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Brat (Brother)

Thriller Un thriller mafioso que se postula como continuador y renovador de una serie de parámetros narrativos clásicos que apuntan al cine criminal estadounidense. Danila Bagrov (encarnado por Sergei Bodrov Jr., hijo del cineasta homónimo y fallecido prematuramente en 2002) acaba de volver de su estancia en el ejército y no consigue encontrar un destino para su vida. Vaga por las calles a la deriva acompañado de su inseparable reproductor de ... [+]
Críticas ordenadas por:
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12 de septiembre de 2011
20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película podría pasar por otra historia más de la dureza de las vida y las condiciones en Rusia, si no fuera por el hilo conductor de mafias y mafiosos. Inmejorable la elección de los escenarios, que sumergen al espectador en la miseria de los personajes y de la época en la que transcurren los hechos, y de la iluminación, gris como sólo en el invierno del este puede ser. Igualmente, los personajes transmiten en todo momento los sentimientos de la población y sus problemas: falta de valores, familias desestrucuradas, alienación de la juventud, la violencia y el crimen como vía de desahogo, escapatoria y supervivencia, etc.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Dara_Puspita
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2 de agosto de 2012
13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
La vida en Rusia nunca fue fácil. Un clima duro y unas condiciones sociales duras que la etapa comunista mitigó. La abrupta disolución de la Unión Soviética devolvió a Rusia a épocas pretéritas, como no podía ser de otra forma teniendo en cuenta la pésima gestión política y económica.

El protagonista, Danila, pertenece a esa época. Es un reflejo de aquel aciago período. El crimen (organizado) irrumpió con fuerza tras la caída del régimen. La debilidad del Estado ruso era grande, tanto que algunos militares no tenían reparos en vender submarinos nucleares y misiles al mejor postor, que solía coincidir con algún grupo mafioso.

La anomia hace que los nexos sociales se rompan, pero no todos. Algunos perviven, y con ellos podemos seguir adelante. Danila lo logra, no sin dificultades.
Frithu
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21 de diciembre de 2015
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una cosa de los años 90 que siempre me ha llamado la atención, en contraste con la década actual, es el tratamiento que le daban a la juventud. Si bien es cierto que en el caso del cine ruso no se puede comparar tanto (el cine hecho en Rusia siempre ha tenido sus propias condiciones), en general, puede que más en Europa, aunque juraría que también en Estados Unidos, se mostraba a una generación bastante solitaria, perdida y mugrienta. Personas que no tenían un objetivo claro en su vida. Protagonistas que, sin ser un cúmulo de virtudes, tenían un encanto especial y en cierto modo caían bien y hacían gracia, pero sin humor. Ahora veo cintas sobre jóvenes y estos siguen perdidos, siguen yendo de fiesta, pero ya no a tugurios, ya nunca mugrientos, aunque se dejen barbas muy tupidas, aunque se aflijan mucho porque el sexo no les llena tanto o porque esa silla de Ikea no queda muy bien en aquel lugar del cuarto. Supongo que esto tiene su propio encanto y a mí es algo que me gusta.

Brat, cinta rusa de 1997 dirigida por Aleksey Balabanov, no trata en esencia de la juventud, aunque su personaje principal coincide con la descripción noventera que acabo de dar. Un tipo que acaba de regresar a casa después de participar en la Primera Guerra de Chechenia y que ahora parece tener sólo una preocupación: la música. Se escucha todo lo que le echen y asegura no tener oído para la música, pero la verdad es que la música (la mayoría del grupo soviético-ruso Nautilus), como contrapunto de la acción, le da a la cinta un toque bastante fresco. Una frescura diferente, no por lo musical, en realidad, sino por lo visual. En lo visual, seguimos a Danila —que es como se llama el joven protagonista de la historia— en color, pero la iluminación es casi siempre gris, gris y con personajes grises y apagados, pero la música (sin entender la letra) es tan gris como luminosa, como mucha de la música pop-rock de los años 90.

Al parecer, Brat tuvo mucho éxito en Rusia, levantó mucha polémica allí y obtuvo bastante repercusión fuera de sus fronteras. Hasta el punto de que se llevara a cabo una segunda parte en el año 2000, con los mismos protagonistas. Yo, que aún la estoy digiriendo, creo entender los motivos que generaron tanto revuelo en todas partes. Este thriller de mafiosos y asesinos a sueldo —que es lo que es— abarca cada milímetro de cada estrato de la sociedad rusa del año 1997. La Rusia post-URSS y posterior a una guerra contra los chechenos, la Rusia de las mafias, de los jóvenes que empezaban a abrazar la cultura extranjera sin propósito ninguno, puede que por hastío y rebeldía, posiblemente por pura alienación producto de la publicidad televisiva. Porque en el año 97 muy pocos tendrían internet en casa, aunque ya hubiese ordenadores con algo de nivel, y al final, o te tragabas todo lo que echaran en la tele, o te ibas a drogar en un local de mala muerte y con música espantosa. Supongo que antes se cuestionaban así para qué vivían.

Y entonces llega Danila, abandona el pueblo donde vive con su madre, donde no tenía ni trabajo ni interés por encontrar alguno, y se traslada a San Petersburgo, Leningrado para algunos. Allí visita a su hermano y se empiezan a entrever sus nuevas viejas costumbres del ejército (… ¿como escribano?). Asistimos a una especie de Bricomanía con armas de fuego y proyectiles, asesinatos, persecuciones, amor, música y violencia directa y clara. De todo un poco y contado así como quien no quiere la cosa. Esto es una gran virtud, quieras que no, porque yo me lo he pasado pipa y hasta me he reído de lo que para nuestro querido amigo ruso debe ser hasta normal. ¿A quién no le han roto la crisma después de preguntar a alguien por una canción?
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Fendor
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28 de diciembre de 2015
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Brat (Brat, 1997) se puede comparar perfectamente con Gruz 200 (Cargo 200, 2007), ambas películas están dirigidas por el director ruso Aleksander Balanov, y ambas cuentan esencialmente una cosa: La anarquía vivida en Rusia durante el desmoronamiento de la URSS. De hecho, mientras veía la película no podía dejar de pensar en la terrible anécdota que me contó una amiga que se había criado en Moscú durante esa época. Decía, con toda la tranquilidad del mundo, que de pequeña, lo más habitual eran los atentados unidos al insomnio. Que cada día deparaba una nueva y desagradable sopresa. Ese estado de desasosiego es el que trata de contarnos Balanov, con una historia de cine negro, que en gran parte bebe de los filmes norteamericanos.

El protagonista absoluto es Danila Bagrov, un joven exmilitar interpretado por Sergey Bodrov Jr. El contexto histórico es el ya comentado, la disolución de la Unión soviética. Bagrov es un joven sin futuro, al que no le interesa prácticamente nada, a excepción de la música, y que tiene un sentido de la ética bastante sorprendente (podríamos decir que es hijo del momento). Finalmente, avisado por su hermano, decidirá visitar San Petersburgo (aún llamado Leningrado en el momento en el que se ubica la película) para labrarse un futuro. Básicamente, Brat se dedica durante todo el metraje a mostrarnos un mundo sin moral. Nuestro protagonista es el máximo ejemplo, y dará sobradas muestras a lo largo de todo el filme.

A partir de la visita de Bagrov a su hermano, el guión de la película seguirá un esquema ascendente que no tendrá demasiadas variaciones. Básicamente, la película seguirá el crecimiento como criminal de nuestro protagonista, que irá superando pequeñas pruebas que harán incrementar su nivel, hasta el clímax final en el que superará a su hermano (el aprendiz que acaba superando al maestro) terminando su aprendizaje en San Petersburgo.

El crimen es la única salida (o por lo menos, la más efectiva) que vieron muchísimos habitantes de Rusia en aquellos convulsos momentos. La película simplemente se dedica a contar la realidad mediante una historia de cine negro, pero el trasfondo existió y Brat es el espejo de esos momentos de miseria. Nuestro protagonista es el mejor en su trabajo de asesino y pendenciero profesional, pero no es ni mucho menos el único. Uno de los máximos aciertos del filme es precisamente mostrar con un naturalismo pasmoso toda esa violencia que es el pan de cada día para todos los protagonistas, desde los que están directamente involucrados, como nuestro protagonista, como los ciudadanos de a pie (como la conductora del tranvía, que no tiene reparos en juntarse con un asesino). Cuando el mundo se desmorona, la justicia y la ley son accesorios que pierden todo su sentido. En este contexto, nuestro protagonista demuestra tener una idiosincrasia bastante singular. No es un simple matón sin ética, porque al contrario que sus compañeros, él no asesina a sangre fría a cualquiera que se anteponga en su camino, sino que resulta cándido y bondadoso con las personas que no están involucradas en los negocios sucios. De hecho, el filme insinúa en numerosas secuencias (como aquella en la que obliga a punta de pistola a pagar el billete de autobús a un par de personas que se habían colado) que nuestro protagonista es una especie de justiciero, muy sui generis. Un Antihéroe para una época en la que los antiguos héroes de la URSS habían dejado de tener sentido.

El toque y la influencia norteamericana resultan bastante patentes en el filme de Balanov, aunque con un filtro autóctono bastante reconocible. A pesar de que nuestro protagonista parece estar inspirado en numerosos personajes cinematográficos populares; entre los que se pueden observar ejemplos del detective del cine negro, así como del antihéroe, incluso propio del Spaghetti Western (de hecho, nuestro protagonista mantiene una actitud moral bastante cercana a la del personaje de Clint Eastwood en los filmes de Leone), no se trata de un simple refrito, sino que el guión construye un personaje original y lo más importante, con un destacable carisma.

La fotografía, que recae en manos de Sergei Ahstakov, crea una atmósfera bastante particular, basada mayoritariamente en una gama cromática bastante reducida. Los colores anaranjados dominan completamente el filme, dando a la obra un tono crepuscular (realmente la sensación es en muchas ocasiones la de estar viendo una puesta de sol, y metafóricamente parece que el cineasta quiere indicar que efectivamente, lo que se representa en la película tiene bastante de última puesta de sol, de mundo que está empezando a arrastrarse hacia la oscuridad).

https://neokunst.wordpress.com/2015/12/28/brat-1997/
Kyrios
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17 de agosto de 2019
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para ser una película de mafiosos se dispersa bastante.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
moore
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