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Nunca te prometí un jardín de rosas

6,5
51
votos
Año
1977
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Drama
Sinopsis
Deborah Blake (Kathleen Quinlan) siempre ha intentado evadirse de la realidad, construyendo su propio mundo mágico en el que todo es perfecto y eterno. Pero la joven ha llegado al punto de confundir ficción y realidad y, por ello, ha sido ingresada en un hospital psiquiátrico. Su caso se da por perdido ante las constantes alucinaciones que sufre, pero la terapeuta que la cuida (Bibi Andersson) no pierde la esperanza de curarla. (FILMAFFINITY) [+]
Críticas ordenadas por:
18 de agosto de 2013
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Encuentro injusto que hoy esta valiosa película esté semiolvidada. Fue candidata al Oscar al Mejor Guión Adaptado, y debemos decir de qué obra fue adaptada: de una novela homónima y autobiográfica de Hannah Green (seudónimo de Joanne Greenberg), quien padeció esquizofrenia y logró superarla. Green se permitió cambiar sólo los nombres de las personas reales, el resto era su historia.. Vayamos al filme. La joven actriz Kathleen Quinlan es aquí Deborah Blake (es decir, Hannah Green/Joanne Greenberg), una adolescente que tiene un pie en el mundo real y el otro en su imaginario mundo privado de Yri, en el que se ha refugiado y del que le llegan voces previniéndola contra las personas que habitan en el otro, el nuestro. Sus padres la llevan a un instituto de salud mental donde será atendida por la Dra. Fried (en realidad, la doctora Frieda Fromm-Reichmann, encarnada por Bibi Andersson), quien no tendré fácil la tarea, porque debe luchar contra las desencarnadas entidades de Yri que pueblan la mente de la joven, quien para colmo no quiere abandonar ese mundo en el que se evade de las crueldades de la realidad.

No sabría decir si la nominación al Oscar estuvo justificada, porque no sé cuánto respeta el guión la novela original; pero calculo que mucho. NUNCA TE PROMETÍ UN JARDÍN DE ROSAS es sobria, pero dura, cruda, aunque a la vez reconforte su mensaje de esperanza. En eso de la crudeza ayudan las solventes actuaciones de las actrices de reparto que interpretan a las internadas del psiquiátrico, creando un clima opresivo, angustiante y doloroso, y la de la propia protagonista, una actriz que por lo visto merecía mejor suerte de la que corrió más tarde (terminó relegada a papeles secundarios, a veces en películas mediocres como la "remake" de THE HILLS HAVE EYES). A Bibi Andersson, su papel no le exige tanto, pero aun así vale la pena destacar que cuesta creer que se trata de la misma actriz que interpretó a la maligna Madre Rikissa en ARN, EL CABALLERO TEMPLARIO. Es cierto que ha pasado mucho tiempo entre ambas películas, pero es la expresión de los personajes, dulce en el caso de esta psiquiatra y horrenda en el caso de la perversa religiosa, lo que marca la diferencia; y eso evidentemente es mérito interpretativo.

Concluyo destacando que por respeto a los millones de enfermos mentales del mundo entero, que ninguna culpa tienen de sus padecimientos, me gustaría que Hollywood produjera más filmes como éste, en vez de producir a granel seriales de asesinos locos. Para colmo, por si hiciera falta aclararlo, PSICOSIS hubo una sola (a pesar de la "remake"), y Hitchcock, también.
EKELEDUDU
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10 de febrero de 2016
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Podríamos decir que esta película de sugerente y afortunadísimo título es la representación de la esquizofrenia contada por una esquizofrénica. O la locura contada por una loca. De hecho es así, puesto que se basa en la novela autobiográfica de Joanne Greenberg, una mujer aquejada por esta terrible enfermedad mental que cuenta con todo lujo de detalles su experiencia.

Muchas de las circunstancias y las situaciones que aparecen en la película recuerdan a ese otro film prodigioso que narra la vida del matemático John Nash, “Una mente maravillosa”, donde también el protagonista tiene que luchar duramente contra las voces y los fantasmas que habitan en su atormentada psique.

Anthony Page nos muestra en la película perfectamente lo duro que es el dolor emocional que padecen estas personas y cómo esos laberintos que se crean en sus mentes, esas dobles vidas imaginarias, no son más que una forma retorcida de huir del dolor emocional.

Hay una escena preciosa y durísima al mismo tiempo en la que la protagonista se quema el brazo con un cigarrillo y empieza a gritar de alegría, porque por primera vez ha sentido dolor físico. Es decir, lo hacía porque era incapaz de sentir la quemadura y su cura empieza en el mismo instante en el que ese dolor por fin aparece y eso la convierte en una persona “normal”.

Otro momento mágico es el del partido de béisbol, cuando las dos compañeras de la clínica, ya libres, comprueban que la felicidad puede consistir sencillamente en hacer lo que hacen las personas normales.

Magistral y conmovedora la interpretación de Kathleen Quinlan e igualmente maravillosa la presencia de la guapísima Bibi Andersson en el papel de psiquiatra que se implica a muerte en el caso de su joven paciente para intentar apagar esas voces que la atormentan y salvarla de su enfermiza mente. Destacar también el fantástico elenco de actrices secundarias que interpretan magníficamente al resto de locas. La verdad es que el responsable del casting se merece un inmenso y caluroso aplauso que desde aquí aprovecho para darle.
Talía666
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