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Críticas de Christian Jiménez
Ordenadas por:
1.204 críticas
10
8 de mayo de 2017
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si no fuera por "Blade Runner" podríamos hablar fácilmente de la obra maestra de Ridley Scott. Y es que no es para menos.
"Alien" marcó una época, se destapó como todo un logro en el momento de su realización y fue una obra clave para el cine de ciencia-ficción y terror, imitada, plagiada y copiada multitud de veces y aún hoy día sigue invicta, quedando como una de una de las mejores películas de la Historia del cine.

Es su modo sobrenatural que tiene de atrapar al espectador y ahogarle en una atmósfera angustiosa, opresiva y de puro terror. Porque, a pesar de que algunos se quejan de su tan marcada ambientacion setentera (la vestimenta de Yaphet Kotto lo dice todo), consigue mantener en tensión, consigue agobiar cuando hay que hacerlo y pega sustos en el momento justo.
Scott no nos presentó el espacio como un lugar donde vuelan los lásers y hay combates vertiginosos de naves (en aquella época así se veía gracias a George Lucas), sino como un lugar silencioso, sombrío, fascinante y desagradable a la vez, tal como hiciera Kubrick 11 años antes con "2.001". Y es en ese lugar donde pueden surgir peligros súbitamente y desatar la peor pesadilla del ser humano, el ser acechado por lo desconocido. Ese es el terror que se baraja en este film: el terror ancestral del hombre hacia lo que desconoce, hacia lo que amenaza su humanidad.

Ahí el director se desvela como un auténtico maestro del suspense. La acción no es rápida, el riesgo no se sucede a toda pastilla como una de Michael Bay, sino que tarda en llegar, como en toda buena película clásica de terror, vigilando a su presa entre las sombras pacientemente hasta que llegue el momento preciso de atacar. Así funciona esta primera entrega de "Alien", la mejor. Quizá hoy en día para muchos puede resultar aburrida y pesada y prefieran ver gilipolleces como "Alien vs. Predator" o esa chorrada que ahora va a estrenar Scott llamada "Alien Covenant", pero lo que pasa es que hay que saber verla como es debido. Para el verdadero amante de la ciencia-ficción es insuperable.
Además, no sólo el estilo de la película, los impresionantes efectos especiales y demás aspectos técnicos son dignos de nombrarse, sino también el genial reparto, los pasajeros de la inolvidable Nostromo. Todos deslumbran: Stanton, Skerrit, Hurt, Ian Holm (el personaje más interesante de todos, dicho sea de paso), la estrella de la "blaxploitation" Kotto y, por supuesto, una sublime Sigourney Weaver como esa Capitán Ripley, entre fría y dura y a la vez sensual y débil, uno de esos personajes míticos del cine por el que pronto sientes un cariño especial.

Scott, con ayuda de Dan O'Bannon, recogió influencias de varios sitios, directores y géneros (la "2.001" de Kubrick, "Vinieron de Dentro de..." de Cronenberg o el "Dark Star" de Carpenter son algunas) y dio vida a esta cruda, cautivadora y enigmática, a partes iguales, obra maestra.
Un pilar del género que aún se mantiene conservando su magnético halo de misterio como el primer día.

Imposible olvidar el instante en el que el bicho sale del estómago de John Hurt...apabullante.
Christian Jiménez
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10
13 de octubre de 2017
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Porque cuando surge Kenshiro de entre el polvo del desierto, como si de un golem se tratase, partiendo los rascacielos con las manos y atravesando con su cabeza los amasijos de hierro sin sufrir ningún rasguño...
¿se le podría dar otro adjetivo a esta película?

Allá por 1.983 el escritor Yoshiyuki Okamura y el ilustrador Tetsuo Hara crearon uno de los cómics más famosos de la industria, "Hokuto no Ken", donde se hallaba el héroe definitivo de la ficción nipona de los '80, Kenshiro, cuya legión de fans aún se mantiene. Mangas, series de televisión, películas, "live actions"...hay de todo de este serial, que desgraciadamente dejó de comercializarse en 1.988. Da lo mismo, su llama se mantiene viva generación tras generación.
Imaginad un mundo post-apocalíptico a lo "Mad Max" (el recurso más usado en la década), con personajes con poderes más increíbles que los de "Genma Wars" envueltos en una oscura mitología al estilo de la de "El Señor de los Anillos". Eso sería, a grandes rasgos, "Hokuto no Ken", aunque su leyenda va mucho más allá. La serie producida por la Toei Animation empezó a emitirse en 1.984 y dos años después ya caía una película llevada por el mismo reparto técnico y artístico. En ella se relataba, desordenando un tanto los hechos, la traición de Shin al prota y el duelo final entre éste y su déspota hermano Raoh, mientras que busca por todo el desierto a su amada Yuria, secuestrada por quien fue su mejor amigo.

Toyoo Ashida, director del anime, ofrecía un espectáculo de proporciones colosales, una aventura que desafiaba las leyes de la lógica y que a la vez se situaba en nuestra tierra, destruida por una guerra nuclear, donde sólo quedan los restos de lo que antaño fueron ciudades y no existe vegetación ni agua. Los hombres son gigantes hipermusculados de dos metros que cuando caminan destrozan el suelo con sus pies y únicamente necesitan de sus puños para cortar, mutilar y partir en cientos de pedazos a sus enemigos; todos luchan por el poder, todos son guerreros temibles, codiciosos, vengativos, pero sólo unos pocos poseen poderes extraordinarios, como los de nuestro querido Kenshiro, una especie de mesías de un mundo devastado.
Las mujeres no son más que esclavas o instrumentos de deseo (quizá esta obra no sea plato de gusto para las feministas...). El cuidado diseño de la película es grotesco y extremadamente violento, no recomendable para niños ni mucho menos: hay cabezas que explotan, dientes rotos, extremidades cercenadas, seres humanos que se convierten en un amasijo de huesos y sangre en cuestión de segundos...salvajismo puro y duro, aunque también tiene su punto de drama y optimismo, encarnado sobre todo en la figura de la tierna Lin, la niña de dones psíquicos que recupera el habla gracias a Kenshiro y que se convertirá por los avatares del destino en la salvadora de la Humanidad.

Por otra parte sobresale la gran banda sonora firmada por Katsuhisa Hattori, donde encontramos "Heart of Madness", aquel espectacular tema de la banda KODOMO que se nos hace inolvidable para todos los que lo escuchamos.
Muchos films y series de animación se influenciarían de "Hokuto no Ken", muchísimos, y sus personajes también serían nombrados en multitud de ellos (en "Gantz" ocurre, sin ir más lejos). Hoy por hoy hablamos, sin duda, de uno de los más grandes de la Historia.

Aquel "¡yatatatatatata!" de Kenshiro todavía resuena bien fuerte en las cabezas de muchos.
Christian Jiménez
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10
10 de mayo de 2018
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las 100 mejores novelas de todos los tiempos, así como uno de los más grandes dramas de la Historia del cine, es y seguirá siendo "Alguien Voló sobre el Nido del Cuco".
Análisis del comportamiento humano entre las paredes de un manicomio, esta historia trata de la humanidad, de la dignidad, de una felicidad y libertad capaz de alcanzarse pese a las dificultades y la manipulación de las emociones de la que muchos se sirven para ejercer su control.

Efectivamente, el control es lo único que ha tomado una posición de poder en el psiquiátrico al que ha sido enviado desde una penitenciaría Randle P. McMurphy, un individuo la mar de pintoresco y pendenciero acusado reiteradas veces por violación cuya libertad va a ver finalizada durante un tiempo para verse sometido a estudio, pues para todos es un loco, aunque él sólo lo esté fingiendo para no tener que dar clavo. Fuera brilla el Sol y las ardillas corretean sobre los árboles mientras la atmósfera del interior de la institución es asfixiante y el ambiente desolador, ya que nada escapa a la tiránica vigilancia de la enfermera jefe Ratched.
Ésta deja sometidos a los pacientes bajo el tono tajante y seco de su voz...con ellos quizá funcione, pero con el recién llegado va a ser tarea imposible, y desde el primer día comenzará una guerra declarada que tendrá trágicas consecuencias. Pero trágicas o no, McMurphy empleará todas sus fuerzas no sólo en intentar escapar, sino en devolver la dignidad y en demostrar el significado de ser feliz a los demás pacientes del lugar, entre los que se encuentran el nativo Bromden, que entablará una gran amistad con él, y Billy, un joven tartamudo con tendencias suicidas.

El contracultural Ken Kesey (pionero del movimiento "hippie", ahí es nada), se basó en sus propias experiencias con los internos del hospital de Menlo Park, donde servía de cobaya humana en el Proyecto MKULTRA, el cual estudiaba los efectos de multitud de estupefacientes en las personas, para su novela, escrita a finales de los '50 y puesta en venta a principios de los '60, década en la que la defensa de los derechos civiles y humanos se empezaba a poner a la orden del día (se nota que el libro pertenece a aquellos años de cambio y revolución).
No tardó en cosechar tanto éxito como controversia rápidamente, siendo prohibida y retirada en muchos institutos y universidades; bastó un año para que Kirk Douglas adquiriera los derechos y estrenara una obra de teatro interpretando al protagonista (Gene Wilder hacía de Billy), pero pasó mucho tiempo sin que nadie quisiera financiar un proyecto de largometraje, así que de esto se encargó el hijo de Kirk, Michael; éste, gracias al guionista Lawrence Hauben, descubrió al talentoso checoslovaco Milos Forman, que ya había debutado en Norteamérica con la aclamada "Juventud sin Esperanza" y que acabó ocupando el puesto de director.

Lo que distingue al cine de Forman es su enfoque sobre el aspecto humano, y ello remite a su talento y habilidad que posee para retratar el carácter de sus personajes y para lograr que nos sintamos identificados con ellos (un buen ejemplo son "Amadeus" o "Man on the Moon"); uno, ciertamente, les comprende, aunque se trate de enfermos mentales que prefieran ser observados desde el punto de vista objetivo del espectador, incluso a McMurphy, que es un pobre desgraciado acusado de violación. El director consigue que también nos veamos asfixiados y atrapados, al igual que los pacientes del psiquiátrico, casi sintiendo la imperturbable mirada de la enfermera Ratched en nuestra nuca.
Y es que los métodos que se usaban (bueno, y que se siguen usando) en las instituciones mentales encuentran aquí una crítica de lo más demoledora y violenta. Pero, aún con estos impedimentos, aunque adivinemos el aciago destino de los protagonistas, que no es otro que el de pudrirse entre esas cuatro paredes sin nadie que sienta piedad por ellos, "Alguien Voló sobre el Nido del Cuco" se convierte, gracias al alocado y vivaracho Randle McMurphy, perfecta personificación del libre albedrío, en una suerte de canto a la libertad, a la vida, promoviéndose la búsqueda de la felicidad, la defensa de la dignidad humana y la del individualismo por encima de la incomprensión y la mofa general y de la manipulación de aquellos que están por encima ejerciendo su control sin pizca de ética ni compasión.

En una de sus interpretaciones más legendarias, Jack Nicholson se pone al límite de su capacidad como actor y demuestra que puede hacernos tanto reír (con esos espontáneos estallidos de euforia que le salen) como llorar. Una gran Louise Flecther se transforma a las mil maravillas en la odiosa y repugnante Ratched, seguida de un buen puñado de conocidos actores también fantásticos, como Christopher Lloyd, Danny DeVito, Scatman Crothers (que se cruzaría con Nicholson cinco años después en "El Resplandor") y un jovencillo Brad Dourif. Al Dr. Spivey lo encarna Dean Brooks, el verdadero director del hospital donde rodó el director.
A la vez divertida y descorazonadora, optimista y trágica; la obra de Forman, adornada con la genial banda sonora de Jack Nitzsche y un final del todo inolvidable, descansa entre las mejores de la Historia del cine, lo que quedó demostrado por la gran acogida del público y la crítica, a la que siguieron cinco Oscar y seis Globos de Oro bien merecidos.
Christian Jiménez
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10
11 de enero de 2018
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ocasionalmente, el cine sirve de portal misterioso para llevarte a un universo de imposible lógica en el que toda fantasía puede ser realizada.
El cine de animación también, por supuesto, y como amante de éste tengo que decir que pocas veces he sentido una sensación parecida como la que experimenté con "El Huevo del Ángel".

Esa extraña sensación que tienes al creer que has sido transportado a otra dimensión, eso me sucedió. Allí es precisamente donde parece estar viviendo la niña de la historia, en otra dimensión, indescriptible a todos los efectos. Una niña que recorre las oscuras y frías calles de una ciudad aparentemente destruida por una catástrofe, entre anclada en un pasado victoriano y un futuro post-apocalíptico donde no cesa la lluvia, dedicándose a recolectar botellas llenas de agua y llevarlas al derruido edificio en el que habita en soledad y, lo más importante, a proteger un huevo con gran cariño y dedicación.
Digamos que su existencia pasa apaciblemente hasta que se presenta ante ella un misterioso hombre que porta una especie de bastón con forma de cruz; cada uno desconoce del otro su nombre, su pasado, su cometido y prácticamente no cruzan palabra, aunque él la sigue a todas partes como su protector, sobre todo porque le asalta una pregunta constante: ¿qué es lo que hay dentro del huevo?

Habían pasado ya casi diez años desde que el sr. Mamoru Oshii se introdujo en la industria del anime y el manga, escribiendo para la Tatsunoko Productions y comenzando como director eventual de animes como "Yatterman" o "Gatchaman", forjándose una reputación y dando el salto con "Urusei Yatsura", que realizó como director principal y desembocando en largometraje, dándole la oportunidad de dirigir su primera película de animación, con la que ya empezaría a mostrar su personal estilo. Tras crear el exitoso OVA "Dallos" decidió mudarse a los estudios Deen y embarcarse en un proyecto más trascendente para él.
En su juventud, aparte de venerar a Stanley Kubrick (hay influencias de "2.001" aquí), Oshii se convirtió en amante del cine europeo, sobre todo del surrealismo, viéndose marcado por Fellini, Tarkovsky o Bergman, cosa que se nota en sus trabajos, aunque la obra que realmente le inspiró fue aquel mediometraje francés de Chris Marker, "La Jetée" (base para la muy posterior "12 Monos"). Todas estas influencias y las ganas de concebir un OVA experimental y artístico se combinaron con la grave crisis de fe que estaba viviendo, pues era cristiano de religión.

Intentar buscar respuestas en "El Huevo del Ángel" es una tarea, cuanto menos, imposible. Lo único que hace Oshii es ponernos delante el escenario y dos personajes, el del hombre y la niña, quienes interactúan de una manera muy peculiar: reflexionando y haciéndose preguntas, constantemente (lo primero que dice la niña es "¿quién eres?"). Es la tónica del film, dejar cuestiones sin responder, mientras que el director hace alusiones importantes a la Biblia y a la religión desplegando un precioso, caótico y sombrío imaginario que cautiva a la vez que estremece, gracias a un diseño de animación detallista y una banda sonora casi mística.
Aunque hay puntos que sí se pueden intuir (la representación de Dios en ese gran ojo mecánico compuesto por estatuas humanas, la creencia de que el recién llegado sea un soldado de Dios (el bastón es una pista) o de que esa ciudad sumida en la oscuridad y la permanente lluvia, donde los hombres viven de falsas ilusiones y recuerdos marchitos (ven peces, pero no hay peces, porque ya no hay animales en la Tierra), haya sido condenada por el Gran Diluvio), sólo podríamos teorizar, ya que el camino a la verdad se encuentra totalmente difuminado por el empeño de Oshii, quien nos deja símbolos, metáforas, sensaciones y palabras, palabras de recónditos significados que, más que esclarecer, desconciertan.

¿De dónde viene el tipo que posteriormente se encontrará con la niña?, ¿los dos se conocen?, ¿la castiga por adorar a un falso ídolo, ese "pájaro" que en realidad es un ángel?, ¿en ella se halla la esencia misma de un ángel, o se pretende personificar en ella a la Virgen?, tal vez el hombre rompe el huevo para provocar que el espíritu salga del pálido y débil cuerpo de la niña, ¿y por qué el mundo donde suceden estos hechos tiene esa forma?...puede ser el Arca vista desde abajo. El caso es que ni el director nos lo va a decir ni lo vamos a averiguar así porque sí.
"El Huevo del Ángel" no es un rompecabezas para ser resuelto, es sobre todo una experiencia artística e hipersensorial con la cual el director trabaja para imbuirnos de cierto estado de receptividad, logrando simultáneamente que perdamos pie y encontremos una nueva relación con flujos de percepción excesivamente sutiles. Habitar el mundo creado por el nipón no es sencillo, sin embargo, y aun ausente de explicación, es un placer para los sentidos caminar en la oscuridad de las calles y entre los edificios de piedra junto a esa muchacha que llena vasijas con agua y custodia con ahínco su huevo y ese misterioso hombre que la sigue, entre amable y amenazante, dispuesto a cambiar su destino con un gesto que se desvelará tan atroz como significativo.

Fácilmente podemos hablar de la obra maestra de Mamoru Oshii. Solemos relacionar la animación japonesa de los '80 con cyborgs, ultra-violencia, rayos láser, sexo, monstruos y demás, craso error...
hay mucho más en esta década por descubrir.
Christian Jiménez
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5
13 de octubre de 2017
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Preparaos, porque estamos ante uno de los títulos más recordados de los '80 dentro de la ciencia-ficción cutre y descarada de factoría italiana.
El veterano Enzo G. Castellari nos trae una aventura de lo más legendaria a través de las ruinosas calles de una futurista Bronx que hará las delicias para los fans del "exploitation" y la serie "B": "1.990: Los Guerreros del Bronx".

Fue la primera de una trilogía donde el director dedicó a explotar el cine que tan de moda estaba en la época, la ficción post-apocalíptica, siguiendo con "Fuga del Bronx" y "Los Nuevos Bárbaros".
En realidad la idea vino del productor Fabrizio de Angelis, a quien de camino a su hotel de Manhattan, se le escapó el metro y tuvo que pasar la noche en el Bronx. Idea que convirtió en historia Dardano Sacchetti (este hombre está en todas partes, coño) y en guión junto a su esposa Elisa y el señor Castellari, quien venía de dirigir "El Último Tiburón". El resultado fue una combinación la mar de cutre y molona de la reciente "1.997: Rescate en New York" de Carpenter, "The Warriors" de Walter Hill, el "Mad Max" de George Miller y con cosillas de aquel film de acción que dirigió James Glickenhaus, "El Exterminador", que básicamente se centraba en la huida de Anne, una chica rica de Manhattan que acaba aventurándose en las peligrosas calles del Bronx, enamorándose del protagonista de la película, Trash, joven líder de una banda de moteros que parece sacado de uno de esos grupos de "thrash metal" de los '80, y armando un lío de aúpa.

Menudo espectáculo se monta Castellari, aunque la historia no es que sea un prodigio. Todo un reflejo de lo que era la época, claro. Al hombre le sabía a poco la sugerencia de Fabrizio de Angelis de que todas las tribus que pululaban por allí, y a las que se tenía que enfrentar Trash para rescatar a la chavala, fueran sólo moteros. Así que, para darle color y exotismo a la cosa puso de por medio a esos tipos que van como jugadores de hockey, a unos papanatas con los ojos pintados como los KISS y vistiendo como bailarines de salón, con trajes plateados y relucientes, a otros que van como salvajes y a los reyes del Bronx, lidiados por Ogre, los más ricachones del lugar, entre pijos y de aspecto retro. Vamos, una pandilla de agárrate y no te menees.
Es lo que más llama la atención, el cómo con cuatro perras mal contadas Castellari consigue dar al film ese aspecto tan chulo, tan vistoso y mostrando ya algunos alucinantes "truquitos" que irían saliendo en sus posteriores películas, como lo de las botas que sacan púas de hierro o los cuchillos que salen por el bajo de las motos. Pero lo que pretende con "Los Guerreros del Bronx" es divertir al personal con ese desparpajo y gracejo que sólo el sabe impregnar a sus obras, aunque le añada ciertas dosis de emotividad y un tono épico y grandilocuente a la cosa. Y para demostrárnoslo hasta mete en el ajo a unos tipos que van a caballo y lucen como los policías de "Mad Max", llevando lanzallamas y metralletas. Lo dicho...un cachondeo de proporciones mayúsculas.

Los protagonistas no tienen nada especial. Son copias de otros personajes diciendo unas frases que ni ellos mismos se creen, sobre todo Marco DiGregorio, que da vida al valeroso Trash, un plagio a la italiana del Swan de "The Warriors". Los mejores está claro que son Vic Morrow, como el malísimo de Hammer, y el siempre hipnótico Fred Williamson, que va con las mismas pintas que llevaba en sus películas "blaxploitation" de los '70. Aunque no hay que perder detalle de esa rubia en plan sadomasoquista con garras de acero en los nudillos que interpreta Elisabetta Dessy o al líder de los jugadores de hockey esos que encarna George Eastman, que va como un personaje del "Mortal Kombat".
Atentos al plantel, que tiene tela...

Disparatada, llena de acción, ultraviolencia, testosterona a porrillo y caradura para decir basta. Una película que, según mi padre, hizo estragos entre los chavales de la época, que cada vez que podían se metían en uno de los cines de su barrio para verla.
Sí, puede ser muy cutre, muy estúpida, pero es una puta pasada. Y sólo podría ser de los '80.
Christian Jiménez
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