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Todos lo saben

6,8
1.476
votos
Sinopsis
Laura viaja con su familia desde Buenos Aires a su pueblo natal, en España, para asistir a la boda de su hermana. Lo que iba a ser una breve visita familiar se verá trastocada por unos acontecimientos imprevistos, que sacudirán las vidas de los implicados. (FILMAFFINITY)
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27 de mayo de 2018
16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todos lo saben arranca en las tripas de un campanario. Mientras leemos los títulos de crédito, el engranaje viejo del reloj de una iglesia se pone en marcha. Con el repique de las campanas, una paloma empieza a agitarse e intenta escapar por la pequeña brecha de la esfera. Luego, la imagen cambia y vemos unas manos con guantes de látex recortando las noticias de unos periódicos. La historia comienza segundos después, pero Farhadi para ese entonces ya ha dejado su simiente. La promesa de una tragedia que, efectivamente, no tarda en llegar. Un estilo, en esencia, que sólo le pertenece a él y que en esta ocasión se traslada hasta la España rural, sin que por el camino acuse las diferencias culturales e idiomáticas. Es más: se diría que el iraní evoca al mismísimo Lorca, al fatum clásico, al tiempo en todo su simbolismo. Más español, imposible. También universal.

Lo que sigue a ese prólogo es, probablemente, lo mejor que ha rodado Farhadi en toda su carrera. La llegada de Laura (Penélope Cruz) a su pueblo para asistir a la boda de su hermana pequeña sirve de contexto para mostrar las interioridades de toda una familia. El ojo del director filma miradas que poco a poco irán cobrando sentido, los reencuentros de todos los miembros y las estancias de una casa llena de recovecos. Farhadi rueda con curiosidad y nervio, e incluso en esas estampas de aparente felicidad se intuye un malestar extraño. Cuando Laura coincide con Paco (Javier Bardem), su antiguo amor, la paloma del prólogo sale definitivamente de su cárcel. El mensaje es claro: el caos reina y ya no hay vuelta atrás. La luz anaranjada da paso a la penumbra, el sol se convierte en lluvia y el enlace termina en una partida de Cluedo en la que todos sus participantes tienen mucho que perder. Los mecanismos del reloj siguen funcionando.

Por desgracia, con la irrupción del drama Farhadi pierde parte del control de su historia. Las saetas avanzan, aunque desbocadas. La trama se ralentiza en un sinfin de conversaciones cruzadas, revelaciones más o menos sorprendentes y la aparición de personajes poco interesantes (el policía retirado que encarna José Ángel Egido, el padre beato que defiende Ricardo Darín). Hay, efectivamente, pequeñas muestras de lucidez, pero el relato no puede evitar caer en cierta estructura, ya no de culebrón, sino de teleserie, con macguffins que no llegan a ningún lado, suposiciones que luego no se llevan hasta sus últimas consecuencias y minudencias que, a la postre, resultarán cruciales, a riesgo de que el espectador, para ese entonces, las haya olvidado por completo. Se diría que Farhadi, pese a su innegable vena humana y humanista, constriñe tanto a sus personajes en la matemática del guión que deja la película sin oxígeno. Una pena.

Farhadi subraya la duda que se cierne sobre todos y aquello que antes había evocado por la vía de la metáfora se vuelve evidente, literal, un poco fácil. Lo que no quita que el director, por el camino, permita a sus actores desplegar todo su potencial interpretativo, empezando por la angustia de Cruz y la introversión de Bardem, siguiendo con las aportaciones más secundarias (excelentes Fernández, Lennie, Barea y Mínguez) y acabando con las apariciones más testimoniales (cómo olvidar las caras de esos ancianos que miran el convite con frialdad, puede que con indiferencia o con rabia). Todos lo saben, en esencia, convence por la veracidad de su reparto. La impecable dirección de arte también merece mención: en ningún momento se le ven las costuras a una historia que parece enraizada en la España profunda, con subtextos que evocan un país de señores y campesinos, con la rémora del franquismo a cuestas.

El relato termina con el personaje de Mariana (Elvira Mínguez) sentada en la plaza del pueblo. Nada volverá a ser como antes, o tal vez no. La mujer pide a su marido (Eduard Fernández) que se acerque para hablar con ella. Un operario limpia la calle con una manguera y el agua, enésima metáfora, se extiende como una cortina que poco a poco va difuminando sus siluetas. El telón se baja y aparecen los créditos finales. Muy al fondo, el reloj sigue marcando las horas. Y la sensación que resta es que Farhadi, sin llegar a alcanzar las cuotas de Nader y Simin, una separación, ha facturado una buena película. El tiempo, eso tan caprichoso que la película toma como símbolo y que luego pervierte en su segundo tramo, dirá qué lugar merece ocupar Todos lo saben en el cine español. Porque, con sus aciertos y sus flaquezas, Todos lo saben nace destinada a ser un hito en nuestra cinematografía. Quedémonos con lo mejor: no todos los años podemos presumir de tener nuestros mejores artistas y técnicos bajo la batuta de uno de los cineastas más importantes del momento.

@CinoscaRarities http://cachecine.blogspot.com
Xavier Vidal
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3 de junio de 2018
12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Farhadi, reforzado tras ganar un segundo Oscar, sale de su zona de confort para su nuevo proyecto. Por primera vez ha rodado en España y con dos estrellas internacionales como protagonistas: Cruz y Bardem. Un pueblo de la meseta, todo lo contrario a las historias urbanas que ha rodado en Irán, será donde un magnífico elenco deberá descubrir el autor de un crimen. Eso sí, el triste acontecimiento será tan solo una excusa para que descubramos los secretos y los rencores del pasado, aún presentes aunque se escondan bajo una sonrisa. Aquello que todos saben, pero que nadie dice.



Aunque se trata de un marco único para el director, aún así podemos reconocer su estilo personal según la historia se va desarrollando. Los descubrimientos y las complicaciones del relato se nos presentan con toda naturalidad y sencillez, sin golpes de efecto, sin música, sin planos reveladores, en silencio y con toda calma. Al igual que ya ocurría con Una separación, El pasado o El viajante, parece que la reacción ante las revelaciones pertenecen únicamente al espectador. En cualquier caso, nunca a los actores, que, pese a su tono relajado, lejos del tour-de-force, sus actuaciones son más que solventes y precisas, sobre todo las de Penélope Cruz y Bárbara Lennie. Esta contención parece ser la clave del éxito de las historias de Farhadi: Un hilo narrativo que se expande con total suavidad sin obstáculo alguno.



Asombra comprobar lo bien que el director conoce la vida en los pueblos que retrata rechazando además ir a lo fácil: el exotismo y el folklore. Ecos del cine de Saura resuenan de principio a fin. Farhadi nos presenta un marco agradable, cordial y tranquilo donde el mínimo roce desencadenaría consecuencias fatales, una hostilidad oculta en el reverso de la postal. Esto es, cada conflicto que se repite en todos los pueblos: disputas de tierras y herencias y rumores que siempre son verdad. Gran sorpresa de comprobar Farhadi, de paso en España, haya osado plasmar un retrato tan verosímil sin intentar meterse al público español en el bolsillo. Una decisión arriesgada que se convierte en su mayor valor.

Por último, señalar que según el relato avanza, nos damos cuenta que la identidad del criminal no importa en absoluto, quedando relegada casi a un MacGuffin. El interés recae en saber todo lo ocurrido en el pasado entre esos personajes. Cada revelación golpea sutilmente la trama y la herida hace mella en el desarrollo de cada personaje. Cuanto más nos acercamos a la solución del caso, mayor destrucción entre ellos. Inevitablemente, pese a la solución del problema, esos secretos y rencores impedirán un final tan feliz como nos gustaría. Y a su vez, la identidad del criminal será otro secreto que todo el mundo sabrá en el pueblo aunque nunca lo dirán.

hommecinema.blogspot.fr
yeirus
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15 de septiembre de 2018
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Todos lo saben", que inauguró con todos los honores el Festival de Cannes, es, en efecto, España. Somos nosotros y las cosas que pasan, lo hacen en un pueblo castellano. Pero también es Irán, puede serlo perfectamente. El arranque de Cannes, con esta película fue notable, Penélope Cruz encarna admirablemente el vértigo de quien puede perder lo que más ama.
La película reúne a un elenco brillante de actores encabezado además por Javier Bardem en un thriller familiar inspirado en la historia real. El realizador iraní Asghar Farhadi, ganador del Oscar a la Mejor Película Extranjera con "Nader y Simin, una separación" (2011) y "El viajante" (2016), se ha empapado de la cultura española para rodar un interesante thriller familiar en la que la alegría que rodea una boda acaba en tragedia. Penélope Cruz encarna a Laura, una mujer que viaja de Buenos Aires a España junto a su hija para asistir al enlace matrimonial de su hermana pequeña (Inma Cuesta).

Es una narración dura, tensa y realista de la que no puedo desentenderme en ningún momento, en posesión de clima y misterio
Lo que Farhadi describe de la gente y de sus sentimientos es universal, pero podían albergarse dudas sobre si ese hombre se desenvolvería con idéntica fuerza expresiva fuera de su ambiente, si su lenguaje sería igual de penetrante al rodar en países e idiomas que le son ajenos. Se trasladó a Francia para crear la terrible "El pasado" y sus señas de identidad artísticas se mantuvieron intactas. También la fascinación y el temblor de los espectadores con paladar de cualquier parte ante los dilemas morales y los tormentos anímicos que retrata este auténtico y complejo humanista.
La lógica ha funcionado en los Oscar y en los infinitos premios internacionales que ha recibido su cine. Y no tengo ni la mas remota idea el porqué y los motivos por los que Farhadi decide ambientar en un pueblo de España su última historia, pero está claro que hace verosímil y apasionante lo que quiere contar, que su estilo, su voz y eso tan ampuloso (aunque cierto) conocido como universo propio serían identificables si rodara en Laponia, en Nigeria, en Nueva York o en Marte, que no hay fronteras para su arte.

Sea como sea, pueden ellos. Incluso más ella. Javier Bardem vuelve a demostrarse capaz de todo en su voracidad. Desbordante y desbordado en la ilustración del dolor. Y Penélope Cruz (en pie) sencillamente regresa a lo mejor de "Volver" (la de Almodóvar) en su instintivo manejo de los tiempos y los acentos (entre el argentino y el español), en su facilidad para romperse ante la tragedia y en su perfecta apropiación del espacio siempre claustrofóbico que le rodea. Ella dice que a los dos personajes, a Raimunda y Laura, les une el afán de superviviencia. Y la creemos. Se diría que los dos son tan perfectamente españoles que parecen iraníes. O al revés. Penélope Cruz llena la pantalla como la encarnación de la española por excelencia. Nos la imaginamos mordiendo una aceituna (la española como ninguna). que parezca salida de "Volver" no creo que sea casual si pensamos en lo mucho que se adora a Pedro en Francia (y en Cannes) y en que El Deseo, la productora de los hermanos Almodóvar, estuvo en un principio implicada en el proyecto (no se sabe por qué se retiraron).
La crema de los intérpretes españoles, ¡están perfectos todos!, Barbara Lennie, Eduard Fernandez, Elvira Mínguez, Inma Cuesta... con el lujo añadido de Ricardo Darín, se entrega con sensibilidad y convicción al arte del persa torturado, de ese humanista consciente de que todo Dios posee sus razones aunque la consecuencia de sus actos pueda ser devastadora.

Se podría decir que a Farhadi se le va la mano con alguna simbología tópica (esa paloma que escapa), y que la película hubiese ganado acortando esas escenas en las que los actores se regalan con la exteriorización de sus sentimientos, en beneficio de un ritmo más trepidante. Pero "Todos lo saben", una película elegante, transparente, no sólo cumple de sobras con los requisitos de glamour y prestigio de una inauguración cannoise, sino que además se le augura un espléndido taquillazo ahora que llega a nuestras salas, lo sabemos, lo saben.
javi rojo
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15 de septiembre de 2018
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
En el año 2009, un cineasta iraní quiso romper con los postulados habituales del cine de su país, y demostrar que la cinematografía del país persa podía consistir en algo más que niñas yendo a buscar agua a un pozo con sus abuelitas (es un decir...) y con ese -al parecer inevitable- estilo contemplativo que nos solía ofrecer el por otra parte reputado y festivalero cine producido en Irán, tan tradicional en sus formas y contenidos como el propio país del que provenía, el de los ayatolás y el régimen islamista.

El nombre de ese talentoso y revolucionario cineasta era Asghar Farhadi, que años después le consiguió al país los dos únicos Oscars que ha obtenido en su historia. Uno de ellos con una de las obras maestras del cine de los últimos tiempos, 'Nadir y Simin, una separación'.

Pero él mismo debió considerar que ese incuestionable talento para escribir diálogos y situaciones, inventar historias llenas de grandes ideas, y especialmente dirigir magistralmente a sus actores no se podía limitar a las fronteras de su patria, y comenzó un ¿tour europeo, visto lo visto? realizando en Francia la estupenda 'El pasado', con una Bérénice Bejo de moda tras el triunfo mundial -Oscar incluido- de 'The artist'

Y años después de su aventura francesa, los cinéfilos españoles nos llevábamos la sorpresa de que había elegido nuestro país para situar aquí la siguiente de sus certeras, observadoras e interesantes historias que tiene en la cabeza. El resultado ya está aquí, y es 'Todos lo saben', para la que está claro que solicitó a su productora española un casi inmejorable elenco de actores y actrices que se encuentran entre lo mejor del país, interpretativamente hablando, además de uno de los mejores directores de fotografía nacionales, Alcaine, y un resto de equipo técnico y artístico solvente y de contrastada garantía.

Y lo cierto es que, como se podía esperar, su película española también está muy bien. Ha sabido captar, sin que nada rechine, la idiosincrasia y mentalidad de una nación y una cultura desconocidas para él, y contar certeramente una tremenda historia localizada en nuestro atávico medio rural. Una historia cuyo final (o futuro, más exactamente) ha querido, inteligentemente, que complete o intuya el espectador.

Farhadi sigue demostrando que es uno de los grandes del cine contemporáneo, ya sea en la zona de confort de su cultura y país, o fuera de sus fronteras. Todos lo sabíamos.
Amor Perro
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16 de septiembre de 2018
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras ver "Nader y Simin: Una separación", "El pasado" y "El viajante", me declare fan del cine del iraní Asghar Farhadi. La sorpresa fue grande cuando leí que estaba rodando una película en España con Penélope Cruz y Javier Bardem. Así que, tenía muchas ganas de ver como casaba el universo de Farhadi dentro del cine español y la película me ha entusiasmado.

A mi modo de ver, no llega al nivel de "Nader y Simin: Una separación", que, de las que he visto de su filmografía, me parece la mejor. Sin embargo, "Todos lo saben" tiene muchas de sus virtudes que la convierten en una película brutal. Es tal su sencillez y sutilidad, que atrapa con un argumento ínfimo ( y prácticamente destripado en el trailer), que da por pensar en las capas que en realidad esconde. La España rural tiene mucho del Irán que retrata Farhadi en sus películas. Sus correspondencias son muchas, lo que no deja de sorprender.

Cuando se desata el drama, tras un necesario prólogo donde se presenta a los distintos personajes, asistimos a un vaivén de acontecimientos, mezclados con el dolor más desatado y la convicción más recalcitrante, donde se junta todo y todo, el pasado especialmente, sale a la luz como una arma arrojadiza. La alegría, el alboroto y la felicidad desbocada del principio deviene dolor y frustración, desconfianza y miedo, después. Los secretos se van revelando a los personajes y al espectador y los reproches y las súplicas surgen como un mecanismo de defensa y también de supervivencia. Todo vale cuando la vida de un ser amado corre peligro, hasta se pueden remover los cimientos que se prometieron no remover.

Así da que pensar que ese "hecho" no es más que una excusa para poner a unas personas, con las que nos identificamos, en un aprieto tras otro, preguntándonos como reaccionaríamos nosotros en tal situación, de quien nos fiaríamos y de quien desconfiaríamos, qué haríamos o no. Una jugada perfecta de Farhadi: no importa que estemos en Irán, Francia o España, todos, seamos de donde seamos, podemos ver que este conflicto es universal y que hay personas que reaccionarían visceralmente, hay otras que razonarían y otras que renunciarían o se lo jugarían todo con tal de volver a la normalidad. He ahí la fuerza de la propuesta del director: la universalidad de lo cotidiano; la fuerza de lo sencillo.


Sublimes los actores, sin una sola fisura. Extraordinarios los principales (Cruz, Bardem y Darín), con la fragilidad y la sutileza necesaria para hacerlos creibles. Los secundarios no se quedan atrás, entre los que destacaría a Bárbara Lennie, Eduard Fernández y Elvira Mínguez, que casi roban el protagonismo a los principales. Si esta película es así es en buena medida por el trabajo brutal de sus actores.

Dicho esto, es una película muy recomendable, de las que te dejan pegado a la butaca hasta su resolución, aunque ésta, por ponerle algún pero, siendo coherente, no tiene la contundencia que ha envuelto el planteamiento y el nudo. Al igual que el final, un poco a lo "Nader y Simin..." que queda a la interpretación del sufrido espectador, envuelto en ese poderoso y desaforado drama rural y humano.
Sémele
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