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España España · barcelona
Críticas de avanti
Ordenadas por:
346 críticas
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7
19 de julio de 2018
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Casi un caballero es una película de José María Forqué realizada en 1964, en la que se narran las vicisitudes de unos cuantos ladronzuelos y un elegante y sofisticado ladrón de guante blanco, de cómo llegan a confraternizar ambos especímenes apropiadores de lo ajeno y de cómo resuelven sus problemas antes de ser sorprendidos por un inspector dedicado a su trabajo: encontrar pistas.

En escena Agustín (Alfredo Landa), ladronzuelo melómano, todo un padrazo que en todo momento se acuerda de su querida família, incluso cuando trabaja. Entregado a su faena no percibe la presencia de los propietarios de la casa: Susana (Concha Velasco) y Gabriel Mostazo (José Luis López Vázquez), sorprendidos por descubrir al ladronzuelo no tardan mucho tiempo en dejarse convencer para llegar a un acuerdo mediante la ñoñería ramplona del ladronzuelo, hasta que aparece un nuevo personaje en escena.

Alberto (Alberto Closas), representa a la alta clase social entre ladrones de guante blanco, que utilizan la discreción y el sofisticado disimulo en sus fechorías, combinando las relaciones amorosas con la eficacia del robo sin violencia con mínimos desperfectos. Se presenta como el propietario de la casa. Utilizando el subterfugio, les convence hasta el punto en el que han de abandonarla, pero algo inesperado ocurrirá en sus vidas.

El elegante ladrón les propone a los sorprendidos pillastres un plan meditado largo tiempo para hacerse con una obra de arte de incalculable valor. En la visita al edificio de estilo renacentista donde se custodia la pintura, Agustín, Gabriel, Susana y Alberto, se unen a un grupo de visitantes conducidos por la sin par Gracita Morales, Guia turística del museo, momento que aprovechan para conocer mejor el edificio. Con lo que no contaban los ladronzuelos es con el factor sorpresa.

Eduardo Montalbán (Alfredo Mayo), es un inspector de policía que sigue el caso de un robo, casualmente conoce a Alberto, amigo de infancia, entablándose una conversación que aclararán la situación de los pillastres Agustín y Gabriel, torpes hasta para huir; de la sensual Susana, aprendiza de ladrona que dudará hasta el último minuto sobre sus verdaderos sentimientos hacia Alberto quien, liberado de su peligrosa carga artística decide, junto a la bella ladronzuela enderezar sus destinos...

Interesante metraje de Forqué en el que el exhaustivo trabajo en la profundidad de campo aplicado a las múltiples escenas de Casi un caballero, convierte el metraje en objeto de estudio para conocer los espacios escénicos con distintos fondos de los personajes en plano fijo, a lo que colaboró la excelente fotografía del experimentado Juan Mariné que tanto hizo por su oficio junto a directores como (además de Forqué), Neville, Masó, Fernán Gómez o Sáenz de Heredia. Película de corte elegante y de notables contrastes entre sus personajes, donde lo que impera es el cerebro frío y calculador que poco puede hacer ante la bella Susana y su destacado mimetismo aplicado al personaje en el cuerpo de la genial actriz Concha Velasco.
avanti
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7
5 de marzo de 2017
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Warren Beatty y Buck Henry, realizaron en el año 1978 un curioso remake de El difunto protesta (1941) de Alexander Hall: El cielo puede esperar, con guión de la veterana Elaine May y Warren Beatty. Ambos directores venían de una conocida carrera interpretativa entre la que destacamos: Esplendor en la hierba (1961) del gran Elia Kazan, y Juventud sin esperanza (1971) de Milos Forman (Beatty y Buck respectivamente). Sus intervenciones en una comedia celestial entretenida y fácil de asumir donde se mediatiza incluso al poder divino, nos da un resultado ameno y entretenido en su conjunto.

El guión, basado en la obra Heaven can wait del americano Harry Segall, nos presenta la imposible relación...a veces, entre alma y materia, representado en el inexperto y algo malhumorado escolta celestial The Escort (Buck Henry), y el terrenal deportista Joe Pendleton (Warren Beatty) cuya única meta es jugar para ganar el campeonato
de fútbol americano bajo la supervisión del amigo y entrenador Max Corkle (Jack Warden).

La narración nos lleva por el camino de la equivocación celestial a la solución mediática de Mr. Jordan (James Mason) en una sobria interpretación como director en la Estación de tránsito, hasta donde llega el sorprendido Joe Pendleton convencido del error que se ha cometido con él. Betty Logan (Julie Christie) es la joven activista que hace dudar al deportista sobre su transitoriedad entre los vivos en el cuerpo ajeno de un tal Mr. Farnsworth sin que sospeche en absoluto la verdadera identidad de este.

Las escenas de situación rayanas en el paroxismo del secretario Tony Abbott (Charles Grodin) y la Sra. Farnsworth (Dyan Cannon), se completan con el esmerado servició de la mansión: el elegante y servicial Sisk (Joseph Maher), el preocupado mayordomo Bentley (Hamilton Camp) y sus detallados servicios con el vestuario, el cuasi ausente aunque servicial Everett (Arthur Malet), entre un largo elenco de intérpretes, convierten los gags en divertidas y amenas situaciones de enredo, donde no podía faltar un investigador, personificado en el gran secundario de la comedia Vicent Gardenia, como Inspector Krim. Las escenas se suceden de forma paralela entre un estadio repleto y un salón comedor también repleto...de sospechosos con un representante de la ley tratando de hacer su trabajo.

A pesar de los problemas surgidos entre los celestiales personajes y los mundanos humanos, Warren Beatty y Buck Henry, logran una comedia sin asperezas ni agrios protocolos conductuales gratuitos, derivando en un resultado final que deja la agradable sensación de intemporalidad, mereciendo ser visionada como un excelente y entretenido remake con personalidad propia al más puro estilo hollywoodiense con fotografía de William A. Frake y la acertadísima música de Dave Grusin guiándonos a través de un entramado limbo celestial...en la Tierra.
avanti
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7
8 de enero de 2018
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
1973. The most dangerous match (La partida más peligrosa) dirigida por Edward Abroms es el septimo telefilm de la segunda temporada y diecisiete de la serie, donde reyes y reinas junto al abultado séquito completado por grandes torres, bravos caballos, ágiles alfiles y un nutrido grupo de serviles peones, plantean una peligrosa partida de ajedrez donde se enfrentan la veteranía y la juventud envueltos en un mar de coloridas nieblas sobre un tablero de ajedrez y dos cerebros en el juego ajedrecístico donde se impone la lógica del veterano entre gigantescas figuras móviles que se mueven acosadoras hacia el joven cerebro entre distorsionados planos angulares y planos subjetivos de visión impactante en el enrarecido ambiente psicodélico de una mente agobiada, preocupada y confusa que repentinamente despierta de su pesadilla confuso y bañado en sudor frío con un acusado grado de preocupación marcado en el rostro del joven maestro ajedrecista Emmett Clayton (Laurence Harvey).

Tomlin Dudek (Jack Kruschen) es el veterano ajedrecista lleno de amabilidad que se enfrentará en la partida que señalará al campeón del momento. Además del ajedrez hay un nexo común Linda Robinson (Heidi Brühl), expareja del joven ajedrecista, y secretaria personal ahora de Tomlin, encargada de llevar los asuntos profesionales veterano del campeón, entre los cuales organizar un encuentro secreto, fuera de cámaras, paparazzi y del omnipresente guardián y entrenador de Tomlin: Mazoor Berozski (Loyd Bochener, para saludarse y hablar sobre la partida que les enfrentarán, reunión de la que se iniciarán los problemas.

Emmett Clayton con un meditado plan pretende rehuir del enfrentamiento debido a su inseguridad profesional no demostrada para el esperado enfrentamiento entre campeones para lo que planea un plan de eliminación del veterano ajedrecista, dando pie posteriormente a la intervención del teniente Colombo con sal y pimienta entre las manos junto a una camisa con olor a ajo adobado. El telefilm toma un cariz de verdadero thriller desde el momento en el que se denuncia la breve desaparición Tomlin Dudek y el posterior hallazgo en su habitación con claros síntomas de envenenamiento.

La investigación de Colombo centrada en el joven campeón con la estrategia del constante acoso a quién, con imperturbable insistencia emocional va desglosando sus sospechas hasta llegar al lugar de los hechos en un alarde de premeditada confusión ante el ajedrecista y su sordera, minusvalía que juega un importante papel en el esclarecimiento de los hechos.

Buena dinámica en la narración de este telefilm que mantiene la atención sin ningún esfuerzo dentro de la fórmula narrativa que la serie ha mantenido desde el principio con base en contar historias diferentes y cerradas en cada ocasión, con renovado elenco en los diferentes telefilms y la única permanencia del personaje central y su invisible familia presidida por su ‘omnipresente mujer’, además de los necesarios secundarios que completan la trama narrativa, entre los cuales el Camarero (Oscar Beregi Jr.), el Sargento (Dabney Coleman) y un habitual y fiel canino ‘Perro’.

Complemento genealógico: Colombo cita a su mujer en dos ocasiones y a la madre de esta en una ocasión, también en una ocasión cita a un primo segundo suyo y, en otra ocasión a su abuelo.
avanti
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8
2 de enero de 2018
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dagger of the mind (Fuera mancha maldita) (1972), cuarto telefilm de la segunda temporada, es un interesante metraje dirigido por Richard Quine con un resultado más que satisfactorio debido a su larga trayectoria realizadora con títulos en el cine tan sugerentes como “Un cadillac de oro macizo (1956), La pícara soltera (1964) o la imaginativa comedia “Como matar a su propia esposa” (1965). Siete años más tarde dirigía para la televisión Fuera mancha maldita, sobre un guión de Jackson Gillis basado en una historia de Richard Levison), música de Dick de Benedictis y Henry Mancini, y fotografía de Geoffrey Unsworth.

El experimentado actor teatral Nicholas Frame (Richard Basehart) está realizando los últimos ensayos del Macbeth que estrenará en breve junto a su esposa Lillian Stanhope (Honor Blackman) también actriz de teatro que, gracias a la generosa producción del empresario Sir Roger Haversham (John Williams) llevarán a cabo. La rápida sucesión de los hechos tras enterarse por el propio Sir Roger que la fuente de la producción se ha terminado pensando además en suspender el estreno de la obra al descubrir el engaño sentimental, los fingidos e interesados afectos y el inconfesable amor que profesan a su economía por parte de los ínclitos actores venidos a menos en opinión del empresario: “una jamona y un viejo carcamal”, los nuevos conocidos de Colombo.

Al ver peligrar el estreno Nicholas y Lillian tratan de convencer al Sir para que deje en suspenso su decisión con tan mala fortuna que se produce lo inesperado: su muerte después de una fuerte discusión entre los tres. En la confusión el matrimonio decide deshacerse del cadáver para favorecer el estreno shakesperiano que durante tanto tiempo habían preparado. La simulación será la norma para encubrir lo que con todo lujo de detalles ha mostrado a cámara el director Richard Quine.

Tras la presentación de los hechos el realizador nos traslada a la sección de equipajes del Aeropuerto Heathrow de Londres donde acaba de aterrizar Colombo preocupado por su extraviado equipaje, generando así un leve caos que tras solucionarlo, como es de rigor, se le invita a conocer lo más emblemático de Londres, satisfaciendo así la inquietud del teniente antes de ser presentado al Superintendente jefe de detectives William Durk (Bernard Fox) quien con la habitual sobriedad inglesa se presenta al convidado Colombo, dándole la bienvenida y, coincidiendo con la denuncia del desaparecido empresario Sir Roger Haversham y el inicio de su búsqueda a lo que Colombo es invitado para vr desde cerca los procedimientos de investigación del New Scotland Yard.

El descubrimiento del cadáver, los últimos movimientos del difunto, la puntual e interesada información del mayordomo Tanner (Wilfrid Hyde-White), y la necesaria colaboración de secundarios entre los cuales Fenwick (Arthur Malet) portero del teatro, la breve intervención de la Sra. Dudley (Sharon Johansen) asistenta en la mansión del Sir, o, el astuto Agente de Policía (John Orchard) que junto a la intromisión por invitación de Colombo en la investigación, se descubrirán los movimientos inculpatorios necesarios para esclarecer el asesinato, detener a los culpables y agradecer una vez más a la intuición y a los ‘pequeños detalles’ (entre los cuales un collar y un paraguas) el haber facilitado el esclarecimiento de los hechos dados finalmente en el Museo de Cera de Londres.

Complemento genealógico: Colombo cita a su mujer en tres ocasiones y una a su suegra y a un cuñado.
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7
2 de abril de 2017
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rey de Reyes es una visión sentida, parece que vivida por el mismo Nicholas Ray a tenor del carismático elenco que sin medias tintas representan a los numerosos personajes del entorno histórico de Jesús de Nazaret. Un colosal gran plano general nos abre las puertas al desfile de las legiones romanas a la conquista de Judea, guiadas por el general Pompeyo (Conrado San Martín), donde creyendo encontrar oro, solo encuentran un pergamino, guardado y custodiado por los que esperan la venida del Mesías.

Una decidida elipsis nos traslada medio siglo más tarde al nacimiento de Jesús de Nazaret. La cruel decisión de Herodes El Grande (Gregoire Aslan) por conservar su trono y la traición de su hijo heredero Herodes Antipas (Frank Thring), coronándose nuevo rey ante la inesperada muerte de su propio padre a quien le niega asistencia en su agonía. Los primeros planos de Antipas cargados de ira, enfrentados a la misericordia suplicada de quien no supo aplicarla sobre los inocentes, convierte la escena en dolorosa y altiva venganza de alto calado, culminando en un aplastante gran plano zenital en el que Ray nos muestra al destronado Herodes el Grande, rechazado y tirado a tierra por su codicioso hijo Antipas.

Pasados unos años nos encontramos situados junto al centurión Lucio (Ron Randell) revisando empadronamientos en casa del carpintero, convirtiéndose así en el hilo conductor de los acontecimientos venideros que irán cercando el destino del Mesías. El revolucionario Barrabás (Harry Guardiano) lucha por la liberación de Judea, Juan el Bautista (Robert Ryan) predica y bautiza la palabra de aquel que ha de venir, Jesús de Nazaret (Jeffrey Hunter). El encuentro entre ambos personajes representado por Ray en emotivos planos, contraplanos y planos detalle, nos muestra la fraternidad del momento, tras lo cual se produce la retirada de Jesús al desierto.

La fatal Salomé (Brigid Bazlen) persigue el trofeo en bandeja de plata que tanto ansía, utilizando como moneda de cambio para conseguirlo la sinuosa y embriagadora danza que tanto perturba al inestable Antipas, ajeno a los problemas de orden en las calles que preocupan al prefecto Poncio Pilatos (Hurd Hatfield), sucediéndose los acontecimientos entre algaradas y rebeliones contra la dominación romana, la prédica de Jesús entre los necesitados y la ayuda a los desheredados: al ciego (Paco Morán), o al loco (Fernando Sancho) entre otros.

La aparición de María Magdalena (Carmen Sevilla) en escena, nos presenta a un personaje pecador, perseguido, arrepentido y oprimido por quienes se creen en el derecho de ser juez y parte, se trata de un gran momento interpretativo, creíble y asumido en su esencia por el gesto y la temerosa mirada de quien pretende salvarse de la desatada muchedumbre frente a la mirada conciliadora de Jesús que la rescata de la ira del gentío.

Nicholas Ray concentra finalmente la acción en Pilatos, Antipas y Lucio, enfrentados ante el frágil destino de Jesús de Nazaret, donde los acontecimientos se precipitan provocados por Judas (Rip Torn) entre planos medios, primeros planos y generales que nos muestran las indecisiones de los mandatarios enfocados hacia el juicio que determinará la crucifixión del Mesías en el Gólgota junto al mal ladrón (Barry Keegan) y al buen ladrón (Luis Prendes).

Un desgarrador plano objetual nos muestra finalmente el levantamiento y fijación de la cruz ante las dolorosas compasiones de María (Siobhan Mckenna), María Magdalena, José de Arimatea (Félix Pomes), el centurión Lucio y Claudia (Viveca Lindfords) esposa de Pilatos, contrastado con el portentoso final en el que un emotivo primer plano de María Magdalena refleja en su rostro la piadosa mirada reencontrada, la resurrección del Mesías y el mensaje a los apóstoles para predicar su palabra.
avanti
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