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España España · Granada
Críticas de Kikivall
Ordenadas por:
1.432 críticas
7
29 de septiembre de 2019
47 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una bandera de España, en blanco y negro, ocupa toda la pantalla hasta que, de a poco, se colorea en bandera republicana. Así da comienzo esta película que hace un recorrido por los inicios de nuestra guerra civil, justo cuando Franco fue nombrado Jefe del Estado de la zona nacional.

Amenábar coloca el timón del film en la figura de uno de nuestros más reconocidos intelectuales, Don Miguel de Unamuno, eterno Rector en la Universidad de Salamanca y personaje cumbre de nuestro pensamiento, lúcido, mordaz, sufriente, dudoso, claro y honorable. En Unamuno cobra fuerza esa idea del español paradójico, si bien la obra unamuniana siempre fue directa contra el poder y sobre todo contra la mediocridad, la brutalidad y la iniquidad. La contradicción unamuniana siempre desemboca en coherencia, coherencia que convence y que son, como él dijo “gritos de pasión”.

Años atrás había sido uno de los intelectuales más críticos con el rey y la dictadura de Primo de Rivera. Un Unamuno enarbolando la razón, ‘doliéndole’ la España que veía, que apoyó la fundación de la era Republicana como socialista. La misma República que explotó en ira y muerte contra inocentes: hombres de bien, religiosos, iglesias en llamas y barbarie. ‘No es eso, no es eso’, que dijo Ortega. Por todo eso, Unamuno apostó por los sublevados, a los cuales suponía pacificadores de las tropelías del Frente Popular. Mas los insurrectos resultaron ser igual de arbitrarios y criminales. Por eso, Unamuno se revolvió también contra aquel movimiento militar y contra Franco que, como él decía, ‘vencía’ pero no ‘convencía’. La película evidencia, así, la difícil tesitura de un pensador libre que se encontró entre dos vendavales: el bolchevismo de la República y el fascismo que vino a suplantarla. Muy difícil asunto para cualquier ser humano, por sublime intelecto que tenga.

La película se desarrolla en el verano de 1936. Miguel de Unamuno apoyando al general Franco que prometía traer el orden al país. Destituido de su cargo de Rector por el Gobierno de la República, con los sublevados Unamuno es restituido de nuevo en su cargo por la Junta de Defensa Nacional. Pero la deriva sangrienta de la nueva autoridad hace que Unamuno no pueda callar.

En el film se prodiga un personaje entre grotesco y siniestro: José Millán-Astray, fundador de la Legión. En un momento principal del film, el general M.-A. le suelta Unamuno: "Ustedes, los intelectuales, son muy valientes detrás de sus libros, en su trincheras". A lo cual responde Unamuno: "Hay otras maneras de ser valiente". Ahora ya estamos ante un Unamuno menos endiosado y egocéntrico, un hombre que expresa su repulsa hacia los nuevos vencedores, una persona más próxima al sufrimiento y la enorme desgracia de sus semejantes, paisanos, amigos, discípulos y ciudadanía, esos que pagan siempre lo que eufemísticamente llamamos “daños colaterales” de las contiendas armadas.

La dirección de Alejandro Amenábar es meritoria, narrador excelente siempre en el detalle, movimientos circulares de la cámara y primeros planos de enorme interés para el relato, colocando la cámara en el lugar justo para dar intensidad a cada plano; un artista que donde mejor se encuentra es en el cine de género y para quien el espectador es razón primordial.

Trabado guión del propio Amenábar junto a Alejandro Hernández y una sugerente a la vez que excesiva música, también de Amenábar; maravilla de fotografía de Alex Catalán. Intachable puesta en escena con el bello entorno salmantino de fondo. Todo lo cual arropa la producción de manera elegante y efectiva.

El reparto es descomunal, con un apasionado Karra Elejalde que modela su interpretación para recrear a un complicado Unamuno de manera sobresaliente. Santi Priego se atreve y nos ofrece a un Franco medido en cada gesto y a la perfección que muestra a un hombre ambicioso, astuto, frío, receloso y sobre todo endiosado y capaz de cualquier cosa por llegar a lo más alto. Y Eduard Fernández es Millán-Astray, sujeto primario que roza lo grotesco, colérico e histrión, anti-intelectual, orgulloso de sus cicatrices de guerra, muy peligroso y fiel a Franco. Acompañando Santi Prego, Patricia López, Inma Cuevas, Nathalie Poza, Luis Bermejo, Mireia Rey, Tito Valverde, Luis Callejo, Luis Zahera, Carlos Serrano-Clark, Ainhoa Santamaría, Itziar Aizpuru y Pep Tosar.

Y tras la progresión previa, para el final está el enfrentamiento, alboroto y clímax dramático en el paraninfo de la Universidad salmantina, cuando Millán-Astray, arropado por el poder y la caterva de falangistas y legionarios que lo jalean grita su: ¡"Viva la muerte”! mientras Unamuno, tomando la palabra dice, entre otras: "Venceréis porque tenéis la fuerza bruta, pero no convenceréis, porque para convencer tendríais que persuadir, y para persuadir no tenéis lo que hace falta: la razón y el derecho". Esta es, finalmente, la sustancia de la cinta: la prevalencia de la razón, una razón que a nuestro eminente Unamuno le fue negada, teniendo que salir del Paraninfo aquel 12 de octubre de 1936, Día de la Raza, de la mano de la esposa de Franco, que le evitó males mayores.

Sin grandilocuencia ni maniqueísmo, en un punto medio, esta historia trágica está contada sobriamente, con emoción, con racionalidad también, de forma contenida pero igualmente arriesgando con el mensaje implícito, bastante aventurado, de que siempre hay la posibilidad de que las hostilidades se reediten en España. En mi opinión esto es bastante improbable. Hoy somos unos españoles más preparados, cultos y amantes de la paz y la concordia. Tal vez sean los políticos quienes tengan que moderar sus discursos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Kikivall
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6
26 de mayo de 2019
27 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sébastien Marnier consigue desde el primer momento, con un cine original, naturalista y perturbador, conducir un thriller de suspense, centrado en un colegio de élite y con adolescentes superdotados, engreídos y prepotentes.

En una de las primeras escenas, un profesor sin mediar palabra se tira por la ventana del aula dejando pasmado al espectador, no así algunos de los jovenzuelos, que miran con desdén y siniestra frialdad la escena.

Pierre, un nuevo profesor ‘interino’, hará de sustituto. Desde la secuencia inicial, despiadada y manifiestamente hostil de parte de los jóvenes, se hace la presentación del personaje de Pierre en travelling desde atrás, lo cual que el espectador buceará a partir de entonces en un viaje cargado de confabulaciones que no sabrá bien a dónde le llevará.

Estos adolescentes fríos e inexpresivos tienen mucha mala bilis y es obvio desde el principio que encierran un secreto. Pierre no tarda en darse cuenta del carácter hostil de sus alumnos, que son seis, chicos y chicas, que urden algo enigmático. En este clima denso de alumnos aviesos y un colegio magno que los mima a modo de triunfo, Marnier va incrementando la tensión de forma pausada, in crescendo, dando lugar a múltiples sospechas en impensadas direcciones. Esta sensación de angustia que prevé algo terrible, unido a la dificultad intrínseca del grupo de alumnos, hacen que el novato profesor se sienta abrumado llegando a la pesadilla y al delirio.

La dirección Sébastien Marnier me ha parecido interesante hasta casi el final. El director francés nos introduce de forma convincente y atribulada, en una fábula naturalista y paranoica, dentro de una componenda que parece anticipar algo desasosegante. Con la creación de este clima, Marnier se mueve en el formato de cine de suspense y por su originalidad, de cine de autor. Prevalece el principio de que un buen misterio ataviado con la ambientación adecuada, puede servir de base incluso al más flojo de los relatos. Así, un tenebroso punto de partida nos va llevando con intriga y realismo, seduciendo malévolamente, en un marco escolar de cuidado que sirve como asidero de atención.

El guión del propio Marnier junto a Elise Griffon, resulta de adaptar la novela del francés Christophe Dufossé de 2002 titulada: “L'Heure de la sortie” (‘La hora de la salida’). Un libreto para thriller de misterio del cual el espectador espera una solución airosa.

La espléndida y a ratos inquietante música de Zombie Zombie, así como la fotografía mate de Romain Carcanade, hacen que la cinta tenga un perfil de producto arriesgado, distinto y bordeando lo fantástico.

En el reparto, Laurent Lafite hace una meritoria interpretación contenida y a la vez expresiva, sin muchos alardes gestuales ni verbales; es quizá uno de sus mejores papeles. Junto a él un reparto de actores y actrices y un casting de jóvenes actores que hacen un loable trabajo coral.

Pero, ¿qué queda de la pretensión de azoramiento de la obra? ¿A dónde nos lleva el relato?

La cosa es que Marnier se va disgregando y tomando caminos desde mi modo de ver erráticos, lo cual corrobora que el encadenamiento de sucesos perturbadores a los que asistimos no termina de cerrar en un discurso equilibrado o palmario. El resultado carece de una clausura eficiente y da sensación de incompletitud, pues su apocalíptica parte final no casa con la cadena de maquinaciones humanas precedentes. El extremo de unos chicos que parecen prepararse para salvar al planeta de la degradación a la que está sometido, no es suficiente para un final insólito. La conflictiva relación entre los muchachos y el profesor carece de recorrido y de recursos para que el enigma que atraviesa la trama se concrete en algún punto de terror y zozobra. Eso, como digo, no ocurre y todo se precipita en una destrucción apocalíptica que produce perplejidad. Recordando a San Juan de la Cruz se me ocurre decir: “Entréme do no supe/ y quedéme no sabiendo/ toda sciencia trascendiendo”.

De modo que tras haber esperado en vano que algo suceda, todo se apresura repentinamente, como si fuera necesario a toda costa completar esta narrativa dándole una dimensión racional y de masiva catástrofe, un desastre ecológico de dimensiones oceánicas, algo que pone en solfa todo: al género humano, la educación en general, etc. Pero, según mi opinión, la cosa deviene fiasco monumental. El gran mensaje ecologista no es para mí suficiente.

Al libreto le falta historia y el film da un cerrojazo tan inesperado como impreciso para los mimbres con que se fue tejiendo la trama, que era ante todo una trama de gran desasosiego afectivo y de relación dentro de un encuadre educativo.
Kikivall
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7
14 de junio de 2015
29 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película con una buena dirección de Thomas Vinterberg, dentro de los cánones de una cinta clásica. Tiene un guión trabado, salvando algún pequeño desliz, y escrito con solvencia por David Nicholls, adaptación dela novela de Thomas Hardy (1840-1928), Far from the Madding Crowd (1874), donde escribe sobre los detalles de la vida rural inglesa que el escritor tanto apreciaba. La música de Craig Armstrong es bastante buena como banda de la obra que goza además de una preciosista fotografía de Charlotte Bruus Christensen, que retrata tanto los primerísimos planos como pinta los hermosos paisajes ingleses.

El reparto es sobre todo Carey Mulligan, que hace un trabajo antológico e incluso salvaje, sosteniendo ella misma a la tozuda y libre heroína adelanta a su tiempo Bathsheba Everdene, con grandes dotes expresivas y de sintonía con el público, que sabe como nadie aguantar los primeros planos; además, y además es una mujer muy bonita y de original físico, desde mi modo de ver. Le acompañan con actuaciones bastante buenas del actor belga Matthias Schoenaerts, tal vez un tanto inexpresivo, pero en realidad ese es su papel y lo hace bien; Tom Sturridge hace muy bien su rol de soldado seductor, jugador y buscavidas; Michael Sheen interpreta al tercer pretendiente en ciernes de la chica, un hombre metido en años pero que ansía con ilusión infantil ser aceptado por Bathsheba y eso lo hace muy bien. Acompañan actores y actrices muy buenos como Juno Temple, Jessica Barden, Hilton McRae o Richard Dixon por mencionar algunos.

El film es un auténtico y fascinante drama, y la película hace honor a los temas básicos de la misma obra que lo inspira, con una producción sólida y brillante. Esto es tanto más evidente como película de época que es, lo cual a Vinterberg le sale muy bien. Tiene además un ritmo ágil y el tono pesimista que caracteriza la obra de Hardy.

Pero no es oro todo lo que reluce. Yo, tras salir de ver esta película y transcurridos dos días, me doy cuenta de que el film tiene sus lagunas importantes. Sobre todo, no aporta nada nuevo, es pura ortodoxia técnica e incluso en esto comete algunos errores, pues en ocasiones te puedes perder y en otros momentos da una impresión de falta de emotividad, de grandeza pasional. Al l final, lo que debería ser una gran historia de amor, deviene en un retrato frío con bonitos atardeceres.

Por supuesto mi consejo es que la vean, es un film notable, lo que ocurre es que la historia es tan intensa y ya conocida en el cine (hay cuatro versiones al menos: 10145, 1967, 1998 y la de ahora, 2015), que yo habría querido que Vinterberg hubiera dado el salto hacia la calificación de sobresaliente.
Kikivall
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9
28 de abril de 2019
25 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Contra todo pronóstico, habida cuenta tanta mala crítica ‘oficial’ que había leído, pude convencer a mi mujer para que me acompañara a ver esta película que yo intuía interesante. Y la verdad, esta intuición mía que en ocasiones no falla, acertó, y a ambos nos gustó mucho esta cinta de historia, arte, amor y docenas de sorpresas más.

Es una película grandes dimensiones, que aborda aspectos diversos y complejos. Parte el film con Hitler recién aterrizado ante el fervor de la multitud; muestra el terrible bombardeo de Dresde; y en cuanto al transcurrir histórico, llega hasta 1966 en la moderna Alemania Federal. Ello sin olvidar que todo está ligado a la búsqueda de la identidad, así como a la mirada inicialmente titubeante de un artista en el contexto de una Alemania estalinista que impone sus estándares pictóricos y artísticos; y para que de nada falte analiza la locura, el azar y la comprensión presentida, más que la comprensión racional.

Me ha parecido de excelencia la dirección de Florian Henckel von Donnersmarck, guiada por un guión del propio Henckel muy bien trabado e interesante. Música adecuada de Max Richter y una sobresaliente, o mejor genial fotografía de Caleb Deschanel, que aporta una gran belleza visual al film. Es meritoria igualmente la puesta en escena, vestuario y atrezo de época.

El reparto es excelente. Podemos ver a Tom Schilling que está más que convincente y natural como Kurt Barnet, el joven artista huido de la RDA y personaje protagonista. Magnífica y bonita Paula Beer, la muchacha esposa del artista, Ellie Seeband. Pero es Sebastien Koch quien más alto vuela en una interpretación impecable como el maléfico Dr. Carl Seeban, médico de las SS que sabe acomodarse a los nuevos tiempos con la astucia de un zorro tras haber cometido mil y unas tropelías criminales en su pasado. Actores de reparto muy buenos.

El arco de historia que aborda la película muestra elementos interesantes con relación al arte. Sobre cómo las grandes dictaduras como la comunista hacen prevalecer su idea estética en forma de una belleza ruda, al servicio de sus ideales, lo cual anteriormente había hecho Hitler y que luego calcó Stalin con grandes murales de imágenes fuertes de proletarios sosteniendo la hoz y el martillo caminando en pos del socialismo, y considerando perversa cualquiera otra manifestación artística considerada decadente y burguesa. Esto fue así. Yo mismo, hace añares, en una visita a la URSS, pude comprobar la horripilante estética socialista y cómo, en el mismísimo Museo del Hermitage se arrumbaban en las últimas salas pinturas de Wasily Kandinsky, Peter Mitchev, Marc Chagall u otros reputados artistas mal considerados por el Staff.

Pero lo que para mí tiene mayor interés son las coincidencias de los protagonistas que confluyen en un punto donde se entrelazan historias tenebrosas y criminales de dos o tres décadas antes. Lo curioso es que el guión de Henckel acierta a concluir en descubrimientos que el protagonista, el joven pintor, va a ir haciendo conducido por su olfato y ciertos elementos azarosos que lo ponen en el camino de ordenar elementos de un puzzle que él recuerda vagamente de su primera infancia y su tierna relación con su tía.

El quid de la cuestión reside en una escena en la cual, el protagonista, ya muchacho, desde lo alto de un árbol acierta a tener una iluminación y, yendo a toda prisa hacia su casa, viene en decirle a su padre que lo ha comprendido ‘todo’, como que todo está relacionado; es como si el joven hubiera tenido un profundo y clarificador insigth, un momento de eureka, de haber descubierto que hay una ‘totalidad’ que permite ver clarividentemente la universalidad del mundo y de las cosas. El “insight” es un clamor interno que provoca cambios en la persona, pues no solamente afecta la conciencia del artista del film, sino la relación de todo con todo, tomando como base su mirada abierta, serena y de conjunto, que viene a concluir que los elementos aislados constituyen una ‘forma’ ordenada y clarificadora, una realidad percibida en forma reconstructiva dentro de un orden orgánico. Como expresa el joven pintor, una serie de números tomados sin orden no son nada, pero si constituyen la serie ordenada de un premio de la lotería, éstos adquieren un sentido y una dimensión insólita. Este es el hallazgo instintivo e inconsciente que el artista Kurt Barnet hace al final de la historia. Descubrir el nódulo de la verdad y de su vida, a través de indicios fortuitos que él va ordenando con su pintura apoyada en los vagos recuerdos de sus primeros años.

Mi parecer es que siendo una cinta de más de tres horas, mantiene la atención y el interés todo el metraje. Es una obra poliédrica, con lecturas diversas sobre aspectos muy variados y complejos relacionados con la historia, el arte o la psicología. Todo ello está narrado con gran pericia y rigor.
Kikivall
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7
7 de octubre de 2018
21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta cinta es interesante y muestra cómo debió ser la decadente ‘guerra fría’ en Estados tan castigados como la invadida Polonia por los nazis en el inicio de la II Guerra Mundial, y su posterior colonización por el imperio URSS tras los acuerdos de Yalta. Además, “Cold War” presenta una apasionada historia de amor entre personas con maneras de ser y de pensar distintas a los que cierto ‘sino’, los aboca a un destino común.

Tras leer tanta buena crítica sobre esta película, he salido del cine no entendiendo bien la cosa. Detrás del film hay una gran dirección clasicista de Pawel Pawlikowski (mejor director en Cannes, 2018) y un guión bueno pero sobredimensionado del propio Pawlikowski junto a Janusz Glowacki. Lo que se dice de esta película es lo mejor y sin tacha. A mí, confieso que emocionalmente apenas me ha rozado (salvando la reflexión de la terrible época y lugar: la Polonia de postguerra y sometida) y el final me ha parecido misterioso. Quizá los padres del director, a quien dedica la obra, entiendan mejor la cosa. Yo sólo podría entenderlo por toda la basura que fue esa región del mundo que Pawlikowski recorre desde 1945 hasta los años cincuenta y tantos. Ahí sí puedo entender mejor, pero el film quiere ser ante todo una obra de amor imposible con funestas consecuencias.

Es excelente la fotografía en B&N de Lukasz Zal, que con su grisura, textura y profundidad de campo captar el clima de tan penosa etapa histórica en la Europa del Este. A lo que colabora poner la pantalla en una forma de cuadrado, formato 4x3, como para que veamos el espacio que ronda por encima de la cabeza de los personajes.

En el reparto sobresalen una genial, bonita y gran actriz Joanna Kulig y un eficiente y dramático Tomasz Kot, con enorme química entre ellos.

Gran puesta en escena en la que nada sobra ni falta para arropar una triste historia de amor. Y música diversa y evocadora de un tiempo asfixiante.

La película es ciertamente el relato de un amor pasional con tintes de tragedia y que en ocasiones traslada el mensaje de la “atracción fatal”, más que esa hipótesis de “un destino que los condena a estar juntos”. Cuando se escribe así, pienso que quien lo hace no ha visto la película pues lo que hay es un amor de alto voltaje por el cual, él más que ella, se ve atraído hasta el punto de abandonar su libertad y un buen futuro en París, para volver al presidio bolchevique con la única intención de reencontrarse con una mujer desquiciada y paradójica. No sólo en el terreno sentimental sino incluso en el plano de las ideas. Ella se muestra como atraída por el comunismo estalinista, a la vez que se manifiesta profundamente católica, como buena polaca. Increíble, salvo para alguien que no está en su sano juicio. Él al menos se define deliberadamente anti-soviético y anti-estalinista. Pero su pasión por la chica le hace volver al presidio tras el ‘telón de acero’.

Claro, aquel tiempo histórico da para retratar la desesperanza o la angustia, el erial creativo y el adoctrinamiento. Y todo ello queda muy bien reflejado en la cinta: la tensa pugna que dibujó en buena medida la segunda mitad del siglo XX, cuando todavía ninguno de los bloques en los que se había dividido el mundo en ese entonces, era capaz de ganar la batalla. De ahí, a ese intento de trasladar esta panorámica al terreno sentimental, Pawlikowski no ha sabido cumplir.

También tiene la película apuntes muy logrados de cine musical. Es la parte de danza y coros polacos, que incluye también el jazz parisino en otros pasajes. Esta faceta está impecablemente rodada y merece una alta consideración.

En fin, película con una fuerte carga de desolación, imágenes tremendas y universales, recreación de ambientes diversos, también el mundo de las miradas y los gestos casi imperceptibles, pasión y tristeza. Es todo eso pero no es para tanta gloria cinematográfica como nos pretenden dar a entender. Al menos esta es mi opinión.
Kikivall
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