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| 24 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Kick'Em Ars
Madrid (España)
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Su valoración:  |
16 de Agosto de 2007 |
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En un palacio oculto en el bosque, Bella, una joven tierna y comprensiva, conoce a Bestia, una suerte de león antropomórfico que se debate entre su animalidad y su humanidad. Gracias al amor de ella por él la belleza interior triunfa sobre la belleza exterior y, así, Bestia muda su deformidad en beldad. Grosso modo, esta es la idea que sustenta la fábula de La bella y la bestia. La película de Cocteau recoge el espíritu cándido y algo cursi de la historia y lo plasma en las interpretaciones amaneradas y en los diálogos. Pero, ¿qué subyace bajo tanta cursilería? La belle et la bête es una historia de amor más compleja de lo que aparenta.
Bestia es un macho solitario cuya mirada emite destellos (literalmente) de furia cuando su jardín es mancillado por el padre de Bella. Sin embargo, al conocer a Bella, su mirada pierde fiereza. Bestia se esfuerza en mostrar su humildad y sumisión a Bella. Por ello, ciñe sus encuentros a las horas en que su apetito está saciado, pues la auténtica mirada de Bestia es voraz: su mirada instintiva, enmarcada en primerísimo plano, se acerca a la Bella durmiente con obvio apetito, tal vez de sexo, quizá simple gazuza. Duda que se disipa cuando, en ausencia de su huésped, toma la manta de la cama de Bella y la mima con placer fetichista. En palabras de Bestia: “Tu mirada me abrasa”.
Bella es una muchacha narcisista a tope. Siempre tiene a su alcance espejos o suelos encerados que le devuelven su hermosura física y moral. Al conocer a Bestia, su mirada expresa la repulsión por el físico, mirada que se repite hasta que Bella comprende la vulnerabilidad de Bestia. Al descubrir la mirada triste de Bestia, la mujer acepta la convivencia con el animal. En su casa, Bella era la cenicienta hacendosa, despreciada por sus hermanas y acosada por el galán de turno. En el palacio, es la princesa que luce joyas y que no tiene ni que abrirse las puertas. En cualquier caso, Bella acepta a Bestia como amigo hasta que...
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: ... , cuando regresa con su familia, decide abandonarle, traición de la que se arrepiente y que el objetivo casi desenfocado de la cámara recoge en la mirada de Bella, cuyo rostro en penumbra acentúa la iluminación de sus ojos llorosos. Bella se encuentra en la tesitura de optar por uno de los dos mundos que conoce. Y es un espejo el que, por primera vez en su vida, devuelve a Bella un alma horrenda hasta el punto de hacer añicos el cristal; rotura que, a la vez, advierte de que la muerte se cierne sobre el entristecido Bestia.
El príncipe en que se transforma Bestia explica a Bella que “mis padres no creían en las hadas y les castigaron con mi persona. Sólo podía ser salvado por una mirada de amor”. Sin embargo, la mirada fanfarrona del príncipe me transmite poca sinceridad. Efecto que corrobora la mirada de Bella al escucharle, entre asombrada y burlona. Ambos, al final, han conseguido lo que deseaban: él, un cuerpo bello del que no pueda avergonzarse; y ella, un amante bello, rico e influyente que bese sus pies y le haga volar entre las nubes.
Al final, la cursilería y la ingenuidad me dan la impresión de que es fingida. Me queda la sensación de que en el fondo son un par de interesados. Al fin y a la postre, el amor interesado es también amor. ¿O quizá no?
Kick'Em Ars 
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| 12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Vivoleyendo
Huelva (España)
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Su valoración:  |
3 de Marzo de 2008 |
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Jean Cocteau trasladó a la pantalla uno de los más conocidos cuentos de hadas, y lo llevó a cabo respetando admirablemente la esencia de lo que debe ser un cuento. La puesta en escena es magnífica, plasmando a la perfección la ambientación mágica e imaginativa, y derrochando imágenes plagadas de belleza que harán las delicias de cualquiera que haya escuchado esta historia desde pequeño y se haya dejado atrapar por su encanto.
Lo más cautivador de la película es, sin duda, el romanticismo llevado a su expresión más galante, exacerbado por esos escenarios barrocos en los que conviven la naturaleza, objetos bellos como joyas, muebles vistosos y ropajes elegantes, y los toques de magia en el mobiliario (candelabros con brazos humanos que se encienden solos, estatuas que se mueven, puertas que se abren sin que nadie las toque...). La estudiada iluminación resalta los claroscuros y confiere a la fotografía un acabado suave y casi etéreo; cuando aparece el castillo de la Bestia, la luz reviste una importancia fundamental a la hora de transmitir el eterno femenino de Bella en su esplendor, y los intensos sentimientos de la Bestia, reflejados a través de sus ojos, quien trata de reprimir sus fieros instintos alentados por la soledad que ha sufrido, los cuales van siendo sustituidos por su creciente amor.
El aire de cierta teatralidad que se advierte en algunas escenas no hace sino resaltar la convicción de que estamos ante un cuento visual. Los relatos orales tradicionales son narrados empleando determinados recursos que proporcionan el efecto adecuado para mantener hechizada a la audiencia, y Cocteau supo transmutarlos en su equivalente de efectos visuales y sonoros, acompañados por una música que completa el conjunto.
Esta atmósfera romántica contrasta con otra más burda que envuelve a la vulgar familia de Bella (sobre todo en lo que atañe a sus hermanas y su hermano) y al amigo de su hermano, que la pretende y al que ella no corresponde.
Muchos años han pasado por esta película que no tiene más objetivo que poner ante nuestros ojos este cuento universal, de sobra conocido. Al principio se nos pide que volvamos a nuestra ingenuidad infantil, y con ello se nos deja claro que no hay más pretensiones que las de hacernos rememorar aquellas noches en las que nuestros padres nos trasladaban a mundos lejanos y en los que ocurrían cosas fantásticas. Y todo sin movernos de nuestra habitación.
Un pequeño regalo para quienes estén dispuestos a dejarse llevar por un poco de imaginación, por ese romanticismo de antaño, y por un relato que, pese a ser trillado y previsible como en cualquier cuento, no deja de tener su embrujo.
Vivoleyendo 
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| 8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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kafka
ciudadano del mundo (palencia) (España)
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Su valoración:  |
21 de Diciembre de 2005 |
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Una película singular, pues aún siendo evidentemente imperfecta y bastante ingenuista, resulta ser magnífica e irrechazable en su imaginativa y mágica concepción estilística, dónde el genio de Cocteau empalma con soltura y frescura el surrealismo, lo poético, el humor, la fábula y el drama interior de una bella maravillosa y de una bestia, que lucha denodadamente por alcanzar esa maravilla a través del amor puro y verdadero.
La película tiene memorables hallazgos, como todo lo referente a la mansión de la bestia (especialmente el pasillo de los candelabros), el maquillaje de la bestia o la contraposición entre el mundo real y el mágico. Todo fruto de ese espíritu inventivo, grácil, de Cocteau, que así supera sus defectos, que hasta resultan apetecibles.
kafka 
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| 7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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Neathara
Saruman hace un orco y luego hace un (Uruguay)
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Su valoración:  |
8 de Agosto de 2009 |
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Un anciano arranca un rosa de un jardín encantado para su hija preferida; al instante, surge un bramido terrible que rompe la calma de la tarde y un ser monstruoso aparece para exigir un pago de muerte por la rosa robada. Así da comienzo uno de los más hermosos cuentos de hadas que se hayan escrito jamás.
Todos conocen el resto: la Bestia -el chico malo- sucumbe ante los encantos de la joven buena e inocente y gracias al amor que ella acaba sintiendo por él se transforma en un hombre hermoso. Una historia por tanto universal que eleva a las alturas de lo poético ese impulso redentor que lleva a las mujeres a creer que cualquier hombre merece ser salvado de sí mismo, que cualquier ser humano merece ser querido a pesar de todo.
Pero la esencia romántica no se encuentra en esta versión de Jean Cocteau, tan acartonada en su descripción de situaciones y personajes. Aquí ni la Bella y la Bestia evolucionan ni entendemos el porqué de su amistad o de su posterior enamoramiento. Creo que el cuento no fue más que un vehículo para crear un mundo estético... esos visillos fantasmales bailando en el pasillo de piedra, las manos que brotan de las paredes para esgrimir candelabros que nunca se apagan, las estatuas que sonríen al paso de los amantes, el vuelo suspendido como una escena de Botticelli, el espejo que habla, la maraña negra y petrificada del bosque...Visualmente, estamos no ante un cuadro, sino ante una sucesión pictórica de escenografía viva y mágica que traslada simplemente a otro estado de la mente, aquel que absorbe la luz de la belleza pura sin cuestionarse su verdadera sustancia.
Tanta imaginería exquisita y onírica puede hacerte olvidar que en realidad, antes de que existiese el cine, existían los cuentos de hadas. Pero estaban ahí y aquellos que los narraban sólo utilizaron palabras para transmitirlas a través de los tiempos. Sobrevivieron a pesar de todo y eso nos enseña algo sobre la diferencia entre el nivel más esencial de la narración y la redundancia que supone el cine cuando intenta construir la imagen por encima del lenguaje. En "La Bella y la Bestia", el lenguaje ha sido desterrado: no sé si es un logro, pero aunque resulte una visión maravillosa, no es un cuento de hadas.
Neathara 
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| 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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* Una de las películas más fascinantes que he visto; de un magnetismo, atmósfera y preciosismo visual apenas igualado en el transcurso de los 60 años que han pasado desde que salió a la luz. De una belleza plástica arrebatadora; impresionante escenografía. Se nutre del cuento popular y de hadas, no solo de la obra de Mme. Leprince de Beaumont; del expresionismo, el simbolismo y demás corrientes postrománticas, con reminiscencias genuinamente románticas y literarias; del surrealismo. Toda una obra maestra que demuestra una sensibilidad acentuadísima al servicio de todos los aspectos del film; un gusto exquisito y una evidente preocupación formal, que se opondría a ese espíritu infantil, a esa tregua solicitada a nuestro escepticismo y nuestro desdén hacia la fabulación que nos aconseja Cocteau para poder disfrutar de su película. Pocas veces se ha invertido tanta dedicación en erigir tan magna obra a partir de la base que supone un cuento “infantil”. Así resulta una película que puede parecer sencilla, narrativamente hablando; respecto al guión; respecto a los personajes; por sus teatrales decorados… Pero junto a esa apariencia de sencillez, incluso de ingenuidad, está esa pericia en el tratamiento visual, de los personajes, la ambientación, el ritmo, los recursos sensoriales, el detallismo minucioso que nos conduce de secuencia en secuencia perpetuamente asombrados, cada vez mas atentos por las sorpresas que sabemos nos puede ir deparando cada imagen, etc.
* Una obra del todo hechizante; con un ambiente onírico como pocas desde los inicios del cine; que deja huella, generando una sensación confusa e indefinida, de estar realmente soñando, induciéndonos la misma sensación que atenaza a los personajes. El tono de ensueño se fragua desde los créditos iniciales, a base de imaginación y poder fabulador. Luego la película irá forjando ese nudo que mezcla realidad y fantasía, de tal modo que, como en “Cuentos de la Luna Pálida de Agosto” del inmenso Mizoguchi, lo ilusorio, lo sobrenatural, artificial, o prodigioso, viene a mezclarse con lo rutinario, no sabiendo si el mundo de la fantasía invade la realidad, o es al contrario, y no sabiendo cuando nos situamos en uno u otro universo. En esa confección de lo extraordinario entra en juego la imagen; los recursos puramente fantásticos; la cadencia; la envolvente música; los decorados, algunos de ellos recientes paisajes víctimas de la guerra, siendo espléndidas las imágenes de los dominios exteriores de La Bestia, parajes de un hálito decadente y desolada belleza. También participan de lo maravilloso los propios personajes, porque en ninguna historia similar resulta tan creíble el hecho de que la chica se encariñe, incluso enamore, del monstruo en cuestión, y más, dado lo grotesco de este. Esto dice mucho del magnífico trabajo de los actores, de todos, pero en especial de los dos principales, siendo particularmente seductores e imponentes la presencia y carácter de la Bestia.
irian hallstatt 
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