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| 15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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milkas
Praga (República Checa)
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Su valoración:  |
25 de Enero de 2009 |
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Bellísima película que se ciñe fielmente al magistral relato de Joseph Roth que, con el mismo titulo, escribió en París en los años treinta, poco antes de su muerte en la misma ciudad en 1939.
Sin entrar en el análisis técnico del film, que no sabría hacer, la historía discurre entre dos orillas, la aventura fantastica de un honorable "clochard" que intenta cumplir con su palabra a pesar de las innumerables absentas, mujeres y viejos amigos que se cruzan en su camino impidiendole llegar a su destino...Y París, un París desolado, intemporal pero increiblemente bello, ese París querido que llevamos en el corazón todos los que amamos a Europa.
Pero, ante todo, la película y el cuento, es una apología del alcohol, un alcohol que ofrece a los hombres una suprema y única lucidez, que hace a los hombres generosamente disponibles, ajenos y por encima de cualquier interés que no sea el acto sagrado de beber...Personalmente creo que es absolutamente cierto lo que dice Carlos Barral en el magistral prólogo del libro "de como el vino transforma el mundo, cambia sus leyes, todas, incluso la virtud de los santos, para hacerlo habitable y agradable a los que creen en él".
Sin el vino la vida no sería igual, sería quizás mas formal, mas ordenada, mas productiva, pero mucho mas triste y deshabitada. No deseo que se me note demasiado mi odio a los abstemios y mi incapacidad para penetrar en su amistad; pero, en fin, que Dios les perdone...
milkas 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Ignasi Borràs
Manresa (España)
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Su valoración:  |
19 de Diciembre de 2009 |
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Adaptación de una novela del escritor austríaco Joseph Roth (autor de “Der Antichristh”, crítica magnánima contra cualquier forma de idealismo y materialismo) que se ampara por ser una intensa reflexión sobre la culpa, el arrepentimiento y la redención. Andreas (Rutger Hauer, en un papel fuera de lo usual en sus roles de villano de cine de acción) es un inmigrante sin papeles que duerme bajo los puentes de un París anónimo y silencioso como las tardes y noches que lo acogen en sus bares dónde no interrumpe su afición a la bebida del vino, sangre de su existencia monótona y miserable. La repentina llegada de un hombre (Anthony Quayle) que le suplica, ofreciéndole doscientos francos, que venere a Santa Teresa de Lisieux representada por la imagen de una inocente niña (Dalila Belatreche) que le hará replantear el sentido su existencia. Andreas saca provecho del dinero en una procesión que le llevará a recordar episodios de su vida pasada y por ello va a faltar siempre a su cita en la Iglesia dónde debe depositar el dinero como deuda. Pero el milagro se sucede constantemente en los andares del vagabundo que se encuentra a viejos amigos, entre ellos un boxeador de éxito, Daniel Kanjak (Jean-Maurice Chanet) o el desafortunado pero truhán Woitech (Dominique Pinon), una antigua amante Karoline (Sophie Segalen) y una cabaretera (Gaby) que no dudará en aprovecharse del honor y buena fe de Andreas.
Preciosa película que a pesar de llevarse el León de Oro en Venecia no será recordada ni por su sugerente título. El rodaje en los exteriores de un París al que estamos acostumbrados por su glamurosa e imperante Torre Eiffel, se convierte en el decorado anónimo e intemporal de unas calles oscuras, cafeterías vacías o silenciosas. No muy lejos de los puentes que atraviesan un Sena bañado por el resplandor del atardecer (y aquí gana mucho peso la fotografía de Dante Spinotti que nos recuerda al de su compatriota Vittorio Storaro).
Ignasi Borràs 
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| 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Recuerdo una apasionada reseña de Eloy, un par de años debe hacer, y vaya, no andaba desencaminado.
Notable drama en tono de fábula, con un espíritu y un tono que me trajo a la memoria a Erase Una Vez En América, salvando la distancia que sea menester y no teniendo en realidad nada que ver, pero algo hay; el aire de melancolía, la bella factura de la que hace gala, que recuerda a ese Leone, y no al otro. Mi apreciado Rutger Hauer cuaja el que seguramente sea el papel de su vida, con permiso de Roy Batty, trasegando vasos de vino sin parar como si no hubiera mañana y con un corazón que no le cabe en el pecho. Y Ermanno Olmi, tipo que conocía de lejos, sabe lo que se hace, sin duda, aunque en algún momento se guste demasiado. Y la película tiene algo, ya digo, un poso especial, una resaca limpia y clara, una glorificación del vino entrañable. La disfruté bastante. Incluso ahora, cuando pienso en ella, me parece mejor de lo que quizás fue.
Que viva el vino.
Peter Gabriel 77 
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| 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Clarice
bilbao (España)
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Su valoración:  |
13 de Enero de 2010 |
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Larga, lentísima cinta que parte de una anécdota simpática que no consigue contar, perdiéndose en detalles prescindibles, en desesperantes "voy pero no llego" o "yo quiero llegar pero no sé que pasa" y en eternos primeros planos de Rutger Hauer, si bien esto último no es de extrañar puesto que su actuación resulta lo mejor de la película; lo cual me hace sentir cierta pena por el actor pues podía haber servido para su lucimiento a poco que el guión se hubiera empeñado... Hay también ciertas escenas de ambientación respecto a los clochards y su día a día (y noche a noche, lluviosas por más señas) que me han parecido bien hechas y bien contadas, con la objetividad de un documental pero deteniendo la cámara un momento más de lo necesario en lo que capta para darle un tono más personal. Estas dos cosas se salvan, a mi entender, en un conjunto pesado. Y desgraciadamente disiento de que constituya un canto al vino, como el título hacía esperar: en todo caso, como dice otra crítica, te hace pensar en él como forma de poder acabar de verla... Mi impresión es que se perdió desde el principio en caminos secundarios y se pasó el resto de las más de dos horas dando vueltas. Pobre Hauer.
Clarice 
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| 10 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kingo
Guanabacoa (Cuba)
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Su valoración:  |
10 de Agosto de 2006 |
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Un mendigo se topa una mañana con un desconocido que le presta 200 francos, con la condición de que cuando pueda devolvérselos los lleve como donativo a la imagen de una santa. A partir de ese momento la suerte del mendigo mejora un poco y consigue la cantidad en poco tiempo; pero, por más que lo intenta, siempre hay un motivo que le impide cumplir su palabra y hacer el donativo.
Rutger Hauer en la mejor interpretación de su vida, con un argumento de verdad interesante, pero por mucho que lo intente no consigue distraernos de un guión que se recrea en mostrarnos hasta el más inútil movimiento del protagonista. Media horita menos de paseos aquí y allá hubiesen sido de agradecer, y el argumento (muy intimista y religioso) no se hubiese visto ahogado en el más mortal de los aburrimientos.
Kingo 
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