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Luna de Avellaneda

6,9
13.520
votos
Sinopsis
Luna de Avellaneda, un club de barrio que vivió en el pasado una época de esplendor, está atravesando una crisis que pone en peligro su existencia. Al parecer, la única salida posible es que se convierta en un Casino, pero esto se aparta de los ideales y de los fines para los que fue fundado en los años 40: un club social, deportivo y cultural. Los descendientes de los fundadores se debatirán entre la posibilidad de salvarse a ... [+]
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user-icon Juliana   Belo Horizonte (Brasil)
Excelente
12 de marzo de 2006
37 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si fuera hacer un resumen de esta película partiendo tan sólo de las escenas elegiría dos de ellas: la del diálogo de Cristina en la barca y la de Román en la Asamblea.
Las dos son especialmente bellas porque nos hablan del verdadero concepto de la felicidad. La felicidad que obtenemos no por acumular cosas o vivir en un entorno de perfección y belleza, sino más bien la que nos llega de la admiración que nuestra familia, amigos, pareja sienten por nosotros. Simplemente por lo que somos y por lo que les hacemos sentir... Nada más!
Juliana
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user-icon helen   Madrid (España)
Buena
22 de diciembre de 2008
21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Luna de Avellaneda es la historia de un emblemático club de barrio que ha vivido en el pasado una época de esplendor y que en la actualidad se encuentra inmerso en una crisis que pone en peligro su existencia. Al parecer, la única salida posible es que se convierta en un casino, nada más alejado de los ideales y de los fines de sus fundadores en la década de 1940: un club social, deportivo y cultural. Los descendientes de estos fundadores se debatirán entre la posibilidad de salvarse a cualquier precio o de reencontrarse con aquellos sueños.
El cine argentino de más éxito de los últimos tiempos tiene como representante más importante a Juan José Campanella (El niño que gritó puta, Y llegó el amor, Vientos de agua). Luna de Avellaneda (2004) completa la innintencionada -y maravillosa- trilogía empezada con El mismo amor, la misma lluvia (1999), centrada en una persona, y seguida de El hijo de la novia (2000), que retrataba una familia, ambas con un saber hacer evidente. Luna de Avellaneda es el nombre de toda una comunidad que refleja, como las anteriores, distintos aspectos de la vida Argentina, la familia, la crisis, la búsqueda de una identidad.
La película tiene un gran arranque: la acción nos traslada a una época en la que Argentina estaba llena de españoles que se buscaban a sí mismos, y qué mejor que un club para pasar los ratos libres y hablar, donde los niños del barrio jugaban en el equipo, donde los días de fiesta se reunían todos para bailar, cantar y disfrutar.
Román es un niño con suerte. Nació durante las fiestas de carnaval de 1959 y en ese mismo momento fue nombrado socio vitalicio del club. Ya en la actualidad, Román intenta como puede ayudar a su club, pues cada vez son menos los socios y mayores las deudas, menos gente que puede pagar la cuota... Las ilusiones se han perdido; lo único que perdura es la amistad y las buenas intenciones.
El peor defecto de Luna de Avellaneda es quizá su larga duración, tanto de determinadas escenas como de la película en su conjunto (2 horas y media). Su punto fuerte son los diálogos, rápidos, reales, divertidos, con muy buenos toques de humor, demostrándonos que al menos los personajes conservan la risa. El reparto coral hace un trabajo excelente: Ricardo Darín, genial, como siempre, forma la pareja perfecta con Eduardo Blanco, que, algo menos histriónico de lo normal, logra emocionarme y no ponerme de los nervios. La escena en la barca entre su personaje, Amadeo, y la profesora de danza (Valeria Bertuccelli) es sencillamente encantadora. El resto de actores no necesitan presentación: José Luis López Vázquez, Mercedes Morán, Silvia Kutica, Daniel Fanego...
Tan personal y autobiográfica que llega y emociona. Sencilla, honesta y, sobre todo, verdadera, la historia de Luna de Avellaneda es la historia de la gente corriente. Felicidad y melancolía van de la mano en un mundo triste y gris, con personas que no pierden la esperanza por conseguir una vida mejor.
helen
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user-icon Miquel   Palma (Mallorca) (España)
Notable
14 de junio de 2005
19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Juan José Campanella demuestra que posee las cualidades propias de un director de fuste y de gran calidad. La película presenta una historia hecha de cotidianeidad, sencillez, personajes humanos, situaciones normales, reacciones verosímiles, que componen en conjunto un excelente retazo de la vida misma. No hay grandilocuencias, ni exageraciones, ni espectacularidades, porque la vida está hecha de otros materiales: dudas, debilidades, ambiciones, desamores, amor, dignidad, contradicciones. El guión, del que Campanella es co-autor, entrelaza varias pequeñas historias de personas ligadas al Club Luna de Avellaneda (la de Román y Verónica, la de Cristina y Amadeo, etc.) con la historia central, que es la del propio club: sus dificultades de subsistencia, su esplendor perdido, su pasado brillante, su utilidad para el deporte de los jóvenes, para el ballet de las niñas y los niños, las funciones sociales con espectáculos de baile español, los bailes de sociedad, los ágapes de camaradería. La superposición de varias historias se hace con habilidad, con corrección y con resultados positivos para el desarrollo de la acción general, que resulta entretenida, interesante y que, poco a poco, se hace apasionante. La fotografía a la luz del día y a la luz de las farolas es brillante y de una belleza plástica sorprendente. La cámara aprovecha el recurso de los encuadres fijos para realzar el movimiento de los actores y para invitar al espectador a penetrar en su intimidad. En otras ocasiones, el movimiento de la cámara es breve y ajustado, o bien más dilatado, pero en todo caso suave, limpio y respetuoso. La cámara en ningún momento pretende formar parte de la acción, sólo desea reflejarla, y eso en los tiempos que corren merece un elogio. La interpretación de Ricardo Darín está a la altura de su calidad artística, al igual que la de Eduardo Blanco, un secundario de lujo que aporta a la película momentos destacados de humanidad, ternura y emoción. El duelo oratorio entre Román Maldonado (Ricardo Darín) y Alejandro constituye, tal vez, el punto culminante de la película. En su desarrollo se enfrenta el pragmatismo y el utilitarismo de Alejandro con el idealismo y el voluntarismo nostálgico de Román. La secuencia se presenta en términos de gran sinceridad y transparencia: las emociones se distribuyen entre las dos posturas y los votos también. Al fin, los derrotados por escaso margen pueden ser los que ganen, porque la vida continúa.
Miquel
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user-icon Vivoleyendo   Huelva (España)
Notable
22 de diciembre de 2008
11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una cálida noche de 1959, durante el carnaval, Román nació en el club social “Luna de Avellaneda”. El club estaba a reventar de gente que se divertía, que bailaba y que vibraba al son de un sentimiento colectivo de unidad.
Porque el “Luna de Avellaneda” era más que un club social. Era la ilusión de mucha gente que vertía sueños y esfuerzos para crear algo que trascendiera al simple paso de los individuos por esta tierra recalcitrante.
Era punto de encuentro, lugar de formación, de desarrollo vital, de educación para la vida, de contacto con los amigos, de recreo y de ocio.
Era el pulso de una población que tenía algo por lo que luchar.
Miles de socios, miles de pequeñas esperanzas puestas.
Román vino al mundo en medio de una explosión de música, alegría y color, en los momentos de máximo esplendor del club que le vio salir del vientre de su madre y respirar por primera vez aquel aire cargado de presagios.
Desde el mismo instante en que llegó, fue nombrado socio vitalicio.
Pero los años no pasan en balde.
Román se ha transformado en un hombre hecho y derecho, marido y padre, y los problemas acechan desde todos los frentes.
La decadencia devora el “Luna de Avellaneda” y afecta a las vidas de quienes forman parte de sus venas.
Román está acuciado por problemas matrimoniales y familiares, los demás socios que forman parte de la junta directiva también están azotados por dificultades de diverso tipo: económicas, sentimentales, alcoholismo… El club se va a la quiebra, la deuda que ha acumulado es desorbitada, y el desaliento se deja caer sobre los miembros. Parece que las penalidades del club se contagian al plano personal de quienes pelean día a día por sacarlo adelante…
Y no tardan en venir los lobos que olfatean una buena presa, la del lucro.
A estas alturas, en pleno siglo XXI, los ideales parecen estar perdiéndose. El fervor de antaño da paso a una progresiva apatía, la unidad que tiempos atrás mantenía el espíritu del club, se ha perdido en el egoísmo y las necesidades individuales. La vida está difícil y cada vez más encarecida, la gente va priorizando otras cosas en sus apretados presupuestos. Y el “Luna de Avellaneda” se va quedando relegado poco a poco.
Ahora se le da más importancia a otras cosas. Un centro social cada vez cuenta menos entre las principales necesidades de los vecinos.
(SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama) Ver todo
Vivoleyendo
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user-icon JOSE   ASUNCION (Paraguay)
Notable
24 de junio de 2005
15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Emotiva película y muy buenas actuaciones en las que destacamos al actor principal Ricardo Darin y a la actriz Mercedes Morán! La historia es realmente hermosa y muestra un poco la realidad de cierto sector de la Argentina, en especial ese de clase media/baja. Las distintas historias de cada uno de los personajes se mezclan en torno a un club social de la zona sur de Buenos Aires que después de muchos años de auge se ve obligado a cerrar sus puertas debido a problemas monetarios y de vender el terreno para la instalacion de un casino. Buena dirección del ya destacado Juan Jose Campanella!
JOSE
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