La bella y la bestia
7,4
5.071
Fantástico. Romance. Drama
Érase una vez un mercader arruinado que vivía con su hijo Ludovic y sus tres hijas. Dos de ellas, Felicie y Adelaide, son seres egoístas que explotan a su hermana pequeña Bella. Un día, el padre se pierde en el bosque y llega hasta un castillo. Allí encuentra una preciosa rosa y decide cogerla para Bella, entonces aparece el señor del castillo que le impondrá un duro castigo por su osadía. (FILMAFFINITY)
31 de mayo de 2007
31 de mayo de 2007
7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hermosa ocurrencia la que tuvo Jean Cocteau en el año 1946 al hacer esta película de tintes surrealistas sobre el mito de la bella y la bestia.
Poética y delicada en la mayoría de sus escenas creo que llega al culmen del cuidado de la estética en la secuencia en la que la protagonista sale de su casa a caballo y corre a autoinmolarse al castillo de la bestia cruzando, cual Caperucita, un intrincado bosque. Al llegar a su destino sube las escaleras ondeando su capa a cada paso con movimientos ralentizados y atraviesa un ancho corredor como si una fuerza sobrehumana la deslizara a diez centímetros por encima del suelo mientras va sorteando los visillos de las ventanas que el viento levanta a su antojo enmarcando los movimientos de la bella. Cocteau sabe propiciar en esa escena un clima misterioso y profundo, completamente lleno de plasticidad que más que cine pareciera danza o poesía filmada. Sólo por esa escena del paso de Bella por los ventanales merece la pena toda la película.
Poética y delicada en la mayoría de sus escenas creo que llega al culmen del cuidado de la estética en la secuencia en la que la protagonista sale de su casa a caballo y corre a autoinmolarse al castillo de la bestia cruzando, cual Caperucita, un intrincado bosque. Al llegar a su destino sube las escaleras ondeando su capa a cada paso con movimientos ralentizados y atraviesa un ancho corredor como si una fuerza sobrehumana la deslizara a diez centímetros por encima del suelo mientras va sorteando los visillos de las ventanas que el viento levanta a su antojo enmarcando los movimientos de la bella. Cocteau sabe propiciar en esa escena un clima misterioso y profundo, completamente lleno de plasticidad que más que cine pareciera danza o poesía filmada. Sólo por esa escena del paso de Bella por los ventanales merece la pena toda la película.
30 de agosto de 2018
30 de agosto de 2018
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El bellísimo, imperecedero y muy aleccionador cuento de “La Bella y la Bestia” que, Jeanne-Marie Leprince de Beaumont (1711-1780), incluyera en su antología “La Revista de los Niños” (Magazin des Enfants, 1756) parece haber tenido algunos antecedentes. Entre los que suelen citarse, está el mito que Apuleyo incluyera en su obra, “El Asno de oro” (Asinus Aureus, siglo II), según el cual, la diosa Venus, celosa de la belleza de la humana Psique, la condena a enamorarse de un horrible monstruo. Se menciona también a “El Rey Cerdo” (Re porco, 1550) de Gianfrancesco Straparola, en el que narra la tragedia de un rey encantado que tendrá que casarse tres veces para poder vencer su lamentable aspecto. Se habla también de versiones de Charles Perrault en 1697, y de la firmada por Madame Gabrielle de Villeneuve, publicada en 1740, con el título definitivo de “La Bella y La Bestia”, pero, cuyo ‘pecado’ fue haber sido bastante extensa, además de otras ’cosillas’ como mostrar la rivalidad entre un hada malvada y un rey muy bueno (¿debió ser a la inversa?), y dedicar mucho espacio a referirse a las familias de La Belle y de La Bête, como suelen llamarse entre ellos.

Jean Marais & Josette Day
Partiendo del cuento de Villeneuve y del de Madame Leprince de Beaumont -éste, comedidamente resumido para quienes siempre van de prisa, con bellos apuntes morales y un toque lírico en cada una de sus frases-, el poeta y director, Jean Cocteau, hizo su propia adaptación cinematográfica y el resultado es una obra maestra que enaltece a los cuentos originales.
La magia que, el director, impuso en cada uno de sus escenarios; la plasticidad que fluye en la fotografía en blanco y negro… y ese romanticismo que nos transporta, hasta meternos con el alma plena en la potente y aleccionadora historia, hacen que nos sintamos hondamente emocionados viendo ésta, que es, sin duda, otra de las grandiosas historias de amor que nos ha dado la literatura y el cine.
Ese gran logro de descubrir la belleza interior… ese no juzgar ni condenar a quienes hacen de obstáculo en nuestro camino… esa demostración de que, la nobleza del alma es muy superior a la belleza y a la inteligencia… ese alegato contra los necios matrimonios por conveniencia, y las muchas otras lecciones que nos deja esta inmensa historia, redundan en hacer de, “LA BELLA Y LA BESTIA”, una obra cinematográfica por excelencia.
La magia que, el director, impuso en cada uno de sus escenarios; la plasticidad que fluye en la fotografía en blanco y negro… y ese romanticismo que nos transporta, hasta meternos con el alma plena en la potente y aleccionadora historia, hacen que nos sintamos hondamente emocionados viendo ésta, que es, sin duda, otra de las grandiosas historias de amor que nos ha dado la literatura y el cine.
Ese gran logro de descubrir la belleza interior… ese no juzgar ni condenar a quienes hacen de obstáculo en nuestro camino… esa demostración de que, la nobleza del alma es muy superior a la belleza y a la inteligencia… ese alegato contra los necios matrimonios por conveniencia, y las muchas otras lecciones que nos deja esta inmensa historia, redundan en hacer de, “LA BELLA Y LA BESTIA”, una obra cinematográfica por excelencia.
Jean Marais (Avenant) y Josette Day (La Belle), tan convincentes y comedidos en sus especiales roles que, dos años después, Cocteau volvería a reunirlos en “Les Parents Terribles”.
26 de julio de 2016
26 de julio de 2016
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
El polifacético artista francés Jean Cocteau, a sus 56 años decide repetir experiencia cinematográfica después de su primer film "La sangre de un poeta"en 1930.
En plena influencia del realismo, Cocteau apuesta por la fantasía surrealista con el cuento clásico versión de Marie Leprince de Beaumont para mayor gloria de su pareja en ese momento el actor Jean Marais que cubre los papeles de la Bestia, el príncipe y Avenat.
Al escaso presupuesto Cocteau y su equipo derrochan talento e imaginación con una puesta en escena donde lo cinematográfico y lo puramente teatral conviven en perfecta simbiosis. El planteamiento quizás demasiado inocente del cuento queda arrinconado ante el maravilloso despliegue artístico debido a la confluencia de genios en cada uno de sus apartados: el realizador René Clément (sustituyó a Cocteau durante su enfermedad), la escenografía de Christian Bérard y Lucien Carré, el director de fotografía Henri Alekan, por no hablar del espléndido vestuario (supervisado por Pierre Cardin) y maquillaje al que Marais se sometía de 3 a 5 horas diarias para no tener que utilizar el más fácil recurso de una máscara.
En plena influencia del realismo, Cocteau apuesta por la fantasía surrealista con el cuento clásico versión de Marie Leprince de Beaumont para mayor gloria de su pareja en ese momento el actor Jean Marais que cubre los papeles de la Bestia, el príncipe y Avenat.
Al escaso presupuesto Cocteau y su equipo derrochan talento e imaginación con una puesta en escena donde lo cinematográfico y lo puramente teatral conviven en perfecta simbiosis. El planteamiento quizás demasiado inocente del cuento queda arrinconado ante el maravilloso despliegue artístico debido a la confluencia de genios en cada uno de sus apartados: el realizador René Clément (sustituyó a Cocteau durante su enfermedad), la escenografía de Christian Bérard y Lucien Carré, el director de fotografía Henri Alekan, por no hablar del espléndido vestuario (supervisado por Pierre Cardin) y maquillaje al que Marais se sometía de 3 a 5 horas diarias para no tener que utilizar el más fácil recurso de una máscara.

Josette Day & Jean Marais
El resultado es un poema visual inolvidable, cargado de simbolismo freudiano. Las escenas oníricas del castillo se contraponen con una deliciosa recreación de la vida rural plasmada con eficacia basándose en las pinturas de Jean Vermeer, donde las intrigantes hermanas de bella se llevan el protagonismo de la acción, estupendamente interpretadas.
El sorprendente final en el que Bestia se convierte en príncipe con el rostro del taimado Avenat nos deja un tanto desconcertados sobre las intenciones de Cocteau al respecto y en cualquier caso no tenemos más remedio que unirnos al famoso comentario de Greta Garbo: "Devuelveme mi Bestia".
El sorprendente final en el que Bestia se convierte en príncipe con el rostro del taimado Avenat nos deja un tanto desconcertados sobre las intenciones de Cocteau al respecto y en cualquier caso no tenemos más remedio que unirnos al famoso comentario de Greta Garbo: "Devuelveme mi Bestia".
30 de septiembre de 2019
30 de septiembre de 2019
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La vida es un espejo donde el otro no existe, es ese reflejo de una parte de ti de la que has de aprender. Eso le sucede al joven y caprichoso príncipe de un castillo encantado por una bruja, un joven que no deja de mirarse vanidosamente y poder descubrir su belleza interna.
El amor, aquello que hace que un hombre feo se vuelva guapo. Aquel amor que tal vez una madre no supo dar, urge menester de un niño que ahora castigado por su monstruosidad ha de encontrarlo con ésta exteriorizada y maldita en su rostro y cuerpo. Un amor que depende de su interior para transformarse. Bien podría ser Bella un simple reflejo de su propia belleza castigada para poder aprender dónde colocar ese lado de él que se niega a ver. Nos educan en la monstruosidad, el adoctrinamiento, sobre todo a los príncipes que futuros reyes se aferrarán a la falsa idea de ser superiores, y no hay nada más feo que la prepotencia. El espejo que recibe de regalo no es más que la lección de aprender a amar su oscuridad mirándose para no olvidar en lo que se ha transformado, y al mismo tiempo pueda ver el mundo que su fealdad no le deja vivir, ese mundo que se pierde por no amar su otro rostro. La figura de la hechicera, es la simbología de la mujer sabia, la mujer que sana a través de sus dones, y aunque ello parezca castigo, no es más que la oportunidad para dejar salir el príncipe benevolente que en su esencia esconde. Todos tenemos una bestia dentro, una bestia fea y sucia a la que no nos gusta mirar, una bestia temerosa de sí misma, y del mundo, pero hay que sacarla a ese mundo y enseñársela, sin miedo, abrazándola, para así metamorfosearnos, De un mundo lleno de prejuicios en contra de nuestra totalidad, nuestra luz y nuestra oscuridad, un mundo que sólo acepta el lado bien de la gente, lo políticamente correcto.
El amor, aquello que hace que un hombre feo se vuelva guapo. Aquel amor que tal vez una madre no supo dar, urge menester de un niño que ahora castigado por su monstruosidad ha de encontrarlo con ésta exteriorizada y maldita en su rostro y cuerpo. Un amor que depende de su interior para transformarse. Bien podría ser Bella un simple reflejo de su propia belleza castigada para poder aprender dónde colocar ese lado de él que se niega a ver. Nos educan en la monstruosidad, el adoctrinamiento, sobre todo a los príncipes que futuros reyes se aferrarán a la falsa idea de ser superiores, y no hay nada más feo que la prepotencia. El espejo que recibe de regalo no es más que la lección de aprender a amar su oscuridad mirándose para no olvidar en lo que se ha transformado, y al mismo tiempo pueda ver el mundo que su fealdad no le deja vivir, ese mundo que se pierde por no amar su otro rostro. La figura de la hechicera, es la simbología de la mujer sabia, la mujer que sana a través de sus dones, y aunque ello parezca castigo, no es más que la oportunidad para dejar salir el príncipe benevolente que en su esencia esconde. Todos tenemos una bestia dentro, una bestia fea y sucia a la que no nos gusta mirar, una bestia temerosa de sí misma, y del mundo, pero hay que sacarla a ese mundo y enseñársela, sin miedo, abrazándola, para así metamorfosearnos, De un mundo lleno de prejuicios en contra de nuestra totalidad, nuestra luz y nuestra oscuridad, un mundo que sólo acepta el lado bien de la gente, lo políticamente correcto.

Si el papel de Bella en todo este cuento fuera sólo la consciencia de Bestia para hacerle ver, que también es un ser con capacidad de amar, de cuidar y proteger, es probable que si decidimos darle la vuelta a la tortilla, podamos ver exactamente la misma historia, pero inversamente. La historia de Bella y Bestia no es más que un ambigrama. Bella no es capaz de amar a un monstruo, su monstruo y cuando consigue amar ese lado oscuro suyo es cuando se transforma y se sana de la malición, de hecho, me parece mucho más interesante desde la perspectiva analítica de Bella. Amarse a uno mismo (y en consecuencia amar a alguien como efecto colateral) no es más que el resultado del éxito y el triunfo en una vida colmada de abundancia en todos los aspectos.
21 de junio de 2021
21 de junio de 2021
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película que está muy bien conseguida, en efectos especiales, maquillaje,.... la narrativa está bien, es una historia que como bien dicen al principio, es dejarse llevar, porque es un cuento del todo imposible que llegase a ser cierto.
Se nota mucho que se han esmerado en dar una calidad suprema. La calidad del maquillaje de la bestia es espectacular y los efectos especiales igual.
Es bastante sombría, sí que hay muchas similitudes con la de los dibujos animados, aunque esta es más oscura y sombría.
Se nota mucho que se han esmerado en dar una calidad suprema. La calidad del maquillaje de la bestia es espectacular y los efectos especiales igual.
Es bastante sombría, sí que hay muchas similitudes con la de los dibujos animados, aunque esta es más oscura y sombría.
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