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España España · Barcelona
Críticas de Quim Casals
Ordenadas por:
149 críticas
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10
19 de febrero de 2006
119 de 127 usuarios han encontrado esta crítica útil
Poco divulgada y frecuentemente infravalorada por considerarla un proyecto inconcluso, Una partida de campo es, para mí, una de las mejores, si no la mejor, obra de su autor y una de las más hermosas y tristemente poéticas de la historia.
Tal vez se trata de la película impresionista por antonomasia, no tanto por las localizaciones y encuadres, que remiten de manera muy directa a los cuadros de Renoir padre, como por conseguir atrapar el gran sueño de los impresionistas: la captación de la fugacidad del tiempo, o de la vida.
Al verla nos instalamos en un idílico presente, cargado de latente sensualidad, que cristaliza en un pasaje sublime de pasión arrebatadora; pero si Kubrick con un hueso trazó la elipsis más larga del cine, Renoir con la lluvia nos trae la más desoladora, y de pronto comprendemos que todo queda, irrecuperablemente, atrás. Pero con Una partida de campo se nos ha dado la gracia de contemplar, de vivir el instante y, como en Dublineses, como en Los puentes de Madison, sentimos que un instante puede valer por toda una vida.
Quim Casals
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9
4 de noviembre de 2012
126 de 155 usuarios han encontrado esta crítica útil
Conviene hacer esta distinción. El hombre de la cámara de oro, Sam Mendes, solo para nuestros ojos nos regala un sinfín de imágenes para la eternidad que convierten "Skyfall", en tanto que artilugio fílmico, muy probablemente en la mejor película de la saga. Prolijo sería ponderar las virtudes de su muy precisa puesta en escena y su fascinante sentido visual y rítmico. En fin, sin prisa pero sin pausa, entretenimiento en toda regla y de primer orden.

Como se ha repetido, tenemos aquí personajes más oscuros, ambiguos y complejos que de costumbre, no solo en lo que concierne a Bond, sino también en el tratamiento de M —en el fondo, la gran protagonista de la entrega— y del malo de turno, Silva, un espejo deformado del propio agente (y justo es alabar en este punto las interpretaciones del trío actoral).

Pero si bien los personajes reciben dicho tratamiento "serio", tanto los recovecos de la intriga (el mismo plan criminal de Silva, por ejemplo) como la mayoría de las escenas de acción pertenecen por derecho propio al ámbito de lo "peliculero", con todas las exageraciones e inverosimilitudes que ello conlleva. Uno puede considerar improcedente el contraste, pero particularmente esta colisión tonal me parece uno de los aspectos más estimulantes del film, en tanto que demuestra en la práctica que en la creación una vez más no hay más límites que la voluntad del artista —que después podemos aceptar o no.

Y llegamos al otro aspecto de la distinción inicial: independientemente de su valía individual, ¿es esta la mejor "película de Bond"? Aquí nos adentramos en un terreno más resbaladizo y seguramente insondable, porqué cada cual tendrá su propia y legítima "imagen mental" de Bond, que incluso puede beber de fuentes muy distintas (el Bond de los libros, el primigenio encarnado por Connery, etc.). Y, más allá del ideal de Bond como prototipo (los detractores de Daniel Craig ni siquiera le perdonan su aspecto físico), existe a su vez un "universo Bond" (M, Q y sus gadgets, los constantes flirteos del héroe con las Chicas Bond, los viajes exóticos, los ambientes de lujo, los casinos…), cuya presencia, ausencia y modo de presentación (en "Skyfall" muchos no aparecen y otros lo hacen de manera heterodoxa) para muchos son la prueba de confirmación de si nos hallamos ante una auténtica y/o buena "película de Bond".

Yo debo decir que me gusta especialmente este Bond contemporáneo de Daniel Craig (aquí y en "Casino Royale", con todos sus problemas existenciales), pero también pienso que hay un Bond para cada momento, o cada momento tiene su Bond (así, puedo gozar igualmente con el espectro "sixties" del Bond más antiguo —sobre todo las tres primeras de Connery y la de Lazenby, a reivindicar— o con las tonterías paródicas del último Roger Moore, ideales para la tarde boba de un domingo), y no me quita para nada el sueño discernir si uno es más "genuino" que otro, o tan siquiera si es posible hacerlo.

Mi postura en este aspecto, pues, es de de total relativización. Pero de hecho esta es una reflexión que trasciende la mirada hacia la saga Bond y se puede aplicar al cine en general. Como espectador, muchísimo más gratificante que valorar las películas según su adecuación a unos esquemas mentales preestablecidos, me resulta dejarme sorprender cuando sus propuestas desbordan dichos esquemas. O, dicho de otro modo, focalizar el juicio crítico acerca de las películas según lo que les falta o les sobra para quedar completamente a "nuestro gusto", además de acomodaticio, conduce sistemática y fatalmente a la decepción; en cambio, al descubrir con asombro en ellas esa imagen, esa idea, ese suspiro que jamás se nos habría ocurrido a nosotros, es cuando vivimos el instante verdaderamente iluminador del cine, y del arte.
Quim Casals
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8
11 de marzo de 2010
134 de 172 usuarios han encontrado esta crítica útil
J.C. era un usuario de FilmAffinity en crisis. No sabía sobre qué película escribir ni cómo. Así que se encerró en un balneario de almas en busca de inspiración. Bloqueado, buscó recursos nuevos. Siempre dejaba el título de la crítica para el final, así que decidió empezar por el final y buscó un título. Como no encontró ninguno se lo robó a Q, aprovechando el momento que el camarero servía la penúltima ronda de cervezas.

Teniendo el título de la crítica, faltaba elegir el del film, para lo que contaba con la ayuda de sus amigos. "La hija de Ryan" es un peliculón, sentenció X. Sí, pero no estaría de más que también fuese una película, respondió G. El usuario prefería "Breve encuentro", pero concluyó que escribir sobre ella no sería tan fascinante como protagonizar un remake con R. Finalmente, J.C. logró dar con un par de ideas, pero con los nervios se le cayeron al suelo; no tuvo tiempo de agacharse que, raudo, H las recogió y las guardó en una libretita. Es que las ideas escasean, arguyó H, a modo de disculpa.

—Perdone, ¿pero se puede saber que está haciendo, J.C.?

—Estoy intentando escribir una crítica para FilmAffinity. ¿Y usted porqué me interrumpe?

—¿Crítica?, ¿pero qué clase de crítica es ésta? No hace más que hablar de sí mismo.

—Bueno, Fellini también lo hacía… ¡Ah! Qué rapto de inspiración. No sabe usted la idea que me acaba de dar; escribiré sobre "Ocho y medio". Lo que no sé por dónde empezar.

—Pues debería saberlo. Ya ha gastado 1404 caracteres. Oiga, yo le conozco, usted lleva 50 películas reseñadas en esta página…

—49 y medio, si consideramos "Una partida de campo" como un mediometraje. Otro punto a favor para escribir sobre "Ocho y medio". Espere, que me animo. Además, será una crítica en blanco y negro. Y en cinemascope…

—Pare el carro y no desvaríe más. Como le iba diciendo, usted se ha labrado una reputación. Sus críticas son serias, le gusta desmenuzar el lenguaje cinematográfico de las obras tratadas. Tiene incluso un pequeño pero fiel grupo de lectores que le votan siempre positivamente. ¿Por qué echar a perder cinco años de trabajo y bien ganado respeto con una crítica egocéntrica e insustancial que no habla para nada de la película?

—¿Cómo que no habla de la película? A ver, ¿de qué trata "Ocho y medio"?

—"Ocho y medio" trata de "Ocho y medio".

—Ergo mi crítica de "Ocho y medio" trata de mi crítica de "Ocho y medio". Coherente, ¿no?

—Se me ocurren otros adjetivos. Pero, ¿de veras piensa que alguien podrá encontrar que esto que llama usted "crítica" puede resultar útil y/o interesante?

—Bueno, nunca se sabe. Hay que arriesgarse, que decía Pascal. Déjeme pensar que sí. Soñar es gratis.

—Y morir también.



(Dedicada a Lupo)
Quim Casals
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10
26 de octubre de 2005
109 de 132 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aparentemente, no es El desprecio el prototipo de película de Godard, en tanto que apenas se hallan en ella sus rasgos estilísticos más reconocibles: el montaje entrecortado, los cambios bruscos de tono y de género, el ritmo sincopado, el uso de carteles, el humor grotesco, etc. Bien al contrario, se trata de una estilizada historia contada básicamente a través de elegantes planos-secuencia de brillante y hermosa textura fotográfica, asemejándose a la estética del cine clásico "convencional".
Pertenece también a la primera etapa de su obra, que podríamos denominar "narrativa", en el sentido que todavía "cuenta una historia" con una linealidad argumental definida que el espectador puede seguir sin ningún problema.
Pero, precisamente porqué Godard no filma una película "de Godard" —como ya había hecho en más de una ocasión limitándose, en el fondo, a dar lo que ya se esperaba de él— se muestra más valiente y audaz que nunca.
En mi opinión, asistimos a su primera obra de auténtica madurez, donde se muestra menos interesado en llamar la atención sobre sí mismo que en adecuar, de manera magistral, lo que cuenta con la manera de contarlo. De ahí que el impecable discurso fílmico nos lleve inexorablemente al discurso de fondo más genuino y, probablemente, más complejo de este autor: la disección de los problemas de comunicación en la pareja, el pesimismo existencial, los sentimientos contradictorios respecto del cine y de la industria del cine... se muestran en El desprecio de manera más desnuda y menos artificiosa que nunca, libre también de los momentos pedantescos que de vez en cuando lastran algunas de sus obras. E incluso consigue que una actriz tan limitada como B.B. nos parezca insustituible en su rol.
Mención especial merece la partitura de Georges Delerue, a mi juicio una de las más hermosas de la historia y que consigue que cualquier evocación de El desprecio —como ocurre con El tercer hombre o Solo ante el peligro— no pueda llevarse a cabo sin rememorar a su vez la maravillosa música que la acompaña.
Quim Casals
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10
13 de octubre de 2005
93 de 101 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dos de los grandes ejes temáticos de la filmografía de Bergman, la duda metafísica (El séptimo sello, Como en un espejo...) y el análisis introspectivo de las relaciones íntimas (Secretos de un matrimonio, Un verano con Mónica...) se funden magistralmente en esta película, formando una unidad indisociable donde ningún motivo se supedita al otro.
Si en Fanny y Alexander está “todo Bergman” por expansión de personajes y situaciones, aquí lo está por reducción a sus rasgos esenciales. De esta manera, la puesta en escena deviene una de las más concisas, depuradas y austeras de su autor.
La desnudez formal se traduce en un rigor compositivo donde los primeros planos alcanzan un significado de tal magnitud que se convierten en dignos herederos de los de La pasión de Juana de Arco. La analogía con Dreyer nos podría llevar también a Gertrud, en cuanto al meditado uso de los fondos en conexión con las emociones de los personajes.
A mi juicio, Gunnar Björnstrand realiza el mejor trabajo de su carrera e Ingrid Thulin está, como siempre, inconmensurable. La implacable fotografía en blanco y negro de Sven Nykvist probablemente sólo tiene parangón con la de Persona, otra de las obras capitales del dúo creador.
En fin, aunque algunos todavía consideren Los comulgantes esclava de su época y, por tanto, caduca o pasada de moda, para mí siendo una obra de arte absolutamente intemporal, cumbre de Ingmar Bergman y un hito que demuestra, una vez más, que la auténtica complejidad se alcanza a través de la más absoluta sencillez.
Quim Casals
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