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12 años de esclavitud

7,3
42.211
votos
Sinopsis
Basada en un hecho real ocurrido en 1850, narra la historia de Solomon Northup, un culto músico negro que vivía con su familia en Nueva York. Tras tomar una copa con dos hombres, Solomon descubre que ha sido drogado y secuestrado para ser vendido como esclavo en una plantación de Louisiana. Solomon contempla cómo todos a su alrededor sucumben a la violencia y a la desesperación. Pero él decide no rendirse y esperar a que llegue el ... [+]
Críticas ordenadas por:
28 de febrero de 2014
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
No se pueden discutir los loables propósitos que inspiraron producir la película, en cuanto valores morales que dignifican al hombre, como la búsqueda de la libertad, la toma de conciencia sobre la lucha contra el racismo, la explotación del hombre por el hombre, la discriminación en todas sus formas y, en general, por la defensa de los derechos humanos. Pero sería deleznable si se quería hacer un filme “respuesta” al “Django sin cadenas” de Tarantino acusado, en medios norteamericanos, de “burlarse del drama de la esclavitud en los EEUU”. Porque esa parecería ser la motivación principal para explicar, por ejemplo, el énfasis que ofrece la cinta en exponer gráficamente los azotes corporales y sus huellas físicas en los esclavos en un estilo sangrientamente moderado de “La Pasión de Cristo” de Mel Gibson pero con un similar resultado que produce recargar las tintas, incluyéndose la truculencia del maquillaje, en la puesta de escena para generar adhesión del gran público y “replanteo”, sobre la cruel dimensión del drama histórico, entre los incrédulos y herejes del mundo que cometieron el pecado, en este contrapunto, de reírse con Tarantino.
No es el único baldón aunque sí el más visualmente notorio. Porque se trata de una película que no aporta mucha novedad en los temas que se propone, a pesar de que su comienzo es prometedor con ese fotograma del grupo de esclavos que es parte de la escena donde un capataz les enseña a cortar la caña de azúcar. Pero luego de una toma nocturna totalmente prescindible, que Mc Queen considera eje de la historia, viene todo el flash back que muestra a Solomon Northup, el hombre libre para desarrollar la ruta de la historia pero tomando mayormente caminos trillados, con personajes, incluso, maniqueos y carentes de matices. Sin embargo, hay momentos de mérito, coadyuvados por la cuidada ambientación y la excelente fotografía de colores pálidos; como la de la compra y venta de esclavos, con la previa preparación de cuerpos, los trabajos de campo presididos por la sonora amenaza del látigo, el plano detenido donde Platt está medio colgado de un árbol que, sin necesidad de diálogos, logra fuerza expresiva o la que muestra a una ex esclava que ha logrado su condición de señora de la casa mediante favores sexuales. Pero en cuanto a desempeños individuales, como el de Ejiofor, que marquen la diferencia o contrapuntos interpretativos dialogados, muy poco. Ni siquiera Fassbinder, con todo su empeño, o la buena mano del director para registrar, adicionalmente, bellos paisajes que contrastan con la sordidez y la brutalidad humana, pueden salvar la cinta de su medianía.
GUSTAVO
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8 de marzo de 2014
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La esclavitud es un tema que normalmente ha pasado de puntillas por la historia del cine. Lo más habitual, con algunas excepciones, ha sido tratarlo de una forma indirecta, y en general la mayor parte de los casos, bajo la perspectiva de los blancos. Los realizadores de color de la industria de Hollywood se han centrado más en el presente o en los movimientos de los años 60, que no en retratar las plantaciones esclavistas antes de la Guerra Civil. El primero en hacerlo, que tenga noticia, ha sido el británico Steve McQueen, el cual se ha basado en la historia real de Solomon Northup, un hombre libre, que fue vendido como esclavo de forma ilegal y, como indica el título del film pasó 12 años como esclavo trabajando en plantaciones sudistas.

La elección de la historia es todo un acierto por parte de McQueen, ya que no busca la típica historia de africanos capturados y trasladados en barcos a norteamérica, sino que su protagonista, Solomon (Chiwetel Ejiofor) es un descendiente de aquéllos, pero que no sólo es libre sino que es una persona instruida y respetado violinista en el New York de mediados del siglo XIX. De esta forma, el realizador muestra de una forma simple y directa la dicotomía de los Estados Unidos, en el que una persona de color podía ser tratado como una persona en el Norte y como un objeto en el Sur. Nunca llega a mencionarse de forma directa a lo largo de las dos horas de metraje, pero la sombra del enfrentamiento entre en Norte y el Sur está presente. Es más, incluso McQueen anticipa la derrota al mostrarnos, a través de los ojos de Solomon un Sur en clara decadencia y degradación moral. Desde el primer amo de Solomon (interpretado por Benedict Cumberbatch), una persona con buenas intenciones pero incapaz de rebelarse contra lo establecido, hasta el cruel Edwin Epps (Michael Fassbender), un amo brutal, pero al mismo tiempo alcoholizado y atrapado entre el deseo que siente hacia una esclava y la rígida postura de su mujer.

No sólo es valorable la voluntad de mostrar unos escenarios reales, y la forma de vida de los esclavos en las plantaciones así como su trabajo en los campos de algodón. También lo es en el trabajo con los actores a la hora de dotarles de dimensión. Ejiofor está excelente y convincente en el retrato de una persona que de la noche a la mañana pierde no sólo su libertad, sino su vida junto a sus seres queridos, y trata de sobrevivir a toda costa mientras espera alguna oportunidad para recuperarla. A través de su mirada es capaz de expresar el sufrimiento que padece. Sin embargo es Fassbender el que acaba sobresaliendo por encima de todo el reparto. Su ingrato personaje no es obstáculo para componer a un amo brutal pero al mismo tiempo persona que inspira cierto patetismo.

Otro acierto a la hora de encarar una historia de este tipo, es la ausencia de morbo o melodrama. El periplo de Solomon es ciertamente sobrecogedor, y no faltan algunas escenas impactantes, en las que la crueldad se muestra de forma descarnada, fijando la cámara y sosteniendo el plano (en la más recordada, aguanta más de 2 minutos). Con ello consigue impactar al espectador pero sin manipularle. Es decir, mostrando la crueldad en toda su crudeza, sin adornos innecesarios. Lo mismo sucede en las (pocas) escenas más dramáticas del film. El realizador aguanta lo justo el plano sin excederse ni recrearse en momentos en que se podría haber buscado la lágrima fácil.

Pese a embarcarse en un proyecto bastante más potente de lo habitual (con lo que eso significa para libertad creativa del realizador) McQueen sigue manteniendo su personal forma de dirigir, con un film algo más accesible que los anteriores, pero sin perder su peculiar sentido de la puesta en escena ni su gusto por historias, digamos duras, y al mismo tiempo reales. Puede parecer algo presuntuoso tocar el tema de la esclavitud sin ser norteamericano (o afroamericano), pero no parece este un film pretencioso. Es más el realizador aborda la cuestión desde una perspectiva poco conocida, y además sabe dotar a sus personajes de contradicciones y ambiguedades. Sin duda estamos ante la obra de un cineasta que conoce su oficio y sabe lo que quiere contar y como hacerlo.
manulynk
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8 de abril de 2014
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tener paciencia y esperar en la justicia divina o rebelarse con fortaleza ante una situación inmoral que clama al cielo. Ese es el dilema que atormenta al protagonista de "12 años de esclavitud", Solomon Northup, un hombre negro y libre que es secuestrado en el estado de Nueva York para después ser vendido como esclavo en el Sur. Entre la consternación y la indefensión, Salomon pierde su condición, su familia y hasta su nombre... pero no la dignidad ni la esperanza de recobrar su libertad y de reencontrarse con su familia. Aunque debe pasar por analfabeto y silenciar su pasado, aunque tenga que soportar humillaciones y torturas, aunque se le obligue a actuar contra su conciencia, Solomon es un hombre íntegro que entiende lo que son las leyes humanas y las divinas... y por eso espera el día en que la Historia haga justicia con tan lamentables barbaridades.

Al comienzo de la película, Steve McQueen nos advierte que la historia está basada en hechos reales, a partir de la autobiografía del propio Solomon publicada en 1853. Eran momentos previos a la Guerra de Secesión estadounidense y la cuestión esclavista/abolicionista estaba a la orden del día. En las plantaciones de algodón o de caña de azúcar y en las explotaciones de madera, los trabajadores de color eran considerados propiedad de sus amos... que les trataban como mano de obra sin derecho alguno o como mercancía para satisfacer sus propios instintos más primarios. Por esas difíciles y penosas situaciones tuvo que pasar Solomon, y dar muestra de aguante físico, de astucia e inteligencia, y también de personalidad y estabilidad emocional. En esa historia épica, McQueen consigue ir cargando poco a poco de tensión a su protagonista, mientras que un genial Chiwetel Ejiofor sabe transmitir con su semblante esa angustia creciente... y el espectador espera el momento en que las cuerdas se tensen demasiado y se rompan, como sucede a las del violín.

La fuerza de la historia y del guión es innegable, mientras que la estética realista hace que resulte muy dura y en ocasiones espeluznante. Se suceden momentos de crudeza como el azote hasta la rasgar la piel de la joven, con otros de angustia como el del ahorcamiento interminable, o de íntima dureza emocional como el de la carta (en un alarde fotográfico). De cualquier forma, se nos da mucha violencia y brutalidad solo suavizada con algún apunte de humanidad porque siempre hay algunos hombres buenos... también en el Sur, y porque una familia que le espera en un emotivo -aunque no demasiado- encuentro final. Por otro lado, la historia está bien contada en sus saltos temporales -buen trabajo de montaje- y mantiene un constante ritmo narrativo, mientras que el espectador sufre con Salomon al vivir su misma tragedia y encontrarse en la encrucijada de callar o gritar. La cuestión moral y la oportunidad de actuar se la plantea el protagonista y quien está sentado en la butaca... que no sabe cuál será el menor mal y hasta dónde se puede ceder.

Entre seres despiadados que descargan su ira con el látigo y su lujuria con cualquier indefensa jovencita -Michael Fassbender resulta creíblemente sádico y banal-, entre mujeres orgullosas que liberan sus celos y su vanidad con los más inocentes, entre capataces que arrastran un ego o un sentido de culpa que ahogan con el alcohol o con violencia... aparecen algunos individuos que aún creen en la humanidad, en la igualdad y en la libertad. Por otra parte, esa tensión social que se vive en algunos momentos cruciales de la Historia es acertadamente recogida en la película de McQueen, para trasladar ese universo en conflicto y lleno de paradojas a la cabeza de un Salomon que debe debatirse entre vivir o sobrevivir, entre velar por los de su condición o salvar los muebles de su casa. La película es una de las favoritas a los principales premios del año y, aparte de su buena factura técnica e interpretativa, tiene a su favor tratar temas de vital importancia y hacerlo con profundidad moral... y también de nadar a favor de la corriente.
La mirada de Ulises
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11 de abril de 2014
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Asunto repugnante pero, desgraciadamente, muy real y creíble. Aún en las modernas "democracias", existiendo teórica igualdad ante la ley y todo eso, hay continuos abusos de los más fuertes sobre los débiles en todas las áreas, incluida la Empresa a todos los niveles, pues están jerarquizadas casi militarmente, y se dan desde odios y envidias, zancadillas, trepas sin escrúpulos, ojerizas de un mando a un subordinado por el motivo que sea, tratamiento de trabajadores como si fueran muebles de quita y pon, etc., hasta los altos directivos que organizan despidos masivos... De hecho, el estado ideal para un sistema productivo es el de la esclavitud. Llegó un momento en que la esclavitud humana ya no estaba bien vista y quedó prohibida, y los trabajadores fueron formando organizaciones que pedían derechos. La respuesta de los amos de la producción fue, en un proceso que aún sigue, y de forma cada vez más acelerada, sustituir a los trabajadores por lo que antes se llamaba maquinaria, y ahora tecnología. Marx, que, al margen de su filosofía, fue un notable analista económico, ya predijo que cada vez trabajarían menos, pero más. Y esto se está viendo en la actualidad, cuando el moderno Capitalismo post-industrial, ayudado por sus instituciones internacionales, está impulsando una especie de neo-esclavitud: ya no hay latigazos, pero se quieren imponer legalmente, y ya no sólo de hecho, cosas como la dedicación plena, las movilidades geográfica y funcional, la individualización de los méritos productivos (especie de destajo), el despido libre y barato... Todo eso para los que tienen la suerte de seguir aún con un trabajo.
¿Qué no se puede esperar, entonces, cuando hay una relación de amos y esclavos que son una propiedad, y a los que ni siquiera se reconoce oficialmente el status de personas? A destacar en esta película el hincapié en la repugnante hipocresía religiosa, porque las mismas bestias que cometen esos actos incalificables, resulta que han leído la Biblia y van a la iglesia, y hasta hacen ceremonias religiosas. Psicológicamente, son gente de una vida interior muy pobre, nula; están completamente vacíos, sin inquietudes culturales ni perspectivas de ningún tipo, y se reafirman maltratando brutalmente a los que pueden, a los más débiles. Todo esto está también muy bien tratado en la película cubana de 1976 "La última cena". Y hay otras figuras aún más repugnantes (repito el adjetivo) que los amos, si cabe, que son los perros guardianes, los lacayos brutales que también se desahogan con los aún más débiles.
Hay que recordar que la Esclavitud ha existido durante toda la Historia en todas partes. La cuna de la democracia, la antigua Grecia, también tenía esclavos, y más aún su sucesora, Roma. Durante la época del tráfico de esclavos africanos, ya en la edad Contemporánea, la postura de las Iglesias más representativas fue, más o menos, la de no mover un dedo al respecto. Y los padres fundadores de la democracia y los derechos de la nueva nación estadounidense, Jefferson, etc., también tenían esclavos, aunque se supone que no debían ser las bestias inmundas que aparecen en esta película.
Daniel
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19 de abril de 2014
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
En todo momento la película intenta no caer en su propia complacencia, lo consigue a grandes rasgos y parece casi un film redondo. Buena historia, buenas interpretaciones (lo de Fassbender es digno de mención), una mano firme tras la cámara y con un gran gusto, sin embargo, no la contemplo como una obra superior o redonda por que no deja poso. La ves, la sufres, asientes con la cabeza, te levantas y te vas, meditas dos segundos en la historia y la sumas a muchas otras películas de ese corte que te han llegado igual antaño.

Es una digna competidora de los Oscar de este año, desde luego, y es interesante ver el trabajo de un Steve McQueen que deja entrever un nivel a medio camino entre detalles de Malick, sobriedad de Spielberg y matices de Paul Thomas Anderson, aunque quizás estos vengan dados por el obvio y desbordado nivel de Fassbender en el film.

Me parece justa la nominación de Lupita, no sé si para el Oscar que se llevó, pero bueno, a gustos. Lo de Ejiofor, pues hombre, el papel lo pide a gritos pero la nominación creo que ya es un sobrado premio, sin embargo, en cuanto a lo de Fassbender, no quiero ser presuntuoso pues me falta por ver el dúo de Dallas Club con el Jared Leto travelo pero diré que Fassbender se eleva tan alto que difícilmente encontremos una actuación semejante en un personaje secundario en años. Desde luego este actor esta a un nivel óptimo, que lo aprovechen todo lo que puedan por que el tío saca partido y realismo de cada segundo que le ponen una cámara delante, un fenómeno.

En resumen, buena película que anuncia una prometedora carrera para McQueen y Ejiofor y confirma a Fassbender como uno de los actores referencia del momento.
g1Nebras
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