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| 30 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Si hay algo que siempre caracteriza a una película de Lubitsh son unos diálogos ágiles y ácidos donde la ironía es tan sutil que encumbró sus películas como las más elegantes y sofisticadas. “Cluny Brown” no es una excepción:
- Pareces una frívola que sólo piensa en su cutis.
- Te gustaba hasta que llego Hitler.
- Me sigue gustando, pero estamos al borde de una guerra.
- Pues deja de hablar y haz algo.
- He escrito una carta al “Times”.
- Entonces todo está solucionado.
Directo, sin alardes, sin buscar complejidad. Así es, no sólo Cluny Brown, sino toda su filmografía. Lubitsh es de los pocos directores que ha sabido medir el tiempo. Sus comedias no buscan sorprender con un argumento rebuscado. No sorprende en este sentido. No cambia de registro en Cluny Brown donde de nuevo las mujeres olvidan su rol de sexo débil para recitarnos con igualadas luchas de poder (siempre sexual).
- ¿Qué le parece el Sr. Wilson? ¿Cree que ha llegado mi barco?
- Mira Cluny. Ahí fuera hay un océano, y en el océano hay una barca que desafía las olas y las tormentas. Y no es el Sr. Wilson. Pero en una ensenada hay un carguero. Tiene el motor apagado, no sale humo de la chimenea. Nada sería capaz de moverlo, ni el viento ni las olas. Ese es el Sr. Wilson.
Esta película, la tenía grabada en VOSE en una cinta VHS de un programa de la televisión pública llamado “Cine Club”. Sí, los más jóvenes se sorprenderán. Os aseguro que no miento. Antes, aunque parezca mentira, ponían películas de enorme calidad en versión original. Sí, eso era antes de que la televisión se convirtiera en lo que tenemos. Cada país, tiene la televisión que se merece. La que piden.
Chagolate con churros 
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| 21 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Miquel
Palma de Mallorca (España)
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Su valoración:  |
1 de Diciembre de 2005 |
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Última película dirigida íntegramente y producida por Lubitsch, se rodó en los estudios de la Fox entre diciembre de 1945 y febrero de 1946. Se basa en la novela "Cluny Brown" (1946), de Margery Sharp.
La acción se inicia el mes de julio de 1938 y continúa en la mansión de lord y lady Carmel en la campiña inglesa. Narra la historia de una muchacha huérfana, decidida y alegre, aficionada a la fontanería, Cluny Brown (Jennifer Jones), a la que su tio Arn coloca como sirvienta de los Carmel a causa del disgusto que le produce su desenvoltura. La película habla de alta sociedad, sirvientes, trabajadores, inminencia de la guerra, clasismo, racismo, inmovilismo, ignorancia, exilio, estupidez, fontanería, etc. Construye una narración sarcástica, irónica, sutil y elegante. Critica el racismo y clasismo de la aristocracia inglesa, su ignorancia y mediocridad. La conversación de sir Henry Carmel (Reginald Owen) con Adam Belinski (Charles Boyer) sobre el libro de Hitler ("Mi lucha") muestra la escasísima inteligencia del aristócrata. La escena en la que el matrimonio Carmel se percata que, por error, comparte el té con Cluny, aspirante a doméstica, y la reacción presuntuosa de ambos, constituye un dibujo muy divertido del clasismo y la estupidez. El mayordomo y la gobernanta, trabajadores distinguidos, se muestran incapaces de tolerar la alegría de vivir de Cluny. El autor añade toques eróticos, que Jennifer Jones aporta con tanta finura y elegancia, que pasaron inadvertidos a la censura. Es memorable la escena en la que Cluny se quita la chaqueta, se sube las mangas de la camisa y se quita las medias, para arreglar el atasco del fregadero de Hilary Ames, ante la mirada atónita de éste. Lubitsch exalta la figura de Cluny, su alegría y vitalidad, frente a la mediocridad, inmovilismo y estupidez de la clase alta inglesa. Usa la extravagancia como fuente de diversión y de lucha contra las convenciones sociales establecidas (juegos de palabras sobre las ardillas y las bellotas). Establece que aristocracia, burguesía y trabajadores son personas que pertenecen a un mismo nivel.
La música ocupa un espacio limitado para dar cabida a un diálogo fluído y abundante. La fotografía presta gran atención a la expresión corporal, a la composición (imagen de los comensales en la casa de Wilson, presididos por la madre), al movimiento de cámara y a los encuadres que enriquecen la ironía de la obra. El guión contiene diálogos que sobrepasan la ironía y se convierten en surrealistas, disparatados y sin sentido. La interpretación de protagonistas y secundarios es excelente. Sobresale Jennifer Jones en uno de sus escasos papeles cómicos, en el que se muestra convincente y cómoda. La dirección subraya la ironía y el sarcasmo, que desarrolla de modo más distendido y menos comedido que en obras anteriores.
Película divertida y deliciosa, con el toque magistral de Lubitsch. Rodada tras el final de la guerra, se estrenó pocos meses antes del fallecimiento del autor.
Miquel 
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| 8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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FATHER CAPRIO
Almeria (España)
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Su valoración:  |
24 de Febrero de 2009 |
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Lubitsch es, sobre todo, la comedia. Pero no cualquier clase de comedia, sino la comedia sofisticada. Abstenerse comedias soeces, chabacanas y burdas. Abstenerse también los exprimidos hasta la saciedad, gags de siempre, carreras, tropezones, tortazos, tartazos, etc. Lubitsch es la originalidad al poder, los diálogos inteligentes y el surrealismo más real que el cine ha ofrecido nunca. Y como super plus, el archifamoso toque Lubitsch, ese que necesita de la complicidad del espectador para surtir plenos efectos. El que habla sin decir, no porque le falten palabras sino porque una imagen, inteligentemente transmitida, vale por mil de ellas.
El pecado de Cluny Brown es una comedia inteligente para espectadores despiertos, inteligentes y que tengan intacta su capacidad de sorpresa. En ese sentido es una película intemporal que no envejece mal, simplemente porque no envejece. Una clase social aislada en su nube y cuyo sentido de la implicación en la realidad social consiste en escribir una carta al Times es un tema plenamente intemporal. Los convencionalismos y el culto a lo que está bien, a lo decente y al que dirán, sigue teniendo, aun en nuestros días, plena vigencia. Y lo mismo cabe decir, de uno de los leif motiv del film, el saber estar en su sitio, pero…¿Cual es ese sitio?. Si, milady. No, milady. No existir, no ver, no oír. No ser nada.
Quizás ese maravilloso cóctel que tan magistralmente prepara Lubitsch tenga unas gotitas menos de toque y unas gotitas más de crítica social. En cualquier caso el Bloody Brown es excelente, con una Jennifer Jones que nos convence en su papel de fontanerita de pocos vuelos y un Charles Boyer cuyos papeles de vividor, noble venido a menos, o similares, le quedan bastante bien. Y por encima de todo quiero resaltar los diálogos cuya ironía, mordacidad y surrealismo son únicos. Si me saben interpretar, les diré que recuerdan a los de los Marx. Claro que el surrealismo de Lubitsch es más elegante y comedido mientras que el de los Marx es un aluvión de absurdos imprevisibles.
Probablemente es de esas películas que hay que ver más de una vez, para captar todas sus profundidades, sus erotismos muy muy larvados, sus críticas sociales y todo lo que el director oculta bajo la apariencia de frivolidad alegre y confiada. Un detalle, me quedo con el “Sube” final de Charles Boyer. Imperativo. Vale. Ya está bien.
FATHER CAPRIO 
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| 7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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pezpozo
Córdoba (España)
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Su valoración:  |
19 de Abril de 2010 |
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Filme en blanco y negro. Espléndida obra de arte de Lubitsch.
Cuenta la historia de Cluny Brown, una joven británica de clase modesta, aficionada a la fontanería que casualmente se hace amiga de un profesor checoslovaco que ha llegado a GB huyendo de la invasión nazi a su país. Éste hombre es un optimista nato, hombre libre por excelencia, filósofo vital que en cuanto ve a Cluny Brown se siente atraido por ella.
La historia es preciosa, romática y de un candor que se aloja en el alma. Inolvidable, de las películas clásicas que siempre se guardan por su calidad, encanto y contento.
Por su propia felicidad, no se la pierdan.
Este diálogo, perla entre perlas, da una perspectiva de lo excelente que es este filme, y ojo se trata de dos frases entre los dos enamorados protagonistas principales de la historia, en un momento en que aún no se han declarado su amor ni hecho un gesto, ninguno de los dos, demostrativo del mismo (sin embargo aquí dan señales de que ya no pueden vivir uno sin el otro):
"—Tal vez no nos volvamos nunca a ver.
—¡Oh, es terrible sólo pensarlo!"
pezpozo 
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| 6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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fantomas
Fuerte Chungo (España)
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Su valoración:  |
21 de Septiembre de 2008 |
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Se admiten todos los argumentos en contra de esta película para no puntuarla como excelente. Ahora, se van a rebatir.
Que a Jennifer Jones se la ve el plumero, cierto. Además, le dan uno como complemento a su puesto de trabajo.
Que es absurdo arreglar cañerías a golpes, es verdad. Pero Lubitsch tenía que hacer la película, no podía ponerse a filmar a un fontanero reparando desagües atascados de verdad.
Que sir Carmel es una persona increíble y ausente de la realidad, efectivamente. Es el estereotipo de sir inglés perfectamente interpretado. Y quién sino hubiera dicho que el único libro que escribió Hitler es un libro de deportes. Si no es por él no nos hubiéramos reído.
Que hay alguna escena apañada, una o dos. Ventajas del cine. Lo que no cabe duda es que es el mejor cine de humor, sutil como ninguno.
Lubitsch nos muestra maravillosamente una sociedad de tiempos pasados: más estricta y educada. Colocados cada uno en su sitio. Alguien protestará al ver a la madre del farmacéutico apagar la vela de su cumpleaños tosiendo, pero la mayoría nos reiremos. A su manera por tanto, esa sociedad mantiene un respeto y una creencia entre ellos fácil de alcanzar, por eso es capaz de confiar en el único policía del lugar ante cualquier eventualidad, incluso para detener una posible invasion de los nazis en el pueblo.
Genial Lubitsch. Uno de sus mejores trabajos. Maravillosa película, repito.
Y qué decir de Peter Lawford. Encantado de verle, señor Lawford... Espero que no le moleste pedirle 50 libras prestadas.
¿Y de Charles Boyer? Es un auténtico placer. Señor Belinski, le ruego encarecidamente que no se vaya... nunca.
fantomas 
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