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Canción de cuna

5,6
1.816
votos
Sinopsis
Cuando a las puertas de un convento de clausura aparece un cesto con una niña dentro, las monjas sienten despertar su instinto maternal. La superiora y el médico del pueblo, que es el único hombre autorizado a entrar allí, llegan a un acuerdo: él adoptará a la niña, pero se la entregará a las monjas para que la eduquen. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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2 de octubre de 2005
33 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
La última adaptación de la obra de Gregorio Martínez Sierra llevada al cine por Jose Luis Garci con una sensibilidad especial y con una muestra de los mejores actores de nuestro cine español. Se trata de una historia que sigue conmoviendo, aunque esta película trasciende más allá de lo que solo es una niña abandonada en un convento, y nos habla de muchas cosas. Hay escenas que son verdaderamente conmovedoras como las muestras de amor del médico hacia la madre superiora, o la conversación de la madre Teresa con la ya crecida niña, o ese momento final en el que Carmelo Gómez pide ver el rostro de las monjas, con ese movimiento de cámara, esa luz y esa maravillosa banda sonora. Es una película que recupera el lenguaje de las miradas y de los sentimientos. Una lección de lo que es hacer una película bien hecha, y una lección de como una película consigue conmover y trasladarnos a un convento donde residen unas personas casi mágicas.
Oscar
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19 de julio de 2007
25 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se puede decir que la espera valió la pena, y es que la vuelta al cine de Garci (después de nada menos que 7 años) se tradujo en esta extraordinaria película, realizada con mano maestra por uno de los escasos genios de nuestro cine.

Garci no se limita a traducir en imágenes la obra de Gregorio Martínez Sierra, sino que le otorga una profundidad y una magia inigualables, con la inestimable ayuda, eso sí, de una maravillosa banda sonora y de unos actores que bordan sus papeles.

No hay palabras para expresar la ternura y melancolía que desprende esta película, a mi entender, una de las mejores de su director; entre las escenas imborrables e imperecederas se pueden destacar desde el último encuentro entre Landa y Faltoyano hasta la "visión" a plena luz de las monjas, sin duda, uno de los momentos más emotivos e inolvidables de nuestro cine reciente.

Destacar también la magnífica actuación de Alfredo Landa (como siempre) en el papel de Don José, el médico del convento, y de Fiorella Faltoyano (increíble que no la nominaran al Goya a la mejor actriz/actriz secundaria) como la madre superiora, de la cual Don José esta enamorado "secretamente", y que, a través de sus palabras y consejos ("saber mirar es saber amar"), consigue estar presente a lo largo de todo el metraje.

Por ello, si quieren disfrutar de una película sencilla, pausada (aviso para navegantes: tiene todas las constantes de Garci) y sobretodo, emocionante, no se la pierdan. Inolvidable.

- Lo mejor: Landa, Faltoyano y Larrañaga. Que una historia tan sencilla haya dado pie a una de las mejores películas españolas de nuestro tiempo.

- Lo peor: Algunas escenas de Maribel Verdú, demasiado encasillada en su papel de... bueno, ya saben...
gonzalo
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15 de mayo de 2013
17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
En las últimas décadas nadie como Garci, cineasta o crítico, ha promovido con mayor entusiasmo en España la pasión por el séptimo arte. Su programa “¡Qué grande es el cine!” es ya mítico en este sentido, y es algo que siempre deberemos agradecerle.

Las tertulias eran divertidas y provechosas, a pesar (o también ese era su encanto) de sus limitaciones, como una mirada en exceso sesgada por la nostalgia: bastaba con que una película americana de los cuarenta o cincuenta (sobre todo si habían asistido a su estreno) presentara una factura simplemente correcta para que se pusieran a bailar jotas sobre la mesa vitoreándola como “obra maestra” —sí, también fueron responsables, de tanto usarlo indiscriminadamente, de la devaluación del término.

La trayectoria profesional de Garci es curiosa, porqué siendo prototipo del director cinéfilo, en lugar de empezar como es usual en estos casos (De Palma con Hitchcock, por ejemplo) rindiendo tributo a sus ídolos para poco a poco encontrar un camino más personal, ha efectuado el trayecto inverso. Sus inicios contienen imágenes despreocupadas, a veces desaliñadas (pero frescas y espontáneas), deudoras en todo caso de las tendencias setenteras (como zooms o hasta instantes videocliperos) y al servicio de la coyuntura, ya que no solo transcurren en ese tiempo presente sino que además toman partido por la realidad sociopolítica de la Transición.

Progresivamente fue prestando más atención a la estética, y es en su regreso a las pantallas tras unos años apartado, cuando a partir de “Canción de cuna” ambienta ya para siempre su cine en el pasado, al tiempo que cada vez se hace más perceptible su carácter mimético con el clasicismo de los maestros a quienes tanto admira, lo que en el peor de los casos deriva en copia academicista, carente del pulso de una personalidad creativa original.

A menudo he comentado con mis allegados que ante algunas de sus escenas no puedo evitar imaginarme a Garci durante el rodaje, preguntándose: “¿Qué habría hecho Ford aquí, o McCarey, etc.?, y rodando entonces la escena tal como cree que ellos la habrían resuelto. Por otro lado, si Tarantino recicla material ajeno pero para incorporarlo a su universo totalmente particular, los préstamos de Garci a menudo agotan su sentido en su propio exhibicionismo (ahí está el prólogo en plano secuencia de “El abuelo”, una excelente imitación de “Gertrud”, pero que muy poco o nada tiene que ver con el resto del film).

Pero sería injusto por ello dar carpetazo a su cine. Si en su inevitabilidad se aceptan estas condiciones, a partir de ahí se puede disfrutar plenamente de unas películas fabricadas desde el profundo respeto y cariño que su autor siente hacia el cine, gozosas para los sentidos (por su fotografía, dirección artística, precisión en los encuadres y música) y con un trasfondo humanista (a Garci le gusta decir que rueda con la cámara a la altura del corazón).

Particularmente lograda me parece la cualidad de su característico tempo sosegado (”me gustan las películas lentas porqué me da tiempo a pensar mientras las veo”, decía Juan Miguel Lamet), lo cual no excluye los sobresaltos: en “Historia de un beso” todavía recuerdo con un pavor solo superado por el giro de cabeza de la niña de “El exorcista”, el brinco que pegué en la butaca cuando sobre un bucólico paisaje asturiano retronó de pronto la voz del inefable Juan Manuel de Prada.

“Canción de cuna”, película muy engañosa por su tema y la fama de su director, sigue siendo mi preferida, como lo es también para el propio Garci, mientras que Miguel Marías (de su grupo, al que encuentro más atinado y cuyos artículos y libros son absolutamente recomendables), no dudó en colocarla en su lista de las diez mejores películas españolas de la historia en una encuesta de la revista "Nickelodeon".

Basada en la obra teatral atribuida a Martínez Sierra (hoy se sabe que la autora fue su mujer, María Lejárraga) y con varias adaptaciones al cine previas, incluyendo por cierto una norteamericana de 1933 a cargo de Mitchell Leisen, presenta una sencillísima historia ambientada en un convento y estructurada en dos partes: en la primera, las monjas se hacen cargo de un bebé abandonado, y en la segunda ese bebé se ha convertido en Maribel Verdú y vive su primer amor con Carmelo Gómez (lamentablemente doblado, otro de los peros habituales al cine garciano).

El primer tramo, que tiene como eje la secreta historia de amor entre el médico y la superiora (Alfredo Landa y Fiorella Faltoyano, espléndidos los dos) puede considerarse, lisa y llanamente, lo mejor de toda la obra del director. La segunda parte acusa un cierto énfasis lacrimógeno en el dibujo del personaje que encarna Verdú, pero a cambio ofrece el instante de un travelling sobre los rostros de las monjas iluminados por la luz del sol, que por derecho propio marca el cénit de Garci como cineasta.

Se trata, así, de un bello, suave y evocador melodrama, donde Garci consigue que el lema “saber mirar es saber amar”, no sea solo una frase pronunciada por los personajes sino la esencia misma de la película.

En los extras de su edición en DVD, Miguel Marías —aclarando primero por si acaso que por aquel entonces no conocía a Garci ni le interesaba demasiado su producción anterior— comenta con su gracia habitual acerca del día que la vio por primera vez: “En un momento dado me giré y le dije a mi mujer: ‘Si terminara ahora sería una obra maestra’… ¡Y se terminó!”.
Quim Casals
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2 de mayo de 2006
18 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como en todas sus películas, Garci utiliza, con mano magistral, la maravillosa conjunción de actores, fotografia, música y la calidad del guión, luego añade a este cocktail una generosa dosis de sentimiento y consigue que veamos sus películas como transportados a otro mundo mas bello y mejor que el que vivimos.
milkas
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6 de septiembre de 2013
8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
José Luis Garci dirigió esta gran película, una joya bastante olvidada pero cuando se ve, queda totalmente confirmado el gran talento y delicadeza de nuestro director español.

Es muy posible que más de uno pensara, que en el cine español pasamos del sexo y desnudos a las monjas y cierto es, una película que contrasta totalmente ya que vemos a la joven Maribel Verdú en Amantes totalmente desnuda y aquí como hija adoptada de unas monjas.

Hay algo maravilloso en esta película y es sobre todo su delicadeza, una delicada y sensible fotografía retrata la vida de unas monjas del convento que no tienen relación con el exterior, solamente con el médico del pueblo, un médico genialmente retratado por nuestro gran actor Landa.
Todas las interpretaciones son fabulosas y bien dirigidas, no hay nada exagerado, al contrario, saben crear un ambiente de paz y tranquilidad que se trasmite al espectador, llegando incluso a acercarse al mundo religioso.

La temática es muy bonita y plantea temas que van más allá de las monjas o de una simple adopción.
El amor y la amistad en diferentes niveles, el amor del doctor hacia la superiora, el amor de madres de las monjas hacia un bebé y el amor de pareja de la joven adolescente.

La historia va mucho más allá y presenta valores ya muy perdidos, retratados por una monjas y una joven adolescente, Garci sabe como mostrar con delicadeza estos valores sin llegar a caer en lo cursi y fácil, es sin un duda una película muy bien concebida.

Preciosa y encantadora película que no fue apreciada por una sociedad española que solamente ve en el cine español desnudos o monjas, es sin duda y gran película.

En muchos momentos me venía a la cabeza nuestro clásico religioso por excelencia, Marcelino pan y vino, un poco diferente pero casi lo mismo.

Cine religioso con valores eternos.
manuel
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