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Críticas de Juan Marey
Ordenadas por:
507 críticas
7
4 de diciembre de 2011
29 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta es la película más galardonada de uno de los cineastas españoles más importantes de la época, Rafael Gil ( 1913-1986 ) y ganadora además en el Festival de San Sebastián. La película se rodó en lugares como Rivas, Torre del Bierzo y el seminario de Salamanca, para la banda sonora se contrata nade menos que a Joaquín Rodrigo, el gran compositor, autor del célebre Concierto de Aranjuez, lo que da idea de la ambición, el cuidado y el alto nivel artístico que se procuró para la obra .

Rafael Gil se adentra en el mundo interior y en la vida pastoral de un sacerdote que ha de ejercer su ministerio en un pueblo minero, donde muchos hombres se han apartado de la fe. El cura de “La guerra de Dios “ es un hombre joven, ambicioso, lleno de ímpetu e ilusión que ha de enfrentarse a una realidad complicada que sobrepasa con creces lo que le fue enseñado en el seminario . Su fe se pone a prueba, pero es sólida, resiste, soporta el sacrificio, perdona las ofensas, y sobre todo se pone al servicio de los pobres .

La descripción de la mina es dura y sombría y se inspira en dos grandes clásicos como "La Ciudadela" de King Vidor y "Qué verde era mi valle", de John Ford. Los tonos oscuros, la aspereza de los comportamientos, el odio y el recelo de las gentes, todo se expresa de forma admirable, resultando aún más dramático cuando, en las escasas escenas luminosas de la película, se enfrentan a la belleza tranquila de un paisaje ajeno a los odios humanos .

El personaje del sacerdote es clave en la película y Gil no dudó en contratar a Claude Laydu, actor francés que acababa de interpretar un personaje similar de cura atormentado, solitario y místico en la famosa “Diario de un cura de rural “, de Robert Bresson. Claude Laydu borda su personaje aportando en todo momento la pureza, la voluntad y la inspiración necesarias. Junto a Laydu destaca Fernando Sancho, actor de carácter que llegó a trabajar en casi doscientas películas y que se convertiría en habitual en los repartos del director. Un joven Franciso Rabal y unos ajustados José Marco Davó, Gerard Tichy, Alberto Romea y Julia Caba Alba completan el elenco.

En definitiva, una estupenda película que se contempla hoy con el mismo interés que en su época y que nos demuestra que en aquellos años también se hacían buenas películas en España.
Juan Marey
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8
30 de junio de 2013
22 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película dirigida por José Luis Sáenz de Heredia a partir de un modélico guión de Carlos Blanco e interpretada entre otros por el duro Raf Vallone, su esposa, la sugestiva Elena Varzi, el pipiolo Fernando Fernán Gómez en el papel de policía graciosete y simplón, o una Emma Penella guapísima, espléndida.

En el film se nos habla de un crimen casi perfecto, diseñado con maestría, y ejecutado con brillantez. Martín es un abogado frustrado que se dedica a vender perfumes, de repente, un antiguo amigo de la Facultad de Derecho, un pesado, un caprichoso, un veleta, hace acto de presencia y termina suicidándose gracias a la inestimable colaboración del amigo Martín, pero como las miradas dejan huellas, especialmente las mentirosas, la mujer de la víctima no se cree lo del suicidio e intentará solucionar el embrollo por todos los medios, aunque para ello tenga que poner en peligro su vida.

Espléndida película, perfectamente filmada, con personajes complejos y maquiavélicos, jugando peligrosamente con los demás y demostración evidente de que el cine de género también tuvo su sitio en España, de que se podía hacer y de que se podía hacer muy bien.
Juan Marey
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8
10 de junio de 2012
18 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Básicamente “Tokyo Drifter” relata la historia de Tetsu, un ex-yakuza que encarna Tetsuya Watari. Tetsu es ese “vagabundo de Tokio” al que alude el título de la canción que se repite constantemente a lo largo de la película, un tipo duro y desarraigado, que tiene por jefe, Kurata (Ryuji Kita), un gángster que quiere dejar de serlo, pero no puede porque conserva los enemigos de antaño, y es a su fiel Tetsu a quien, por cubrirle las espaldas, le toca recibir todos los golpes. Aunque el relato no se caracterice por su sutileza en los diálogos y el desarrollo de los acontecimientos, el filme va mostrándonos el retrato de un desmoronamiento anunciado, el de los valores que sostenían los actos y pensamientos del protagonista, el de un tiempo pasado que fue mejor.

Nacido en Tokio en 1923, Seijun Suzuki realizó un extraordinario ciclo de cintas de yakuzas durante los sesenta, cuando trabajaba en la unidad B del estudio Nikkatsu. Dicha serie de películas se caracterizó por presentar momentos de puro delirio marcados por estallidos de color, curiosos ángulos de cámara, humor absurdo, y historias que desafiaban las barreras propias del género. En 'Tokyo Drifter' Suzuki consigue visualmente llegar al espectador gracias a una magnífica perspectiva, profundidad de campo y sobretodo, por un uso del color exquisito. Con un estilo muy teatral, pasaremos por distintas etapas de color, desde el amarillo, morado, verde, azul, blanco o negro, tanto en los personajes como en los decorados.

Película compleja pero realmente disfrutable, cuya calidad técnica y experimentación narrativa la posiciona como una verdadera joya del cine de yakuzas.
Juan Marey
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8
5 de enero de 2014
15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Howard Koach y John Huston escribieron el guión de esta película a partir de un relato de Huston, cuya inspiración según parece le vino después de la compra de una estatua china de madera en una tienda de antigüedades y de una conversación a propósito de unos boletos de carreras de caballos en Irlanda. La película es una fábula sobre el karma, sobre la mezquindad humana y sobre la inevitabilidad del destino, ese fatalismo inherente al cine negro y que tan fantástico nos resulta. Nos situamos en Londres, Crystal Shackleford (Geraldine Fitzgerald) quiere averiguar si la leyenda de una estatua china es cierta, para ello decide reunir a dos extraños, Peter Lorre (Johnny) y Sydney Greenstreet (Jerome), los tres hacen un trato, apuestan por un caballo a las carreras, y el dinero conseguido, si es que ganan, lo invertirán en una nueva carrera al mismo caballo.

Ambigua e irónica, el film cuenta con una dirección fluida y elegante por parte de Negulesco que se mezcla a la perfección con las dosis de cinismo, pesimismo y misoginia del relato Huston. La ligereza del conjunto no debe confundir en relación a lo descorazonador de sus conclusiones, aquí todo el mundo pierde, aunque algunos en menor grado, como el personaje encarnado por un Lorre genial, como siempre.

La ambientación es fascinante: en casa de Crystal, en las oficinas de Jerome o de okupas en unas ruinas con Johnny y Gaby, estamos siempre en un no-lugar. La música de Adolph Deutsch acompaña el misterio. Los actores, todos fantásticos, pero es Peter Lorre (Johnny) quien realmente marca el ritmo de la película. Por último, la fotografía excelente del veterano Arthur Edeson da a este cuento esotérico la atmósfera negra que le conviene.

Una de las obras más desconocidas de este director de origen rumano Jean Negulesco que consigue dotar al film de un ambiente de misterio y extrañeza que no decae nunca. Una película a recuperar que se ve con fascinación.
Juan Marey
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7
29 de enero de 2017
14 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después del éxito conseguido con “Pasaporte a la fama”, la Warner vio que era el momento de que Edward G. Robinson volviera al estudio que le tenía contratado, pero todos los guiones que le mandaban eran de gángsters, así que al pasar el tiempo sin conseguir el interés del actor se llegó a un acuerdo con Samuel Goldwyn para prestarle a Robinson para United Artists, eso sí, pagando a la Warner el doble del salario del actor. Aunque “La Ciudad sin ley” fuera originalmente un proyecto que contaba con William Wyler como director y con Gary Cooper y Anna Sten como pareja protagonista, al final constituyó el reencuentro de Robinson con el director Howard Hawks, que a pesar de todos los problemas que tendría con el actor, le consideraba junto a Walter Huston y Paul Muni el mejor actor de todos a los que había dirigido. El rodaje estuvo lleno de tensión en parte por las diferentes ideologías políticas: Robinson y los escritores Ben Hetch y Charles MacArthur en el bando liberal y Hawks, Miriam Hopkins, Joel McCrea y Walter Brennan por el lado más conservador. Las batalla dialécticas no cesaban en ningún momento, pero eso no era todo, Miriam Hopkins, a pesar de su indudable talento, era una absoluta pesadilla para todo aquel que la rodeara, que actuaba como una diva insufrible constantemente, le gustaba improvisar las escenas, eclipsar a sus compañeros de escena, cambiar e improvisar líneas según le parecía y exigir lo que le daba la gana mientras el resto del equipo estaba esperando a que ella diera por finalizados sus caprichos aunque fuera por un momento.

Con todo, estamos ante una estupenda película, muy bien ambientada, con un gran reparto y un guión realmente interesante. No es uno de los más memorables trabajos de Robinson, pero consigue dar la talla como implacable dueño del San Francisco de la época. Tampoco es una de las grandes películas de Howard Hawks, pero estamos hablando de Hawks y esto ya son palabras mayores. Miriam Hopkins y Joel McRea están a un buen nivel, aunque el absoluto ganador de la película es el papel del gran Walter Brennan, uno de los mejores secundarios de la historia del cine, impactante y muy divertido en su personaje Old Atrocity, un carcamal entrañable y peligroso por igual. La película supuso la primera colaboración de Brennan con el director, Hawks recordando este encuentro comentaba lo siguiente: "Un tipo de producción me habló de él. Le dije que lo trajera, pero que le diera algunas frases para ver qué tal las decía. Así que cuando apareció le pregunté si le habían dado las frases. El respondió '¿quiere que se las lea?'. 'Sí, claro', dije yo. 'Y dijo, '¿con o sin?'. Yo dije, '¿con o sin qué?'. Dijo 'Dientes' y yo afirmé que quedaba contratado. No tuvo que leer las frases".

Comedia, drama, cine negro, western y Hawks sacándole el jugo al cóctel, ¿quién da más? Una interesante película, recomendable y demoledora.
Juan Marey
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