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La casa de Jack

6,8
1.861
votos
Sinopsis
Estados Unidos, década de 1970. Seguimos al brillante Jack durante un período de 12 años, descubriendo los asesinatos que marcarán su evolución como asesino en serie. La historia se vive desde el punto de vista de Jack, quien considera que cada uno de sus asesinatos es una obra de arte en sí misma. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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18 de diciembre de 2018
47 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jack es un arquitecto fallido y un exitoso psicópata. La película comienza con Jack contando su trayectoria a un confesor que no vemos. El criminal narra a su oyente cinco crímenes al azar, cometidos a lo largo de su vida, para defender el asesinato como arte. Sin embargo, todos y cada uno de sus argumentos serán cuestionados y rebatidos por el misterioso acompañante, dejándole en total evidencia.

Cabe decir que es totalmente comprensible que la gente se marchase de la proyección. Es una película violenta, desagradable y antipática. Además, dura dos horas y media. Sin embargo, aquel que aguante verá su proeza recompensada, pues pasado el shock de los crímenes de los que tanto se ha escrito, la revelación final del film, la cuestión que quiere alcanzar von Trier con el despropósito inicial, es sin duda una de las más interesantes de su carrera.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
yeirus
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9 de octubre de 2018
23 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
El danés se ha marcado una paja a cuatro manos mirándose en el espejo, y sin ningún tipo de complejo, ha realizado una película por y para el gusto de sí mismo. Y a quién no le agrade, a tomar por c***.

Con una curiosa mezcla entre la comedia negra(tirando a carbón) y un surtido de secuencias marca de la casa(desde escenas a cada cuál más retorcidas, hasta su característico estilo documental desarrollado en sus últimas obras), Lars Von Trier consigue que el público se descojone a mandíbula abierta mientras nos muestra a un protagonista (que en definitiva es su alterego) cometer las más absolutas de las barbaridades..

A estas alturas es ya difícil que este cineasta consiga sorprenderme, pero he de reconocer que esta obra, como punto de reflexión sobre su trayectoria artística, y por ende, su persona, es toda una revelación (ultra-onanista) sobre un artista que se confiesa abiertamente sin ningún tipo de reparo ni cohibición, y eso en definitiva, es lo que uno espera de este cineasta. Quizás no es de las más perturbadoras de sus obras, pero si es probablemente la película más sincera y de la marca "Trier" de toda su filmografía.
Troll
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21 de diciembre de 2018
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz en las inmediaciones y poco después murió, dejando a su cría sola. El cachorro fue aceptado como uno más del rebaño y creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas. Así mismo, como una oveja llegó a ser considerado y tratado por el rebaño. Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años.Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó.
La historia sigue, básicamente lo que viene a contar es que el tigre es quien es y es el que manda, aunque puedas confundirlo con un cordero...

El Sr von Trier vuelve a la carga, con una película que aunque fuera de concurso, pasó por Cannes, el hijo pródigo volvió al hogar. Cannes, el famoso y admirado festival, por donde el siempre ha pisado la alfombra roja y de donde lo echaron, recuérdese: fue declarado persona 'non-grata' en 2011 por sus declaraciones en las que decía admirar a Hitler. Ganador de la Palma de Oro en el año 2000 por la maravillosa "Bailar en la oscuridad" (de las películas que mas me han emocionado en mi vida), Lars von Trier era un habitual de la Sección Oficial desde que presentó "El elemento del crimen" (1984). Pero el buen hombre dejó de serlo, como es sabido, tras una confusa, y divertidísima rueda de prensa a la salida de "Melancholia", en la que sus palabras fueron malinterpretadas y sacadas de contexto.

El Sr. von Trier es un sádico que le gusta martirizarnos, quizás la culpa no es suya, quizás la culpa es nuestra que nos gusta su cine, y nos gusta pasar un mal rato con lo que hace, quizás creemos que somos tigres, y simplemente somos un rebaño de corderos, dentro de un cine viendo (disfrutando) su película.

Desagradable, como la vida misma, así es la nueva película de Lars von Trier ... ah, se me olvidaba, también es estupenda. Esta película es mas aterradora que cualquier película de miedo que puedan proyectar en un cine, personas que no están familiarizadas con el cine de von Trier se llevarían las manos a la cabeza.
Uno no va a pasar un buen rato al cine cuando va a ver una peli de Lars, reconozcámoslo, claro, ¡eso es lo bueno!.
Las pelis de Lars son un chino en un zapato. (Chino: En Málaga dícese de piedra pequeñita, Como las de la playa). Pero el caso es que, eso nos gusta... ¿Somos corderos?.
Me encantan los directores con un universo particular y muy reconocíble: Hitchcock, Almodóvar, Tarantino, Tim Burton, David Lynch, Woody Allen o Lars Von Trier. Universos reconocibles, son obsesivos con sus temas (algo de lo que estoy muy a favor), sus colores, sus actores, sus fílias, su mundo...
Lars lo es, es muy obsesivo, es cruel, es provocador. Y esta, su nueva película es procaz, obscena, brutal, políticamente incorrecta hasta la ofensa, quizá inmoral inmoral... y, sin embargo, fascinante en su total ausencia de prejuicios, en su libertad esquizofrénica, en su desvarío alucinado.

La película funciona, perfectamente en primera instancia, como una comedia negra (si, como una comedia negra), pero es sobre todo un inabarcable ensayo sobre el arte y el propio mundo cinematográfico de su creador.
Matt Dillon está estupendo en su papel, todo un asesino en serie, de los que se recuerdan, y desde luego para recordar, se lo recordarán por siempre (a Matt) su papel en esta película.
Una de las cosas que mas me llamó la atención de esta película, aparte de su director evidentemente, es que vuelve a aparecer Uma Thurman, actriz a la que adoro. Uma en un papel de escasa duración y gran pegada (la que se lleva).
Thurman sufre para mi de una enfermedad que se llama, "Robert De Niro", oséase, gran actor (actriz en este caso) con grandes películas en su filmografía, pero que en los últimos quince años, básicamente ha hecho películas malas (Tarantino vuelve), a falta de Tarantino en su vida, von Trier cuenta con ella en su cine, y eso me encanta, se dan caché el uno al otra, y la otra al uno.
La presencia de Bruno Ganz es la película también mola bastante, lo que pasa que no quiero desvelar nada de su papel, ustedes cuando la vean me cuentan.

Una película brillante y sádica, también un pelín larga, aunque tengo que reconocer que a mi no se me hizo, si no de que le iba a poner buena nota. Total que me he visto, viendo durante mas de dos horas contemplando atroces asesinatos y escuchando a David Bowie, joder, si, en parte he disfrutado, y me siento culpable.
javi rojo
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24 de diciembre de 2018
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nuestro mini review de:

La casa de Jack (2018)
Lars Von Trier
Dinamarca

Estados Unidos, década de 1970. Seguimos al brillante Jack durante un período de 12 años, descubriendo los asesinatos que marcarán su evolución como asesino en serie. La historia se vive desde el punto de vista de Jack, quien considera que cada uno de sus asesinatos es una obra de arte en sí misma.

Lo bueno

El regreso del cineasta danés es todo lo que se espera de él, es todo lo que anhelan ver los que lo siguen como un hijo prodigio del cine y también es todo lo que hablan los que no aguantan su discurso de Narciso y su filosofía en versada. Eso es Lars, el negro y el blanco a la vez, y La casa de Jack es una prueba más de eso, de la dualidad de un cineasta que es único y posiblemente será así por los tiempos de los tiempos.

Matt Dillon da su mejor actuación, o por lo menos la que mejor ha visto este servidor, su personaje es arcilla en manos de un cineasta que plasma sus manías y perversiones en él, y Dillon le cumple sin chistar, lo mejor en el caso del desarrollo del personaje es que nunca hay un juicio netamente moral desde el autor si no desde un némesis en off (maraviloso Ganz) que reflexiona y debate todo lo que el personaje central parece dejar en claro.
¿Quién es este segundo personaje?, la policía, la conciencia, el bien, la muerte o el diablo. A cada uno le tocara decidir.

Ya sabemos que Trier es un creador visual fascinante, y no particularmente porque le interese detenerse en crear una fotografía preciosista o un montaje que calze con los ejes o narrativa, posiblemente Trier es el único cineasta en el mundo capaz de componer y descomponer todas las “reglas del quehacer del cineasta” en una película y hacer que eso funcione.

Como siempre la música es punto alto en sus películas, ya sea como eje acompañante o factor distante de la parte visual.

Como suele suceder con el cineasta, la película está dividida en capítulos , y para este servidor la genialidad del último capítulo es lo que hace aguantarnos todo el tour sádico del protagonista. Ese capítulo final es tan genial y disperso como la mente creadora del danés.

Lo no tan bueno

Inocentadas fatales que quieren sumarse a un humor negro no tan funcional (tal vez por el tema que representa), la visible misoginia a sus personajes femeninos como carne de cañon y la facilidad de burla a un sistema legal que es un chiste. Claro entendemos que todo es parte de la broma cruel, pero es excesivo.

Aunque los diálogos son realmente interesantes y van crear todo el debate que podamos esperar de un filme de este calibre, aquí hay un exceso “verborrea filosófica” que si tal vez nos deja ver el pensar de un personaje atormentado no nos da grandes indicios o descubrimientos, digamos que es algo que ya se ha visto mejor en otros filmes o series.

8/10

Opinión Final: Moralmente inadecuado, enfermizo, sádico, no tan violento como se esperaba eso sí, porque la mayoría de lo incorrecto moralmente está en lo dicho no tanto en lo hecho. El filme es como aguantarse la cansina verborrea narcisista de su autor y raros afines para disfrutar de algunas secuencias visualmente mágnificas, casi escritas por Dante y Andréi Románovich, porque no hay nada de justificable en la atrocidad de algunas cosas contadas en el filme, pero de alguna manera ese capítulo final, remide y pone cinta a tanta palabra adornada, para saber que todos y a su modo tienen el final que merecen. Al final es Lars, para bien o para mal.
CINELOCURA
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25 de diciembre de 2018
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El arte es un crimen, dijo alguien.
No existe eso de arte "apto para todas las edades" o políticamente correcto, porque está más allá de esos condicionantes.
Existe tal como es, se aprecia plenamente, o como buenamente se pueda, y luego ya se vomitará en algún medio digital que su responsable es un enfermo mental. Así se duerme tranquilo, pensando que los temas realmente jodidos no nos pueden tocar.

'La Casa de Jack' es una meditación al respecto, pero también un desenmascaramiento intencional por parte de Lars Von Trier.
Él, como su protagonista Jack, también se ha pasado la vida de incidente a incidente (en Cannes), profundamente metódico y perfeccionista, simplemente para mostrar esos lugares oscuros que nadie se atreve a transitar. No es una misión divina, no es ni siquiera una manera de mostrar una verdad suprema, simplemente es un punto de vista como otro cualquiera.
Porque es estupendo recrearse en los romances o dramas que gustarán a otros, pero también es sibilinamente cómico observar cómo una autoestopista con mirada cómplice de Uma Thurman puede dar tanta chapa sobre asesinos seriales, sin darse cuenta de que tiene uno delante a punto de abrirle su resabidilla cabeza.

Jack, al abrigo de la oscuridad, en un descenso al abismo que no vemos, desgrana su vida y no se disculpa por nada de lo que vamos viendo.
No tendría sentido, no hay una infancia traumática ni un comportamiento represivo, sino genuina curiosidad por el daño que puede soportar un cuerpo humano, la misma que tantos dictadores y monstruos ejemplares de la Historia han explorado: es un modo de vida, una lente a partir de la cual verlo todo, porque donde otros queremos la fotografía él se queda con el negativo de luces oscuras.
Durante el autorretrato dividido en varios incidentes, su confesor Verge le repite que ya se lo han contado de todo color y pelaje, que no hay ninguna obsesión que le pueda sorprender o ninguna justificación que se pueda aceptar, pero Jack, como todos, se empeña en que bajo su luz oscura el mundo realmente se aprecia diferente. Bonito paralelismo Von Trier así nos cuela hacia si mismo, esgrimiendo su habitual no saber hacer arte de otra manera y auto-homenajeando los aires de grandeza presentes en toda su filmografía.

Jack tiene razón, pese a que al principio te puedas resistir a verlo, o simplemente te rías con su perfeccionismo compulsivo (Von Trier tampoco es tonto, y sabe que hasta el más iluminado tiene patéticas fallas con gracioso resultado).
Es cierto, nunca se me habría ocurrido pensar en la matemática animal de una presa salvaguardando a sus crías, perfectamente aplicable a una mujer con hijos a la que le dicen que tiene bala ya reservada, haciéndonos evidentes como seres de costumbres genéticas. Tampoco imaginaba que fuimos tan retorcidos como para plantar sirenas innecesarias en aviones que desmoralizaban al enemigo, o que las balas de chaqueta metálica fueron desarrolladas en un alarde de inquina para ahorrar munición a cada matanza.
Aunque probablemente el detalle más cruel, el que inclina nuestro favor hacia la híper-cordura de Jack si no lo hemos hecho ya, es verle gritar junto a su víctima que hay un asesino en el edificio, solo para recibir el más aplastante silencio: a una gran mayoría de gente, en el fondo, se la sudan los demás y no se ensuciarían las manos si lo pueden evitar.

Algo muy parecido sucede siendo público de esta película, habiendo llegado tan lejos, y comprobando que pasados los minutos te conviertes en una especie de voyeur glorificado, progresivamente más desconectado de las atrocidades para soportar verlas, aunque con el suficiente interés en seguir viendo cuál será la siguiente.
Aquel policía incrédulo, aquel mecánico ausente, no hacen nada a la más leve sospecha porque gustan de ver como nosotros, no de meterse en problemas al ayudar: eso sería casi aceptar que visiones del mundo como la de Jack existen, y queremos blindarnos de ellas todo lo posible.
Y cuanto más miramos, más comprendemos su preocupación por dejar sin limpiar la más pequeñita manchita de sangre, o le compadecemos por las chapuzas amontonando cuerpos en su cámara frigorífica, esperando que supere cualquier obstáculo en su camino. Será proscrito, será brutal, será perverso... pero a su retorcida manera es un artista, que no puede dejar de crear a su paso, construyendo una casa cárnica en hueso que le representa mucho más que cualquier conjunto normalizado de madera y teja.

Habrá gente horrorizada al observar semejante cuerpo de trabajo, y está bien. Pero también habrá otra gente que sienta lo repulsivo, lo sobrecogedor y el sufrimiento, y sea capaz de ver cómo forma parte definitoria de este mundo.
Como Jack, Lars Von Trier también trabaja para que no nos olvidemos de que el infierno está presente, entretejido en las vísceras de todo lo que es bueno y divino.

El descenso a los infiernos que se muestra parecería entonces una redundancia, pero es necesario como reflexión silenciosa sobre lo que dejamos atrás, sobre lo que nos espera y sobre lo que nos hemos negado al avanzar, recordando lo humilde que es el recorrido de Jack, y por extensión el del adorado, multipremiado director Lars Von Trier.
Hay un ingeniero en cada uno de nosotros, asumiendo las órdenes de nuestro propio arquitecto. Siempre nos saldrá una casa distinta, pero casa a fin de cuentas: puerta de nuestro infierno particular, y maltrecho legado a todo lo que quisimos lograr.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Charles
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