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13 días de octubre (TV)

6,1
216
votos
Sinopsis
El 3 de octubre de 1940 Lluís Companys, presidente de la Generalitat en el exilio, es trasladado y encarcelado en el Castillo de Montjuïc, a la espera de ser juzgado. Las autoridades franquistas lo acusan de promover el asesinato de inocentes y de delitos de rebelión contra el Estado. Companys, derrumbado, espera la muerte convencido de que este juicio será una falacia y su condena, un mero trámite. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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20 de septiembre de 2015
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Film que reconstruye los últimos días del presidente catalán Companys, especialmente a partir del papel jugado por Ramón de Colubí, quien fue su defensor en el “juicio” que deprisa y corriendo se le montó en Barcelona tras la guerra civil, al poco de ser capturado por los nazis en Francia y transferido a los franquistas.

Buena ambientación y dirección detallista; pero sobre todo un buen guión, con sensibilidad histórica, ajustado a los hechos. Un filme que busca al hombre que sabe ha de morir. Creíble; buenas interpretaciones, sin actores desgastados en roles anteriores. Sin la grandilocuencia a la que el tema se presta. Sin tratar de relacionar de alguna forma ese pasado con la actualidad. Un producto que también personas no nacionalistas, o de fuera de Cataluña, pueden ver con interés; en fin, sin propaganda.

Ya hace unos pocos años el personaje Companys fue objeto de otro film de TV de bastante calidad (14 de abril: Macià contra Companys) que contrasta por cierto con otros productos más bien mediocres (como el Coronel Macià) relacionados con la Cataluña de la II República.
Corsair
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27 de septiembre de 2015
9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lluis Companys seguramente constituya el presidente de la Generalitat de Cataluña más polémico hasta la fecha. El film relata sus últimos días recluido en el castillo de Montjuic cuando después de la guerra civil el frente populista lo convirtieron en prisión y en lugar de ejecuciones. Allí se constituye un juicio sumadísimo contra él.

Telemovie producida por el Departament de Cultura de Cataluña y su televisión, en pleno proceso revisionista de los últimos tres siglos de esta comunidad. A pesar de ello Carles Marques-Marcet sabe llevarlo al terreno cinematográfico relatando los últimos días de un proceso en el que se establece un vínculo personal entre dos personajes aparentemente opuestos.
Gana el relato a la política. A pesar de un par de frases en el que el peso de la perspectiva juega malas pasadas, la película se ve con interés gracias a las esforzadas interpretación de sus dos protagonistas y a una ambientación aceptable, dados sus aparentes pocos recursos. Especialmente acertada es su presentación y el itinerario que muestra el Montjuic de 1939 mientras conducen a su protagonista a reclusión.
Su director demuestra su predilección por el cine emotivo, sin entrar en polémicas, con una sabia utilización de una planificación digna del cine de Bresson y demostrando cierto clasicismo en la composición de personajes. Un hombre que sabe que ha de morir y un abogado que ha de luchar contra sus prejuicios.
Digna.
waldeker
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5 de enero de 2017
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vamos a ver, no nos engañemos, no nos encontramos aquí ante la enésima maravilla del séptimo arte, aunque también tenemos que tener en cuanta que es un producto de consumo doméstico. Sin embargo, dicho lo anterior, hay que reconocer que estamos ante un trabajo muy digno. Me ha parecido muy bueno el guión, sobre todo en cuanto a lo que a diálogos se refiere, concretamente el de los dos protagonistas (acusado y abogado) y también en cuanto a la evolución de éstos a lo largo del metraje. Además, sus interpretaciones me parecen de lo más convincentes (asunto éste que me es harto difícil hallar en el cine patrio). Nueva vuelta de tuerca a una de las etapas más oscuras de nuestra historia. Muy recomendable.
PALOMOCOMIKERO
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3 de noviembre de 2016
18 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Luis Companys fue uno de los padres del separatismo político catalán. Su carrera política fue muy dilatada, durante la época del pistolerismo en Cataluña, en la que los empresarios tuvieron que contratar a pistoleros armados para defenderse de los ataques de terroristas anarquistas, ahí ejerció él como abogado defensor de los miembros de la anarcosindicalistas CNT que habían optado por lo que denominaban “acción directa”, basada en asesinar a quienes consideraban su enemigo. Eran los años 1917-1923. Claro está, esto no sale en esta película, pues de lo que este filme trata es de ensalzar a Companys como una santa e inocente víctima del franquismo.

Companys alcanzó el poder el 31 de diciembre de 1933, cuando tras la muerte del presidente de la recien inaugurada autonomía de Cataluña, Francisco Maciá, fue nombrado su sucesor. Una de sus primeras medidas fue el nombramiento de José Dencàs como consejero de Gobernación. Le encargó la formación de los escamots. Una milicia armada, vinculada orgánicamente a la formación Estat Català, con la que pretendía imponer el separatismo cuando tuvieran la mínima oportunidad. Una oportunidad que perdieron con la proclamación del Estado Catalán el 6 de octubre de 1934 pues a penas le duró unas horas y costó 110 muertos en las 10 horas escasas que duró.

Tras ser indultado con la llegada al poder del Frente Popular en febrero de 1936, este angelito y líder catalanista se radicalizó todavía más. Tras el fracaso de la experiencia de los escamots, copió el modelo de milicia armada creando, en mayo de 1936 -meses antes del estallido de la Guerra Civil-, el Comité Militar Revolucionario. Estaba compuesto por 8.000 voluntarios separatistas miembros de su partido, especialmente de las Juventudes de Esquerra Republicana-Estat Catalá, a las que dotó de 20.000 fusiles comprados con dinero público. Tras el estallido de la Guerra, estas milicias serían el núcleo del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, fundadas por un decreto del presidente Companys el 26 de julio de 1936 y que sembró el terror en la retaguardia durante la guerra.

Durante este periodo, bajo su mandato y responsabilidad directa fueron asesinadas al menos 8.129 personas en Cataluña. Sin juicio ni garantías legales. En su mayor parte eran civiles pertenecientes a partidos de derechas, miembros del clero o empresarios. Ordenó la creación de campos de concentración, como el de Omells de Na Gaia y autorizó a las diferentes formaciones del Frente Popular a constituir sus propias checas. Él mismo firmaría sentencias de muerte.

De donde cabe decirle al director de este filme, Carlos Marques-Marcet, que hay que tener los bemoles muy gordos y cuadrados para presentarnos aquí a los militares franquistas que mantuvieron preso a Companys durante 13 días antes de fusilarlo, como tipos malos o desalmados y a él, que había sido responsable de más de 8.000 muertes unos años antes, como un angelito del cielo, honorable e injustamente tratado.

Obviamente, viendo esta película, queda claro una cosa: sus productores y director no son amigos de la verdad: no son filósofos.
pezpozo
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24 de octubre de 2015
17 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ante todo, agradecer a los realizadores de este filme el que no hayan filmado a los franquistas (cosa que por lo general suelen hacer ciertos directores izquierdo-mediocres) como meramente inhumanos y maligno-malísimos. Al contrario, Carlos Marques-Marcet presenta a los franquistas como personas con ideales, sentimientos y deberes tan defendibles o dignos de vivirse como aquellos por los que murió Lluís Companys. Así, tanto el sargento que lo conduce y custodia en el castillo prisión de Montjuic, el capitán general, el abogado, etc., aparecen en este filme cual personas con creencias, praxis y fines tan razonables-justificables como las del político partitocrático que fue Companys, enviciado en eso de llamar fascista a todo el que no pensara según su ideología.

Porque, ¡atención!, como bien dice Gustavo Bueno (cf. El mito de la derecha. ¿Qué significa ser de derechas en la España actual? Temas de Hoy. Madrid 2008) : "No se trata de prohibir a los individuos que pertenecen a las facciones secesionistas vascas, catalanas, gallegas o bercianas que manifiesten públicamente sus opiniones relativas a una soberanía que sus supuestos antepasados ya hubieran poseído desde la prehistoria. Lo que es contradictorio es que se les reconozca la posibilidad de mantener estas opiniones a través del cauce de un partido político reconocido en el ámbito del propio Estado respecto del cual ellos no se consideran parte. [...] Máxime cuando las pretensiones de independencia de algunas facciones vascas, catalanas, etc., no son cuestiones que tengan que ver con la voluntad de los vascos o con la voluntad de los catalanes; son cuestiones que están al margen de estas voluntades. […] Contra las decisiones de autodeterminación de `los cuarenta ladrones` sólo cabe una respuesta por parte del propietario, la que tiende a recuperar por la violencia los bienes que le han sido arrebatados o pretenden serle arrebatados.[…] Ante las pretensiones de autodeterminación de las facciones vascas, catalanas, gallegas, de apropiarse de bienes que pertenecen desde siglos a todos los españoles, están fuera de lugar debates parlamentarios democráticos. Este tipo de conflictos no pueden dirimirse democráticamente, sino por vías anteriores a la democracia, la más tradicional, la declaración de guerra. […] ¿Cómo alguien, aunque sea jurista, politólogo o político de profesión, si está en su sano juicio, puede considerar a las facciones secesionistas de un Estado como partidos políticos?" Y es que este problema político que España tiene planteado se ha constituido en un auténtico disparate, a raíz sobre todo del reconocimiento como partidos políticos de las facciones autonómicas separatistas.

Esta película de Carlos Marques-Marcet, está notablemente realizada, merece la pena verse. Por supuesto, pinta una aureola de mártir sobre Lluís Companys y no evoca sus muchos años de ideologismo profesional, su pasado como palabrero de la politiquería y de la agitación de masas, su cuota de responsabilidad en violentos desórdenes, en muertes y en el estallido de la guerra civil española de 1936-1939. Pero, como quiera, fraterniza ver a Lluís Companys en sus últimos días de vida, con la serenidad del que sabe que se acerca algo crucial en la existencia, algo muchísimo más trascendente que las comidillas y tinglados políticos que durante gran parte de su vida él de dedicó a componer y a vivir de eso.

El pueblo, como enseña Nicolás Gómez Dávila en sus "Escolios a un texto implícito", no elige a quien lo cura, sino a quien lo droga. Y esto no sólo es aplicable contra la derecha, el ejército o la iglesia católica, sino también contra la política, la partitocracia o la izquierda. No olvidemos, que también los revolucionarios de cualquier especie manipulan y fabrican opiniones que después presentan como opinión pública. Y esto no sólo lo hizo el partido de Manuel Azaña o Francisco Franco y los militares, también lo hizo el grupo de inventores del Estado Catalán sembrando las semillas de la discordia y de la guerra.

En definitiva, recomiendo ver este filme, me parece de una construcción bastante decente y nada machacona en cuanto a ideologismo catalanista. Cosa de agradecer, estando como estamos súper hartos del dependentismo español del independentismo catalán, el cual no se cansa en su martilleante perorata de que “democracia es votar, votar y votar hasta que salga lo que ellos quieran”.

Fej Delvahe
Fej Delvahe
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