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La bella y la bestia

Fantástico. Romance. Drama Érase una vez un mercader arruinado que vivía con su hijo Ludovic y sus tres hijas. Dos de ellas, Felicie y Adelaide, son seres egoístas que explotan a su hermana pequeña Bella. Un día, el padre se pierde en el bosque y llega hasta un castillo. Allí encuentra una preciosa rosa y decide cogerla para Bella, entonces aparece el señor del castillo que le impondrá un duro castigo por su osadía. (FILMAFFINITY)
Críticas 43
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8
6 de febrero de 2013
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
La bella y la bestia, de Jean Cocteau, es una de esas películas que reconcilian a sí mismo al cine como el instrumento artístico de asociación de fuerzas creativas más mastodónticas que haya podido ser creado. Nos encontramos con una pantalla poseída por el genio y la lujuria de lo inexplicable, que de forma valerosa traslada un cuento de hadas transfiriéndole movimiento visual como proteínas hormonadas.

Cocteau, un tipo que escribió frases como “No tenemos que curarnos del opio, sino de la inteligencia”, solemniza con la náusea del artista por plasmar su visión de lo fantástico, haciendo sobre lo vivible una nostalgia y una envidia. El grueso de su sabiduría en campos como la expresión plástica, dramatúrgica, poética y novelesca se ven reflejados en cada fotograma de una película que hipnotiza por el impacto de sus códigos plásticos, su onírica y tenebrosa puesta en escena, su énfasis emocional en el claroscuro y el ralentí secuencial, el vestuario y una escenografía poseída por la magia. Es necesario recordar la mítica entrada a la mansión de la bestia, con las paredes siendo poseídas por vertebraciones humanas que prenden los candelabros y los balancean de forma coreografiada o el viento que impacta sobre las cortinas del pasillo tomado por una bella ralentizada en su carrera.
Jean Marais & Josette Day
Claramente se puede observar el exquisito carácter de continuidad poética que desprende el relato, ya que todos los compases narrativos (la primera aparición de la bestia ante bella, la petición de matrimonio, la muerte de la bestia, etc.) propician no solo un clima misterioso y profundo sino también una plasticidad con la que el celuloide parece disolverse en danza o poesía filmada. Desde el principio de la película se juega con el propio lenguaje cinematográfico rompiendo la ilusión de fantasía en los créditos iniciales, anunciados en una pizarra con un mensaje de su director aludiendo a la ingenuidad de los cuentos de hadas clásicos. Esa misma ruptura se mantiene en los fascinantes efectos especiales desarrollados durante la película, que funcionan como armonizadores de la historia aceptando lo mágico de su discurso (desde el maquillaje de la bestia o el de los actores que se ciñeron en estatuas vivientes de la sobrecogedora mansión hasta todo tipo de trucajes visuales, superposiciones y elevaciones o traslaciones antigravitatorias.
Jean Marais & Josette Day
Es, además, un cuento que puede asemejarse a la Cenicienta y, de forma inequívoca, fue la inspiración para la película homónima de dibujos animados que lanzaría la Disney.
Como curiosidades, cabe destacar que la película fue filmada en una campiña francesa de forma casi íntegra, tanto para la casa de Bella y su familia como para el castillo de Bestia. Cocteau, también como guionista, no solo adapta el cuento de Beaumont con tintes surrealistas sino también muy simbólicos y, sobre todo, psicoanalíticos. Y Jean Marais, protagonista que encarna a la Bestia, era por entonces, en 1946, considerado el hombre más guapo del mundo.
7
21 de octubre de 2012
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
De la recreación de este cuento universal me quedo con el monstruo, el verdadero protagonista y vehículo de la trama, mucho más que la bella, que está sujeta a una linealidad que a mi modo de ver le resta poder de seducción. La historia es un cuento de hadas que ya existía cuando nadie ni se imaginaba que podría haber algo en el futuro que se llamara cine, de modo que como adaptación ya me resulta lo suficientemente interesante, eso sí, todos podemos estar de acuerdo en que el encanto de la narración le pertenece en exclusiva a la literatura, al imaginario oral o a lo que ustedes quieran.

El francés Cocteau realiza en 1946, cuando la palabra digital no existía, una obra llena de sugestión, con los malos bien definidos a un lado y los buenos al otro. A su versión del cuento le falta una descripción más explícita de la relación, primero inexistente, entre la bella y el monstruo, y luego de absoluto e innegable amor. El tramo que va de la ignorancia al sincero abrazo de la enamorada no es poco y le falta definición. A parte queda la introducción de unas hermanas demasiado malignas, tanto que caen en la cursilería, y eso es algo que, lo confesaré, puede parecer negativo y no tiene por qué serlo. La idea es presentar un cuento y Cocteau sale airoso, por la fascinación de un monstruo peludo, por los candelabros y una estética única, porque en estos cuentos no hay sorpresas y los buenos siempre ganan y los malos pierden... y porque todos hemos sido niños y las buenas intenciones del contenido la hacen mucho más apreciable.
8
11 de abril de 2014
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
No sé si esta película se puede ver en HD de alguna manera, porque yo la vi en una calidad regular y me gustaría verla con todo lujo de detalles. Esta película me ha sorprendido porque rebosa buen gusto por los cuatro costados, está claro en qué se inspiró Disney para hacer su versión. A nivel narrativo las sorpresas son escasas, sigue fielmente el cuento original. Los personajes tienen un comportamiento adulto, saben lo que les gusta y lo que no y van a lo que van. Les gusta lo bello, lo hermoso, lo sexualmente atractivo. De hecho esta película, pese a ser un cuento infantil, te hace pensar mucho en el sexo: una hermosa joven atrapada en un castillo con un aristócrata feo.. estás pensando que en cualquier momento la Bestia se va a hartar de agasajar a la superficial Bella y le va a exigir algo más que intercambiar unas palabras durante la cena.

Lo que llama mucho la atención es lo cuidados que están todos los detalles. Bella aparece siempre como una mujer hermosísima, con unos vestidos y una luz sobre ella que parece de mentira. La Bestia lleva un maquillaje y un vestuario que me sorprende de lo logrado que está, es feo y muy muy rico, y su cara no pierde expresividad bajo tanto pelo, para mí sin duda el personaje más interesante, realmente una llega a enamorarse de la Bestia. El castillo es de quitar el aliento, con esa estética barroca, esos claroscuros, esos objetos mitad hombre mitad materia.. cuando la acción te transporta a otro decorado, estás deseando que vuelvan al castillo. Yo me pregunto, ¿el estilo y la clase que destila la película es porque está hecha por franceses?¿Cómo se puede coger un cuento popular y llevarlo a la pantalla haciendo una especie de cuadro estudiado, de estética perfecta? No sé, quiero pensar que es el buen gusto de los franceses porque si no, no me lo explico. Resumiendo, que es una lección de estilo y savoir faire.
4
9 de marzo de 2017
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bestia es animalidad reprimida, humanidad latente.
Bella es pureza, que colma y calma el alma atormentada.

Sólo me emociona algún verso suelto del poema de Cocteau.
8
17 de julio de 2015 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
113/04(09/07/15) Notable versión gala del clásico cuento de fantasía homónimo escrito por Jeanne-Marie Leprince de Beaumont (1757), dirigida con pulso lírico-sensorial por el polifacético artista Jean Cocteau, poeta, pintor, escultor, escritor, dramaturgo y de vez en cuando director de cine. Su primera película fue “Sangre de poeta”, obra surrealista de 1930, coetánea de “La Edad de oro” de Salvador Dalí y Buñuel, las dos producidas por el vizconde de Noailles. Esta es una cinta imbuida desde su etéreo inicio, Cocteau hablando a cámara hablándonos de la inocencia de los niños y como pide todos mientras veamos el film estemos bañados de esta ingenuidad para disfrutar de la narración visual. El popular cuento el director lo utiliza con libertad para desplegar un mundo de enorme creatividad estética, reflejado sobremanera en el castillo y jardines de Bestia, todo un alarde de imaginación puesta al servicio del relato, construyendo tomas de una belleza excelsa, cuadros en movimiento de tremendo magnetismo, emitiendo por momentos una formidable magia, cautivando con su ambientación de fábula romántica que toca la fibra sensible.
Jean Marais & Josette Day
Un mercader (Marcel André) tiene cuatro hijos, Ludovico (Michel Auclair), Adelaida (Nane Germon), Felicia (Mila Parély), estas unas egoístas arrogantes, y Bella (Josette Day), una dulce y hermosa joven pretendida por Avenant (Jean Marais), un rudo tipo, viven desahogadamente hasta que les llega la ruina por un mal negocio. Tras un viaje el mercader a la vuelta se pierde por el mal tiempo por un bosque, yendo a parar a un misterioso y solitario castillo, donde se refugia, cuando se calma el clima el mercader se marcha, pero en el jardín ve una rosa, justo lo que le había pedido su hija Belle, la corta y aparece de improviso el amo del lugar, Bestia, que considera este el peor de los crímenes, condenando al hombre a la pena de muerte, el hombre pide lo deje ir a despedirse de su familia antes, prometiendo que volverá, Bestia accede, el mercader cuando llega a su casa se pone enfermo y Belle decide por su cuenta ir al castillo de Bestia en su lugar, este queda prendado de la belleza de ella.
Cocteau consigue edificar un halo de hechizo al metraje, lo reviste todo de un aire cuasi-onírico, todo revestido de una atmósfera de ensoñación, en una poderosa combinación de realidad y fantasía, gracias a un exacerbado uso de recursos como la dirección artística, los trajes, el maquillaje, o la música, con un místico halo de misterio, trasladándonos una sensación de ser unos niños pasando las páginas de un cuento, donde nuestra mente compone el movimiento de las viñetas, donde nuestra candidez era fascinante, esa nunca recuperaremos. Cinta perturbadora que en varios tramos hipnotiza por su vibrante puesta en escena, con escenas donde en miscelánea deliciosa se funden la danza, la poesía y el goticismo visual. Este clima de cuento de hadas es hábilmente contrastado con el escenario de la casa rural de la familia de Belle, contrapunto de este idealizado submundo en el que habitan lacras de la Condición Humana, la envidia, el egoísmo, la soberbia, el orgullo, los prejuicios, la codicia o el snobismo.

La historia habla de sobre todo de las falsas apariencias, de los denostables prejuicios, de la importancia de la personalidad sobre el físico, del triunfo del amor puro por encima de barreras impostadas por el costumbrismo, resaltando la profunda belleza interior sobre la superficial exterior, de nuestra necesidad primaria de ser amados, de nuestra necesidad de superar nuestros demonios internos.

La puesta en escena resulta sibarita en su recreación onírica, exaltándose en el castillo y jardines de Bestia, gracias al gran diseño de producción de Christian Bérard (“Los padres terribles”) y Lucien Carré (“Los Miserables”), ayudados en los lindos y barrocos decorados por René Moulaert, creando un interior de mansión envuelta en el expresionismo mágico, con visillos que bailan al son del viento, brazos vivos que emergen de las paredes sosteniendo candelabros con velas encendidas, estatuas que realizan muecas emocionales, otras que lanzan flechas (lo de elementos cuasi-vivientes tomado de “La Chatte Blanche” de Marie-Catherine d'Aulnoy , publicado en Les Contes des Fees , en París 1697-1698, en que los funcionarios, mágicamente reducidos a sus brazos y manos, todavía deben realizar tareas como criados), , espejos mágicos, puertas que se abren y cierran solas, un bosque cerrado de vegetación, un romántico jardín, esto sumado a un fastuoso vestuario creado por Antonio castillo (“Nicolás & Alejandra”) y Marcel Scoffier (“Senso”), con un fenomenal maquillaje de Hagop Arakelian (“Los niños terribles”), sobresaliendo en la faz de Bestia, aún siendo muy imaginativo deja espacio para que el actor pueda actuar gestualmente, todos estos elementos realzados por la espléndida fotografía en glorioso b/n de Henri Alekan (“Vacaciones en Roma”), jugando con las penumbras, la iluminación, los claroscuros, las sombras, con efluvios cuasi-etéreos, todos estos elementos para recrear una visión gótica del cuento que bebe de las ilustraciones del artista galo del SXIX Gustav Dore, todo adornado por la deliciosa música de Georges Auric (“El salario del miedo”), que refuerza el halo mágico que sobrevuela por todo el film.

Josette Day realiza una buena interpretación, con una adorable belleza sabiendo transmitir su arco de desarrollo con Bestia, queda una sentida Belle. Jean marais como bestia deja traslucir una gran gama de sentimientos tras su espeso maquillaje, deja traslucir tormento, hastío, ilusión, frustración y al final amor, amor puro, luego está el actor en su otro rol de villano, el de Avenant, se muestra sibilino, sutil, y al final codicioso, cumple sin más, destacar que el actor era amante del realizador Jean Cocteau. Michel Auclair realiza una buena actuación como el padre emitiendo su amargura por la situación.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Momentos para el recuerdo: La enigmática llegada del mercader al castillo de Bestia, turbadora; La impactante primera aparición de bestia; La escalofriante llegada de Belle, entra deslizándose por los góticos pasillos del castillo; El primer chocante encuentro de Belle con Bestia; Cuando bestia lleva a Belle desmayada a su habitación, de una gran dulzura; El siniestro momento en que vemos la vena primaria de Bestia bebiendo de un arroyo cual animal; El clímax final, llegando al jardín Belle y ver a Bestia a punto de morir, entonces parece fenecer, pero el amor de Belle le hace revivir, mientras Avenant ha llegado al lugar con la intención de robar el tesoro de Bestia, una de las estatuas, la que tiene forma de la Diosa Diana, porta un arco con el que le dispara una flecha, cae fallecido al suelo, y su rostro en el jardín mágico se transforma en su personalidad interior, en la faz de Bestia, al tiempo Bestia revive y su cara se convierte en la del bello Avenant, su belleza interior, muy romántico, algunos lo tildaran de cursi, yo no. Aunque no entiendo por qué toma el rostro de Avenant, me chirría.
Jean Marais & Josette Day
Diferencias con el cuento original: En el original Bella tiene tres hermanos varones, en el film uno; En el original Bella y su familia al caer en la ruina se ven obligados a trasladarse a una residencia rural, en el film siempre están viviendo en esta vivienda en el campo; En el original no existe el personaje de Avenant, especie de villano contra-punto a Bestia, bello por fuero, feo por dentro, lo contrario que Bestia, de este arquetipo se copió la versión Disney; En el original Belle tiene sueños con un príncipe encerrado en el castillo, ella lo busca por el día creyendo está preso, esta trama no aparece en el film; En el film existen elementos cuasi-vivientes, brazos con candelabros o estatuas semi-vivientes, esto no ocurre en el original, este fue otro elemento tomado por la versión Disney; En el original las hermanas se convierten en estatuas como castigo por lo mal que se han portado con Belle, en el film esto no aparece.

Queda una notable versión del famoso cuento francés, revestida de un halo gótico fascinante. Fuerza y honor!!!
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