN NEGRO”, puede abrir una puerta a interesantísimas discusiones.
Luis Guillermo Cardona
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