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Ocho apellidos vascos

6,2
42.361
votos
Sinopsis
Rafa (Dani Rovira) es un joven señorito andaluz que no ha tenido que salir jamás de su Sevilla natal para conseguir lo único que le importa en la vida: el fino, la gomina, el Betis y las mujeres. Todo cambia cuando conoce una mujer que se resiste a sus encantos: es Amaia (Clara Lago), una chica vasca. Decidido a conquistarla, se traslada a un pueblo de las Vascongadas, donde se hace pasar por vasco para vencer su resistencia. Adopta ... [+]
Críticas ordenadas por:
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1 de abril de 2014
130 de 186 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si no eres un incondicional del humor estilo Tele 5.

Si no terminas de captar de qué se ríen los adolescentes granulentos de tu familia.

Si eres más de David Navarro que de Dani Rovira.

Si lo de "Euskadi tiene un color especial" no te parece el hallazgo del siglo.

Si con el Risitas y el Peíto has sentido alguna vez vergüenza ajena.

Si te da repelús que algunos alaben esta película por su "valentía".

Si no crees que haya que ser una Juana de Arco para explotar topicazos.

Si "Bienvenidos al Norte" te pareció una puta chorrada.

Si te importa un huevo que te digan que no tienes sentido del humor.

Si Emilio Martínez-Lázaro te parece un director-despojo.

Si te avergüenzan los índices de audiencia de la televisión de este país.

Si no acostumbras a comer mierda.... No te comas esta mierda.
Talía666
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17 de abril de 2014
86 de 111 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es triste ver una película como ésta y escuchar a tu alrededor a la gente morir de la risa mientras tú bostezas a ratos, sientes vergüenza ajena ante la mayor parte de las escenas y esbozas una sonrisa inapreciable ante algún gag puntual. Es triste que un guionista como Borja Cobeaga -autor de las notables "no controles" y "pagafantas" entre otras- se deje arrastrar con facilidad por los senderos del tópico ramplón sin atreverse a darle la vuelta a los prejuicios establecidos, enunciándolos y escenificándolos desde esa perspectiva amable y complaciente que recuerda tanto a la postura de Santiago Segura ante los desmanes de su personaje Torrente. Es triste la desgana con la que Emilio Martínez-Lázaro dirige esta película. Como si tuviera que ponerse a hacer un capítulo de relleno de algún subproducto televisivo tipo "Los Serrano" o "Farmacia de guardia". Su escritura cinematográfica es tan vulgar, su puesta en escena es tan mediocre, su desprecio por los personajes es tan evidente, su factura visual es tan pobre y sus concatenaciones de planos son tan predecibles que uno se pregunta si su cuenta bancaria está realmente tan bajo cero como parece indicar el hecho de que haya aceptado dirigir una película que aparentemente le importa un carajo. Es triste comprobar como Clara Lago se acerca lenta pero pacientemente al trono de la "peor actriz española en mucho tiempo". Es triste constatar cómo una fotocopia mediocre de Paco León llamada Dani Rovira es encumbrada como la gran esperanza cómica de este país. Es triste comprobar que, en el subconsciente del español medio que se parte con esta película laten una serie de prejuicios ultraconservadores y sentimentaloides que provocan un miedo proporcional al volumen de sus carcajadas. Es triste pagar 8,40 € por aburrirse y cabrearse y disgustarse a partes iguales en una sala de cine. Es triste comprobar que una película que uno no vería ni un domingo por la tarde de resaca en el sofá con la pizza en la mano tiene una calificación de 6,9 en filmaffinity. Es triste que la mediocridad triunfe de forma tan espectacular. Es triste vivir en España. Miento, es imposible. Es triste.
Doctor Zaius
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23 de abril de 2014
59 de 72 usuarios han encontrado esta crítica útil
El nivel del cine y lo peor la capacidad intelectual progresa como la crisis.

Esta es la película más vista en España. 38 millones de euros recaudados...

Envasa caca de vaca en un bonito bote y promociónalo adecuadamente y ahí tienes un éxito asegurado.
Hace poco tiempo salió en televisión un catador de vinos al que engañaron envasando vino de calidad en una botella corriente y viceversa. El vino de calidad le pareció corriente y del barato destacó sus notas afrutadas, su color rubí intenso y el aroma final que evoluciona en boca... Si, hacia la estupidez.

Adelante, que así nos va....
ANHELL
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4 de mayo de 2014
57 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil
Puedo entender que Torrente I y II y Lo imposible fueran las películas españolas más taquilleras, una por ser una comedia zafia, con mala leche, cultivando el hijoputismo, y la otra por no tener nada que envidiar a cualquier superproducción dramática norteamericana, pero el caso de ocho apellidos vascos no lo entiendo.
No entiendo al guionista que debe ser noruego o turco, ya que no se puede basar más en estereotipos tanto vascos como andaluces, que sólo a idiotas pueden hacer gracia, pero viendo que Telecinco está detrás de esta exitosa producción, entiendo a que grupo está encaminada, por desgracia a todos los españoles...
Hay un par de puntos en la película, pero no son para partirse el hojaldre, el guión es insulso, predecible y sin giros.
Ni si quiera los protagonistas tienen ni pajolera gracia, ni Dani Rovira, ni Clara Lago, ni Carmen Machi, salvaría únicamente a Karra Elejalde.
Triste España que desayuna, almuerza, merienda y cena desperdicios en televisión, para que ahora también se contamine el cine.

Un saludo
berserkos
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12 de marzo de 2014
46 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando decides rodar una comedia sobre los tópicos que inundan este país debes andarte con cuidado. Puede que la sociedad española, andaluza o vasca estén ya lo suficientemente maduras como para reírse de sí mismas pero quizá no estén tan preparadas para verse representadas en pantalla con un dudoso sentido del humor. Porque cuando en Ocho apellidos vascos se van sucediendo los chistes sobre flequillos, cajeros automáticos y cócteles molotov uno no duda que la cinta pueda herir sensibilidades políticas sino más bien que atente contra el orgullo de dos pueblos que quizá merecían un poquito más de ingenio en los guiones.

Molestarse por la imagen que plasma la película sobre los andaluces o los vascos demostraría muy poca amplitud de miras. En cambio, lo que sí debería indignar, no sólo a los implicados sino a toda la platea, es el pobre tratamiento de la imagen y la falta de nervio en unos gags que se quedan a medio camino. Los primeros minutos de Ocho apellidos vascos, sin ir más lejos, son bochornosos. Tras la tormenta de efectos nada especiales con la que Euskadi da la bienvenida al protagonista pasamos a un plano aéreo de Donostia que parece realizado desde un globo sin rumbo, todo ello sin mencionar los numerosos planos interruptus y la sobreactuación de Clara Lago haciendo de chica dura del norte con un clavel en la cabeza.

Por suerte, la cinta cuenta con los suficientes elementos para salir airosa y provocar la risa del personal, que al fin y al cabo es el objetivo de toda comedia sin pretensiones. Mientras Lago va acomodándose poco a poco al personaje de Amaia, la joven vasca que debe camuflar a su pretendiente sevillano, su compañero de reparto, el cómico Dani Rovira, debuta en la gran pantalla por todo lo alto, llevando con sorprendente soltura casi todo el peso del metraje. El desparpajo que demuestra en sus monólogos lo traslada sin problemas al carismático Rafa/Antxon, personaje que podría catapultarlo a esa escasa lista de cómicos imprescindibles del cine español.

Su cometido no era fácil. Se estrenaba en el cine de la mano de dos pesos pesados como Carmen Machi y Karra Elejalde. La primera, salvo contadas excepciones, parece totalmente desaprovechada por un guión que no le brinda más grandes momentos que el de Anne Igartiburu. Elejalde, en cambio, explota al máximo su oportunidad y satiriza a la perfección el ideal de vasco que la mayoría guardamos en nuestro imaginario. Pese a algún pequeño resbalón, el casting es el gran chaleco salvavidas de Ocho apellidos vascos.

Lástima que el guión de Borja Cobeaga no esté a la altura de los topicazos y que la dirección de Emilio Martínez-Lázaro luzca tan poco entusiasta. Ese final, por ejemplo, merecía más emoción, más espectacularidad y más medios, los que sí supo amortizar Javier Ruiz Caldera en 3 bodas de más, convirtiéndola en la comedia española más ingeniosa de los últimos años. Pero no conviene alarmarse. La maquinaria Mediaset ya se ha puesto en funcionamiento y tan insignificantes fallos quedarán eclipsados por la enorme acogida en taquilla. Al final, sólo importa la cuenta de resultados.
polvidal
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