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El Discurso del Rey

7,4
72.838
votos
Sinopsis
El duque de York se convirtió en rey de Inglaterra con el nombre de Jorge VI (1936-1952), tras la abdicación de su hermano mayor, Eduardo VIII. Su tartamudez, que constituía un gran inconveniente para el ejercicio de sus funciones, lo llevó a buscar la ayuda de Lionel Logue, un experto logopeda que consiguió, empleando una serie de técnicas poco ortodoxas, eliminar este defecto del rey. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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13 de marzo de 2011
20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Emocionante el discurso: como cervatillo al que se le doblan las patas, arranca vacilante la voz, largas pausas temblorosas, pánico al cortocircuito gutural electrizando el aire (escúchese el archivo digital de la BBC); muy emocionante cómo esa voz se derrama en primera persona por radio hasta un pueblo ansioso de saber si hay alguien al frente de un país al que Hitler amenaza.
Momento histórico, funde lo individual y lo colectivo. Para el registro documental hay material de sobra, pero se optó por la emoción, en forma de música portentosamente acompasada con la voz, mismo aliento, misma cadencia: el ‘Lento’ de la 7ª de Beethoven.
El efecto transmuta al espectador en súbdito británico unos minutos, súbdito con nudo en la garganta.

La dimensión social del momento histórico es conocida: en su día, el discurso se publicó en disco. La individual, la lucha de George VI por superar su humillante tartamudez, es cuanto antecede en la cinta, de elegante clasicismo formal y solemnidad coherente con la magnitud del asunto.

Un tratamiento ceñido a la mecánica, lo bucal, pronto deriva a psicoterapia.
El sofá ante la pared desconchada en la consulta del foniatra es un descenso al abismo para el duque de York, futuro rey. Su alta arrogancia no sólo debe afrontar la sordidez de la barriada sino el tuteo, ser tratado en pie de igualdad por un hombre común que le llama Bertie e indaga sin rodeos temas personales. Tal arrogancia no impide que emerjan confidencias y traumas de alguien criado en casas reales, entre algodones, pero tóxicos: pura carencia afectiva. Lo imaginable: severidad, amor ninguno. Nunca un amigo. Ortopedias dolorosas, hermanos muertos. Cómo hablar si, por palaciegas restricciones, no le han dejado usar su propia voz. Y cómo no temer a la propia sombra. De manifiesto ante alguien que le invita a explayarse; le escucha, y además amistosamente, más entrenador personal que típico doctor.

Nada extraordinario en el guión, pero ambientación y tratamiento de espacios (catedral, salas de palacio) son muy correctos. Hay énfasis inteligente en lo relativo a la dicción, el agobio de los silencios, las expectaciones tensas, la conexión problemática entre cerebro y garganta.
Es otro acierto contrastar la expresividad apocada pero noble del rey británico y la sobrada elocuencia de Hitler, su figura galvanizada por un magnetismo fatal.
Y otro: centrar el relato en cómo una amistad inesperada entre un estirado sangre azul y un paisano de Australia puede determinar asuntos de Estado.

Lo extraordinario es el trabajo lleno de esfuerzo y acierto de Colin Firth, cómo recrea perfecto el tormento sin rozar jamás el estereotipo, y también el de Geoffrey Rush, lleno de genialidad en su creación de Lionel Logue, el atípico terapeuta, singular personaje que de un encargo profesional hace arte humano, con la ayuda de Shakespeare.

Igual que la ayuda de Beethoven crea en el momento culminante algo que probablemente se llama Belleza.
Archilupo
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7 de enero de 2011
18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante y peculiar historia la que se nos cuenta en “El discurso del Rey”, en la que veremos algo más que a un simple monarca tartamudo que intenta superar su problema, ya que más allá de su trastorno lingüístico, se acercaba el período de la Segunda Guerra Mundial e Inglaterra necesitaba a un Rey que mantuviera unida la nación. Que les diese seguridad con palabras cada vez que hablara en público y que sobretodo, les diera apoyo y esperanzas ante lo que se les venía encima.

Para ello, Alberto, Duque de York (Colin Firth), recurrirá a la ayuda de varios logopedas para poder superar su tartamudez, debido a que su hermano, Eduardo VIII (Guy Pearce) no está por la labor de gobernar ni se le ve con perspectiva de ejercer la responsabilidad de su padre Jorge V (Michael Gambon). De entre todos los especialistas buscados, Lionel Logue será el elegido para empezar a superar su problema.

La película me ha gustado bastante porque vemos un trasfondo aparte del problema de dicción que sufre el monarca, en el que veremos la soledad y baja autoestima que sufre. Que tras toda esa arrogancia y aires de superioridad, se esconde un hombre sin amigos, excluido debido a su tartamudez. Un hombre que no se veía capacitado para ser Rey y que por consecuencias adversas (su hermano tuvo que renunciar al trono debido a que se casó con una divorciada), lo fue.

Y es aquí donde Lionel Logue (Geoffrey Rush) juega un papel fundamental en la trama siendo algo más que un simple logopeda para Alberto, convirtiéndose en su amigo. Una entrañable amistad que será el núcleo principal de la trama, la cual iremos viendo como empieza y se va formando.

Evidentemente, el peso de la película recae en los actores Geoffrey Rush ("Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra", 2003) y Colin Firth. Ambos hacen unas interpretaciones muy buenas, destacando desde mi punto de vista la de Rush, quien a mi parecer ha hecho una actuación de 10. No quito ni mucho menos el mérito a Firth, quien realiza un notable trabajo, pero como les digo, si me dan a elegir me quedo con la fantástica interpretación del logopeda. No me olvido de las actuaciones de Guy Pearce ("La máquina del tiempo", 2002), quien a mi parecer, cada vez le dan papeles de menos relevancia, cuando no debería ser así. Lo mismo ocurrió "En Tierra Hostil" (2008) y aquí, pese a que le conceden más minutos en pantalla, realiza un papel que podrían haber exprimido más como hermano de Alberto, Duque de York. Por primera vez Helena Bonham Carter realiza un papel correcto. Las pocas veces que la he visto en películas como “Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet” (2007) o “Alicia en el País de las Maravillas” (2010) ha hecho una actuación infumable.

(Sigue en el SPOILER sin desvelar detalles del argumento por falta de espacio)
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
SCuenca
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31 de enero de 2011
16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
A mi juicio es una película interesante, por momentos genera la risa del espectador con algunos diálogos ocurrentes y en otros llega a lograr que sintonicemos emocionalmente con el trauma del personaje principal.

Es un filme ameno, formal y elegante en su presentación estética y que goza además de las solventes interpretaciones de todo el reparto.

Es indudable también que la cinta logra gran parte de su atractivo gracias a la química que hay en el dúo protagónico (rey y terapeuta).

Eso sí, no veo la obra maestra que la mayoría logra percibir, quizás me falten las gafas adecuadas para ello. Considero que la crítica ha inflado demasiado a esta interesante historia de superación personal, de miedos escénicos y de conflictos psicológicos.

Esta película nos habla de los traumas de la infancia, del peso de la responsabilidad que recae sobre un ser humano que no está en condiciones de soportarlo, de la superación de obstáculos mediante la práctica y la voluntad, de la amistad, y de la angustia y la impotencia ante un trastorno que discapacita.

De a ratos es un drama sobre el miedo paralizante de un miembro de la realeza británica que no puede pronunciar discursos en público por su tartamudez.
En otros fragmentos el filme se torna divertido y chispeante (las mejores partes sin dudas) debido al choque de personalidades entre los dos personajes principales y a las situaciones ocurrentes que se presentan en pantalla.
Mientras que en otros momentos (los menos por suerte) tenemos la típica cinta fría y formal que nos habla de las aburridos formalismos de la realeza.

En general tenemos por resultado un producto llevadero, sólidamente interpretado (lo mejor son las actuaciones de Colin Firth y mejor aún la de Geoffrey Rush) y que si se quiere también se puede considerar que nos habla de la amistad a pesar de la diferencia de jerarquías sanguíneas.

Me ha gustado esa lucha interna de “fuerzas antagónicas” que se percibe en la evolución del personaje principal del rey, pues mientras por un lado debe “endurecerse” y lograr vencer su miedo para poder transmitir un discurso esperanzador a su pueblo, por otro lado también debe aprender a ser menos intolerante y más humilde dejándose ayudar por su terapeuta del lenguaje, condición indispensable para lograr una amistad basada en el buen trato y en el respeto por el otro.

En fin, un interesante drama británico de época que logra por momentos hacer que los fríos temas de la realeza sean superados por un ingenioso y refinado humor tan característico de los ingleses.
Sin tener momentos sublimes consigue mantener la atención del espectador durante todo el metraje. Típica película donde las interpretaciones superan enormemente la calidad de un guión un tanto previsible y apenas correcto.
Alberto Yaya
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14 de julio de 2011
15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Film realizado por Tom Hooper sobre guión original de David Seidler, que tuvo tartamudez de pequeño y la superó en la juventud. Se trata de un relato que cuenta una historia sencilla, pequeña e íntima, de superación personal y amistad, disponiendo de un presupuesto modesto, de 15 millones de USD.

Destaca, sobre todo, el notable trabajo interpretativo de los tres protagonistas: el rey Jorge VI (Firth), su esposa Elizabeth (Carter) y el logopeda Lionel Logue (Rush). Los tres entregan unas interpretaciones ricas en registros, de gratificante profundidad psicológica y de una expresividad que transmite al espectador información precisa sobre el mundo interior de los personajes, sus miedos, angustias, temores, deseos e inseguridades. Dotadas de un cierto aire teatral muy británico, aportan al film uno de sus principales valores y, posiblemente, el más destacado motivo de goce y deleite del espectador.

Constituye uno de los principales aciertos de la obra la representación creíble y ajustada de la dimensión humana de los personajes. Situados frente a sus retos personales y a sus limitaciones, los protagonistas llenan la pantalla de sentido humano, hecho de capacidades, limitaciones, sentimientos y emociones. La gestualidad, siempre contenida, aporta trascendencia y profundidad. Los decorados añaden referencias concretas e inteligibles sobre el mundo interior de los personajes, que el guión construye con una acertada y brillante riqueza de tonos y colores. Las palabras de los diálogos potencian el significado de las interpretaciones, los decorados, la gestualidad y los sonidos, que el film trata con atención, énfasis y mesura.

La banda sonora es excelente. Las composiciones para piano solo y para piano acompañado de cuerdas, de Alexandre Desplat, crean atmósferas que en ocasiones destilan una tristeza inmensa, como la que acompaña más de una vez a Bertie y, en otras, describe y elogia la amistad que se establece entre los protagonistas. También el piano desvela la gran ternura y los sentimientos de afecto de Elizabeth hacia su marido. Se añaden dos fragmentos de música de Beethoven que elevan y singularizan dos secuencias memorables: la del discurso (Sinfonía nº 7) y la de cierre sobre los créditos finales (Concierto nº 5).

Mención especial merece el tratamiento eminentemente visual con el que Hopper resuelve la secuencia del discurso. Lo hace con abundancia de primeros planos, movimientos envolventes de la cámara, tomas alternas del rey y del terapeuta y el acompañamiento de una banda sonora espléndida, que convierte el discurso en un prodigio de sencillez y emoción.
Miquel
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11 de febrero de 2011
17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cada cual tiene sus fobias ocultas. Hay quien tiene fobia a las alturas, a la oscuridad, a los espacios cerrados y reducidos, a volar en avión, a los perros, a las ratas, a las cucarachas, a las serpientes, a conducir vehículos motorizados, a las enfermedades mortales, a las muchedumbres, a hablar en público, a hacer el ridículo… Miedos desproporcionados, a menudo inconfesables, que son más frecuentes de lo que imaginamos.
Las fobias, según aventuran las hipótesis psicoanalíticas, tienen su origen en experiencias que han sido traumáticas para el individuo. O también puede ser suficiente con que se observe, en alguien sentimentalmente próximo, una reacción de pánico ante un estímulo o agente que le resulta amenazador. Las fobias se adquieren tanto por exposición directa a un peligro real o imaginario, como por asimilación de las conductas de las figuras con las que se mantiene un estrecho contacto.
Lo realmente malo llega cuando las fobias afectan al desarrollo de la vida normal. Unas se pueden paliar y disimular; otras no. En cuanto el individuo en cuestión es sometido a la situación desencadenante del temor irracional, los niveles de estrés se disparan y pueden llegar a bloquear la capacidad de respuesta mental y/o física, o incluso desencadenar agudas crisis de angustia.
Quien padece de estas disfunciones psicoemocionales, sufre una tortura constante cuando lo que más teme es algo con lo que no tiene más remedio que apencar cada día.
Por ello, para un rey debe de ser muy mortificante tener verdadero terror a hablar.
Jorge VI de Inglaterra lo tenía. Criado en las rígidas costumbres de la etiqueta real británica por un padre severo, algo hizo que la lengua se le trabara. Tal vez el sentirse empequeñecido, poca cosa ante la imponente efigie de un hombre al que probablemente veía más como rey que como padre.
La tartamudez es un problema mental en numerosos casos. El aparato fonador del afectado no suele presentar anomalías. Pero el obstáculo se halla en pasar del pensamiento a su articulación oral. Una inseguridad aplastante tira por los suelos la autoestima y origina que uno no confíe en su propia valía. De modo que las palabras se atascan en la boca, no queriendo salir porque uno no se valora y cree que va a decir algo estúpido de lo que los demás se van a burlar.
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
Vivoleyendo
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