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| 64 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Bardo
Zaragoza (España)
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Su valoración:  |
21 de Enero de 2007 |
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Estamos, a mi gusto, ante una de las grandes películas de los setenta y de toda la historia del cine en general. La película se apoya en dos gigantes de la interpretación como John Voight y Dustin Hoffman (en mi opinión, mucho mejor Voight). El grial de una vida mejor llevan a un joven, siempre con atuendo de cowboy, viajar a la jungla neoyorkina. Pronto conocerá a Rico, siendo éste el verdadero comienzo de la odisea. La banda sonora es excelente, al igual que la actuación del reparto y el notable estilo del director.
Lo que diferencia a esta película de otras muy buenas radica en su originalidad. En su forma de transmitirnos un halo de sentimientos según avanza el metraje. En sus potentes escenas. En su forma de cautivarnos. En poder decir, con la cabeza bien alta, que el cine es arte.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La última escena, la muerte de Rico a treinta kilómetros de Miami, con el "médico" del autobús pidiéndole a Voight que cierre los ojos de su difunto compañero para no causar revuelo sobre los demás viajeros, representa la mejor metáfora sobre los indigentes. Aquella gente que luchan cada día para vivir. Aquella gente a la que cerramos sus ojos con cautela para no obligarnos a pensar en las consecuencias que tiene cualquier lujo, comer sin tener hambre, beber sin tener sed, mientras al otro lado, existen personas que viven en edificios a puntos de demoler y su comida depende de lo que han podido hurtar. Aquellas personas a las que les cerramos los ojos para así acallar nuestra conciencia.
Bardo 
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| 53 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Es curioso ver esta película tras 'brokeback montain'... Curioso porque, teniendo en cuenta la época en la que se hizo el film, y la sutileza con la que se tratan ciertos temas, tengo la impresión de que la relación entre los personajes de Hoffman y Voight raya el terreno vedado de la película de Ang Lee, y si no me creen, fíjense detenidamente en el comportamiento y ensoñaciones del personaje de Hoffman: esas carreras en la playa con un Voight con el torso desnudo, esas miradas de lástima al ver cómo su amado se va a acostar con una mujer...
Lo que Sí: dice más de lo que cuenta; ingenioso y doloroso guión; inolvidables interpretaciones; BSO pegadiza.
Lo que No: maravilloso pero exagerado Hoffman; hacia el final, el ritmo flojea.
Triste, desgarradora y realista película sobre la pérdida de la inocencia, el lastre de los malos tiempos, y la necesidad de sentirse amado, aunque sea por alguien del mismo sexo.
Ernesto Adosado 
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| 28 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
8 de Octubre de 2008 |
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Schlesinger arroja el “American way of life” por las alcantarillas en este drama repleto de búsquedas infructuosas, de fracasos y de sueños huidizos.
La tierra de las oportunidades demuestra que las oportunidades las pintan calvas y que rara vez suelen pasar por nuestra puerta. Hay veces en que parece que alguna deidad burlona se ríe de nuestra suerte y nos condena a vagar desamparados y maltrechos.
Algunas personas nacen destinadas a habitar en el lodo y a no conocer más que rechazos, inseguridades, temor y sinsabores, y tratan de engañarse con ilusiones castigadas pero que persisten con la tenacidad de ser el único sustento para unas almas hambrientas.
Joe Buck ha crecido en un pueblo de Texas en el seno de una familia deshecha, bajo la tutela de una abuela ligera de cascos pero que lo ha criado lo mejor que ha sabido. Harto de pensar que es un don nadie, se enfunda sus ropas de cowboy de pega, coge su maleta, lo deja todo atrás y se marcha a Nueva York, convencido de que su atractivo, su buena figura y su pinta de vaquero le granjearán mujeres a granel de las que poder mantenerse. Sus planes consisten en convertirse en un gigoló, en un playboy que las vuelva locas con su chaqueta de piel y flecos, con sus camisas de colores vivos, sus jeans ajustados y sus botas de diseño.
Una vez en la Gran Manzana, las cosas no resultan ser nada fáciles. Las mujeres neoyorquinas aparentan ser duras y curtidas leonas del asfalto, del hormigón y del acero a las que no impresiona en absoluto un petimetre pueblerino con aspecto de estar haciendo mala publicidad para atraer una dudosa clientela hacia algún antro de mala muerte. El resultado es que no le hacen caso y, si alguna se digna descender de sus alturas para requerir los servicios sexuales del joven, se siente hipócritamente ofendida cuando éste le reclama dinero por el intercambio.
Sin blanca y sin medios de subsistencia, Joe sin embargo no pierde la petulancia de su floreciente juventud. Paseando su indigencia por las calles de Nueva York, se cruza con otro pobre diablo que ha nacido con peor estrella aún que la suya propia. Lisiado y tan abandonado por el mundo como Joe, Rico Rizzo será la única compañía y el único amigo del tejano en esa gigantesca urbe ingrata y poblada de almas dejadas de la mano de Dios. Deambulando por el inframundo de los indigentes y los sin techo que buscan refugios de prestado en edificios deshabitados y que cometen hurtos y buscan trapicheos para subsistir, Joe y “Ratzo” avanzan con su desesperado lazo de amistad por los vericuetos de una sordidez que se come la escasa belleza que alguna vez puedan saborear.
Dos tipos luchando en la miseria, apoyándose el uno en el otro en una batalla que no se resignan a perder pese a saber que apenas hay salidas.
Y en el fondo de todas sus ilusiones, una imagen de las palmeras y del sol de Florida pone el colorido y la luz al apagado tono grisáceo que las llamativas ropas de Joe tratan de disimular.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Schlesinger crea sensaciones y evocaciones, flasbacks de perturbadores recuerdos y traumas, una fotografía que a veces hace daño y que a ratos da esperanzas, y una música intencionadamente alegre y dinámica que muestra el ánimo inquebrantable de Joe pese a todas sus adversidades, con melodías muy conocidas y pegadizas.
Una amarga invitación al espectador para saborear el fango y la hiel de la mediocridad a la que tantas personas son arrojadas sin miramientos.
Vivoleyendo 
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| 24 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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fantomas
Fuerte Chungo (España)
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Su valoración:  |
4 de Septiembre de 2008 |
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Dicen que los mejores amigos se hacen en la mili o en la cárcel, y puede que sea cierto. Se trata de pasar por momentos realmente duros, de infortunio, entonces tener alguien a tu lado es lo único que te puede sostener para no desaparecer por el desagüe de la vida.
Uno de los aciertos de esta cinta que hace que te envuelva con atención en la trama es la canción de Harry Nilson que tiene tanto mérito como el argumento en sí, sin esta canción no se comprende hoy día la película.
Otro acierto es la fabulosa interpretación de la pareja. A Dustin Hoffman le aconsejaron que no se involucrara en esta película porque otros actores de renombre la habían rechazado; hoy día esto lo cuenta como anécdota graciosa.
Jon Voight sale de su pueblo a buscar fortuna explotando su físico, convencido de ello. Por desgracia el desengaño llegará pronto. Se junta con un tarado que anda en las últimas y entonces nos encontramos la terrible prueba de supervivencia en la que este mundo te puede poner nada más doblar la esquina de una calle.
La convivencia entre esa pareja es algo más que una supuesta amistad, es una compañía necesaria porque ambos se apoyan en la idea de que el momento final puede ser más llevadero acompañado que yendo solo. Y el camino es triste y doloroso, en soledad, enfrentándose a una sociedad que les desprecia.
Todas esas circunstancias lo convierten también en algo heróico y entonces no puedes rechazar a esos hombres que afrontan su destino sin rechistar.
Hay almas nobles, imperturbables, leales, incluso en el rincón más oscuro del infierno.
fantomas 
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| 27 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Archilupo
Llanes (España)
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Su valoración:  |
15 de Octubre de 2010 |
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Un lavaplatos tejano (Jon Voight gana aquí el estrellato) emigra a la Gran Manzana convencido de que con su empuje arrollador hará fortuna. En el peor de los casos, su atractivo irresistible hará que las mujeres se lo rifen y podrá vivir mimado en la opulencia, como un triunfante gigoló.
Impulsado por el entusiasmo, no ha previsto las distancias existentes entre el mundo rural de un sureño estado de vaqueros y la sofisticada maraña de una ciudad gigantesca como Nueva York; el abismo de códigos que no se salta con sólo subirse a un ‘greyhound’.
Pero las mujeres no hacen cola ante él, y además tampoco acaba de captar del todo las sofisticadas reglas de la jungla urbana, en la que va cayendo desde sus ingenuas expectativas, se diría que no lo bastante para encontrar su sitio. La descripción de ese descenso vuelve opresiva la película, que se densifica en atmósferas sombrías, irrespirables para la condición elemental del tosco vaquero.
No hay exageración sino bajos fondos y realidad lumpen, a la que pertenece Ratso, el personaje de Dustin Hoffman, un estafador de poca monta, un ratero tuberculoso. En la relación entre ambos seres maltrechos afloran restos de humanidad profunda, en forma de compromiso, sacrificio y Tierra Prometida, y elevan la cinta sobre la mera crónica negra o el documento social.
Llegado de Inglaterra, en su primera película norteamericana Schlesinger contribuye al cambio de rumbo que liquida el optimismo de los sesenta. Se acaban las películas divertidas y euforizantes. La crudeza del film le ganó la inicial calificación X, más por lo descarnado de la radiografía (prostitución, homosexualidad, corrupción) que por la explicitud sexual, bastante relativa, pero su calidad le ganó premios (tres Oscar), el levantamiento de la restricción y el reconocimiento de un público que aceptó reflexionar con madurez.
Para la historia de la música dejó la canción de Nilsson, “Everybody’s Talking”.
De todos los asuntos que “Midnight Cowboy” da a meditar, a mí me resaltó el de la inadaptación, la incapacidad del inmigrante para distanciarse de sus parámetros originales y acercarse a los del mundo al que llega, para conocerlos e integrarse. Y sé que resaltó porque, como nos pasa a tantos, al salir del cine la película me había evocado con viveza una historia personal.
Paso a contarla en el spoiler, aunque no revela partes del argumento sino que lo ilustra un poco.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: En la localidad donde vivo, un marroquí abrió un bar.
Pasaba el tiempo y, fuera de un puñado de compatriotas, no acudía apenas gente. El propietario se quejaba amargamente, lamentando lo que él veía como xenofobia y prejuicios antiárabes.
Un día me di una vuelta por el local, a curiosear. Nada más entrar, me llamó la atención una imagen de gran tamaño tras la barra, frente a la puerta: un retrato de Abd el-Krim.
Uno de mis abuelos apenas había salido de su pueblo castellano cuando fue movilizado en 1921. Era un campesino que se había alfabetizado por su cuenta y que conoció el mar al atravesar el Estrecho a bordo de un buque de guerra, un día de fuerte marejada cargado de presagios.
Aguantó con hombría el terror de aquellos desastrosos días de combate en el Rif y sobrevivió, pero taciturno. Murió anciano sin haberse referido más de una o dos veces a su experiencia norteafricana.
Abd el-Krim fue el caudillo de las tropas que se enfrentaron a su vecino del norte en la última guerra internacional en que España ha estado directamente involucrada. La leyenda, que tal vez no sea del todo exacta pero que es lo que prevalece en la mentalidad colectiva, ha perpetuado a Abd el-Krim como uno de los mayores enemigos nacionales, el jefe que ordenó acciones que, además de causar en Annual la muerte de más de diez mil soldados españoles, tuvieron rasgos de crueldad: mutilaciones, destripamientos, torturas, cabezas pinchadas en palos.
No traigo esto para analizar el episodio histórico sino para detenerme un instante en el cúmulo de emociones espantosas que debió de sentir mi abuelo en el Rif, que es lo que me planteaba en el bar, tomando una cerveza frente al retrato de Abd el-Krim.
Le pregunté al dueño que cómo era que tenía ahí aquella imagen.
Me parece un tío de puta madre, me dijo.
El dueño me dio la impresión de ser buen chaval, quizá algo ingenuo en su sincera vehemencia. Estuve incluso a punto de comprenderle pero encontré absurdo intentar explicarle la relación entre la exhibición del retrato y la escasa parroquia del establecimiento.
No volví porque, con respeto a sus partidarios, a mí Abd el-Krim no me parece un tío de puta madre. Y no me apetece tomar unas cañas ante su efigie. Seguramente por respeto a mi abuelo, que en paz descanse.
Y porque esta historia protagonizada por la inadaptación se me vino a la memoria al salir del cine, supe que con ese concepto se me quedaría grabada “Midnight Cowboy”.
Archilupo 
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