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Calles de fuego

Acción. Thriller. Drama. Romance. Musical En medio de un panorama de desenfreno y rocanrol, la banda de los Moteros terroristas, capitaneada por el vicioso Raven Shaddock (Willem Dafoe), secuestra a la diva de la canción Ellen Aim (Diane Lane). Su única esperanza es ser rescatada por unos héroes atípicos: el cazafortunas Tom Cody (Michael Paré) y su ayudante McCoy (Amy Madigan). Ambos, ayudados por el mánager de Ellen (Rick Moranis), se adentran en un mundo de coches calientes ... [+]
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Críticas 43
Críticas ordenadas por utilidad
30 de mayo de 2008
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin lugar a dudas un clásico de los 80's que deja un buen sabor de boca (y oidos) por su música y la sensual interpretación de las canciones por Diane Leane. Colores obscuros con toques en tonos pastel que le da un tinte "rockanrolero", escenarios góticos y MUCHO FUEGO EN LAS CALLES!!!!!!!
Pelufo
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3 de febrero de 2007
8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para disfrutar esta película hay que dejarse llevar por la personalidad y el magnestismo de Paré y Lane, la cuidada estética y la alucinante música porque la historia cabe en dos hojas como máximo.

Imagino que se trata del típico film que hay que ver en su momento (en el 84 sería la leche) y en pantalla grande, ya que en la tele pierde bastante.

Para pasar un buen rato sin comerse la cabeza.
HAROLDYMAUDE
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28 de diciembre de 2017
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
En otro tiempo, donde los hombres duros aún rescatan a las damas por amor.
En otro lugar, donde las ruedas queman el asfalto y la ley se vuela a escopetazos.
En ninguna parte, en ninguna época.

Bulle una fiebre de la estilización en el cine norteamericano a mitad de aquellos años '80, parece que todo tiene que tener su lado épicamente aventuresco, grandiosamente romántico y visualmente atractivo; vista hoy día "Calles de Fuego" se postula como el epítome de esta creencia. Lo extraño es que su artífice no es otro que Walter Hill, el cineasta de la trayectoria convulsa, que pasa de un tremendo fracaso a un gran éxito sin pestañear; en ese entonces vivía lo segundo gracias a "48 h.", creyendo que iba a tener poder para hacer lo que quisiera. Pero Paramount estaba a sus pies.
Su sueño despierta: una aventura definitiva con la que satisfacer su espíritu juvenil, y lo que crea junto a Larry Gross es esencialmente eso. Como él admitió que quería: "Luces de neón, persecuciones, hombres de honor, besos bajo la lluvia y estrellas de "rock" "...pero las influencias de la época hicieron el resto y su colaborador admitió que "todo se volvió más extraño de lo que escribimos". "Calles de Fuego" es así una fábula "en ningún lugar, en ninguna epoca", y su locura visceral fuera de normas no se razona, se vive, igual que se vivió durante su difícil rodaje con cientos de extras, problemas climáticos, grandes mudanzas a diferentes sets y relaciones turbulentas entre el equipo y los actores.

Sólo con los primeros minutos ya podemos afirmar que la película hace honor a su título. Hill decía que no se manejaba nada bien filmando musicales, pero las actuaciones presentadas pasan perfectamente por los elaborados y coloridos vídeos de MTV de la época; la trama se arma en un instante: Diane Lane, con 19 años y recién salida de un grupo de "glam rock", es la princesa del cuento secuestrada por los ogros, en este caso unos moteros de poca monta liderados por el Willem Dafoe más repelente que puedan imaginar, y la presencia del héroe se requiere a toda costa. Y se acabó...
Rezumando esta mezcolanza anacrónica una testosterona a kilotones en un guión lleno de agujeros y frases vergonzosas, "Calles de Fuego" posee los trazos de un cómic de Dark Horse donde Michael Paré, con los cojones como ruedas de camión (en su entrada triunfal en la ciudad anónima le da una bofetada a un delincuente subnormal, le quita la navaja con la que amenazaba a su hermana, camarera de una cafetería, se la devuelve y le espeta "Inténtalo de nuevo"), hace las veces del cowboy que salvaba a los personajes de "Raíces Profundas" pero portando el estoicismo del agente de la Continental de las novelas negras de Hammett o del Sam Spade de Bogart.

Cómo no el rescate, pagado por el novio de la chica (Rick Moranis irritante "ad infinitum" tanto como lo fue en el rodaje; de hecho Paré casi le cruza la cara en varias ocasiones), requiere a un compañero, y para librarse de la etiqueta de misógino el director convierte al ex-soldado que había imaginado en una mujer de armas tomar (Amy Madigan, de lo mejor del film, y demostrándonos que aquí hasta ellas tienen cojones). La cruzada será sólo otra versión de "Rescate en New York" en un escenario cuya estética desafía la lógica y la incredulidad de los ojos del espectador.
Inconscientemente una versión U.S.A. de la desquiciada "Burst City" de Sogo Ishii (con la que se comparte mucho en común sin Hill saberlo todavía), conscientemente una extensión del universo de "The Warriors"; la diferencia es que, aun copiando su estructura, a ésta la impregnaba la aspereza del realismo callejero tan propio de los '70, siendo revestida de un ligero artificio que la hacía ganar un halo de recóndito misterio y un toque de historia épica. "Calles de Fuego" (cómo mola el título, ¿verdad?) hereda sólo el artificio, pero no el crudo realismo; la emoción y el argumento se sitúan en el absurdo del cómic, y pedir más que entretenimiento también lo es...

Pero eso sí lo asegura el de California. Siempre lo hizo. Su cine se basa en la sencillez de una trama cimentada con la acción de sus personajes, que sienten en niveles bastante primarios: late un amor trágico entre el héroe Cody y la princesa Ellen, pero ese amor no evoluciona ni cambia porque él no lo hace (porque no es necesario); hay un fuerte lazo de amistad entre Cody y McCoy, pero tampoco cruza esta barrera y es la lealtad (masculina, así está definido el personaje de Madigan) y la procedencia militar la que los une; y el villano, Raven, podría gozar de una profundización mucho mayor, pero se queda en la estrafalaria y siniestra caricatura.
En realidad todos son caricaturas, corriendo, luchando y soltando frases ridículas en las calles de esta Sin City ochentera que pide a gritos, y nos lo dará, un duelo mítico entre dicho héroe y dicho villano, sin apelar tanto a la violencia como al principio se pensaba, incluso hay muy poca violencia y sangre teniendo en cuenta quién está tras la cámara. Aun así un ritmo trepidante hace buena pareja con una banda sonora de infarto, un cúmulo de buenos efectos especiales y esa imposible imaginería distópica/motera/callejera/cincuentera/ochentera/nostálgica que tanto ha gustado por igual a los que vivieron y no vivieron la época.

Pero no fue fácil para Hill ni para nadie; el tipo transigía poco con sus modales de cowboy huraño de Hollywood, y un reparto en su mayoría joven era lo menos adecuado para estar bajo sus órdenes. La experiencia en el rodaje fue igual que la película: abrumadora, excitante, extraña y confusa. Por desgracia todos creyeron que batiría récords de taquilla...y no.
Tal vez en Paramount lo vaticinaron y por eso le vendieron el guión a Universal, que fracasó e hizo a Hill abandonar la idea de una trilogía; hoy, no obstante, es un adorado tesoro de culto, igual que "Tron", "Blade Runner", "Los Inmortales" u otra obra que supiera definir tan bien los '80 pero manteniéndose mágicamente atemporal...
Chris Jiménez
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2 de enero de 2015
7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este film de Walter Hill no es precisamente un peliculón ni mucho menos, pero tiene algunas características que hacen que me guste lo suficiente para darle el aprobado.
Su premisa es relativamente extraña, pues mezcla muchos conceptos de una forma que resulta muy poco creíble.
Si la observamos bien, parece un refrito entre película del Oeste, musical, y acción post-apocalíptica tipo "Mad Max". Todo ello ambientado en los años ochenta del siglo XX, aunque al comienzo de la historia nos dicen que es "Otro tiempo, otro lugar" (esto suena a la saga galáctica de Lucas, pero bueno).
Hay que reconocer que no ha envejecido bien. Pertenece a una época que ya ha quedado un poco atrás. En su momento, las pandas de moteros imponían más miedo que ahora (que son admirados y respetados como una tribu urbana más, no teniendo por qué ser delincuentes).
El hecho de que estos moteros encabezados por Willem Dafoe (con menos arrugas que hoy en día, pero igual de feo) secuestren a una estrella del rock en pleno concierto, y que la policía no intervenga en absoluto, nos muestra el delirio de guion que Hill nos quiere vender.
A la hora de la verdad, tiene bastante menos acción de lo que podría parecer, y cuando hay, se resuelve deprisa y mal. Está más centrada en su estética, mostrar el ambiente de vida nocturna en la ciudad y sobre todo en la música.
En eso sí que "Calles de fuego" logra destacar. Las canciones son muy buenas, con un estilo innegable de los ochenta. Los temas que canta Diane Lane (o la cantante que le doble si la hay) están bastante bien y tienen toda la esencia de Bonnie Tyler y otras artistas del momento. Una cosa que me ha gustado mucho es que aunque la película tenga claramente una vocación musical, en el fondo no lo es. Todas las piezas suenan como actuaciones en directo, y no de fondo ni porque los protagonistas se pongan directamente a cantar en las escenas (cosa a la que le tengo mucha tirria).
Es entretenida sin ser demasiado buena. Refleja perfectamente su época, en la forma de vestir, la ambientación y la música. Esto siempre le gustará a los que nos criamos en ese momento. A los más jóvenes quizás les pueda parecer muy floja e incluso aburrida.
Por cierto, ¿se puede ser más chulo que el protagonista? ¿o vestir peor que Rick Moranis?
i42poloj
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10 de abril de 2012
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
El Grease para hombres, donde los moteros luchan contra el guaperas de turno por la conquista de una chica entre canciones mezcla de rock y rock duro puramente ochentero. Y es que no hace falta ni nacer en los ochenta para darse cuenta de que Calles de Fuego es una película muy representativa de aquella época.

Incluso Rick Moranis no desentona en un reparto lleno de sorpresas, con un genial Willem Dafoe como antagonista o un simpático Bill Paxton en su eterna lucha por hacerse notar en la interpretación. Michael Paré no va más allá del típico guaperas, y aunque su personaje es algo más profundo de lo que cabía esperar en un principio su interpretación lo convierte en un héroe más.

Walter Hill nos vende una buena película que podría haber sido mejor si no fuera porque el nudo es bastante mediocre y clásico, lleno de topicazos. Merece la pena por los dos asaltos, el primero contra los moteros y el segundo, con una inmensa pelea entre Michael Paré y Willem Dafoe. El principio es gigantesco, con ese concierto bastante bien llevado y ese Willem Dafoe saliendo de las sombras, de lo mejor que se ha hecho en una película de estas características. El final, un anto agridulce, juega a su favor por no ser tan predecible y no darnos nuevamente una típica historia de chico duro conquista a chica guapa.

Una buena película que podía haber sido mucho más. Los momentos trascendentales son fenomenales, pero todo lo demás es un relleno que ya hemos probado demasiadas veces.
NeoJ
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