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El hombre que mató a Liberty Valance

8,3
29.680
votos
Año
1962
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Western | Película de culto
Sinopsis
Ransom Stoddard (James Stewart), un anciano senador del Congreso de los Estados Unidos, explica a un periodista por qué ha viajado con su mujer (Vera Miles) para asistir al funeral de su viejo amigo Tom Doniphon (John Wayne). La historia empieza muchos años antes, cuando Ransom era un joven abogado del este que se dirigía en diligencia a Shinbone, un pequeño pueblo del Oeste, para ejercer la abogacía e imponer la ley. Poco antes de ... [+]
Críticas ordenadas por:
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17 de octubre de 2007
444 de 478 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ford tenía algo más de 65 años cuando rodó esta película. En aquella época el cine clásico se desangraba ya sin remisión; el trasvase de directores iniciados en la TV era imparable y los viejos artesanos tenían cada vez menos predicamento y debían adaptarse.

Tom Doniphon (John Wayne) quemó su casa protestando por un amor perdido y rindiéndose ante lo que sabía inevitable; Ford agotó un género desde la reflexión meticulosa y crepuscular.

Tom dejó su sitio a las compilaciones de legislación y a las asambleas de gentilhombres; Ford apuró posibilidades para que fueran otros, era el turno de esos otros, los que estiraran desde la sobreexcitación lo que él había detallado ya desde el brío y la ternura de un cine con ansias de mito y armazón de orfebrería en estado puro.

Tom disparó el último tiro para así convertir en leyenda el inevitable futuro en el que ya no tenía sitio; Ford grabó en un anticuado blanco y negro la perfección de una forma de hacer cine y dejó paso a la necesaria renovación, a la inexcusable evolución.

Y es que, por mucho que se insista en otorgar el calificativo de crepuscular a películas como Grupo Salvaje, es esta película de Ford la que mejor refleja aquello que esos antihéroes mitificados por el western clásico perdieron con la llegada del ferrocarril y de los “attorney at law”. Quizás porque el propio Ford se estaba disipando también entre el ineludible empuje de los Leone, los Lumet o los Frankenheimer, y ante esa imparable locomotora cuyo innovador trayecto culminaría en los 70.

Así que condensó toda la nostalgia que fue capaz de rescatar en un cactus, un sombrero vaquero a uno noventa y tres del suelo y en una vieja cabaña en llamas. Así lo hizo y luego se marchó. Y se marchó sí, ya lo creo. Aunque aún le quedaran tres o cuatro pelis más.

Se puso el parche, nos dio la espalda y se alejó después de descerrajarle un tiro a la historia del western, del cine clásico, del cine en general, del western crepuscular y a la madre que nos parió. John Ford, coño. John Ford es el cine.
Bloomsday
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2 de mayo de 2007
203 de 252 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay personas capaces de matar por un filete. Y no precisamente por llevárselo a la boca.

Hay personas capaces de matar por un “yo soy del Barça” / “Pues yo soy del Madrid”.

Hay personas capaces de matar por un PP vs. PSOE.

Hay personas capaces de matar por un “¡Has mirado a mi chica!” / “¿Chica?, pensé que era un perrito pekinés.”

Hay personas capaces de matar por una patria, por una religión.

Hay personas capaces de matar y de morir. Por un filete. Un filete que acaba en la basura.
===

John Ford, sutil y sabiamente, se pone del lado de Tom Doniphon (John Wayne), sin descuidar el memorable personaje de Ransom Stoddard (James Stewart).
===

Joyas made in JF:

- El principio, insuperable. No hay nada que contar, tendréis que degustarlo.
- Posiblemente, el flashback más conseguido y oportuno de la historia del cine.
- La escena del filete.
- El retrato de la clase política.
- La psicología de los tres personajes principales: Tom, Ransom y Hallie.
- El duelo del final, aniquilando los tópicos del género y dando carpetazo a la épica en el western.
- La oscuridad.
- Las flores de cactus.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Servadac
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23 de mayo de 2005
116 de 128 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con este western, John Ford, aunque parezca imposible, se supera a sí mismo después de soberbias creaciones del género como “La diligencia”, “Centauros del desierto” o “Pasión de los fuertes” y la grandísima altura alcanzada en otros trabajos de distinto registro como “Las uvas de la ira”, “¡Qué verde era mi valle!” o “El hombre tranquilo” –por citar sólo una breve muestra–. Lo hace además por la puerta grande, construyendo con implacable eficacia unos personajes, tanto principales como secundarios, que poco tendrían que envidiar a los del mismísimo Dostoievski, y donde esto junto al papel de héroe romántico de John Wayne hacen de esta película la Casablanca del western.

La cuidada fotografía de Clothier y el empleo de efectos como el rodaje de la escena clave desde distintos ángulos para la inclusión de diferentes personajes y hechos que se nos van descubriendo a lo largo del guión mediante el uso del flashback, merecen por sí mismos el calificativo de obra maestra. Si a esto unimos además una historia sólida, brillante, llena de emociones, no exenta de su intriga y sorpresa, y contada con un ritmo narrativo preciso pero natural, sin énfasis, donde es casi imposible decantarse por una escena favorita –la cena en la casa de comidas, las elecciones en la taberna, la muerte de Valance, la borrachera y depresión de Tom…–, tenemos el mejor trabajo sobre el Lejano Oeste de todos los tiempos y una de las más grandes películas nunca filmadas.

Cuando Ford decide prescindir de rodar en espacios abiertos para meterse en interiores y decorados –seguramente obligado por el presupuesto a tener que elegir entre esto o pagar el caché de entonces para Wayne y Stewart–, estaba casi sin quererlo comenzando la factura de una película inusual entre las del género, donde por el contrario lo que priman son las grandes praderas o los desiertos sin horizonte. Tal vez esa arriesgada ruptura con lo habitual, junto a la decisión arbitraria del blanco y negro en una época de reinado del color, fue lo que motivó que en la fecha de su estreno pasase casi desapercibida; pero con el tiempo se ha colocado en el lugar que le corresponde en el podium cinematográfico.
Pedro
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6 de abril de 2007
109 de 139 usuarios han encontrado esta crítica útil
Está claro que nos encontramos con uno de los western más significativos e importantes de toda la historia del cine, y es normal, entre otras cosas porque desde el último hasta el primero de los componentes de la película se encuentran en su mejor momento artístico y técnico, desde productores, músicos, actores, guionistas, fotógrafos... y por supuesto John Ford que está en un instante ya de sapiencia y madurez irrepetible. Lo que vemos en la pantalla es una orquesta que no desafina y que toca como los ángeles.

Otra cosa es que el género en aquellos primeros años 60 se estaba agotando y que la gente quería ver otras cosas. Ford lo comprendió y con esta película se despide de dicho género el que más le agradó, iniciando el western crepuscular que luego tanto sería imitado a finales de los sesenta, en la década de los setenta y hasta en “Sin perdón”. Porque aunque hizo dos más del oeste, no debemos olvidar que “La conquista del Oeste” sería una manera de presentar un recopilatorio homenaje al género y con “El gran combate” tendríamos una especie de nunca digas nunca jamás que todos los grandes tienen. Pero es aquí, en “El hombre que mató a Liberty Valance” donde tenemos su testamento sobre el western.

Me gustaría centrar mi exposición sobre todo en el mensaje y moraleja de esta película porque es contradictoria, compleja y extraña. Por un lado es una película progresista (sí, y es de John Ford), cree en la evolución de las sociedades, del hombre y por lo tanto que la civilización se impone a la barbarie; pero al mismo tiempo la película tiene una idea que muchos no pueden compartir pero que es evidente: El Estado al margen de las leyes y los políticos siempre tendrá que tener hombres como Tom Doniphon (John Wayne) para poder combatir a ciertos elementos de la sociedad que no respetan las normas y la convivencia. Sin ese tipo de hombres no hubiésemos tenido ni tendríamos la paz de la que ahora disfrutamos.

Hace tiempo leía en una página web que Liberty Balance sería la representación del terrorismo de nuestros días y que para luchar contra estos individuos que no respetan nada, no vale sólo el Estado de Derecho, sino un John Wayne que sería una especie de G.A.L. Quizá pudiera parecer excesiva esta afirmación pero creo que en realidad no va muy desencaminada del mensaje de Ford.

Particularmente la historia de amor me parece preciosa; quien sabe, probablemente Vera Miles siempre quiso a John Wayne pero se casó con Ranse Stoddard (James Stewart) por seguridad como hacen la mayor parte de las mujeres. Esa flor de cactus en su ataúd y la pregunta del Senador a su mujer con la mirada perdida es una prueba de ello. Por cierto, extraordinario Lee Marvin.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
vircenguetorix
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8 de febrero de 2010
73 de 76 usuarios han encontrado esta crítica útil
1.- Amor

- Tal vez quiera dar un paseo por el desierto para echar un vistazo.
- Tal vez.
- Sabías dónde quería ir, ¿ verdad?
- Usted dijo que quería ver la flor de cactus.

No existe película de Ford, donde el director hable del amor de manera tan desoladora.
No existe película de Ford, donde el director hable del amor de manera tan desnuda.
No existe película de Ford, donde el director hable del amor de manera tan brillante.
No existe película donde se hable de amar sin mostrar siquiera un beso.
No existe película en el cine donde las púas de un cactus hieran tan adentro.

2.- Crepuscular

- ¿Por qué ha venido a Shinbone? ¿Algún misterio?
- No. No hay misterio. He venido a un funeral.
- ¿Funeral? ¿ Quién ha muerto, señor?
- Un hombre llamado Tom Doniphon.
- ¿Quién era Tom Doniphon?

Y la Tierra gira, y con ella la Luna y las estrellas. Y el agua sigue su cauce, y las personas siguen su camino, y los caminos continúan llenos de polvo. Y las dudas, y los años de nostalgia, y los iconos de la infancia, y las personas sin futuro y todo aquello que quedó atrás. Desfasado y olvidado. Como Tom Doniphon. Con una casa a medio hacer, con un revólver en el cinto y cuatro monedas para gastar en güisqui.

- ¿Dónde están sus botas?
- Era un bonito par de botas, casi nuevas y yo pensé...
- Ponle las botas, Clute. Y su cinturón y las espuelas.

¡Dejen paso señores, dejen paso! Pero antes de darle la espalda, quítense el sombrero.


3.- Oeste

- ¿No va a usar esta historia, Sr. Scott?
- Esto es el Oeste, señor. Cuando la leyenda se convierte en hecho, se escribe sobre la leyenda.

No existe el Oeste sin épica. Cuando la épica la relata un buen narrador nace la leyenda. John Ford hace y es Leyenda.
Chagolate con churros
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