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El buscavidas

Drama Eddie Felson (Newman) es un joven arrogante y amoral que frecuenta con éxito las salas de billar. Decidido a ser proclamado el mejor, busca al Gordo de Minnesota (Gleason), un legendario campeón de billar. Cuando, por fin, consigue enfrentarse con él, su falta de seguridad le hace fracasar. El amor de una solitaria mujer (Laurie) podría ayudarlo a abandonar esa clase de vida, pero Eddie no descansará hasta vencer al campeón sin ... [+]
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Críticas 127
Críticas ordenadas por utilidad
25 de noviembre de 2008
16 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Escribir algo original sobre El Buscavidas es imposible. La página en blanco del procesador de textos parece más blanca si cabe. ¿Que les digo? ¿Que la he visto 3 veces y cada vez me gusta más? Esto es como esas patatas chips del anuncio. No se puede comer (ver) solo una. Voy más lejos, debería ser obligatorio verla y además repetir cada cierto tiempo. ¿Piensan que exagero? ¿De verdad la han visto?.

En ocasiones he comentado que los Oscars no siempre responden a intereses puramente cinematográficos. A veces se nota una cierta zona oscura en cuanto a las razones de su concesión. Por ello no siempre hay que tomarlos como indicador de la calidad de una película. En este caso, los premios conseguidos no se corresponden con los méritos argumentados. Verdad absoluta que la fotografía es de un blanco y negro majestuoso. Verdad incontestable que los actores están dirigidos de forma magistral. Con tanta calidad no debió ser difícil, Pero...

La música es tan adecuada que me atrevería a decir que es la única posible.
Pipper Laurie no sé cuantas películas protagonizaría pero esta vale por todas. George C. Scott me hizo hasta olvidar su papel en Teléfono Rojo volamos hacia Moscú, donde se salía literalmente. Jackie Gleason siempre será, por secula seculorum, el Gordo de Minnesota y en cuanto a Newman ¿qué decir que no se haya dicho? Si hacemos una encuesta respecto a sus mejores películas, seguro que acaba con un triple o cuádruple empate. Una de ellas, El Buscavidas, sin ninguna duda.

Si alguna vez una película de perdedores nos ganó absolutamente para su causa esta fue El Buscavidas.

Desde este mismo instante comienza a contar el plazo para verla de nuevo...
FATHER CAPRIO
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15 de septiembre de 2016
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
I. Microcosmos

La serigrafía del Ames, en el plano de apertura ('SDRAILLIB'), ya nos impele a entender que 'El buscavidas' refleja un submundo marginal, de realidad revertida. Sus espacios se distribuyen con la uniformidad, asfixiante, de una constelación. Las salas de billar como oasis, ilusorias; después, barrios marginales, impersonales estaciones de autobús, moteles y licorerías baratas. Incluso los edificios de la alta aristocracia son desangelados, purulentos de indecencia, y tristes. Rossen evoca a los escritores "malditos". La cuneta americana; a Walter Tevis y Hemingway, "el arroyo" de Bukowski, la "gente del abismo" de Jack London. A los hermosos perdedores.

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II. Iconografía

JTS Brown sin hielo. El humo de cigarrillos casi compacto, de no disiparse jamás. Carteles prohibitivos en la pared, sin validez. El relámpago de los billetes arrojados en la mesa. El público en las partidas, carroñeros sin rostro, ávidos de atestiguar el fracaso. La propia imagen de Paul Newman y de Jackie Gleason rompiendo el juego es una inmortal estampa del Cine americano.

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III. Momentos

1. Los 30 primeros minutos de partida, donde casi no hay diálogo y la narrativa recae en el balance entre silencio, sonido ambiental de la bola en la tronera y lenguaje facial, es Cine mudo de altos vuelos. La partida dura más que la noche, pero, hasta que no se acabe la partida, el Gordo no dejará que se corra la persiana y que el amanecer llegue allí dentro.

2. Quiebran los pulgares a Eddie. Él acude a Sarah, cuando más indefenso y destruido se encuentra. Ella le abre, su rostro está demacrado por la resaca (nunca la volveremos a ver así, en todo el film). Se abrazan. Su contrato de necesidad, en tal desnudez y vulnerabilidad, es emocionante y tierno.

3. La aspereza de los ambientes de 'El buscavidas' tiene un feliz paréntesis. Eddie y Sarah toman una merienda en el campo, el único escenario de la película que es completamente diferente al resto. Eddie diserta sobre su pasión por el billar, sobre lo invencible que le hace sentir jugar bien. "Eres un ganador, Eddie; algunos jamás sienten algo así por nada". ¿Por qué, Eddie, no te diste cuenta, allí sentado, de que tu dichosa pasión era tu verdadero triunfo?

...

IV. Tapiz.

El billar es, en mucho, geometría cartesiana y fuerza: dibujar mentalmente un trazado y ejecutarlo. Influido quizás por esto, creo ver dos figuras en las relaciones entre personajes.

1. Un triángulo. Eddie, Bert y Sarah ocupan los vértices. Eddie es la potencia virtuosa y descontrolada, y la fanfarronería ingenua, "¿cómo puedo ser el mejor, si no gano al Gordo?". Bert es la advenediza y taimada araña, su único talento es saber aprovechar el ajeno, ha construido su palacio con huesos de los demás, "¿cómo vas a ser el mejor, si yo no te enseño cómo serlo?". Sarah, el vértice superior, es el punto de desencanto, realista y templada; sabe que el éxito es un ideal emponzoñado procedente de una competitividad endémica, "triunfar, ¿para qué y para quién?". Este triángulo se deforma en cada tacada, volviéndose asimétrico, da pie a las fricciones personales de los personajes, y alimenta el sustrato reflexivo de la obra.

2. Un círculo oval. Dos puntos en extremos opuestos: Eddie y el Gordo. Eddie es el mejor, pero se anega de su propia energía. Si le retas, irá con todas. Si pones en duda su técnica, te dará un recital. Si le dices que es el mejor, responderá que así es. No sabe beber, ni esperar. El Gordo es un corredor de fondo; no es mejor que Eddie, pero es bueno más tiempo que él. Si le retas, te mirará sereno. Si menosprecias su técnica, hará una mueca. Si le dices que es el mejor, responderá "¿en serio?". Es un gran bebedor, y entiende que la victoria no es inmediata.

[La primera partida acaba con el Gordo fresco como una flor, perfumado y reluciente, y con Eddie sucio de sudor y alcohol, derrumbado en el suelo]

Eddie cree que Bert, que "sabe mucho", puede llevarle hasta donde está el Gordo por el borde superior del óvalo. Eddie es un timador del billar, y persigue un ideal de victoria que, paradójicamente, es una mentira; él no engaña a los demás menos que a sí mismo. Bert dispone el camino: "buscas excusas para perder, la auto-compasión es un vicio" y le 'apadrina'. Sarah, sabedora de lo inútil de la empresa de Eddie y del oportunismo de Bert, le advierte: "no le supliques". [De hecho, ella salva a Eddie desde la primera escena en que aparece, pagándole el café que deja a deber, por quedarse dormido]. Durante el tramo final de su periplo por el borde superior del círculo, de la mano de Bert, ve al millonario Findley beber penosamente cuando le derrota, y él recuerda su primera partida con el Gordo. ¿Merece la pena vencer, a costa de ver humillados a los demás?
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Nuño
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13 de noviembre de 2007
17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Historia de perdedores, de cómo el intelecto va por delante del talento. Eddie Felson interpretado (de Oscar) por Paul Newman se mete en la piel de un excelente jugador de billar que a pesar de tener todos los atributos para ser el mejor jugador, no sabe ni mucho menos como aprovecharlos. Su juventud está marcada por una precaria situación social, sobrevive a costa de jugarse el físico en antros de mala muerte con un viejo amigo que intenta infructuosamente orientarle en una buena dirección. Su soberbia y adicción por el whisky harán de él una persona huraña con carácter intratable que no hace sino agravar su situación. Tan solo la circunstancial presencia de una mujer con problemas similares que termina compartiendo, le servirá para zafarse esporádicamente del mundo oscuro en el que está Eddie. La estupenda dirección de Robert Rossen, nos enclava en la trama y nos la dibuja desde perspectivas antagónicas. Las de aquellos dotados de dotes que son explotada s por otros que terminan esclavizándolos. Precisamente el personaje Georce C. Scott es un ser diabólico de gran habilidad para entender las aptitudes y debilidades de aquellos que caen en sus garras. Felson termina siendo esclavo no sólo de sus adicciones y estallidos de orgullo sino también de la figura de Scott, capaz de apartarle de aquello que (sin saberlo) más le importa sin que sea capaz de darse cuenta hasta que es demasiado tarde. Un maravilloso film, sobre la utilización, pesimista, serio, de una corrección y maestría intachables.
Jonesy
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10 de enero de 2009
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si ya en el primer visionado me gustó, en este segundo, varios años después y en pantalla grande, me ha calado hasta la espina dorsal.

En fin, no hay palabras que hagan justicia a la grandeza de esta película.

Para mi gusto, la mejor obra de Newman, directamente.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Barfly
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24 de julio de 2007
15 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Maravillosa cinta protagonizada por lo que para mi ha sido y es la mayor estrella de todos los tiempos.
La historia de ese gallito jugador de billar que no encuentra su camino pese a ser un genio en lo suyo te deja una sensación muy amarga, porque la línea que separa la victoria de la derrota es muy leve, es una historia de perdedores en busca de un mañana mejor, de vencedores y vencidos a la vez (esto sería aplicable tanto como al personaje de Newman como para el de Piper Laurie, la novia alcohólica).

El buscavidas como cinta no tiene parangón ya no solo por ser la mejor película que se ha rodado sobre el billar en la historia, sino también por ser un drama tan demoledor y humano que puede dejarte secuelas en el alma, por no mencionar esa maravillosa fotografía en blanco y negro (que nos quitan el placer de ver los mejores ojos azules de la historia del cine) y un reparto sin fisuras como por ejemplo George C. Scott, encarnando al buitre que piensa que puede sacar tajada del ingenuo de Newman, llevándole por caminos en lo que lo único que sirve es la victoria en la mesa de billar y no hay más persona en el mundo que tu rival, un modo de ver la vida un tanto cínica y egoísta que no traerá pocas tragedias al bueno de Eddie.

¿Y que decir de Newman?, simplemente que esta soberbio representando la vida de este pobre diablo, pero Newman es uno de esos actores que sobresalen por encima del material en el que trabajan y pese a que es inolvidable su encarnación de Eddie Nelson es justo aceptar que no hay otro actor con más carisma que Paul Newman.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
SEXY CRITICO
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