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La vida de los peces

6,0
1.613
votos
Sinopsis
Andrés (Santiago Cabrera), que vive en Alemania desde hace diez años, regresa a Chile para liquidar su pasado antes de asentarse definitivamente en Berlín. Sin embargo, durante la fiesta de cumpleaños de uno de sus amigos, entra en contacto de nuevo con el mundo que abandonó e incluso vuelve a ver a Beatriz (Blanca Lewin), su gran amor. Ese reencuentro podría cambiar los proyectos y la vida de Andrés para siempre. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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15 de enero de 2011
35 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de ver la película, solo había leído su sinopsis. No tenía idea alguna de los trabajos previos del director, ni conocía a los actores. Es más: nunca había visto una película chilena.

Pero me cautivó absolutamente todo. Es una historia que aparenta transcurrir en tiempo real, pero que está definitivamente anclada en el pasado. Y eso la hace genial: las segundas oportunidades, lo no dicho que por fin se expresa, el "si las cosas hubiesen pasado de otra manera".

Actuaciones precisas (¿Odiseo y Penélope posmodernos?), escenario mínimo y laberíntico, música y luces preciosamente dispuestas.

Recomendada para quienes gustan de películas íntimas, profundas en su sencillez, alejadas de las superproducciones hollywoodenses (no podía dejar de pensar cuántas películas como ésta podrían hacerse con el presupuesto de una sola película mala).
Gora
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7 de septiembre de 2010
33 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
La verdad es que me cuesta con el cine chileno. Veo tanto cine y no puedo con el de mi propio país. "La vida de los peces" pretende hacernos caer en la nostalgia más profunda, hacernos cuestionar cosas, tratar de imaginar lo que pudo haber sido y no fue, pero definitivamente no lo logra.

La historia, la acción, la cámara y los diálogos van de un lado a otro, como los peces, sin marcar un rumbo, sin acentuar algo, sin mostrar mucho, más que algunas miradas y uno que otro silencio interesante. La música, a ratos molesta y esos constantes primeros planos y encuadres confusos no le otorgan más que un desorden estético a la cinta, desde mi humilde punto de vista. El final, aunque predecible, es aceptable y es digno de los últimos 15 minutos de la película, donde ésta parece recobrar el sentido que había perdido en la primera hora.

Tal vez he perdido la sensibilidad (algo muy probable), pero la película no provocó nada en mí. Y cuando eso pasa no puedo otorgarle más nota de la que le puse. Regular intento de Matias Bize por dirigir una cinta con actuaciones regulares, un guión a ratos tedioso y una historia que dura una hora veinte minutos, pero créanme, pudo haberse recortado aún más.
Juan Antonio
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16 de abril de 2011
21 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las primeras imágenes nos muestran unos primeros (a veces primerísimos) planos de unos rostros que hablan entre ellos. Son cuatro hombres que parecen evocar recuerdos. La secuencia dura lo suficiente para intuir (algo que nos evidencia el director) que nos hallamos ante una película intimista, donde los personajes confesarán/manifestaran sus emociones/frustraciones a lo largo del metraje.

El director encierra a sus protagonistas en un espacio, que irá dilatando a su conveniencia, lleno de zonas a recorrer para hacer evolucionar su historia. En una casa, donde se da una fiesta, los dos antagonistas transitarán de manera interminable, yendo, viniendo, hablando, encontrándose, alejándose, volviéndose a encontrar… pero sin salir del recinto para que queden cercados los “importantes” recuerdos/sensaciones que dejarán escapar.

La manera escogida por Matías Bize para narrar su película, es tan válida como cualquier otra, incluso más que interesante. Un personaje principal con un pasado aparentemente lleno de intensidad, que irá desvelando poco a poco, y al que a veces la cámara seguirá desde muy cerca (ya he dicho que se trata de una película intima e intimista) en travelling, a veces repetitivo y siempre con un pretendido sentido estético, que aquí resulta nulo por la vulgar fotografía y la tópica puesta en escena.

Santiago Cabrera a través de ese espacio cerrado (que no asfixiante), se moverá por diferentes estancias en las que irá encontrando diferentes personajes para que a través de sus conversaciones podamos ir conociendo qué hace allí y qué le sucedió tiempo atrás, hasta que encuentra a la que antaño fuera motivo de sus desvelos y con la que comparte un pasado.

La película sin duda es honesta (algo importante en el cine) y el director se esfuerza, pero su realización es rutinaria, torpe y burda. Los dos protagonistas se nos revelan limitados o desatados en sus expresiones. Él no deja de mostrar una mirada estática y vacía y ella se excede gesticulando facialmente en sus emociones y poniendo una lacrimógena intensidad desmesurada. El guion es elemental y progresa cansinamente para llegar a un desenlace que quiere ser mostrado poéticamente a través de las imágenes (buena idea, pero fallida, por lo tópico del encuadre y del montaje) Cuando por fin sabemos que fue de “la vida que los peces” (el director sabiamente nos muestra en varios momentos a ambos protagonistas, hablando y hablando, como si estuvieran dentro de una pecera con otros peces, para que veamos que atinadamente los relaciona con el título) y nos desvelan como seguirán viviendo esa vida, ya estamos tan cansados de verles y oírles que importa más bien poco, tras casi una hora y media de cansino discurso “verborreico”, planamente filmado y mostrado.

Esta película monótona, artificiosa, cansina y plana obtuvo el premio Goya de 2011 a la mejor película hispanoamericana, con lo que podemos deducir los talentos que España tiene metidos en su Academia de Cine.
Manu_el_Ruiz
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5 de septiembre de 2010
19 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una historia de amor mal enterrada es un puñal constante con el que hay que lidiar mucho tiempo, que logra hacernos dudar del camino tomado, que nos plantea temores, que nos hace cuestionar la felicidad alcanzada. Un intento de recuperar lo perdido en una burbuja que estallaría por los aires al más mínimo roce. El amor se cuestiona desde el otro lado, desde una pérdida que no puede deshacerse sin consecuencias. Bize hace su propuesta de una forma limpia, con unas actuaciones impecables y un guión bien planteado aunque con algunos pequeños toques demasiado elaborados que resultan un tanto artificiales.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Mia Wallas
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16 de febrero de 2011
15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Andrés se marchó a Europa, tratando de olvidar, de abrir nuevos caminos. Herido por una vida que ya no quería suya, aceptó la vida de “el extranjero”. Cuando uno decide algo así, convendría no recordar tiempos pasados, no pensar en volver atrás. Es entonces, diez años después de tu huida, en tu retorno al hogar, en tan ingrato momento, cuando la melancolía se apodera de tí.

Matías Bize nos propone viajar hacia lo profundo del corazón. Un viaje sentimental, emotivo, cargado de nostalgia. Santiago Cabrera borda el papel de joven desorientado y errante, apesadumbrado por la grisácea realidad a la que hace frente, arrepentido por romper en trizas aquel amor de juventud, lastimándose por aquéllo que pudo haber sido y no fue. Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo.
The Motorcycle Boy
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