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Todos están muertos

5,6
2.380
votos
Sinopsis
Lupe (Elena Anaya) vive encerrada en su casa, presa de una brutal agorafobia. Viéndola en bata y zapatillas, dependiendo para todo de su madre y con un hijo adolescente que la detesta, nadie diría que en los 80 fue una estrella de rock. Su madre, cansada de ver a su hija convertida en una persona egoísta y conflictiva, la Noche de los Muertos decide hablar con su hijo Diego. Este vuelve a la casa familiar con el aspecto de siempre: un ... [+]
Críticas ordenadas por:
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31 de mayo de 2014
35 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ser original o insólito o extraño puede ser una virtud o una losa. Depende. Pero es admirable que el pacato cine español intente sorprender ofreciendo novedades temáticas y narrativas que explora terrenos inhabituales y poco trillados. Vayamos por partes, porque nos encontramos con una abigarrada coctelera de ideas y ocurrencias: Una hermosa pero estancada mujer con agorafobia, la movida musical y sus pelos a lo punk, pasados esplendores de un estrellato que acabó estrellándose, unas relaciones materno-filiales catastróficas, una madre de origen mexicano (¡qué poco aparecen personajes latinoamericanos en el cine patrio!) y ofuscaciones inusuales hacia el mundo de los muertos…

Todo ello configura un relato que ofrece caminos inexplorados, propuestas novedosas con personajes interesantes por reconocibles aunque pocas veces vistos con anterioridad (el mundo de la música glamurosa, la adolescencia colegial, los amores incipientes, alborotados y desordenados, gotas de brujería de andar por casa…). Y todo esa amalgama de ideas, recursos, riesgos y sofisticación combina bien y se traba con éxito en un relato iniciático que ofrece invitaciones inesperada y rescata personajes inefables (un muerto resucitado sólo visto por algunos y, a veces, gracias a la ingesta de psicotrópicos) enfrentados a dilemas de ultratumba que nos reconcilia con el cine como una invención de mundos inéditos e ideas descabelladas y riesgosas.

El tono oscila entre la comedia romántica, la recopilación de nostalgias refulgentes y la trama de mesa camilla familiar, casi siempre con éxito y en todo caso ofreciendo novedades y acometiendo escollos quizás excesivos pero en todo caso muy de agradecer. El resultado es una película imprevisible, imperfecta, con algunos altibajos de ritmo y cadencia, muy bien interpretada, resueltamente dialogada y pertinazmente singular, atrayente de puro bizarro y original. Falta algo para estar plenamente lograda, pero fijándonos en lo que sí está: hay que alabar su capacidad de sorpresa, la belleza aturdida de Elena Anaya, cierto humor consanguíneo, algún pasmo dramático y la lozanía de ser diferente, divergente y novedosa.

Y hay que agradecer que propuestas inclasificables como ésta se hagan un merecido hueco en la adocenada cinematografía actual. Quizás fragmentaria e irregular, pero satisfactoria a poco que uno se deje arrastrar por su proposición desvergonzada y acoja sus muchas sugerencias y ramificaciones con simpatía y cierta indulgencia.
antonalva
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1 de junio de 2014
15 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay películas que son una actriz. Para bien y para mal. Es el caso de “Todos están muertos”. Y es que la interpretación de Elena Anaya aquí se mete hasta el tuétano. Embebe, obnubila y aturde. Deseas que no salga nada más en pantalla que ella. ¿Para qué otra cosa? ¿Para qué malgastar esfuerzos en contar una historia manida, trufada de lugares comunes, previsibles?
Amores platónicos juveniles, despertares sexuales inciertos, muertes traumadas, hijos no deseados, relaciones más que fraternales... Y todo este gazpacho culebronil, presentado como en un remake de “Ghost” pergeñado por la prima mejicana de Almodóvar...

¿Pero, sabéis que? me da igual todo ello, y su morosidad y su pretenciosa modernidad (que no es tal). Me es lo mismo, porque Álvaro Gutiérrez hace magia con su fotografía y extrae un delicioso glamour feista de la que bien podría haber inspirado a Leiva cuando compuso Lady Madrid con Pereza.
Da igual su cardado flequillero, lo resquebrajado de sus labios, su conspicua delgadez, la ausencia de maquillaje o el vestuario así, como de andar por casa. O quizás es la milagrosa conjunción de todo. El caso es que es imposible que la cámara quiera más a una actriz. ¡Cómo aguantas primerísimos planos Lady Anaya! Tu presencia, tu mirada y tus titubeos en la voz compensan cualquier cosa que me jale del brazo, constantemente, para sacarme de la película, casting infanto-juvenil incluido... Tela de la marinera lo del nene co-protagonista.

“Todos están muertos” es pues, para mal y para bien, una actriz, un personaje, una interpretación, una presencia, que arrebatan al espectador hasta el babeo, sí, a los acordes, además, de gente como Akrobats que le dan un punto hypster que mola a modernetes sabiondos como yo... y da igual que todo lo demás esté, a su lado, muerto o, al menos, lo parezca.
Harry Callahan
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3 de junio de 2014
12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ante tremendo panorama, a media mañana apareció Todos están muertos, debut en el largometraje de Beatriz Sanchís, que hizo subir de golpe y porrazo el listón dentro de la Sección Oficial del Festival de Málaga. Tras un inicio ciertamente desconcertante, la voz en off de un niño se dirige a un personaje indeterminado y nos muestra la especial relación y existencia de su peculiar familia, una abuela mexicana y una madre antigua estrella del rock que vive recluida en casa haciendo tartas de manzanas, Todos están muertos impone pronto en pantalla un sello diferenciador, marcando en seguida las distancias no ya sólo con el resto de cintas a competición en la muestra malagueña, sino también con la mayor parte de la producción nacional del momento. Y la culpa o, mejor dicho, el mérito de ello es la insólita y reveladora manera con la que Sanchís se atreve a hablar de algo tan común en el cine mundial como son las familias rotas: desde una óptica que no muestra reparos en adentrarse en los caminos del realismo mágico sudamericano, además de una forma terriblemente natural y espontánea, lo que se apodera de toda la película dotándola de una magnética ternura.

Con tan irresistible atmósfera, luminosa y elocuente del afecto y la comprensión con la que están escritos todos los personajes y sus conflictos, Todos están muertos se sirve de constantes símbolos (el pelo, el despertador, los pasos de los personajes) para ir descubriendo con exquisita sensibilidad el viaje hacia la luz interior, hacia la calma y la estabilidad que lleva a cabo su torturada protagonista, logrando hablar en el camino, valiente como pocas, de temas incluso hasta espinosos (la muerte, obviamente, pero también la maternidad no asumida e irresponsable o algún otro algo más polémico que no desvelaremos aquí), eludiendo todo lo de maniqueo que tales asuntos pudieran conllevar y tratándolos con una sencillez tan loable que, en última instancia, habla maravillas de la inteligencia con la que Sanchís, autora también del guión, ha tejido todos y cada uno de los pormenores de su historia. Una película sin trucos, certera y profundamente honesta, que consigue además algo tan bonito como es estar vehiculada emocionalmente por la música, siendo ésta un compendio de las vibraciones imperantes en los sonidos de la famosa movida madrileña, que sirve de parte inspiradora del relato, pero también de la melancolía que inundó al rock en los noventa, momento en el que se ubica la narración. Y, para rizar el rizo de los aciertos, Todos están muertos sirve una de las interpretaciones más conmovedoramente redondas de Elena Anaya, intérprete que demuestra aquí haber comprendido y asimilado incluso hasta los rincones más oscuros de su personaje. La mexicana Angélica Aragón ofrece el perfecto contrapunto de emoción en uno de los, a buen seguro, mejores debuts del año.
Juanma
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7 de julio de 2014
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con dos cortos como directora, Beatriz se lanza a la piscina con una historia muy atípica que a muchos les dejará desconcertados y a otros tantos poco a poco irá captando.

Todos están muertos reúne muchos géneros en uno, que si eres capaz de conectar con ella poco a poco irás captando la esencia de cada uno de ellos.

La historia y la trama comienza floja, no haciendo un planteamiento de los sucesos un poco más claro y en sus primeros minutos es todo demasiado turbio como para enterarse de mucho. Esto sumado a su necesidad imperiosa a hacer partícipe a Nahuel Pérez Biscayart cuyo personaje es más que prescindible se podría decir que son sus puntos más flojos, ya que sin la intervención de dicho personaje la historia y su trama hubiera sido algo más sugestiva emocionalmente, por lo que se puede decir es que su guión en muchos aspectos es muy mejorable.

Por otro lado, tenemos una trama que aunque empieza de una forma irregular, poco a poco adquiere fuerza y engancha progresivamente según transcurren los minutos, y esto se debe en buena parte a la excelente actuación de Elena Anaya que hace de su personaje una auténtica maravilla, provocando que su personaje avance y que todos veamos su evolución superando a brazo partido las dificultadas por las que tiene que atravesar .

Toda ella está bastante bien acompañada por una banda sonora perfecta que recrea en la mente del espectador momentos de Déjà vu con una música muy pasada en la actualidad pero que evoca tiempos mejores.

Como conclusión se puede decir que tenemos ante nosotros una idea muy original y atrevida, muy por encima de lo repetitivo de la actualidad y que gracias a Beatriz Sanchís los que logren conectar con ella verán una película muy inteligente y recomendable y para los que no conecten, la actuación de Elena no les dejará indiferente.

Lo mejor: Anaya se come la pantalla
Lo peor: Un guión que falla en lo simple y algo mas rebuscado hubiera sido lo correcto.


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fauno21
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10 de julio de 2014
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una adolescente voz en off nos cuenta que vive y ha sido criado por su abuela, mujer de ascendencia mexicana. A su madre hace tiempo que dejaron de ponerle el desayuno en la mesa por las mañanas, sin esperanzas de que se hiciera cargo de sus responsabilidades o ni tan siquiera que se esforzara por compartir un rato en familia. Más difícil es si cabe sacarla de casa y es que desde que su compañero de dueto musical falleciera tiempo atrás, vive encerrada entre las cuatro paredes de su casa y las que ha creado en su mente. La madre de esta y abuela de la familia no sabe que hacer y decide invocar el día de los muertos a Diego, el otro componente del famoso grupo “Groenlandia” que llenaba escenarios en épocas de la movida madrileña, como último recurso desesperado para hacerla volver al mundo real, superar lo acontecido años atrás, coger las riendas de su vida y de un hijo en edad difícil.

Beatriz Sanchís nos presenta una ópera prima fresca, original y arriesgada. Mezcla de drama, fantasía fantasmagórica, una comedia a veces romántica y a veces cómplice de esa lágrima que a la mitad de su recorrido por la mejilla tras una escena que te ha emocionado, queda frenada por la sonrisa que dibuja en tu cara la siguiente. Quizá quiera abarcar demasiado y algunos de sus elementos no acaben de arrancar o de cuajar, quizá en alguna cosa se quede corta y en otras (como el entresijo del árbol familiar) se pase, pero a Almodóvar (estilo al que recuerda por momentos aunque la directora no se aloque tanto) le sigue pasando y en general podríamos decir que nos ofrece una potente cinta que reflexiona de forma ingeniosa sobre los fantasmas del pasado, el seguir adelante aunque cueste y el ser capaces de ver la muerte como una etapa más de la vida.

Y lo hace acompañada de un reparto encabezado por una siempre soberbia Elena Anaya y un elenco de secundarios que rinden a diferente pero solvente nivel. Una irreconocible Macarena García con look y rol de “bakala”, una premiable y genial Angélica Aragón que deja escenas emotivas y divertidas a partes iguales. Quizá se eche de menos que Nahuel Pérez Biscayart no aporte más pero cumple como el apoyo que necesita la protagonista y reforzar algunas secuencias aunque sea con su mera presencia como parte del cuadro general al igual que Patrick Criado que como el anterior por momentos pueda parecer innecesario pero son como esos pilotos de F1 que se sacrifican por la estrella y las necesidades de en este caso, la narrativa.

Muy de cerca habrá que seguir a esta atrevida directora que con su ópera prima se presenta con fuerza en el panorama del cine español y que aunque algunas cosas de su primera película parecen hacer aguas, otras sobresalen y tras dejar reposar el visionado, en la balanza predomina lo segundo. Me quedo con el amplio abanico de emociones que consigue evocar, incluyendo nostalgia, mucha nostalgia.

Nota: 6'7

P.D. Escribo estas líneas mientras escucho a “Akrobats”, encargados de la BSO y otro gran descubrimiento añadido.
Turbolover1984
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