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Los profesionales del oro

Western Sam Cooper, un viejo buscador de oro, necesita alguien que le ayude a extraer el oro de su mina. Va a la ciudad y se pone en contacto con Manolo, un joven mexicano a quien crió tiempo atrás. Los problemas surgen cuando aparece Brent, un enigmático pistolero vestido de predicador, que mantiene una turbia relación con Manolo. Así las cosas, Sam decide pedir ayuda a un antiguo camarada con el que tiene una cuenta pendiente. Los cuatro se ... [+]
Críticas 5
Críticas ordenadas por utilidad
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5
22 de enero de 2015
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Raruno y calmo Spaghetti Western. Pocas cosas a fuego lento.
Son dos viajes y medio. Una vuelta parca y solitaria. Una ida concurrida y traicionera. Y la revuelta: triste y triunfadora.
Y cuatro desharrapados. Van Heflin como viejuno pundonoroso, buenazo a carta cabal; George Hilton (uruguayo en verdad, Jorge de toda la vida del señor) en el papel del hijo putativo, el melifluo, el mariposón; Kinski, un puñetero genio, haciendo una vez más de malvado sin par, el reverendo, precedido de truenos y relámpagos, impasible y cruel, bello y monstruoso; y, finalmente, el galán maduro, el gran Gilbert Roland (mexicano en realidad, Luis Antonio le llamaban en su casa), playboy venido a menos, pero todavía con distinción para dar y regalar. A esta cuadrilla, únele dos hermanos rubiales y retorcidos, un desierto, un par de tetas salerosas, muchos tiros, la cueva del oro de Alí Babá, polvo a raudales, malosos ocasionales..., y ya lo tienes.
Pero hay más, hay desparpajo y extrañeza, cierta libertad esquinada. Homosexualidad rampante y sin disimulos (una pareja es obvia, pero forzando la máquina se puede ir más allá; vemos a un Heflin demasiado pendiente de su "hijo" y de Roland, o a este último obsesionado con Heflin; podría ser todo una lucha de egos y despechos, de frustraciones sexuales y amantes encontrados, de celos y hombres en celo), un bailongo que no viene a cuento pero alegra el alma, un espejo y muchos afeites, aspirinas, malaria y depravación.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Se matarán como tocaba, como estaba acordado, la codicia y ceguera de siempre, "El tesoro de Sierra Madre" que se repite como un eco interminable. Y quedará solo el mejor.
Correcta, a punto de caramelo del aburrimiento definitivo, pero con la suficiente gracia y originalidad como para que te salga una sonrisa maliciosa y satisfecha, inevitable.
6
2 de diciembre de 2014
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un spaghetti western casi minimalista, con escasos personajes reunidos alrededor de lo que se ha venido en llamar "La fiebre del oro". Un film seco y conciso, con escasas concesiones, una sorpresa en el panorama barroco y exuberante del género. Dos actores en decadencia especializados en la temática, Van Heflin (Raíces profundas, El tren de las 3:10, El salario de la violencia) y Gilbert Roland (Las furias, El tesoro de Pancho Villa, Bandido), confrontados al villano psicótico por excelencia del cine europeo, Klaus Kinski, y al blando George Hilton (éste formando pareja homosexual con el anterior, una rareza más). Capitani reprime los bajos instintos del zoom lo máximo que puede, y Rustichelli firma una banda sonora bonita y expresiva. Siempre se encuentran perlas entre el estercolero.
7
26 de enero de 2017 4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante western con un buen reparto y una historia que, aunque pueda parecer de lo más manida, tiene ciertos aspectos que la hacen peculiar. La vieja historia de perdedores y maleantes que padecen la temible fiebre del oro transcurre casi a fuego lento, teniendo lugar la mayoría del tiempo en el viaje de ida y de vuelta de la mina. En este viaje afloran las sospechas, las inquinas, los pactos, el egoísmo y, por qué no, los celos. Y es que la cuadrilla de socios que emprenden este negocio se dejan ver en varias ocasiones por la acera de enfrente. Hay momentos donde es más que evidente la homosexualidad de los protagonistas. La película es poco dada a las sutilezas, a pesar de su época.

Estamos ante un más que correcto spaghetti western, con sus perdonables fallos. A destacar el genial tiroteo en la ermita, de los mejores que se han visto en el género. Y por supuesto, a destacar la curiosa relación entre los protagonistas. A pesar de llevar un ritmo relativamente pausado consigue mantener el interés en todo momento, más a costa de ahondar en los personajes que en los momentos de acción, que apenas son dos o tres en toda la película, aunque como digo muy bien llevados. Todo fan del western, sobre todo del europeo, la disfrutará.
3
8 de enero de 2025 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Extraño Spaghetti Western que mezcla el género con una especie de pseudoaventura. Incluso la música parece pertener más al género aventurero por Egipto o Medio Oriente. Van Heflin y Gilbert Roland harán de los vaqueros clásicos junto a George Hilton y Klaus Kinski que se acercan más a los personajes sibilinos de un Spaghetti Western.

La cinta se resume en; mina, camino y poblado. Dos viajes y medio donde nuestros personajes tendrán que mediar entre ellos mismos y la tensión evidente y hasta descarada entre nuestro cuarteto. El punto fuerte son los nombres del reparto y con Klaus Kinski por ahí ya se sabe que siempre va a haber lío. El problema del film es que más allá de ofrecer eso, no acontece nada más. El tramo inicial en el poblado donde nos introducen a los personajes que acompañarán a Van Heflin se hace largo, hasta que llega la hora de partir hacia la mina.

La película es tan peculiar que toca incluso la homosexualidad. No de manera evidente y explícita, pero no hay nada más que ver lo que se traen Hilton y Kinski entre ellos. Destacar también un tiroteo que se da a mediados de metraje, rodado por encima de la media del género. Una pena que como de costumbre en la versión española, hay infinidad de escenas cortadas (no dobladas), la mayoría sin sentido ni razón.

"Los profesionales del oro" tiene más nombre que calidad. Spaghetti Western flojo reservado al amante del género que lo verá una única vez.
2
23 de julio de 2020 1 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ese es el problema que tiene encontrar oro, que luego hay que sacarlo, cambiarlo, comprar vituallas para seguir sacándolo, y claro, se entera hasta el lucero del alba de que eres rico aunque huelas a estiércol. Y más si vas pidiendo ayuda en el saloon, en los baños, en el banco, en la tienda ...
Para postre nuestro minero afortunado, Sam Cooper (Heflin), "tócala otra vez Sam", se acuerda de Manolo, sí, sí, Manolo, al parecer un niñito bueno ahora reconvertido en guaperas bobo que se trae a su amigo rubicundo y malvado (KInski) que debe usar de vez en cuando gafas de sol, seguramente para mitigar la luz del desierto. Queda por último Mason (Roland) que cogió la malaria en los pantanos de Florida en su anterior etapa de forzado y precisa continuamente estar tomando píldoras de quinina para la fiebre. La patológica, porque para la del oro contrata a otro par de rubiales que también andan revoloteando por allí.
Si el viejo Cooper viera muchos westerns se daría cuenta que los rubios siempre son malos, pero de los malos, malos. Se daría cuenta que más vale estar solo que mal acompañado.
En fin, otra vulgar cinta con traiciones, sospechas, ambiciones, trampas y venganzas. El remate una música oriental que parece de moros y cristianos, como si aquello en vez del desierto almeriense fuera el de Arabia. Alguno más marchoso aprovecha para marcarse unos pasos de baile.
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