|
|
Sinopsis
Extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje, un obrero metalúrgico acaba perdiendo la razón. Después de recuperarse en un hospital, sale y es encarcelado por participar en una manifestación en la que se encontraba por casualidad. En la cárcel, también sin pretenderlo, ayuda a controlar un motín, gracias a lo cual queda en libertad. Una vez fuera... Leer sinopsis completa
|
|
|
|
25 de Junio de 2006
123 de 132 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Una obra MARAVILLOSA, se mire por donde se mire. La última vez que Chaplin nos deleitó con su mítico personaje de Charlot en pantalla.
En plena época de crisis de los años 30, en un contexto de crisis capitalista enormemente deprimente y opresivamente insoportable para el trabajador standard, el de las fábricas que habían adoptado ya el teórico sistema de distribución Tayloriano del trabajo en cadena, donde los trabajadores formaban parte de un proceso de alienación rayante en el paroxismo más exasperante(ovejas que salen de la boca del metro para posteriormente incorporarse agolpadamente en sus respectivos puestos de trabajo), llegando incluso a adquirir lo característicos tics del autómata más mecanizado..., Chaplin uno de los artistas más socialmente posicionados en el lado del derecho laboral digno y no vejatorio ni denigrante como se estaba convirtiendo gradualmente, nos presenta esta ENORME cinta con unos méritos innegables no sólo desde una perspectiva socialmente comprometida, sino también del lado de las loas artísticas, basadas en su mayoría en su incuestionable poder y habitual maestría narrativa en el contexto del antiguo cine mudo(y ello apesa de que hacía ya casi una década que el cine hablado estaba en voga), y de una fotografía en blanco y negro poderosamente tenebrista y expresionista a cargo de sus habituales; Ira H. Morgan y Roland Totheroh.
A buen seguro que esta obra serviría de inspiración a Orwell para sus obras "Rebelión en la granja" y sobre todo "1984", con esas pantallas de televisión vigilantes e intimidatorias para los trabajadores relajados.
Cada uno de los fotogramas de esta épica cinta forman ya parte por derecho propio y con mayúsculas de las OBRAS MAESTRAS más sorprendentes e influeyentes en la historia del celuloide.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
En nuestra retina quedarán para siempre las memorables escenas de esta cinta que como en el "Gran Dictador", impactarán de modo definitivo nuestro subconsciente:
Charlot en la fábrica termina por convertirse en una especie de guiñapo y muñeco autómata, incapaz de dominar sus alocados tics. Además sirve como cobaya para probar la máquina de alimentación de obreros ahorrativa de costes para la empresa ya que teóricamente eliminaría los tiempos muertos...
Paulette Goddard haciendo el papel de "golfilla" huérfana de madre, robando panes y plátanos para sustentar a sus dos hermanas y su padre en paro, soñando con Charlot en formar una familia, y ensayando en una desvencijada cabaña de madera putrefacta.
Charlot una y otra vez llevado a comisaría en aquel patrol, debido a una serie de disparatadas, ingeniosas y divertidísimas escenas azarosas, como aquella de la cocaína que finalmente le comportará el beneplácito de los funcionarios de prisión en forma de salvoconducto para conseguir cualquier trabajo allí fuera.
Su trabajo como vigilante nocturno de unos grandes almacenes, y su posterior trabajo como camarero-cantante que le hará declinar las únicas palabras en toda la cinta, y en forma de canción mezcla de francés e italiano.
Y finalmente aquella MARAVILLOSA, MÍTICA Y SUGERENTE escena final donde ambos, juntos de la mano, emprenden un camino hacia no se sabe bien dónde, pero imbuídos de una enérgica esperanza como así atestiguan sus últimas palabras: "... saldremos adelante...".
burton  |
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
|
|
|
25 de Septiembre de 2008
85 de 94 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Aun recuerdo perfectamente el día que vi por primera vez esta película. Fue la noche del 25 de septiembre de 2005. Ustedes diréis, bueno y como es que tiene tanta memoria este chico. Lo recuerdo porque ese mismo día, varias horas antes, el piloto español de Formula 1, Fernando Alonso, hizo historia tras la disputa del Gran Premio de Brasil, al convertirse en el pionero de este país en coronarse como campeón del galardón más importante del automovilismo mundial. Hasta ese día, nunca había visto cine clásico, ni Padrinos, ni Amaneceres, desconocía por completo el nombre de Akiro Kurosawa, lo que se dice nada. Solo veía blockbusters, de los que echaban por la noche en Antena 3.
Recuerdo que me quede hasta bien entrada la noche viendo La 2, porque estaba viendo el genial programa de fútbol del resumen de la jornada ya que me la perdí por completo ese fin de semana porque la carrera se disputo por la tarde hora española. Y a estas cuando acaba el programa, arrancan los créditos iniciales del programa Cine Club, que aún continua en emisión sino me equivoco, voy al cuarto de baño a hacer mis necesidades antes de dormir y cuando voy a apagar la televisión… zas!! me quede hipnotizado, clavado en el asiento de la butaca (que ya estaba bien calentito) al ver la primera secuencia de esta grandiosidad. Ese reloj, ese sonido doliente, agudo, apocalíptico, el blanco y negro de sus imágenes, todo lo sentía ajeno, disímil a lo que estaba acostumbrado a ver.
Y me encontré con una película sin el típico argumento repetido hasta la saciedad, con una historia (muy caricaturesca eso si), que habla sobre eso, sobre la propia historia y sobre la sociología del trabajo, del auge el fordismo en la Revolución Industrial, en la que lo más importante era conseguir una alta producción en las economías desarrolladas, en un capitalismo instaurado de forma atronadora, aunque se contratara una gran plantilla, compuesta la mayoría de ellos de analfabetos funcionales.
Hasta aquel día solo conocía a Charles Chaplin, por ser imagen en las carátulas de los DVD’s de los videoclub. Este director, esta película, fue la faena que me abrió a los clásicos, a valorar el buen cine, el de verdad, aquellos por los que se ha ganado llamarse ser, el séptimo arte.
Por eso, mi primera crítica en el FilmAffinity se la he querido dedicar a esta maravilla, porque le tengo un cariño muy especial.
GRACIAS CHARLES
chema7  |
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
|
|
|
25 de Noviembre de 2005
48 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil.
El cine sonoro estaba ya plenamente integrado y Charlot se iba despidiendo (en esta película el personaje incluso canta y hay variados efectos de sonido).
Al mismo tiempo los USA estaban sumidos en la terrible Depresión y Chaplin utilizó su mejor arma (el humor) y su libertad como creador (obtenida gracias a su inmensa fama y rentabilidad) para realizar un alegato contra la pobreza y el orden injusto que impone un capitalismo feroz.
Como siempre un estilo sencillo pero de una precisión maestra. En ella, entre risas, vemos un ritmo laboral atroz que aliena y adormece al obrero, las represalias contra todo aquello que escapa al sistema establecido etc. Charlot se enfrenta a todo tipo de desafortunadas situaciones con la típica inconsciencia que tanto nos hace reír, como si no supiera que detrás de esas máquinas, policías y patrones no acaba de tener cabida el ser humano, como si no supiera que sus carreras y despistes escondían una gran carga de profundidad.
Demoledor es el ensayo con la máquina alimentadora, el obrero como un objeto al que utilizar a gusto y del que prescindir si la atroz competencia lo precisa. Evidentemente su mensaje está repetido hasta la saciedad, pero pocas veces se ha contado con tanta capacidad de fascinación. Así, lo que no está en absoluto superado es el perfecto ensamblaje de alegato social, tono de comedia y melancolía de los personajes.
Se le acusó de plagio por copiar cosas de “A Nous la liberté” de René Clair (5 años anterior), pero todo acabó con el Sr. Clair diciendo que en todo caso se sentiría honrado de que esto fuera así. Sabia decisión, esta obra de Chaplin tiene evidentísimos puntos en común con la de Clair, pero también es cierto que es superior. Al menos para mi gusto.
Bloomsday  |
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
|
|
|
7 de Febrero de 2008
41 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil.
El genio Chaplin asestó, como de costumbre, un golpe certero y exhaustivo, en esta ocasión a las lacras que conlleva la civilización industrializada y capitalista.
En la que probablemente sea una de las mejores sátiras realizadas durante toda la era cinematográfica del siglo XX, Chaplin presentó al mundo los esquemas, ridiculizados hasta el extremo, de la era industrial actual.
Desde el punto de vista de su eterno Charlot, patoso y romántico incurable con bigotito, bombín, bastón, traje raído, zapatos de payaso y andares de pato, somos testigos de las continuas desventuras de este mítico personaje que, en esta ocasión, lleva a cabo una lucha titánica e inútil para tratar de adaptarse a una sociedad que va demasiado deprisa. Trabajos monótonos y estresantes en fábricas, como una pieza más del montón en la frenética cadena de montaje. Movimientos mecánicos y repetitivos hasta la náusea, el ritmo de trabajo medido y sincronizado hasta las milésimas de segundo, maquinarias complicadísimas cargadas de engranajes, palancas, botones y ruedas dentadas (sobresaliente ambientación, representando la invasión tecnológica, y geniales las escenas en las que Charlot y algún otro personaje se "pierden", tragados entre los múltiples elementos de las máquinas). Todo controlado, para que la cadena de montaje no se rompa y así los niveles de producción alcancen el máximo, venciendo a la competencia... Los trabajadores como simples autómatas, números anónimos. La escena de la "máquina de comer" que unos empresarios pretenden vender al director de la fábrica, pregonando sus virtudes en cuanto al ahorro de tiempo que supondría sistematizar incluso el almuerzo de los peones, y la prueba que realizan sobre el propio Charlot, es un deleite absoluto, un derroche de sarcasmo, humor negro e ingenio. Disfruté a tope contemplando esa parte; hacía tiempo que no me reía tanto viendo una película.
Por supuesto, el sensible y romántico Charlot no tarda en descubrir que no está hecho para los trabajos rutinarios, ni para el alocado ritmo de la ciudad enloquecida. Huelgas, manifestaciones políticas... El pobrecillo, a causa de malentendidos y torpezas, se ve envuelto inocentemente en líos y llega a dar con sus huesos en la cárcel...
Mientras tanto, una chica huérfana que vive prácticamente en las calles se topará con Charlot, y ambos, identificándose en su deshaucio mutuo, en su condición de marginales inadaptados y sumidos en la pobreza, continuarán juntos la batalla cotidiana para optar a un lugar digno en la sociedad.
Tremenda y mordaz, pero a la vez optimista, crítica a las múltiples dificultades que muchas personas encuentran para seguir el ritmo loco de la era industrializada y tecnológica y para optar a lo que todo el mundo tiene derecho: la dignidad personal e individual, la autorrealización, el bienestar. Aspectos tan básicos como el acceso a la vivienda, la difícil búsqueda de un trabajo que se acondicione mínimamente a las características personales...
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler:
En definitiva, el proceso de hallarse a uno mismo, obstaculizado por un progreso masificado que despersonaliza y restringe las libertades individuales. Muy significativa y simbólica la escena inicial, en la que se muestra el paralelismo entre un rebaño de ovejas y una multitud de transeúntes que se mueven en masa, como hormigas insignificantes, por la atestada ciudad ruidosa e invadida por el tráfico y las construcciones que roban su espacio vital a una naturaleza despreciada.
En clave de humor a menudo negro y cargado de ironía, con estupendos gags a cargo de un showman inimitable como era Chaplin, las carcajadas están más que aseguradas.
Sobresaliente fotografía en blanco y negro, minimalista y detallista. Extraordinarias escenas en las que los movimientos grotescos de Charlot son pura coreografía hipnótica, logrando contagiarnos el estrés, las prisas forzadas y el desagrado del personaje hacia la estupidez de un trabajo en cadena para el que no sirve. Estupendos todos los decorados, como estar sumergidos en un sueño (o pesadilla) de hierros y aceros. Magníficos y desternillantes los momentos de torpeza y malentendidos que llevan al pobre Charlot a sufrir múltiples descalabros de los que, al final, siempre consigue salir bien librado. Tampoco tienen precio los momentos que comparte con la chica en la "casa" (más bien choza ruinosa).
La buena voluntad del protagonista que invariablemente se estrella contra el desastre. Siempre tragado por histéricas masas de gente, sabiendo que su propio camino es diferente al de la muchedumbre anónima. Pero su ánimo es indestructible, y su optimismo saldrá incólume. Se erige en un pequeño héroe que nunca se deja derrumbar y que cada día se despierta con una nueva ilusión. Pese a todo, tiene por delante el sendero más excitante: el resto de su vida le espera, y él sabe que la felicidad no depende exclusivamente de los bienes materiales y superficiales. Sabe, mejor que nadie, que la verdadera felicidad está en ti mismo y en esa persona que te acompaña.
Bellísima comedia satírica, sublime en todos los aspectos: interpretación, fotografía, banda sonora a cargo del propio Chaplin, original combinación de película muda y sonora, puesta en escena y ambientación, guión...
Una de las mayores delicias jamás filmadas.
Vivoleyendo  |
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
Tomine
Toro Fallecido (España)
|
|
|
|
11 de Mayo de 2008
47 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Charlie había dedicado todo el verano a encontrar la piedra perfecta. Una vez hallada, le sacó brillo con un trapo, construyó un pedestal de madera de roble y sobre éste la apoyó. La encerró en una vitrina y le colocó un letrero que decía “simplicidad”. Al verano siguiente, insatisfecho con la obra, rompió el cristal. Agarró la piedra y procedió a pulirla, tarea en la que empleó el resto de sus vacaciones. Al final, quedó una esfera, la colocó en el suelo y le dio una patadita, mientras susuró “de ahora en adelante, te llamarás sencillez”. Y luego le hizo una foto.
Tomine  |
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|