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Kill the Messenger

6,2
5.940
votos
Sinopsis
Basada en la historia real del periodista estadounidense Gary Webb, que puso en evidencia las conexiones de la CIA con el mundo de la droga, y demostró que los barrios negros del país fueron inundados de crack mediante un narcotráfico destinado a abastecer de dinero y armas a la CIA. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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19 de noviembre de 2014
53 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de ver esta buena película, he leído de pasada algunas referencias sobre ella de los críticos que escriben en periódicos y revistas (lo que casi nunca hago), y me llama la atención cómo enseguida algunos buscan una palabreja para etiquetar el film en cuestión. Para esta película he leído la palabreja "conspiranoica". No sé. Yo estoy entre los que piensan que nuestro mundo está atado y dirigido por oscuras fuerzas que actúan dentro de las democracias, burlándose de la democracia, aunque vestidos de demócratas. Siniestros poderes ideológicos dentro de los órganos de poder, gigantescos poderes económicos, todopoderosos grupos de presión... y todos barren para sí mismos en contra del bien general. Por eso está todo lleno de injusticia y cosas mal hechas. Y el ciudadano común no tiene acceso a nada. Se le engaña continuamente y se le oculta todo. Por eso, cualquier escrito, documental o película que trata de desvelar algo de la porquería que rige el mundo, merece consideración y respeto, y no que lo etiqueten con una palabreja, sobre todo si es, como en este caso, una película de, además de muy interesante contenido, buena forma cinematográfica en todo.
Daniel
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18 de noviembre de 2014
37 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
No parece muy casual que el primer rostro que aparece al abrirse este "Matar al mensajero" sea el de Richard Nixon al que vemos en una imagen de archivo dirigiéndose a la nación durante un discurso televisivo. Desde su inicio, la película de Michael Cuesta apunta alto, a Alan J Pakula y a "All the president´s men" nada menos, uno de los grandes referentes del género en el que se inscribe. Tampoco es extraño que posteriormente nos topemos entre su reparto con el británico Michael Sheen, quien diera vida en su día al mediático Martin Frost y acorralara con sus insidiosas preguntas al mencionado gobernante en "El desafio", aquel estupendo trabajo servido por Ron Howard hace ya algunos años.


En "Matar al mensajero" asistimos al enésimo desafío que mantiene el llamado cuarto poder contra el primero de todos, ese otro que casi no se ve. El film se centra en la historia de Gary Webb, periodista del modesto San José Mercury News quien a mediados de los noventa destapó las oscuras conexiones existentes entre la C.I.A y el mundo de las drogas. Casi por casualidad, Webb descubrió cómo durante la década anterior la todopoderosa agencia norteamericana había llegado a financiar a la Contra nicaragüense gracias al dinero del narcotráfico. El argumento, desarrollo y desenlace de la historia, David frente a Goliath una vez más, no resultan novedosos pero sí acaban siendo tremendamente atractivos como casi siempre.

Con un ritmo trepidante y ágil – y con una rumbosa Paz Vega que hace saltar chirivitas de los ojos de nuestro protagonista, un creíble en todo momento Jeremy Renner- Michael Cuesta logra enganchar al espectador desde el minuto uno. La película se sigue con interés durante su primer tercio en el cual vemos poco a poco desenredarse toda la madeja de intereses y corruptelas. Hay aromas de thriller setentero, de buen cine en definitiva. El pulso se relaja de manera considerable en el tramo posterior, justo cuando el film se centra en la intrahistoria del personaje principal, con su particular e inevitable descenso a los infiernos, y en relatarnos la bajada de pantalones de sus superiores ante las también inevitables presiones por parte de quienes están todavía más arriba.

No se sabe si Michael Cuesta ha sentido el mismo miedo escénico que en su día sintió el propio Webb y ha decidido aflojar el pistón y no ir más allá de manera voluntaria. O se ha dejado arrastrar por el tono televisivo y melodramático de su conspiranoica criatura "Homeland" – no la sigo, y por tanto no puedo opinar al respecto. El caso es que llegado un momento, o no ha querido seguir tirando del hilo, o simplemente es que el hilo se le ha roto. Y como entretenimiento su película al final resulta un producto muy válido y muy digno, pero… Tal vez estábamos ante una película destinada a jugar en las grandes ligas, pero…
Juan Solo
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22 de noviembre de 2014
24 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
El año pasado vi un reportaje la mar de interesante sobre la manipulación de los medios informativos y la coartación de la libertad de expresión; en él se hablaba de cómo los medios de comunicación manipulan a los ciudadanos y se citaban muchos ejemplos para ilustrar cómo había ido evolucionando todo con el tiempo. Se hablaba de neuromárketing, de las tertulias estériles que tan de moda están ahora por aquí y que ya hace años que en USA son el pan de cada día, pobladas de "expertos" capaces de hablar tanto de macroeconomía como de cambio climático, pasando por casos dónde se había llegado a silenciar periodistas para que no se hablara de lo que no convenía hablar. De todos ellos, hubo una historia que me llegó al alma y fue la de Gary Webb y su intento por destapar uno de los escándalos más graves -y silenciados- de la historia norteamericana. Tamaña fue mi sorpresa al ver que esa historia sería llevada al cine este año y que contaba con un buen reparto, garantía de que cómo mínimo iban a tomarse la historia en serio. Y así ha sido.

Gary Webb (Jeremy Renner) es un periodista que trabaja para el San José Mercury News, un periódico de impacto medio, y goza de una reputación fundamentada en su rigor periodístico. Un buen día, la novia de un tipo que va a ser acusado de tráfico de drogas (Paz Vega) se pone en contacto con él y le ofrece una serie de documentos que relacionan la CIA con la venta de drogas en los barrios más empobrecidos de la ciudad, a cambio de que investigue el caso de su marido. Esto solo será el principio de una trama que relacionará la CIA con la financiación de la Contra nicaragüense y con la distribución de crack entre las comunidades negras de los suburbios de ciudades como Los Ángeles.

En películas de este calibre hay dos cosas que hay que tener en cuenta para saber si es un buen film denuncia:

A) Que funcione, obviamente, como denuncia. Que la crítica sea clara, que el director se moje, que no sea algo demasiado obvio y simplista y que no se le vea el plumero al director, haciendo ver que quiere denunciar algo pero que en realidad solo sea una excusa para meternos con calzador una historia de las de siempre que no hay quien se la crea (como ocurre con "Diamantes de sangre" (2006), por poner un ejemplo). "Matar al mensajero" cumple a grandes rasgos con todas esas premisas y consigue fundamentar una crítica hacia la CIA y el gobierno estadounidense muy interesante, pero, por encima de todo, se erige como una crítica excelente a los medios de comunicación, la libertad de prensa y los poderes fácticos que hay detrás de los grandes periódicos y canales de televisión y que son los que verdaderamente deciden qué es lo que interesa que salga a la luz y lo que no. Es doblemente interesante porque esto ocurre hoy en día y porque nos dejamos arrastrar cada vez más por los intereses de los medios de comunicación. Como aviso a navegantes funciona a la perfección.

Aunque también es cierto que "Matar al mensajero" no acaba poniendo toda la carne en el asador durante su último tercio, como si Cuesta se hubiera arrepentido de haber llegado tan lejos, pero la idea está clara y, a través de unas líneas de texto al final de la misma, Cuesta resume todo aquello que no se atrevió a grabar y que, de haber sido así, habría redondeado una propuesta que de por sí ya cumple y con creces.

y

B) Que funcione a nivel argumental. Es decir, que haya una base sólida que vehicule la denuncia social, de manera que no estemos viendo solo un documental. En este aspecto, también cumple. El ritmo es el adecuado, sin caer en ningún momento en escenas aburridas o de elevada complejidad o en concesiones típicas del género, como añadir escenas de acción porque sí, por ejemplo. Los pasos que sigue Webb son graduales y, pista a pista, se va desenredando una intriga propia de un thriller puro y duro de los de antes, de calidad, sin, a la vez, dárselo mascado al espectador, para que ponga de su parte; para acabar convirtiéndose en un relato sobre el hundimiento de una persona que no hacía otra cosa que arrojar luz sobre un hecho que debería haber sido de dominio público.

Sin embargo, Cuesta adereza toda la investigación con escenas familiares, muy vistas, con el objetivo de añadir un punto melodramático a la historia y realzar el calvario de Webb y todo lo que se está jugando y que acaban siendo un añadido que no acaba de funcionar del todo, por simplista y porque el espectador ya es suficientemente inteligente como para deducir por si solo que la investigación de Webb repercutirá sobre su familia y porque rebaja la credibilidad de la historia. Por suerte, esas escenas no resultan molestas, por lo interesantes que son las demás tramas.

"Matar al mensajero" también cumple en muchos otros aspectos: el reparto es estelar, amén de un grandioso Jeremy Renner, y las breves intervenciones de los secundarios son de lujo; la BSO es correcta y el apartado técnico raya a buen nivel.

En conclusión, un buen film denuncia para adentrarnos en una historia muy interesante y de la que se pueden extraer muchos temas por los que deberíamos reflexionar. Porque Webb se merece reconocimiento, por poco que sea, y porque es una injusticia que hay que mantener viva. Porque, como película, funciona a la perfección, siendo un thriller bien construido poblado de personajes interesantes y un reparto bien escogido. Los dos únicos fallos, salvables, radican en que podría haber llegado más lejos aún y en el empeño de Cuesta de meternos una subtrama melodramática con calzador. Aun así, muy recomendable.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ivan_Rumar
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17 de febrero de 2015
17 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Según el cínico dicho periodístico, la verdad no puede estropearte una buena historia. En este caso la historia tal como la narra Cuesta estropea en buena medida la verdad. Cuando uno sabe de antemano lo que pasó y como terminó el asunto, es en los detalles del caso donde el interés y la tensión no deben decaer. El director carece de la fuerza necesaria visual y narrativa por mucho que cuente con el notable esfuerzo de Jeremy Renner y algunos secundarios de renombre para engancharnos más allá de la curiosidad normal sobre el asunto. El equilibrio entre los hechos que se denuncia y la vida privada de Gary Webber no acaba nunca de mojarse lo que debiera en ninguna de las dos orillas y todo queda en un vistazo superficial de aromas setenteros que evocan clásicos de comparación odiosa. Los injertos documentales con que se trufa la acción aportan credibilidad a costa de romper el ritmo y el tramo final nos hurta un pedazo importante del misterio, remitiéndonos a una insatisfactoria reseña en los créditos.
Lo que ocurrió, durante la era Reagan con este escándalo, las consecuencias nefastas que tuvo para Webber el denunciarlo y la bajada de pantalones de la poderosa prensa "libre" norteamericana merecían un film más contundente, menos televisivo y mejor producido.
Al final el affaire Clinton-Levinsky fue más rentable y menos comprometido para la prensa & c.i.a.
ELZIETE
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22 de agosto de 2015
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace unos meses Juan Carlos Monedero, el ideólogo y entonces número dos de "Podemos", levantó una nueva polémica con unas declaraciones en las que acusaba a la policía de distribuir heroína entre los jóvenes de las grandes ciudades españolas, para desactivarlos y evitar que se involucrasen en movimientos políticos radicales, allá por los años ochenta. Lo cierto es que no sé si la tesis, que ya llevaba defendiendo la ETA años atrás, es verdadera pero sí que encaja en los turbios procedimientos de los que se valen los sistemas democráticos. ¿Exagero? Pues aquí nos llega uno bastante documentado en el que la CIA se encargó de distribuir droga en los propios Estados Unidos para financiar a la Contra, es decir, a los opositores al gobierno socialista de Daniel Ortega que castigó a Nicaragua entre 1979 y 1990. ¿Y qué quería la Contra? Pues democracia, en cuyo nombre unos y otros se enzarzaron en una terrible guerra civil por más de una década.

Película de denuncia basada en hechos reales, que a pesar a ser intrigante en su primera mitad y estar bien contada en su totalidad, no acaba de morder con toda la contundencia que debiera. A última hora, pesa más cómo afecta el caso al periodista que lo destapa, Gary Webb (Jeremy Renner), que el propio descubrimiento en sí. O sea, el drama personal se imponer al thriller político. Aún así tenemos las suficientes claves para un análisis certero. Si el poder que emana del pueblo lo detenta una casta política que es incontrolable para la ciudadanía; si al amparo del sistema pululan poderes fácticos que se aprovechan de él; si ni siquiera la "prensa libre" es capaz de escapar a su control. Pues si todo ello es cierto, que lo es, es que la democracia no funciona, que no lo hace. Es decir, no sólo es una estafa intelectual sino que en la práctica permite, potencia y ampara toda clase de crímenes. Ah, por cierto, también sale mi guapísima Mary Elizabeth Winstead.
Reaccionario
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