arrow
Haz click aquí para copiar la URL
Críticas de Natxo Borràs
Ordenadas por:
2.058 críticas
9
25 de octubre de 2008
52 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otra reverencia para el alemán que a los doce años presenció por primera vez un coche y vió una película, que hasta los diecisiete años no hizo su primera llamada telefónica, justo a sus inicios en el Séptimo Arte.

La voz en off en nos advierte que no es un documental sobre pingüinos, aunque se les dedica una breve e intensísima atención; uno de ellos llega a formar parte del plantel herzogiano de personajes sujetos a su destino, más allá de la ambición sobrepasando la puerta de lo mítico y subersivo. Dicha ave, en un frenético estado de locura (como Aguirre o Fitzcarraldo en la selva) se aleja de su colonia a orillas del mar y se adentra continente adentro, en el desierto frío y blanco, amén de un destino incierto en una de las escenas más bellas y sobrecogedoras de este documental. Mención aparte, se atribuyen unas espectaculares escenas submarinas, bajo una mortuoria capa de hielo donde abunda un zoo inusual de especies dignas de una película de ciencia-ficción.

Y no faltan, claro está, los humanos que viven en las bases de investigación instaladas allí. No les falta sentido del humor, ni pudor alguno para testimoniar su anterior vida antes de recalar en la base McMunro, sujetos a un estilo de vida muy diferente a su pasado. De nuevo el perfil preferido de Herzog en presentarnos un colectivo de gentes aisladas por su propia voluntad a la que la mayoría atribuiríamos un cierto sentido del friquismo y fuera de lo común.
Natxo Borràs
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
10
3 de junio de 2008
43 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es un film sobre la guerra de Vietnam, otro de los tantos que se empezaban a cocer tras "The Deer Hunter" o "Coming Home" estrenadas un año antes y que ya entrados en los ochenta el conflicto se ensalsaría de patriotismos chucknorrianos y stallonianos hasta la llegada de "Platoon" y "Full Metal Jacket".
La pieza de Coppola queda muy al margen de reseñar el conflicto en si y nos adentra directamente en las tinieblas de la obsesión humana para alcanzar lo mítico y divino, muy propio en la táctica psicológica de la guerra.
La selva camboyana como el mismo infierno creado y reducido por el hombre con su deseo irrefrenable de alcanzar a ser un semidiós usando sus instintos primitivos de poder, són las conclusiones a las que llega un desconcertado y cada vez más enloquecido Willard dispuesto a arrebatar el mando de Kurtz con las mismas reglas a las que ambos se les ha impuesto el ejército de su país invasor. Ya no hay lucha entre ejércitos por sus propios intereses políticos, solo hay jungla, desolación, locura y muerte.
Hay que añadir el elenco de seres supremos en "Apocalypse Now"; el ejército aéreo capitaneado por Kilgore (excelente vis cómica de Robert Duvall, de ademán autodestructivo y enseñoreado por los aromas matutinos del napalm); la misma intervención militar (pero sin caer en la denuncia sobre sus consecuencias); el colonialismo apagado y arrebatado (tema añadido, y según mi punto de vista, enriquecido en la versión ampliada de 2002); Willard, el oficial atormentado (Martin Sheen substituyó a Harvey Keitel) por cumplir una misión de la que él puede decidir por méritos de orgullo coronarse rey de los nativos después de ejercer sus funciones de verdugo. Y Kurtz, el coronel desertor que ha creado su ejército de nativos (Robert Redford, que tuvo la posibilidad de hacer de Willard, Steve McQueen y Jack Nicholson eran candidatos al personaje).
He aquí los paralelismos entre Willard y Kurtz; la línea divisoria entre ambos se estrecha cada vez más hasta llegar al final del río, en plena Camboya donde el otro "infierno ruidoso", el de los fusiles, los helicópteros y las playas minadas con surfistas suicidas, queda ya muy lejos y se reemplaza al infierno del silencio y el miedo, del horror dónde el mismo hombre puede destruir el paraíso que ha creado a golpe de machete mandando una clave por radio. La propia destrucción hecha cenizas. Muy propio de las guerras y del poder.
De visión obligada. Wagner dijo una vez: "Si el público no ha enloquecido mi obra habrá fracasado". En nuestros días las Walkirias siguen cabalgando con fuerza.
Natxo Borràs
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
6
14 de marzo de 2009
43 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace años que los alemanes ya tomaron nota sobre las consecuencias del terrorismo en su país llevado por grupos interinos, frutos de la escisión de los comités estudiantiles anticapitalistas que clamaban a gritos la retirada de intereses americanos en Berlín Occidental y que culminaron con la creación de bandas, la mayoría mal organizadas, que asaltaban bancos, quemaban almacenes y se desahogaban con la policía arrojando piedras e incluso cócteles molotov. Esos movimientos alineados por el Mayo del 68 parisino necesitaba un cambio nuevo en Alemania; limpiar un país entonces partido por la mitad bajo el cuchillo de la Guerra Fría. El resurgimiento de una Nueva Izquierda que creia en liberalizar unos valores que parecían estar congelados por la presencia de la burocracia estadounidense, llevó a que se ramificara al límite de los extremos. La banda de Baader Meinhoff fue el máximo exponente de que se tenía que detener a los Americanos; y se usaron de los asesinatos del Che pero también de Martin Luther King y de Ted Kennedy para acribillar al capitalismo.

El film detalla cronológicamente el nacimiento de la banda ideada por sus principales líderes; Andreas Baader, activista incendiario, revoltoso y símbolo de la cólera izquierdista y Ulrike Meinhoff, periodista, madre cornuda y responsable de concienciar a las masas de universitarios y obreros de que su simpatia negada por el intervencionismo de las autoridades, acabara con la decisión de escribir artículos a favor del terrorismo como asesinato justificable frente al peor y el más colectivo; el provocado por las autoridades. Ulrike entra en la banda como escribente del Terror pero también como poetisa de la Libertad. La banda atenta a jueces, atraca bancos, se entrena en Jordania con los Palestinos, secuestran una embajada y un avión, matan a un juez y hacen lo mismo con el presidente de una patronal después de mantenerlo semanas en un zulo. Su complicidad en el atentado en los Juegos Olímpicos de Munich en 1972 se demostró.Esos hechos acontecieron antes y después de que el grupo se disolviera "oficialmente" por unas autoridades también represoras. Siguióse de un histórico juicio hasta la muerte por presunto suicidio de cuatro de sus principales componentes poniendo en duda y cuestión el papel de las autoridades de la entonces República Federal Alemana.

Las actuaciones son más que apreciables pero el film condensa demasiado pese a que no se le pone en duda el trabajado análisis en el que se ha basado. A destacar los secundarios del suizo Bruno Ganz (El Hundimiento), Nadja Uhl (Cerezos en Flor) y Stipe Erceg (Los Edukadores). Otros directores alemanes como Margarethe Von Trotta en "Las Hermanas Alemanas" (1981) y Reinhard Hauff en "El Proceso" (1985) ya habían tratado anteriormente sobre tan espinoso tema.

Lo Mejor: la información documentada y albergada es cuantiosa
Lo Peor: un metraje algo tostón
Natxo Borràs
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
10
24 de agosto de 2008
36 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Definir "expresionismo" es darle un mazazo al Arte en su concepto. Una forma de invocar la escena mediante la opresión y la asfíxia del decorado. La abstracción de lo sobrecogedor también lo expresan los actores que, como fantasmas en silencio, pululando como presas de pánico, misterio e incertidumbre. Se dejan llevar por este movimiento artístico, manejado a la vez por las viejas bobinas que, mecánica y musicalmente, ruedan y ruedan de principio a fin reflejando, fotograma a fotograma, su imagen salida de la oscuridad. A través de la linterna mágica. Con esto quedaba inaugurada la proeza de Robert Wiene y el cine expresionista alemán.

Planos generales que parecen primeros planos. La amputada perspectiva de fondo en formas cónicas y puntiagudas mirando arriba (los tejados, los ventanales, sillas altas en decorados diminutos...), como las casas y las laberínticas calles de pesadilla, estrechamente concebidas para los más sigilosos caminantes que aparecen en cualquier momento, confundidos por la debil luminosidad que el plató de la época poco podía ofrecer. De esa condición, la creación de una magistral pieza que, vista en otros ojos; vemos la situación de Alemania en el período de entreguerras. El Imperio que decae, la Nación que nace ante un futuro incógnito con sus títeres presas del pánico, llevados por Caligari y su maquiavélico pelegrinaje por las ferias de los pueblos.

No es una película que se congenie con el cine fantástico. Literalmente hablando, claro está. En esos tiempos había que recurrir a George Mélies y sus atracciones de feria, para hablar de géneros cinematográficos, que era decir muy poco. El cine, tal y como lo conocemos, está en su más tierna infancia. Pero dotada de inteligencia y reflexión artística. Y la obra de Wiene es un buen ejemplo. Era el feto del superdotado de ideas mientras "El Nacimiento de una Nación de Griffith" lo era al montaje.

Museo en movimiento. Obra maestra de una culminación. "El Gabinete del Doctor Caligari" removerá conciencias vea como se vea. Con o sin música. Entre diálogos o en el más espectral y agradecido de los silencios.
Natxo Borràs
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
6
30 de mayo de 2010
29 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando los tártaros y los merkitas liderados por Kumlek (Ted de Corsia) y Targutai (Leslie Bradley) creen haber reducido a los mongoles a un pequeño vestigio, no imaginan la sorpresa que les aguarda por el odio que siente hacia ellos un cazador llamado Temujin (John Wayne), futuro Gengis Kahn o Guerrero Perfecto. En una emboscada Temujin asesina a Targutai y secuestra a su prometida, la princesa Bortai (Susan Hayward), hija de Kumlek. Empezará así un sinfín de duelos, batallas y traiciones en que se verán también involucrados el hermano de sangre de Temujin, Jamuga (Pedro Armendáriz), el influyente, poderoso pero indeciso Wang Khan (Thomas Gómez) y su infame chamán de la corte (John Hoyt).

El productor Howard Hughes puso todas las esperanzas de llevar ésta empresa en las manos de Dick Powell (Duelo en el Atlántico) en lo que acabó siendo un irrisorio espectáculo que si no fuera por el vestuario se trataría de un “western” en toda regla, ya que los indios de una reserva cercana al rodaje intervinieron como extras caracterizados de mongoles. Y no nos olvidemos de John Wayne, por entonces encasillado actor en papeles de militar o rudo vaquero.

La insensatez de rodar rápido a partir de un guión mal escrito convierten “The Conqueror” en un flaqueado pastiche. Pero lo fatal se produjo en el rodaje de exteriores. Para las localizaciones de las tan inhóspitas estepas de Asia Central no se les ocurrió nada mejor que desplazar todo el equipo al tristemente célebre desierto de Escalante, y a los alrededores del pueblo de St. George (Utah), gérmen en bastantes quilómetros a la redonda de pruebas nucleares con bombas tipo H. Si le sumamos el mal rodaje (repetidas tomas con caídas de caballo a la mar sucias, polvorientas y radioactivas, con un ir y venir desde Hollywood, dónde se rodaban interiores, por exigencias del jefe Hugues) más el dinero derrochado, “El Conquistador de Mongolia” acabóse convirtiendo en el film más maldito de la historia (con permiso de las leyenditas urbanas que corren detrás de cintas como “El Exorcista” o “Poltergeist”). El degoteo constante de coincidencias de muertes por cáncer se cebó con la Hayward, Armendáriz (cometió suicidio al recibir diagnóstico), Moorehead, etc… Aunque algunas no se pudieron probar directamente en relación con la película como la de John Wayne (por adicción al tabaco). Pero lo más curioso es que en el film ambos bandos prometen castigar con "la muerte lenta" a sus enemigos o traidores.

También fue el principio del fin para la RKO, una productora agotada más por los años que por los caprichos de Howard Hughes que siempre confesó sentirse orgulloso de su fracaso.
Natxo Borràs
¿Te ha resultado interesante y/o útil esta crítica?
Preguntas más frecuentes | Política de privacidad / condiciones de uso | Configuración de privacidad | Ir a Versión MÓVIL
© 2002-2018 Filmaffinity - Movieaffinity | Filmaffinity es una página de recomendación de cine y series basada en la afinidad entre sus usuarios.
Filmaffinity es un medio independiente, y su principal prioridad es la privacidad, mantenimiento y seguridad de los datos de sus usuarios,
información que no comparte fuera de la web con ninguna entidad y/o empresa, bajo ninguna circunstancia.
All Rights Reserved - Todos los derechos reservados