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Election: La noche de las bestias

5,3
7.918
votos
Sinopsis
Han pasado dos años desde que el ex-sargento de policía Leo Barnes (Frank Grillo) decidió no vengarse del hombre que mató a su hijo. Ahora Barnes dirige al equipo de seguridad que se encarga de proteger a la senadora Charlie Roan (Elizabeth Mitchell), una candidata a la Presidencia que reivindica la supresión de La Purga anual, que consiste en permitir, una noche al año, cualquier actividad criminal, incluído el asesinato. Roan ... [+]
Críticas ordenadas por:
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17 de julio de 2016
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
En 2014 murieron en Estados Unidos más de 12.000 personas víctimas de algún arma de fuego. En una sociedad que hace de la posesión de armas un hecho constitucional y que funde sus raíces en la época del Salvaje Oeste no es de extrañar que se ruede una película como “Election: la noche de las bestias”, un filme permeable a la sociedad en la que ha sido engendrada.

Se estrena en España pocos días después de dos nuevos casos de abuso policial contra los negros en Dallas y la respuesta de un iluminado de raza negra que cegó la vida de cinco policías, y unas pocas semanas después de la matanza de 49 personas en una discoteca gay de Orlando. Todo esto ocurre en un país en el que es factible adquirir un fusil militar en apenas 15 minutos.

Todo esto viene a colación porque en “Election: la noche de las bestias” el crimen es legal durante doce horas. Una noche de orgía violenta bautizada como “la purga” y que es auspiciada por los nuevos padres de la patria y los Estados Unidos de América.

El cuarto largometraje de James DeMonaco bebe de la fuente del John Carpenter de “1997: Rescate en Nueva York” (1981), no en balde, DeMonaco fue guionista de un remake en 2005 de uno de los clásicos de Carpenter: “Asalto a la comisaria del distrito 13” (1976). Si la primera entrega de esta sanguinolenta saga se reducía al secuestro de una familia adinerada en su propia casa (siguiendo la línea de “Perros de paja”, 1971), la segunda optaba por centrar su punto de vista en un pequeño grupo de personas que recorrían las inseguras calles durante la noche de “la purga”; esta tercera vuelve a las calles, pero aquí se introduce la novedad de una senadora que quiere abolir esta noche execrable en la que se desata la ira contenida durante un año.

“Election: la noche de las bestias” es cine perturbador que remueve conciencias y plantea interesantes dilemas morales. Nada tiene que ver con otra saga donde la hemoglobina corre a borbotes como “Saw” y por eso aboga en esta tercera entrega por la abolición del uso indiscriminado de armas.

Ya se sabe que los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor (ineludible es la lectura de “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, de Stevenson), pero es mejor que no tengamos acceso a las armas.
Benjamín Reyes
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19 de julio de 2016
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
En los tiempos que corren, no resulta tan descabellado pensar que la Norteamérica que conocemos, acabe en manos de unos Padres Fundadores a los que alude lo que ya se ha convertido en una trilogía sobre La Purga, festividad anual en la que se permite, durante doce horas, con nocturnidad y alevosía, toda clase de crímenes, que desatan la locura y el caos para aquellos que no puedan permitirse un sofisticado sistema de seguridad o un refugio blindado.

Con el control absoluto de su criatura, desde el estreno de la primera cinta en 2013, James DeMonaco, director y guionista, mantiene la fe en la idea original, torna su discurso algo más político, al menos en su tramo inicial, apoyado en muchas de las constantes ya mencionadas con anterioridad, como son el problema racial, y la incapacidad de defensa de las clases sociales más débiles, pero desarrolla lo justo dichos aspectos, más preocupado por el verdadero conflicto visceral, en el que claramente se regodea, conectando con algunos clásicos urbanos de la Serie B de los ochenta, época prodigiosa en la que maestros como John Carpenter, o notables artesanos como Walter Hill, sentaron cátedra.

Protegido por la Bloomhouse, división creada por la poderosa Universal, para dar salida a argumentos turbios, que no empañen en exceso el carácter imperial y clásico de tan legendaria productora, el alma de esta nueva noche de las bestias, encaja a la perfección en el organigrama de dicha marca, cuya premisa básica es trabajar barato, dar al público lo que quiere, y obtener grandes beneficios, fórmula que llevan explotando ya varios años con enorme éxito desde un ya no tan discreto segundo plano.

Así, el protagonismo del film recae en inquietantes máscaras de plástico o cerámica, y toda clase de armas blancas, algunas muy grotescas, unido a fusiles de asalto y disfraces de lo más hilarantes, que en base, devuelven el concepto anárquico que tan buenos resultados ofreció la anterior entrega, convirtiendo este "Election Day" en una secuela potencial de aquella, que en ningún caso, renuncia a ese universo callejero en constante peligro, tan deseado por los amantes del cine de entretenimiento algo extremo.

Finalmente, es muy posible, como comentaba al principio, que los nuevos Estados Unidos que contemplamos en la actualidad, puedan caer en manos de un candidato presidencial desquiciado, que convierta la seguridad nacional en un asunto cercano a esta purga, bastará con que un nuevo atentado alimente el foco del miedo sobre una población cada vez más asustada, y entregue plenos poderes al Donald Trump de turno, será entonces cuando quizá no veamos tan lejano lo que DeMonaco nos ofrece, y su trilogía abrace, con todas las de la ley, al género de Terror en su estado más elemental.



<Lee esta crítica, y muchas más, en Fusion-Freak.com>
alcaide
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20 de julio de 2016
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
James DeMonaco presenta con ‘Election: La noche de las bestias’ el mejor film de esta “franquicia purgatoria”. DeMonaco vuelve a incidir en “Election” en su tremebunda crítica hacia el sistema que nos domina. El director y guionista neoyorquino no tiene compasión alguna con los poderosos que rigen nuestros destinos (“Los Nuevos Padres Fundadores”, siglas: NFFA) y los vuelve a convertir en figuras esperpénticas que aplastan a los pobres con impuestos, recortes, paro, falta de sanidad, turismo criminal… Todo ello exagerado a los máximos niveles y representado en una rica clase política absolutamente despreciable. Una casta de la que sólo se salva la valiente senadora Ronan, una cruzada dispuesta al cambio.

Nuevamente la violencia nos será mostrada en todo su esplendor y crudeza por un DeMonaco que sitúa de nuevo a los personajes en el ambiente de una ciudad dominada por “los purificadores”, esto es, los partidarios de “la purga”. En esta oscura atmósfera seremos testigos de grotescas ejecuciones (algunos incluso rescatarán a la guillotina francesa), emboscadas, tiroteos, atropellamientos brutales y mucha sangre.
A destacar la terrible y tétrica representación de “los y las purificadores/as” vestidos para matar de las más variopintas formas: bailarinas de ballet, osos de peluche, payasos, novias… hasta míticos expresidentes saldrán a la caza. Todo esto salpicado con un jugosísimo humor negro que nos hará soltar más de una carcajada, y con una tremebundísima y cañera BSO de Nathan Whitehead que contribuye (¡y de qué manera!) a hacer más “disfrutable” la experiencia.

Una experiencia que representará una nueva y terrible odisea nocturna que volverá a vivir el personaje de Frank Grillo. Un Grillo que, para nuestra alegría, está de regreso para ser el valiente caballero de brillante armadura de la senadora Roan (Elizabeth Mitchell). Pero ambos no estarán solos pues DeMonaco nos presentará aquí a nuevos personajes muy bien dibujados e interpretados a los que esta vez Grillo no eclipsa, afortunadamente. Nuevos compañeros que resultan todo un guiño/homenaje a las “minorías” raciales: los afroamericanos y los hispanos.

En definitiva: Resulta poco frecuente que una tercera película se eleve como la mejor de una franquicia… pero esto es lo que ha pasado aquí con “Election”, un film que ha cogido todos los aciertos de “Anarchy”, los ha mejorado y, en consecuencia, el resultado final es superior al visto en su ya disfrutable predecesora.

-Lo mejor: Todos los personajes del film, tanto buenos como malos. Toda la crítica, esperpento y sátira que vuelve a acumular James DeMonaco en el film. La tremenda BSO.

-Lo peor: Lo de repetir constantemente en el título español lo de “La noche de las bestias” ya se hace cansino. Parte del film repite el mismo esquema que “Anarchy” al presentar a unos personajes en odisea nocturna por una ciudad muy caliente. Perder el aire de misterioso justiciero del personaje de Frank Grillo.

-Más en: www.cineycine.com
Cineycine
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24 de julio de 2016
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Seamos sinceros en los tiempos que corren, el concepto de la purga casa muy bien y es inevitable sentir una atracción a esta idea disparatada, pero que podría funcionar de igual manera en la vida real que en la película, con sus mismas repercusiones: reduciendo las tasas de paro, incrementando la economía, con índices de violencia más bajos y marcando una distinción más acentuada entre las clases sociales. No creo que sea el único que ve capaz al ser humano de disfrutar de una noche como la purga, caer en nuestros más bajos instintos, dejarnos llevar y buscar para dar matarile al profesor que nos puteo, al jefe que nos dejó en el paro o al vecino que sube el volumen de su televisor en horas indecentes, parece descabellado pensar esto, pero el hombre en si mismo lo es. Con esto quiero dejar clara mi postura de que no es simplemente una película de ciencia ficción, tiene un trasfondo social y político muy interesante, que no han sabido explotar a fondo.

Tras una primera entrega floja y una segunda parte orientada a la acción, el cierre de la trilogía tendría que haber sido un soplo de aire fresco y explorar otras facetas pero se estanca y repite la fórmula que funcionó con Anarchy la noche de las bestias. En principio presentan un conflicto que trasciende más allá de salvar tu propia vida, aquí se juegan las vidas de una nación entera, la senadora Charlie Roan aspira a la presidencia con una política revolucionaria, decretar la anulación de la purga anual, medida que consigue el apoyo del pueblo que la acercaría a la mayoría absoluta, pero por otra parte despierta la atención de los partidarios y fundadores de la purga, que ven en peligro como su sistema puede ser derrocado. Las elecciones ocurren 2 meses después del evento principal de la película y la vida de la senadora puede correr peligro, es aquí donde entra el protagonista de la segunda parte, que abandona su historia de venganza para ejercer como jefe de seguridad, una ardua tarea. Por otra parte, tenemos la vida de varios trabajadores, la clase damnificada por la purga junto a los sin techo, que tendrán que defender sus más preciados bienes de saqueadores y dementes.

Election falla en la forma de llevar la trama, vuelve a recurrir a la ciudad como escenario principal, donde transcurren nuevas persecuciones, tiroteos, escenas de brutalidad, etc, bien es cierto, que la puesta en escena sigue siendo impecable y extravagante, pero la sensación de esto ya lo he visto, permanece en sus 105 minutos de duración y pasados los 30 minutos iniciales, se hace cansino, agotador y lo único que deseas ver son los créditos finales que dan paso a abandonar la sala de cine y ponerte a otra cosa, porque todas las resoluciones son por medio de casualidades con poca veracidad, exigidas por el guión para que pueda avanzar. No da para más la idea, al menos siguiendo este camino, yo abriría la puerta a una precuela, con el origen de todo, como se gesta, como se comporta la humanidad ante una noche de crimen legal, como actúan los demás países o ambienta la película en el día después de la purga, muestrame sus consecuencias, unos vecinos intentan asesinarte pero fracasan y a la mañana siguiente tienes que hacer vida normal con ellos, es un ejemplo, hay chicha que contar, ya hemos visto el lado salvaje, ahora dame profundidad.

En resumen, Election se deja llevar por la acción y avanza a toda costa sea cual sea el resultado final. No podría terminar sin hacer mención a los típicos "sustos" por sobresalto gratuitos, que son poco eficaces y dependen únicamente de subir el volumen, vaya tela... Cuando vea un giro en la forma de llevar el tema de la purga, volveré a pagar gustoso una entrada, hasta entonces ya me han perdido como espectador.
Carrasco
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22 de julio de 2016
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es ningún secreto que la Purga se nutre, en su concepto, de una considerable dosis de sátira casi macarra.
Es decir, si disfrutamos de cada una de sus entregas es sobre todo porque queremos ver cuál es la siguiente barbaridad que van a sacar para impactarnos, ya sea como antinaturales rituales para matar o en la forma de los inquietantes purificadores con sus máscaras a medio camino entre la parodia y lo macabro.
La cuestión ideológica siempre ha estado ahí, y se podría decir que no desarrollarla del todo adecuadamente forma parte de la identidad de la saga, pero tampoco se deja sin tocar en absoluto, porque tanto la primera como la segunda dejaban la cuestión de la moralidad en el aire: nunca se sabe cuán bestias podemos ser si se nos da la oportunidad.

'Election: La Noche de las Bestias', quizá pensando en las próximas elecciones presidenciales que anticipan retazos de este futuro imperfecto, elige meterse de lleno y más que sus predecesoras en el fondo político detrás de la Purga, lo que es una agradable novedad.
La senadora Charlie Roan sufrió en sus carnes el salvajismo de un purificador de la Purga, y eso le dió valentía suficiente para meterse a política en contra de la tradición: por primera vez, la historia abre dos días antes de la noche señalada, dejándonos ver el clima polarizado de un país que no tiene claro cuánto se beneficia de que una noche al año cualquier depravado pueda dejar sus escrúpulos en un cajón.
Y por primera vez también, le ponemos cara a los responsables de eso, reunidos en su despacho de Washington y elegantemente vestidos, ladrando contra quien osa desafiar su poder. La Purga tiene la cara de los ricos y poderosos, porque los desfavorecidos (inmigrantes o pequeños comerciantes) no se benefician de ella en absoluto, no cuando toda su vida puede depender de que puedan defenderse una sola noche.

No deja de ser una reducción enorme que además carece de sutilidad (ni un solo latino o negro malvado, ni un solo rico blanco decente) pero tampoco afecta mucho al conjunto de la historia y la dota de profundidad: vemos caras en ambos bandos, personas y límites que no se deben cruzar, de lo que hasta ahora había sido violencia anónima sin sentido.
Aún así, y lamentablemente, los aciertos de la historia acaban ahí, porque desaprovecha las posibilidades que le brinda una población enloquecida, al borde de la furia porque su fiesta favorita puede cancelarse. Hay retazos de eso en surrealistas momentos como una guillotina decapitando en medio de la calle, o el Lincoln Memorial (símbolo de la libertad y la conciencia social) arrasado a sangre y fuego, dejando claro que la moral de la sociedad actual está tan podrida como sus métodos, pero todo se centra en una machacona persecución de la senadora Charlie a través de las calles mientras está custodiada por Leo Barnes (Frank Grillo, de nuevo haciendo mucho con poco).
Pasar la noche de la Purga viendo a mercenarios perseguir a la senadora y a su jefe de seguridad es desaprovechar todo el contexto de terror que inspira, sobre todo cuando los momentos alejados de ese esquema son tan potentes (y tan aislados, por desgracia).

Una niña rica se viste con sus amigas para purgar, con escotazo y tacones, como si saliera de fiesta pero buscando sangre en sus coches caros. Un grupo de extranjeros se disfrazan de versiones macabras de iconos americanos, y aterrorizan las calles celebrando la grandeza de Norteamérica.
Son imágenes de pesadilla que habrían ayudado a dar potencia a ese esfuerzo de la película por declararse políticamente, pero son tan breves que apenas nos llegan más allá de la novedad inicial, todo para volver a una persecución que carece de esa ironía retorcida porque se asemeja a cualquier historia de acción, y hasta Grillo tiene poco que hacer si ya no es un justiciero de incierta moralidad.

Lo que podría haber sido un buen broche a una interesante trilogía se queda en buenas ideas, que por tomarse demasiado en serio traicionan lo que venía siendo su identidad.
Esa Norteamérica poblada por asesinos en potencia merecía ser más terrorífica, en vez de ser más verosímil. Quizá buscando lo primero se podría haber llegado a lo segundo.
Charles
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