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Todos lo saben

6,7
5.263
votos
Sinopsis
Laura viaja con su familia desde Buenos Aires a su pueblo natal, en España, para asistir a la boda de su hermana. Lo que iba a ser una breve visita familiar se verá trastocada por unos acontecimientos imprevistos, que sacudirán las vidas de los implicados. (FILMAFFINITY)
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27 de mayo de 2018
49 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todos lo saben arranca en las tripas de un campanario. Mientras leemos los títulos de crédito, el engranaje viejo del reloj de una iglesia se pone en marcha. Con el repique de las campanas, una paloma empieza a agitarse e intenta escapar por la pequeña brecha de la esfera. Luego, la imagen cambia y vemos unas manos con guantes de látex recortando las noticias de unos periódicos. La historia comienza segundos después, pero Farhadi para ese entonces ya ha dejado su simiente. La promesa de una tragedia que, efectivamente, no tarda en llegar. Un estilo, en esencia, que sólo le pertenece a él y que en esta ocasión se traslada hasta la España rural, sin que por el camino acuse las diferencias culturales e idiomáticas. Es más: se diría que el iraní evoca al mismísimo Lorca, al fatum clásico, al tiempo en todo su simbolismo. Más español, imposible. También universal.

Lo que sigue a ese prólogo es, probablemente, lo mejor que ha rodado Farhadi en toda su carrera. La llegada de Laura (Penélope Cruz) a su pueblo para asistir a la boda de su hermana pequeña sirve de contexto para mostrar las interioridades de toda una familia. El ojo del director filma miradas que poco a poco irán cobrando sentido, los reencuentros de todos los miembros y las estancias de una casa llena de recovecos. Farhadi rueda con curiosidad y nervio, e incluso en esas estampas de aparente felicidad se intuye un malestar extraño. Cuando Laura coincide con Paco (Javier Bardem), su antiguo amor, la paloma del prólogo sale definitivamente de su cárcel. El mensaje es claro: el caos reina y ya no hay vuelta atrás. La luz anaranjada da paso a la penumbra, el sol se convierte en lluvia y el enlace termina en una partida de Cluedo en la que todos sus participantes tienen mucho que perder. Los mecanismos del reloj siguen funcionando.

Por desgracia, con la irrupción del drama Farhadi pierde parte del control de su historia. Las saetas avanzan, aunque desbocadas. La trama se ralentiza en un sinfin de conversaciones cruzadas, revelaciones más o menos sorprendentes y la aparición de personajes poco interesantes (el policía retirado que encarna José Ángel Egido, el padre beato que defiende Ricardo Darín). Hay, efectivamente, pequeñas muestras de lucidez, pero el relato no puede evitar caer en cierta estructura, ya no de culebrón, sino de teleserie, con macguffins que no llegan a ningún lado, suposiciones que luego no se llevan hasta sus últimas consecuencias y minudencias que, a la postre, resultarán cruciales, a riesgo de que el espectador, para ese entonces, las haya olvidado por completo. Se diría que Farhadi, pese a su innegable vena humana y humanista, constriñe tanto a sus personajes en la matemática del guión que deja la película sin oxígeno. Una pena.

Farhadi subraya la duda que se cierne sobre todos y aquello que antes había evocado por la vía de la metáfora se vuelve evidente, literal, un poco fácil. Lo que no quita que el director, por el camino, permita a sus actores desplegar todo su potencial interpretativo, empezando por la angustia de Cruz y la introversión de Bardem, siguiendo con las aportaciones más secundarias (excelentes Fernández, Lennie, Barea y Mínguez) y acabando con las apariciones más testimoniales (cómo olvidar las caras de esos ancianos que miran el convite con frialdad, puede que con indiferencia o con rabia). Todos lo saben, en esencia, convence por la veracidad de su reparto. La impecable dirección de arte también merece mención: en ningún momento se le ven las costuras a una historia que parece enraizada en la España profunda, con subtextos que evocan un país de señores y campesinos, con la rémora del franquismo a cuestas.

El relato termina con el personaje de Mariana (Elvira Mínguez) sentada en la plaza del pueblo. Nada volverá a ser como antes, o tal vez no. La mujer pide a su marido (Eduard Fernández) que se acerque para hablar con ella. Un operario limpia la calle con una manguera y el agua, enésima metáfora, se extiende como una cortina que poco a poco va difuminando sus siluetas. El telón se baja y aparecen los créditos finales. Muy al fondo, el reloj sigue marcando las horas. Y la sensación que resta es que Farhadi, sin llegar a alcanzar las cuotas de Nader y Simin, una separación, ha facturado una buena película. El tiempo, eso tan caprichoso que la película toma como símbolo y que luego pervierte en su segundo tramo, dirá qué lugar merece ocupar Todos lo saben en el cine español. Porque, con sus aciertos y sus flaquezas, Todos lo saben nace destinada a ser un hito en nuestra cinematografía. Quedémonos con lo mejor: no todos los años podemos presumir de tener nuestros mejores artistas y técnicos bajo la batuta de uno de los cineastas más importantes del momento.

@CinoscaRarities http://cachecine.blogspot.com
Xavier Vidal
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3 de junio de 2018
25 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Farhadi, reforzado tras ganar un segundo Oscar, sale de su zona de confort para su nuevo proyecto. Por primera vez ha rodado en España y con dos estrellas internacionales como protagonistas: Cruz y Bardem. Un pueblo de la meseta, todo lo contrario a las historias urbanas que ha rodado en Irán, será donde un magnífico elenco deberá descubrir el autor de un crimen. Eso sí, el triste acontecimiento será tan solo una excusa para que descubramos los secretos y los rencores del pasado, aún presentes aunque se escondan bajo una sonrisa. Aquello que todos saben, pero que nadie dice.



Aunque se trata de un marco único para el director, aún así podemos reconocer su estilo personal según la historia se va desarrollando. Los descubrimientos y las complicaciones del relato se nos presentan con toda naturalidad y sencillez, sin golpes de efecto, sin música, sin planos reveladores, en silencio y con toda calma. Al igual que ya ocurría con Una separación, El pasado o El viajante, parece que la reacción ante las revelaciones pertenecen únicamente al espectador. En cualquier caso, nunca a los actores, que, pese a su tono relajado, lejos del tour-de-force, sus actuaciones son más que solventes y precisas, sobre todo las de Penélope Cruz y Bárbara Lennie. Esta contención parece ser la clave del éxito de las historias de Farhadi: Un hilo narrativo que se expande con total suavidad sin obstáculo alguno.



Asombra comprobar lo bien que el director conoce la vida en los pueblos que retrata rechazando además ir a lo fácil: el exotismo y el folklore. Ecos del cine de Saura resuenan de principio a fin. Farhadi nos presenta un marco agradable, cordial y tranquilo donde el mínimo roce desencadenaría consecuencias fatales, una hostilidad oculta en el reverso de la postal. Esto es, cada conflicto que se repite en todos los pueblos: disputas de tierras y herencias y rumores que siempre son verdad. Gran sorpresa de comprobar Farhadi, de paso en España, haya osado plasmar un retrato tan verosímil sin intentar meterse al público español en el bolsillo. Una decisión arriesgada que se convierte en su mayor valor.

Por último, señalar que según el relato avanza, nos damos cuenta que la identidad del criminal no importa en absoluto, quedando relegada casi a un MacGuffin. El interés recae en saber todo lo ocurrido en el pasado entre esos personajes. Cada revelación golpea sutilmente la trama y la herida hace mella en el desarrollo de cada personaje. Cuanto más nos acercamos a la solución del caso, mayor destrucción entre ellos. Inevitablemente, pese a la solución del problema, esos secretos y rencores impedirán un final tan feliz como nos gustaría. Y a su vez, la identidad del criminal será otro secreto que todo el mundo sabrá en el pueblo aunque nunca lo dirán.

hommecinema.blogspot.fr
yeirus
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19 de septiembre de 2018
14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las tres películas anteriores del iraní Asghar Farhadi me han parecido excelentes, seductoras, inquietantes y ariscas – sobre todo, la impresionante y sobrecogedora “Nader y Simin, una separación” – por lo que sentía muchísima curiosidad por su ‘proyecto español’ y cómo se iba a desenvolver en un entorno, en apariencia, tan alejado de sus orígenes (y tan cercanos a los míos). Y el balance final me parece frustrante. En mi opinión, su mayor defecto es un guion desvaído, farragoso y enrevesado que parece no decantarse con precisión en cuanto a qué nos quiere contar ni cómo abordarlo de una forma clara y precisa. Sin embargo, también nos ofrece algunas de sus más señaladas virtudes, a saber: un elenco de actores magistralmente dirigidos, un majestuoso manejo del espacio narrativo en el que se desarrolla la acción y algunas secuencias ejemplares (como la última, con la que se remata la cinta).

No entiendo del todo – porque la historia no lo requiere ni le saca partido – la razón por la que la protagonista reside en Buenos Aires (donde vive con su marido argentino y sus dos hijos) y sólo vuelve de vez en cuando a su pueblo natal. Pueblo que tiene un evidente resplandor y fragancia castellanos, aunque durante toda la jaranera boda sus invitados parezcan palmeros andaluces desubicados. Tampoco se entiende el sentido de que la hermana pequeña se case ahora con un catalán (dato anecdótico y trivial); pareciera que sólo para escuchar dos o tres frases dichas en ese idioma. La diversidad suele añadir verdad, pero cuando se queda en anécdota, resulta chirriante y baladí. Y podría seguir enumerando pequeños detalles mínimos, que por sí solos no harían desmerecer la obra, pero en conjunto parecen debidos a que se ignora lo que se nos quiere decir. Y acaban desanimando.

Lo mejor, sin duda, son los actores. Ninguno desafina y todos están soberbios y tienen breves momentos de gloria e inspiración. Son lo más destacable de la función y sólo por ellos merece verse la propuesta. Sin embargo, sus personajes están muy por encima del confuso y artificioso relato que se nos brinda, donde las cosas suceden por imperativo del guionista y no porque vaya fluyendo con naturalidad y destreza. Se quiere construir una tragedia donde sólo cabe un folletín enmohecido. Y eso se nota en exceso: demasiadas costuras y desgarrones para un ropaje tan escaso.

Quizás había puesto el listón de mis expectativas demasiado alto y esperaba mucho más – y mejor – de lo que me he encontrado. Quizás. Pero me gusta que me sorprendan y sólo puedo señalar que el asombro brilla por su ausencia y sólo he encontrado un amañado dramón rústico que apenas remonta el vuelo.
antonalva
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15 de septiembre de 2018
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
En el año 2009, un cineasta iraní quiso romper con los postulados habituales del cine de su país, y demostrar que la cinematografía del país persa podía consistir en algo más que niñas yendo a buscar agua a un pozo con sus abuelitas (es un decir...) y con ese -al parecer inevitable- estilo contemplativo que nos solía ofrecer el por otra parte reputado y festivalero cine producido en Irán, tan tradicional en sus formas y contenidos como el propio país del que provenía, el de los ayatolás y el régimen islamista.

El nombre de ese talentoso y revolucionario cineasta era Asghar Farhadi, que años después le consiguió al país los dos únicos Oscars que ha obtenido en su historia. Uno de ellos con una de las obras maestras del cine de los últimos tiempos, 'Nadir y Simin, una separación'.

Pero él mismo debió considerar que ese incuestionable talento para escribir diálogos y situaciones, inventar historias llenas de grandes ideas, y especialmente dirigir magistralmente a sus actores no se podía limitar a las fronteras de su patria, y comenzó un ¿tour europeo, visto lo visto? realizando en Francia la estupenda 'El pasado', con una Bérénice Bejo de moda tras el triunfo mundial -Oscar incluido- de 'The artist'

Y años después de su aventura francesa, los cinéfilos españoles nos llevábamos la sorpresa de que había elegido nuestro país para situar aquí la siguiente de sus certeras, observadoras e interesantes historias que tiene en la cabeza. El resultado ya está aquí, y es 'Todos lo saben', para la que está claro que solicitó a su productora española un casi inmejorable elenco de actores y actrices que se encuentran entre lo mejor del país, interpretativamente hablando, además de uno de los mejores directores de fotografía nacionales, Alcaine, y un resto de equipo técnico y artístico solvente y de contrastada garantía.

Y lo cierto es que, como se podía esperar, su película española también está muy bien. Ha sabido captar, sin que nada rechine, la idiosincrasia y mentalidad de una nación y una cultura desconocidas para él, y contar certeramente una tremenda historia localizada en nuestro atávico medio rural. Una historia cuyo final (o futuro, más exactamente) ha querido, inteligentemente, que complete o intuya el espectador.

Farhadi sigue demostrando que es uno de los grandes del cine contemporáneo, ya sea en la zona de confort de su cultura y país, o fuera de sus fronteras. Todos lo sabíamos.
Amor Perro
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15 de septiembre de 2018
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pues sí, no me extraña que Penélope Cruz haya quedado exhausta después de tener que sufrir (nada fácil además) durante tres cuartos de película al menos, por más actriz que ella sea... Por suerte Bardem la ampara, a distancia, con ese papel tan bonito que Asghar le ha confiado y que él logra dotar de enorme sensibilidad -tan a distancia de Escobar-. Pero en realidad es toda ella un festival de actores y cada cual en su rol, sea más o menos destacado, lo llena de significado y aporta veracidad a la trama, a veces tan sólo 'estando', como es el caso de Cuesta o Casamajor. Es llamativo, por cierto, que el director diga que su familia es muy normal y que no sabe de dónde le vienen toda esa retahíla de problemas al idear sus historias, quizás sea por ello precisamente añade, pero diría que esta es sin embargo para mí, dentro de su filmografía, donde los problemas me parecen más plausibles, quiero decir asimilables y con las dosis mínimas de sobresaltos y/o sorpresas a que nos tiene acostumbrados. La de aquí se ve venir -una de ellas en concreto- al menos es lo que yo opino aunque compartiría con Farhadi una duda razonable que tengo con respecto a un raptor, ejem, pero no puedo, ni debo, exponerlo más abiertamente aquí que los secretos, a voces, tienen que seguir ocultándose... aunque todos lo sepamos.

(Por cierto, la vibrante escena inicial de la boda me ha recordado a "El cazador", con toda su gran potencia y enorme vitalidad, un gran momento de alegría en las vidas de todos ellos antes de que los acontecimientos cambien inexorablemente de rumbo.)
Rebeca
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