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Un genio anda suelto

Comedia Un excéntrico y bohemio pintor londinense constituye un verdadero y constante sobresalto para sus amigos, incapaces de seguir el ritmo de sus inesperadas ocurrencias. (FILMAFFINITY)
Críticas 4
Críticas ordenadas por utilidad
1 de mayo de 2008
13 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Un genio anda suelto" es la historia de una persona que vive por y para su arte, sin dar ninguna importancia a todo lo ajeno a él. Abstraído en su mundo, ni siquiera aprecia a los que le rodean y le son fieles.

El propio Guinness fue nominado al Oscar por su guión adaptado en 1958.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Jack Carter
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12 de octubre de 2014
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una versión cinematográfica digna de admiración, basada en una divertidísima novela irónica de Joyce Cary, con un fantástico e impecable Alec Guinness interpretando a un pintor excéntrico, que vive en la marginación buscando sin cesar situaciones excepcionales que pueda utilizar para sus cuadros cada vez más ambiciosos.

Ingenioso, divertido, tontorrón, juguetón, divertido, extraño, todos estos adjetivos representan no sólo la película, sino a la propia imagen de Alec Guinness, el peculiar Gulley Jimson protagonista de esta simpática comedia dirigida por el operador de fotografía Ronald Neame que indaga en la vida y milagros de nuestro querido Gulley, acompañado para la ocasión de secundarios de la talla de Michael Gough y Ernest Thesiger, dos habituales del cine de terror, para una cinta que se sale fuera de lo común, como la vida de su peculiar protagonista.
Juan Marey
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16 de octubre de 2017
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un genio anda suelto (1958) es una colorida comedia de Ronald Neame, realizador de destacados éxitos como El millonario (1954), Espías en acción (1966) o el catastrófico drama La aventura del Poseidón (1972), además de otros géneros desarrollados en su extensa filmografía que ocupa casi tres décadas. Partiendo del guión de Alec Guinness sobre la novela de Joyce Cary, Neame, dirigió la agradable y entretenida The Horse’s Mouth (Un genio anda suelto), en la que nos narra las vicisitudes del rebelde, solitario e inadaptado pintor Gulley Jimson ( Alec Guinness), de carácter fluido, ameno, quisquilloso a veces, mujeriego y errante pintor convencido, que le valió en su día reconocimientos y nominaciones tanto por el guión como por su actuación en la película que nos ocupa.

Nosey (Mike Morgan), es el incondicional admirador del ‘maestro’ por el que está dispuesto a todo con tal que le ayude en su propósito de convertirse en artista como él. Personaje que se contrapone al anarquismo de Gulley Jimson, cuidando y solucionando los problemas en los que se pueda implicar como en el caso de Hickson (Ernest Thesiguer) y su mayordomo Roberts (Richard Caldicot), o los materiales que van surgiendo en su vida menos cuando su descuidada materialidad topa con el deslumbrante desnudo de una pared visionaria donde ve la realización del hermoso fresco que tiene en mente, lo cual le acarreará más problemas de los que hubiera imaginado en el entorno hogareño de Sir William Beeder (Robert Coote) y Lady Beeder (Veronica Tuelwigh), atendidos, como no podía ser de otra manera por el circunspecto mayordomo, o ayuda de cámara (rango obliga) de A.W. Alabaster (Arthur Macrae) en el sobrio personaje que le caracteriza al servicio de nuestros amantes del arte.

La entrada en escena de Abel (Michael Gough), un tosco e invasivo escultor que altera momentáneamente sus planes, generando incomodas situaciones que finalizarán con fuertes contradicciones artísticas entre ambos, lo que no impedirá, no sin pocos problemas, culminar la realización de su obra, aunque con algunos incidentes no previstos.

El amor no confesado de Dee Coker (Kay Walsh) hacia el extravagante artista, crea los escenarios apropiados para disfrutar del duelo interpretativo en las diferentes escenas junto al pintor: compactos duelos interpretativos donde Dee consigue con solvencia representar al personaje nada agraciado con su belleza ni mucho menos con su frágil destino, a pesar de lo cual Dee es tenaz y luchadora, para recuperar lo que le pertenece, solo lo que le pertenece, no interesándole la evocadora riqueza de la que Gulley le quiere hacer partícipe por medio de la recuperación de una sensual obra en la que su ex mujer Sara Monday (Renee Houston) era la provocativa modelo, lo cual nos lleva a disfrutar de preciosistas y generosas escenas propias de la comedia del divertimento aderezadas con ligeros toques dramáticos en los que Lollie (Gillian Vaughan) y Gulley intentan (cada cual desde sus propias razones), apropiarse del cuadro tan buscado que le dará finalmente solvencia económica a los maltrechos bolsillos del errático pintor, con un resultado no esperado.

El final coral de la película estimula la comunión artística entre aficionados, aspirantes e inquietos creadores de arte en la realización del gran mural sobre una ruinosa y gigantesca pared de un abandonado edificio, convirtiéndose Gulley (por una módica cuota individual) en guía para la enfervorizada masa de artistas en el apoteósico caos final, donde todo vuelve a renacer: la inquietud del pintor por encontrar nuevos horizontes, la admiración total de Nosey por el maestro y el desencanto sin solución a corto plazo para Dee que ve alejarse en su barcaza a quien podría haber llenado su vida de coloridas emociones, no sin dejar en el ambiente un frágil halo de esperanza envuelto en la música de Kenneth V. Jones y la fotografía de Arthur Ibbetsosn.
avanti
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18 de febrero de 2022
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alec Guinness se enfrentó a una novela un tanto disparatada de Joyce Cary siendo adaptador y protagonista, escribiendo un guión más que prometedor y componiendo un personaje impecable.

Su papel ciertamente es peculiar, el de un pintor en busca de la pared que le permita crar la obra de su vida.

Por todo ello nada parece calmar su inquietud y permanecerá en constante búsqueda de ese “el lienzo perfecto” para realizar su mayor y más alocada obra, en la que como siempre será obligada la representación de su mayor fetiche: enormes figuras de pies.Alec Guinness, como decía antes, se encargó de adaptar una esa novela escribiendo un guión fantástico e interpretando a un personaje impecable.

Dirigida por Ronald Neame, es una película que se sale fuera de lo común, como la vida de su peculiar protagonista. El guión optó a la estatuilla en la Academaiade Hollywood. Un 6.
Mag61
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