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El diablo dijo no

Comedia. Fantástico. Romance Cuando muere a los 70 años, Henry Van Cleve va al Infierno, donde lo recibe un caballero bien vestido que le exige que confiese sus delitos. Henry comienza entonces a contar su historia: desde niño, su acaudalada familia le proporcionó todos los lujos y satisfizo todos sus caprichos. Siendo ya adulto, llevó una vida disipada, entregado a la bebida y a las mujeres. Pero su vida cambió radicalmente el día en que conoció a Martha Strabel, ... [+]
Críticas 36
Críticas ordenadas por utilidad
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7
18 de marzo de 2007
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Agradable y elegante comedia de Ernst Lubitsch, que sin llegar a ser memorable si que deja un agradable sabor de boca.
El repaso que hace de su vida amorosa un hombre recién fallecido a las puertas del infierno, le sirve a Lubitsch para hacer una película de fino sentido del humor. Si que es verdad que lo de la ironía y la mala leche yo no se lo encuentro por ningún sitio. Mas bien al contrario, el tono es el de una agradable ingenuidad.
Los dos puntos fuertes de la película son sus excelentes diálogos y un reparto de campanillas encabezado por Don Ameche, convincente desde que es joven hasta que muere siendo un señor de edad avanzada, y la maravillosa Gene Tierney que está radiante al principio y muy notable al final. Junto a ellos al siempre adorable Charles Coburn y una maravillosas y veteranas secundarias haciendo deliciosos a sus personajes.
También es destacable la dirección artística y el vestuario, pero esto no tengo claro que sea como algo positivo, ya que es de un recargado y un cursi considerable.
8
16 de noviembre de 2015
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un hombre de vida disipada rememora en forma de flashbacks desde el impoluto despacho del diablo su vida de crápula guiado únicamente por el placer, el amor y una concepción muy particular de la lealtad. Con esta premisa se inicia esta agridulce reflexión, irónica y tierna, sobre el paso del tiempo y el amor, rodada en un vívido y apastelado technicolor. Más discursiva, más contemplativa que otras obras de Lubitsch, posiblemente menos brillante visualmente y hasta un poco más larga de lo necesario, la mano del maestro discurre en este caso más que por la gramática, por el tono risueño y amargo a un tiempo al que colaboran con prodigioso desvelo Don Ameche como Henry van Cleve, en una de las mejores películas de su carrera, y la bellísima Gene Tierney, acompañados de un grupo de excelentes secundarios empezando por Charles Coburn como el abuelo, Spring Byington como la madre de Henry, Laird Cregar como el diablo, o Marjorie Main y Eugene Palette interpretando al matrimonio Strabel cuyas escenas son antológicas. Pese a que no llega al nivel de perfección de otras obras de Lubitsch está indiscutiblemente tocada por esa inefable emoción ensoñadora tristealegre de su divina mano, como en la escena final del baile de Martha y Henry cuando la cámara se aleja en un suave movimiento de grúa mientras Henry rememora “Entonces yo no lo sabía pero aquel sería nuestro último aniversario…”
8
26 de agosto de 2010
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine de Lubitsch no defrauda nunca. Como grande, es capaz de usar los géneros y las convenciones cinematográficas para ponerlas al servicio de la trama y que jamás éstas se conviertan en manido corsé de la historia. En todo caso, y como constante de todo su cine, preside el humor. La sonrisa es el cómplice necesario. ¿No justifica ya mucho este principio? Lubitsch es grande porque puede construir perfectamente una comedia romántica donde el protagonista es un vulgar casanova que madura en viejo verde y que no reviente el artefacto. O que Su Excelencia Satanás sea un simpático alto cargo indulgente con los pecadillos del prójimo en medio del infierno en vida de la Segunda Guerra Mundial. O que la vida pase entre fiestas y más fiestas y que los más ingeniosos y un poco canallas sean los buenos, y los buenos los antagonistas de la historia. Y que no se espere pacatería, ese refugio de los vulgares cobardes, sino inteligencia nombrando la realidad, enriqueciéndola, abstrayéndola, desdramatizándola. Siempre que se ve una película de Lubitsch uno desea ponerse un esmoquin y ser tan brillante como muchos de sus personajes, y que le inviten a una de esas fiestas tan extranjeras de este mundo tan ramplón y tan casposo.
10
8 de julio de 2014
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todavía resuenan en mis oídos las muchas veces que, en los tiempos de infancia, los curas nos amenazaban conque iríamos a “la paila mocha” (los profundos infiernos) donde nos consumiríamos en un fuego eterno, por desobedecer a los padres… por lanzar palabras soeces… o por decir mentiras… pues estos eran, entre otros, nuestros comunes “pecados”.

Algo así, debió haber experimentado Henry Van Cleve. Y por no haber leído nunca a Kant, a Nietzsche, ni a Hume, ni haber tenido la suerte de amigos que tuve yo la suerte de tener, al momento de morir a la edad de 70 años, por la mente de Henry de seguro pasaron como un relámpago todas sus jugarretas… y sintió, entonces, que le correspondía irse al mismísimo infierno. Bajó enseguida unas escaleras resignado a su destino, pero no contaba Henry con que se encontraría con un juez imparcial y dotado de una gran tolerancia. Muchos -que también vivieron lo que Henry y este servidor- aseguran que era el diablo y los tituladores españoles así lo creyeron: “EL DIABLO DIJO NO”. Pero Lubitsch nunca le llamó así, y solo le dio el nombre de Su excelencia, pues no estaba ni abajo ni arriba… estaba en un punto medio, en frente del ascensor que llevaba a una u otra dirección. ¡Funcionaron los pre-conceptos!
Gene Tierney
Cuando Henry cuenta sus aventuras y "pecados" a Su excelencia, comienza una fresca, colorida y halagadora aventura… tan romántica y humana, tan grata y conciliadora, y dotada de ese Humor que se realiza con el alma y con empatía absoluta, que no será difícil, para casi nadie, sentirse identificado con el protagonista en algunas o muchas de sus experiencias… y habrá quienes sentirán paz, porque el filme nos da la certeza de que no seremos juzgados por el verdugo del Antiguo testamento, sino por un Padre Eterno, amoroso y tolerante, como ningún otro ser existe en el universo. Pues, hay muchas cosas que en la tierra condenan... pero en el cielo perdonan.

Es magnífica la forma como, en esta historia, escrita una vez más por Samson Raphaelson (“One hour with you”, “Trouble in paradise”, “The merry widow”…) basado en la novela “Birthday” del húngaro László Bús-Fekete, se subvierten los valores con agudeza y certitud, pues basta comparar las vidas que llevan Albert y su hermano menor Henry, respectivamente, para darse cuenta de cómo lo casto y “perfecto” puede lucir ridículo, y lo “licencioso” y rebelde puede estar bordado de generosidad y ternura.
Laird Cregar
Y qué decir de las actuaciones: Don Ameche, en el mejor rol de toda su carrera. Gene Tierney, emanando encanto como tantas otras veces. Charles Coburn, en su frecuente y magnífica caracterización del abuelo progresista. El inolvidable Laird Cregar, como el enigmático juez. Signe Hasso, la consecuente y linda doncella francesa. Y bueno, Palette, Main, Byington, Calhern, Muse… ¡Todos maravillosos!

No cabe duda, “EL DIABLO DIJO NO”... ¡No vas a olvidar nunca esta magnífica comedia!
8
5 de febrero de 2014
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sencilla y familiar película, deliberadamente ingenua y superficial, llena de suavidades y tintes de inocencia que se cuelan entre los fotogramas como un jueguecito cómico y picarón.

La ambientación y la interpretación son estupendas y algunas escenas poseen ese embrujo que nos recuerda la habilidad de Lubitsch para combinar con soltura un apreciable sentido del humor y el secreto de una narración ágil y llena de sorpresas.

Intrascendente y divertida.
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