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Críticas de "Cuento de verano"
Cuento de verano
Buena
Éric Rohmer
(1996)


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Cuento de veranoCuento de verano
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23 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Miquel   Palma de Mallorca (España)
Su valoración: Notable 25 de Junio de 2006
Escrita y dirigida por Eric Rohmer, es la tercera obra de "Cuentos de las cuatro estaciones", serie iniciada con "Cuento de primavera" (1990), seguida de "Cuento de invierno" (1992) y culminada con "Cuento de otoño (1998). Se filmó en localidades costeras turísticas de Bretaña: Dinard, Saint-Malo, Saint Briac, Saint-Cast le Guildo y Saint-Jacut-de-la Mer.

La acción tiene lugar a lo largo de 20 días en julio/agosto de 1995 en Dinard, sede de un renombrado balneario turístico, y en otras localidades de Côtes-d'Armor y de Ille-et-Vilaine (Francia). La narración invierte la relación de "Cuento de invierno" entre una mujer y 3 hombres por la de un adolescente y 3 muchachas. Gaspard (Melvil Paupaud), estudiante de matemáticas, aficionado a la música, especialmente a la composición, acude a Dinard para encontrarse con la chica que él considera su novia, Lena (Aurelia Nolin). Mientras espera su llegada, conoce a Margot (Amanda Langler), estudiante de etnología, que trabaja como camarera en la crepería de su tía, y a la sensual Solene (Gwenaëlle Simon).

La película glosa las relaciones de amistad y de aproximación al amor de unos adolescentes que juegan a mayores, entre inseguridades, dudas, inquietudes, inexperiencia, curiosidad y temor al fracaso. Los cuatro hacen uso de simulaciones, ocultaciones, pequeñas mentiras, palabras ambiguas y falsas apariencias, para protegerse de compromisos que no desean y de debilidades que no quieren revelar. Como es habitual en el realizador, el azar ocupa un lugar relevante en la historia. La amistad fluye con facilidad y los conflictos de intereses se apuntan con la superficialidad propia de unas relaciones de verano, efímeras y breves. La acción combina escenarios naturales, muy variados, y diálogos sencillos y naturales, que contienen la belleza de la sinceridad y la espontaneidad. No queda del todo claro si Gerard juega con las 3 chicas una historia de leves enredos o si son las chicas las que se sirven de él para dar sentido a unas vacaciones intrascendentes, de sol, música, baile y conversación. Nada serio puede cuajar en tres semanas, pero las 3 muchachas y Gerard salen enriquecidos en experiencia, madurez y apego a la vida.

La música ofrece 2 canciones originales de Philippe Eidel ("Le Forlon" y "Jean Quémeneur") y una de Sebastien Erns ("Fille de corsaire"), que se atribuye a Gerard. La fotogrfía, luminosa y colorista, crea escenarios abiertos y cálidos, muy adecuados a la acción, con paseos por las playas y las campiñas próximas. El guión basa su capacidad de sugerencia y emoción en la sencillez de la historia. La interpretación de los 2 protagonistas (Poupaud y Langlet) desborda naturalidad y espontaneidad. La dirección crea una obra llena de amor a la vida y de exaltación de la juventud.

La película contagia alegría de vivir y trasmite confianza en los jóvenes.
Miquel
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16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil.
pezpozo   Córdoba (España)
Su valoración: Notable 5 de Mayo de 2009
Dice una máxima del guión: "La amistad es algo serio, tal vez más que el amor."

Sí, opino más o menos igual.

Un joven licenciado en Matemáticas, pero aficionado a componer canciones, llega de veraneo a un pueblo costero de Francia. Se aloja en la casa que le ha prestado un amigo. Está solo pero espera encontrarse quizás con Lena, una joven de la que está enamorado y es medio novia. Mientras ésta aparece, en su lugar surge una que le tira constantemente los tejos y con la que fragua una buena amistad, es Margot, con quien sale y conversa muy a menudo. Luego aparece otra más, Solene, que también quiere ligarse al muchacho.

Entonces, vemos como a este tipo de apariencia frágil, poco acosador, algo tímido, que no va de macho perseguidor de mujeres, de repente le rondan tres hermosas jóvenes todas flirteando con él, jugando con él al juego del tira y afloja.

Cuando son ellas las que atacan seductoramente él suele entrar al trapo, pero luego si intenta ir más allá del roce o el beso sencillo, es decir, que intenta ponerles una banderilla o meterles el estoque hasta el fondo, ellas lo frenan, juguetean con él y son en verdad las auténticas toreras, maestras que hacen sus faenas y dan sus capatozos de izquierda y derecha con el hombre al que tratan como domadoras o toreras.

Película que nos retrotae a los veranos de juventud, de enamoramiento, de ligues, de recuerdos de lo que fuimos y posiblemente no volveremos a ser jamás. ¡Lástima, porque perdemos los veranos en divagaciones y malos entendidos en vez de vivirlos abrazados y besándonos con muchísima pasión, apurando la copa del néctar que sólo posee sabor maravilloso probándolo en presente!

En resumen, esta película me ha recordado el microrrelato de un autor anónimo, titulado “Enamorado” y que consta sólo de once palabras:

«Le propuso matrimonio. // Ella no aceptó. // Y fueron muy felices.»
pezpozo
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Taylor   Terrassa (Polonia)
Su valoración: Notable 27 de Abril de 2011
En cierto modo la peli de Rohmer, más que de amor, parece de ciencia-ficción. Porque, vamos, si ya de por sí ligarse simultáneamente a tres pibones en un mismo lugar podría catalogarse como un acto poco menos que sobrenatural, imaginaos como podríamos definir ese acto (o lo que de él se deriva) si —tras seducir a ese tierno pack de bollycaos— nuestro atolondrado donjuán se las pirara, acto seguido, con la excusa de comprarse una grabadora. Alucinante, ¿no?

Pues eso mismo, más o menos, es lo que sucede en “Un cuento de verano”. Con la salvedad, claro está, que quien nos lo cuenta es Eric Rohmer. Un cineasta cuya naturalidad, continencia y profusos diálogos nos hacen partícipes de una deliciosa fábula estival que nada tiene de cómica ni de melodramática y sí mucho —aunque parezca increíble— de lúcida, ponderada y reflexiva.

Ocho meritorias estrellitas, pues, para una modesta historia que dice mucho más de lo que parece y que, sin lugar a dudas, ha conseguido recordarme aquella época en la que la delgada línea que separaba amistad, amor y sexo todavía era —bendita inocencia— excesivamente difusa.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película) Ver todo
Taylor
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Archilupo   Llanes (España)
Su valoración: Buena 5 de Agosto de 2008
Lundi.
Llego en barco a un pueblo de Bretaña y encuentro fácil la casa donde unos colegas me ceden un cuarto unos días. Dejo la mochila y doy una vuelta por la playa. Casetas blanquiazules. Bastante gente, lo veo desde una terraza, con una cerveza. L* no está, no habrá llegado aún. Ella sabrá por qué se fue a España con su hermana, pero no tardará en venir. Ceno temprano en una creperie.
Una ventaja de las pelis de Rohmer es que se pasa rato sin hablar.
Por la noche, calles animadas. En el cuarto toco la guitarra.

Mardi.
En la escena de playa salgo con un calzón negro bastante antiguo. Me saluda la camarera de la creperie. Al mirarla caigo en que me suena de otra película de Rohmer, de hace años. Se ha puesto más ancha, aunque tiene gracia. Pero no es mi tipo, creo. Se llama M*. Charlamos un rato. Digo que hago música. Country, baladas irlandesas, rock celta, en esa onda. Por si me cree músico callejero, o no sé por qué, añado que soy consultor de informática. Bueno, que soy de Exactas pero no quiero dar clases. Pues ella resulta que se ha doctorado en Etnología. Hace investigaciones en la región. Su novio está en la Polinesia, para una temporada, con un trabajo. Al contar que estoy esperando a L*, mi novia, comprendo que en realidad no es mi novia, que yo querría que lo fuese pero no lo es todavía, o sea que es una amiga, pero también algo más, o eso me gustaría. Mientras explico la historia me parece notar una mirada burlona en los ojos de M*.

Mercredi.
Excursión con M*, a ver a un viejo marino al que está estudiando. El hombre usa un montón de palabras de argot, muy chulas. Y canta una canción de navegantes, satírica. Me quedo con la copla para hacer un arreglo y regalársela a L*, que me vea con buenos ojos. M* se interesa por L*. De mis respuestas deduce que estoy colgado de una que no me toma en serio. Situación sentimental típica en Rohmer, pienso. La costumbre del azar, dice enigmática. Quiere liarme a cenar juntos pero no voy. Sí a una boite luego, con su pandilla. Hay una que me mira. Se llama S*. Mientras baila con un maromo me mira todo el rato. Tú también la mirabas, dice M*. No creo, pero puede ser. Es algo físico.

Vendredi.
Voy con M* a un sitio con vistas de la costa. Le gusta la gente, la amistad. Digo que soy misántropo, de pocos amigos y menos amigas, tengo que decirlo. Ella quiere ser mi amiga. Hace ojitos. Enseño una foto de L*. Dice que no me pega. Y que S*, la del baile, sí. No se cree que yo tenga algo con L*. Alego que vine a la habitación prestada sabiendo que ella puede estar por aquí. He apostado: puede pasar algo, o no. Es lo de Pascal, la apuesta y el amor y el azar.
Confidencias. Me recomienda que me busque una chica para el verano. Sé en quién está pensando.
Me veo diciendo que soy inclasificable, que estoy al margen de grupos. M* dice que eso es no ser nada, que me pierdo el aprendizaje. En la despedida se amaga un beso, un roce de labios.

(sigue en el spoiler)
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Archilupo
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Travis_Texas   Madrid (España)
Su valoración: Notable 1 de Enero de 2006
No sabe hacer otra cosa, pero tampoco le hace falta. Quien siempre ha sabido moverse con tanta sabiduría y talento sobre un hilo tan gastado como el del amor, puede permitirse el lujo de dar un paso más en la misma dirección sin cansarnos y mostrándonos nuevos matices. Este Cuento de verano cuenta como principal virtud con la magnífica interpretación de Melvil Poupaud, en el papel de joven solitario, bohemio, romántico, melancólico (hasta aquí lo bueno), pero también egoísta, ególatra, vanidoso, pusilánime y ambiguo. Diálogos brillantes, buenas interpretaciones e interesantes reflexiones sobre el amor. En otras palabras, Éric Rohmer en su mejor versión.
Travis_Texas
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