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Críticas de Lafuente Estefanía
Ordenadas por:
496 críticas
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8
21 de julio de 2020
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con displicencia, por lo bajo, como el que no quiere la cosa, el anciano cazador pronuncia la frase con que encabezamos la reseña al ver los pantalones del uniforme militar que lleva su discípulo montañés Jeremías Johnson (Redford). Atrás deja este toda su existencia anterior buscando en las Montañas Rocosas nuevos horizontes vitales, pero también sabe que "Muchos suben a la montaña buscando algo que no tienen dentro".
Técnicamente, desde el primer fotograma se aprecia la extraordinaria calidad de la música, fotografía, colorido, paisajes, ambientación, interpretación, presentación ... En lo negativo, tal vez la excesiva fidelidad a la novela de la que procede el guión. Parece que le quita un poco de frescura y de espontaneidad.
Por lo demás la cinta muestra el encuentro y la integración del hombre con una naturaleza hostil, solitaria, donde desfilan unos pocos tramperos y varias tribus indígenas de Cross, Pies Negros y Cabezas Lisas. Especialmente belicosos los primeros con los que sostendrá fieros enfrentamientos, "Para los indios la grandeza de la tribu se mide por el poder de sus enemigos".
Película más de aventuras que western propiamente dicho, hay pocas frases pero lapidarias, siempre reflexionando sobre este encuentro de la naturaleza con el hombre.
Entre las escenas que más nos han llamado la atención está la profundidad a donde llegaron los misioneros católicos franceses, con el Cristo crucificado que encontramos en medio de una de las tribus cuyos miembros se santiguan y rezan antes de comer. También las terribles condiciones ambientales a las que estaban sometidos los colonos, de soledad y de peligros, que podían llevarlos hasta la locura, el desvarío o la mudez.
Al comienzo una voz en off nos advierte que nos encontramos ante un hombre al que no asustan las leyendas de las montañas. A la conclusión, los mismos indios convierten a Jeremías en un mito, en otra leyenda montañesa con su propio monumento-tumba. Ha llegado el momento de buscar nuevos rumbos, desde el valle siguen llegando nuevos colonos. "-¿Adonde vas? -Al mismo sitio que tu Jeremías, no lo se". Pues entonces "Déjate guiar por el viento y sigue el camino de las nubes".
Lafuente Estefanía
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6
4 de junio de 2020
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
La cinta cuenta a su manera la historia de Caballo loco, el gran guerrero indio de la tribu dakota. Hijo del hechicero, una temprana visión sobrenatural marcará su vida hasta alcanzar la dirección de su tribu. Si Caballo loco simboliza la el valor y fuerza del destino, su adversario el indio Pequeño gran hombre expresa el rencor y la mezquindad.
El marco, la imparable expansión al Oeste y el repliegue de las tribus indias a los territorios más pobres o a las reservas. En esta ocasión con blancos mayoritariamente respetuosos con los indios. Empezando por los jefes militares y los comisionados del Gobierno. Solo falta decir "que se besen".
En medio de paisajes naturales de gran belleza y de una cuidada fotografía, se desarrolla la obra con cierta lentitud. Hay que dar tiempo para que Caballo loco asuma sus responsabilidades de gran guerrero, para que supere la angustia que saberse predestinado a liderar a los suyos. La interpretación de Víctor Mature correcta, dentro de que ya no parece estar para grandes cabalgadas. El argumento basado el la vida del caudillo indio es bastante endeble. Con todo, la grandiosidad de entorno natural y la fotografía de los poblados indios o de los movimientos de las tropas, son de gran espectacularidad. No así las luchas y los enfrentamientos directos. De todas formas, una cinta para pasar un buen rato los aficionado al género.
Lafuente Estefanía
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8
1 de febrero de 2021
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con perdón, por pretender decir algo nuevo sobre la cinta después tantas valoraciones como ha merecido.
Con perdón, por llamar la atención sobre el cambio climático experimentado por el western desde los polvorientos desiertos de los clásicos (años 30 a 60), pasando luego por la sedienta Almería mediterránea, para llegar a los más modernos donde llueve siempre a manta de Dios. O la industria cinematográfica sigue de cerca los pronósticos del "hombre del tiempo", o dispone de muy buenos medios para crear lluvias y tempestades. A gran seca, gran remojada.
Con perdón, pero no creemos apropiado el calificativo de "western crepuscular" aplicado a lo que no es otra cosa que destacar aspectos sórdidos del género que, por cierto, ha contado a menudo con protagonistas ya entrados en el crepúsculo de su carrera.
Con perdón, pero uno de los aspectos más originales de la película viene dado por la crítica valiente que hace a la exageración de los medios de comunicación americanos de entonces ... y de ahora podríamos decir también. La presencia del escritor llegado del Este para conocer en directo la realidad del pistolerismo, W.W. Beauchamp (Rubinek), le lleva sucesivamente a trasladar su interés (y su admiración) desde Bob el Inglés (Harris) a Little Bill Daggett (Hackamn), para posarlo definitivamente en un antihéroe como William Munny (Eastwood).
Con perdón, pero una buena prueba de esta desinformación la tenemos en el joven The Schofield Kid (Woolvett), un matasiete cegato (¡valiente ironía!) que alardea de su currículum pistoleril y al final su única víctima morirá de "Tres disparos mientras estaba cagando".
Con perdón, por destacar la presencia de la mujer y de la defensa que hace aquí de sus derechos como persona, "Que seamos putas que nos montan como caballos, no quiere decir que nos dejemos marcar como caballos", que proclama la jefa Strawberry Alice (Fisher). Sobre todo frente al propietario de la taberna que reclama sus derechos por la "propiedad maltratada" y devaluada, pues "Nadie pagará por una una puta marcada". Pero también por las componendas que realiza el sheriff para dejar en un castigo económico a los culpables, lo que estuvo a punto de costar la vida de la bondadosa Delilah (Devine), cuando con tanta ligereza manejará luego el látigo o las patadas con otras víctimas.
Con perdón, por llamar la atención del ritmo sosegado pero continuo de la trama que deja espacio para saborear unos diálogos repletos de frases notables, por lo impecable de los aspectos técnicos de la obra, por la interpretación de todos actores, incluso de Morgan Freeman cuyo personaje, Ned Logan, queda un tanto eclipsado en la trama.
Con perdón, pero resultan asimismo bastante acertadas las referencias sanitarias que aparecen. Como la viruela que causó la muerte a Claudia Munny con apenas 28 años, la exquisita cicatrización de las graves heridas que sufre Delilah, también Ned maneja con habilidad la aguja para coser las heridas de Munny y para curar el principio de neumonía que padece con fiebre alta, escalofríos y delirios, o el inefable cartel de Dentristy en Big Wiskey. Incluso la alusión a la fiebre aftosa que parecen padecer los cerdos negros de Munny, y la necesidad de separar enseguida los individuos sanos aunque la medida llegue tarde con frecuencia.
Con perdón, porque también encontramos algunos aspectos negativos en la cinta. Por ejemplo las limitadas facultades físicas de Munny reiteradamente puestas de manifiesto cada vez que sube al caballo, el regusto por arrastrar al personaje por el cieno de la pocilga o por el barro de las calles y, en general, por solazarse en exceso mostrando insistentemente el lado más sórdido del género.
Con perdón, pero nos parece una buena señal que la película haya recibido tantas críticas favorables y tantas tan negativas. Para gustos colores, pero para nosotros es sobresaliente.
Lafuente Estefanía
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8
17 de junio de 2020
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Poco que añadir a las reseñas que nos preceden. El valor y la importancia de la familia como núcleo básico de la sociedad, los horrores de la guerra, la esclavitud, la excelente ambientación histórica, la belleza de los exteriores, el análisis de los principales personajes, su interpretación. En suma, todos los ingredientes de una gran película, Es indudable el aroma fordiano que desprende, incluso tiene de "Lo que el viento se llevó", en cualquier caso mucho más que de "El patriota" con el que también se compara y con el que apenas hay puntos en común.
Pero nosotros preferimos centrarnos más en otras cuestiones que aparecen asimismo en primer plano. Por un lado el sentido de la propiedad, de la casa, de la familia, de lo que uno a conseguido por su propio esfuerzo, sentido tan genuinamente americano y tan característico del western. Hay diálogos que lo marcan a fuego. Suenan cañones en las proximidades: "-Padre, cada vez se acercan más. -¿Pisan nuestras tierras? -No. -Entonces no nos concierne". Contestación categórica del patriarca de los Anderson (Stewart) que luego remacha así: "Mi rancho es mío, la guerra no es mía".
Cuando hoy determinadas ideologías buscan menoscabar el papel de la familia en la educación y en la formación de los hijos (conocida es la frase "Los hijos no solo pertenecen a los padres"), ahí está la respuesta de Charly Anderson con la que encabezamos la reseña: "Mis hijos no pertenecen al Estado". Para, a continuación, dejarles decidir libremente. Porque, pensamos, en absoluto está reñido el papel educador de la familia con la verdadera libertad. Otro ejemplo, Anne Anderson (Ross) cuando se dirige al amigo negro de su hermano que acaba de ser declarado libre y le pregunta ingenuamente en qué consiste eso. Respuesta: "Libertad es poder escoger el camino que uno quiere".
Pero también en la cinta apreciamos una evolución muy significativa en la personalidad del viejo Anderson. Al principio representa el hombre que con su esfuerzo ha conseguido formar una familia rica, unida, tradicional. Está legítimamente orgulloso de ello y no lo oculta. Recordemos que es de Virginia. Pero el desarrollo de la guerra fraticida irá rebajando poco a poco su soberbia. Vestido con todos sus entorchados militares parte su yerno a la guerra el mismo día de su boda, más tarde lo encontrará lleno de harapos preso en un vagón de ganado. Al preguntarle ahora porqué se marchó, le responde triste: "Es más fácil ir a la guerra que huir de la guerra".
Magistral nos parece la escena con el general nordista al que reclama a Robert su hijo pequeño (para nosotros la mejor de la película). Mientras el civil (Anderson) se muestra exigente y jactancioso, paradógicamente el soldado es educado, humilde, comprensivo. El uno no conoce todavía los efectos de la guerra, el otro está ya saturado de la misma. ¡Qué diferencia entre el padre de familia que sale brioso con sus hijos a buscar a Robert, del que retorna al rancho cabizbajo y hundido tras fracasar en su empeño!
Impecable también el monólogo final en el pequeño cementerio del rancho. Pero ya hemos recogido muchas citas, invitamos a los posibles lectores a que la escuchen directamente en la cinta. Merece la pena verla.
Lafuente Estefanía
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8
13 de junio de 2020
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El 24 de mayo de 1844, una vez concluida una línea experimental entre Baltimore y el Capitolio de los EEUU, el inventor del método de telegrafía que lleva su nombre, Samuel Morse, hizo la primera demostración pública de su sistema enviando un mensaje de la Cámara de la Corte Suprema en el Capitolio de EE.UU, en Washington, DC destinada al ferrocarril de B & O en Baltimore. La primera frase transmitida por fue "What hath God wrought?" (¿Qué nos ha traído Dios), cita del capítulo 23, versículo 23 del "Libro de los Números" del Antiguo Testamento.
Durante las dos décadas siguientes se difundió por todo el país este nuevo sistema de comunicación, con las mejoras introducidas por los potentes electroimanes de Alfred Vail.
En este contexto, ahora bajo la presidencia de Abraham Lincoln (1861-1865) se desarrolla esta preciosa cinta de Fritz Lang que se ocupa de la epopeya de la llegada del telégrafo desde la ciudad de Omaha (Nebraska) hasta la de Salt Lake (Utah). Algo más de 1.500 km. atravesando territorios dominados por los indios o ciudades como Denver de honda tradición pistolera.
La cuidadosa descripción de los trabajos de colocación del tendido con sencillos postes telegráficos de una única palomilla, los estudios topográficos previos, el establecimiento de las estaciones intermedias, la distribución y el ritmo de los trabajos, las dificultades que a cada momento hay que abordar, todas estas cuestiones tan poco cinematográficas constituyen para nosotros un plus especial en esta película. Independientemente del hilo argumental, uno de tantos dentro del género, el gusto que tienen algunos directores por colocar sus obras sobre un fondo histórico bien documentado les confiere originalidad y refuerza el interés por la trama. Al menos para nosotros.
Por lo demás, estamos ante un trabajo de Friz Lang que se aprecia en la delicadeza con que presenta, desarrolla y concluye la trama. La trama que es un drama. Un doble drama por el enfrentamiento que hay entre dos hermanos, o por la disputa de dos galanes por la dama, todo adecuadamente suavizado por la ironía, la broma o el fino humor. Magistral la relación entre dos maravillosos secundarios como el temeroso cocinero y su bronco protector. Como se ha comentado ya, a veces parece que estamos viendo una cinta de John Ford. Con eso queda todo dicho.
Lafuente Estefanía
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