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España España · Estepona
Críticas de Juan Diego
Ordenadas por:
16 críticas
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7
14 de enero de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película nos conecta con nuestros instintos más bajos y arraigados como son el deseo de posesión y la inmortalidad que todo artista desea aprehender mediante su arte. Esta película paradójicamente es comercial y digo paradójicamente porque contiene una de las psicologías más complejas que he visto en una película en los últimos tiempos, la de su personaje principal. Esta psicología se me revela ininteligible para la gran masa que habrá visto y que verá esta película. Y que a mí me lleva a plantearme cuestiones como: ¿Puede un artista para crear su gran obra, valerse de cuantos elementos haya a su alrededor aunque se trate de vidas humanas? ¿Y si el producto final proporciona una felicidad enorme a un número mucho mayor de personas que el número a las cuales se les ha infligido un daño? ¿No es esto lo que se considera utilitarismo, es decir, provocar un mal menor para conseguir un bien mayor? O dicho de otro modo, ¿el fin justifica los medios? Ya Dostoievski nos demostró que no en “Crimen y Castigo” pero aún así, dejo aquí esa disyuntiva. ¿Se puede juzgar a una persona que no sabe lo que hace con la misma ortodoxia que se juzga al criminal que sí lo sabe? ¿Qué pasa con la sexualidad reprimida, en qué patologías deriva? Ya ven que no son pocos los frentes que me ha abierto esta película y aún se podrían abrir algunos más que la película nos plantea, por eso digo que aunque su puesta en escena sea muy comercial la idea de la película no lo es.

Tengo la sensación de que esta película/libro ha causado tanto revuelo y ha interesado a tanta gente porque nos sumerge en nuestra parte más oscura, esa que ni queremos ni debemos negar. Y además debido a su sentido alegórico, en el cual el personaje principal desea capturar y mantener la esencia de las cosas mediante su olor, creando un perfume que logre perpetuar esas esencias, entre ellas la femenina. Esta es una obsesión que en uno u otro modo nos atañe a todos, las ansias de eternidad: las personas hermosas desean perpetuar su belleza; el amante, el amor de su amada; el joven, su juventud; el sabio, su lucidez; el rico, sus posesiones, y así infinitamente. Este artista desea rendirle tributo a sus dioses paganos, que son los dioses de su omnipotente avidez olfativa, mediante sus macabras ofrendas, mientras que nosotros deseamos rendirle tributo a nuestra vanidad, lascivia o avaricia. Se puede ver que si los extrapolamos no existe tanta diferencia entres sus deseos y los nuestros.

Aunque absolutamente comercial, su puesta en escena consigue transportarnos a la hedionda Francia del siglo XVIII. Sus decorados y vestuarios no están nada mal pero por desgracia y exceptuando a Dustin Hoffman, su reparto no pasa de ser mediocre y la historia contiene algunas lagunas por lo que poco a poco y a medida que se va volviendo más inverosímil se va desinflando. A lo que se le suma que ni su música ni su fotografía son memorables.
Juan Diego
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7
18 de junio de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quien haya estudiado la historia, aunque sea mínimamente, advertirá que los problemas que han acaecido al hombre desde el comienzo de los tiempos, lejos de ser de la más diversa índole, son prácticamente los mismos incluso en las más diversas épocas o culturas. Lo que le ocurre a la protagonista, Saki, es algo que ha ocurrido siempre y que seguirá ocurriendo, esto es, el drama de la rosa que se marchita. Cuando el crepúsculo se encuentra cerca, es normal sentir nostalgia por la aurora pasada, esa aurora de los años en que fuimos bellos y jóvenes. Saki desea saborear el dulce néctar con que la embriaga su joven amante, antes de que su belleza se esfume y para ello no escatimará medios para conseguir su fin. Es aquí cuando, poseída por la pasión, pierde las riendas de su vida.

Este filme saca a colación un debate que ya había planteado Woody Allen en la maravillosa Annie Hall. Se trata de saber si un criminal al que aun no han capturado o al que no capturan jamás paga o no su culpa, mediante el arrepentimiento y la propia tortura producida por el sentimiento de culpa. A este respecto, el filme se posiciona claramente, mostrando el infierno por el que atraviesan los dos personajes principales. Aunque eso sí, un infierno producido más por el temor a que los capturen que por el arrepentimiento, algo que no llegan a vislumbrar jamás. Tengo la sensación de que para poder juzgar mejor la película y a los personajes me haría falta saber si una japonesa de finales del siglo XIX, podía divorciarse si así lo deseaba, puesto que esto cambiaría completamente el asunto, ya que al encontrarse maniatada una mujer que no se pudiera divorciar, digamos que de algún modo sería el estado quien la arrastraría a actuar de un modo ilícito y deplorable.

La imagen de una catarata de hojas muertas, cayendo al suelo con indolencia mientras se mecen en el aire, simboliza muy bien uno de los rasgos más distintivos de la cultura japonesa. Es conocida esa sensibilidad especial de los japoneses para captar la belleza en hechos o actos que para nosotros los occidentales no pasan de triviales, al estar desgastados por la costumbre. Podemos encontrar varios momentos así a lo largo del filme, que por memomentos es lírico y por momentos desgarrador, donde se nos muestra la belleza de la naturaleza que nos rodea.

Conclusión: Buen film, en el que todo es bueno sin que nada llegue a brillar.
Juan Diego
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6
11 de junio de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nada más comenzar la película nos encontramos con este aforismo de Schopenhauer: “No es en la historia universal, como proclaman los filósofos, donde se encuentran la norma y el orden establecido, sino en las vivencias de cada individuo”.

A través de este filme Liliana Cavani se encarga de mostrarnos con diáfana claridad cuán draconiana llegó a ser la moralidad del partido nazi y emprende una cruzada visual a favor de las libertades sexuales y de expresión. Con esta versión cinematográfica de la genealogía de la moral, y ayudándose del aforismo de Schopenhauer, Liliana intenta derribar la vieja creencia de que determinadas actitudes humanas son inherentes a su condición, y por ende, el único camino correcto o moral, como la heterosexualidad.

Hay que reconocer que como mensaje, este filme no está mal, pero el problema es que una vez transmitida la discordancia con esta moralidad opresora, no queda nada más. Una vez aceptada la idea de que lo correcto no es enamorarse de un sexo, sino de una persona, independientemente de cuál sea su sexo, lo que nos queda es una historia de amor a tres bandas interpretada por actores mediocres y con una floja puesta en escena, donde las ansias de posesión, los celos, las mentiras y la desconfianza eclipsan a los momentos de dicha, calma y confianza.

Así que nos encontramos ante otra película de denuncia contra el régimen nazi, donde lo que se cuenta –persecución de los literatos, homosexuales, y ansias de posesión sexual- ha sido contado con anterioridad y de manera más notoria, por lo tanto, considero que es una película totalmente prescindible.
Juan Diego
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6
17 de enero de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando se produce una hendidura ideológica capaz de dividir al mundo, transcurrido un tiempo, todos, tanto los vencidos como los vencedores sentirán el peso de la culpa, los unos por las injusticias cometidas y los otros por el alto precio que tuvieron que pagar por recuperar la libertad usurpada. Es imposible que no despertemos algún día de esta pesadilla y que recobremos la lucidez, parece decirnos el director al final de la película.

Una película que nos sitúa en una época en la que los idealistas e intelectuales que no comulgaban con los dogmas del partido nazi se veían obligados a huir (como Thomas Mann) o morir; mientras que quienes sí lo hacían, bien por ideales o por impulsar su carrera académica, contribuían de manera notoria y directa al genocidio, aunque no menos que quienes en su impertérrito ensimismamiento evitaban lanzar ni tan siquiera miradas de soslayo hacia el águila fascista que emergía en el horizonte cual ave fénix.

Curiosamente se han rodado pocas películas sobre la adhesión de los literatos al Tercer Reich, ya que fueron una pieza fundamental en la propagación, exaltación y enardecimiento de los valores arios.

Desde el primer momento se nos muestra al personaje principal, John (Viggo Mortensen), como un hombre apocado, dubitativo y trémulo en su proceder, exceptuando los momentos en los que se sitúa en la cima de su académico estrado y enarbola su amor por la literatura; es únicamente entonces cuando lo vemos seguro de sí mismo, como si de un rey que vuelve del exilio y recupera su trono usurpado se tratase. La presentación de este personaje me parece notoria y está llena de metáforas. Por un lado tenemos su relación con Anne (Jodie Whitaker), esa sílfide de áureos cabellos y fuerte personalidad, el paradigma de mujer aria, que simboliza su coqueteo con el plúmbeo pero inexorable avance de esa plaga llamada fascismo; y por otro lado tenemos a Maurice (Jason Isaacs), su amigo judío, al cual sale a buscar durante las noches de insomnio, lleno de arrepentimiento, cuando la lucidez de su parte filantrópica consigue destronar a la lujuria del fascismo.

Interesante película que nos previene sobre los peligros que conllevan la adhesión a los partidos políticos de carácter radical y en la que se nos muestra como cualquiera, incluso buenas personas, por un error o una falta de consciencia pueden verse implicados en una barbarie. Gracias a la sólida interpretación de Viggo Mortensen y a un guión que no pasa de aceptable se logra salvar una película llena de carencias tanto artísticas como técnicas, como su floja puesta en escena.
Juan Diego
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8
6 de enero de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
John Huston se moría, sí, pero no se resignaba a morirse sin haber adaptado lo único adaptable que escribió su admirado James Joyce. Y lo hizo; medio muerto, pero lo hizo. Y bendita la hora. John Huston era un rebelde que sentía admiración por el escritor mas rebelde que ha habido a nivel narrativo. Cuentan que cuando era adolescente su madre le dio a leer el Ulises de Joyce y desde entonces siempre sintió admiración por Joyce e Irlanda, país en el cual acabaría nacionalizándose.

Adaptar el relato “Los muertos” es tremendamente complicado porque prácticamente todo el relato es una preparación para su majestuoso y desgarrador final, por lo que el ritmo del relato y del film es muy lento y se le puede acusar de que no sucede nada, y es que efectivamente es así. Tanto en el relato como en el film el valor de la primera parte radica casi exclusivamente en la estética; en el relato, en la bella prosa de Joyce, que aquí utiliza una narración tradicional prescindiendo de su carácter díscolo e innovador, mientras que en el film la belleza radica en la música de piano, en sus decorados, en el vestuario, y en esa luz blanca y mortecina con la que Huston rodea las caras de los actores, cual si ya estuvieran muertos. Esta es una adaptación sorprendentemente fiel, tanto, que parece como si John Huston hubiese dotado de vida a los personajes, no hay nada añadido o recortado, por lo que leer el relato o ver la película resulta casi lo mismo, se nota el profundo respeto que Huston sentía hacia Joyce.

“Los muertos” abarca diversos temas como la religión, el amor, el nacionalismo, el alcoholismo o la hipocresía de los salones burgueses, pero por encima de todo, es un film que nos habla sobre la importancia de nuestros recuerdos y un sencillo homenaje a todas esas personas que han pasado por nuestras vidas y que ya no están con nosotros, sobre las reminiscencias que sus actos dejan en nosotros y de la importancia de trascender a la naturaleza mediante nuestros actos en vida.

A John Huston siempre le costó dotar a sus películas de un carácter romántico, de explotar lo que su amigo James Agee definió como el lado femenino del arte, aunque en esta, su última película, por momentos podemos seguir observando algunas reticencias al respecto, al final, John Huston en los últimos minutos de su carrera y de su vida, deja a un lado todo su cinismo y crueldad para con el espectador y se libera de todos sus pudores, siendo el John Huston mas humano de toda su carrera.

Mientras hollywoood pasaba por la peor década de su historia a Huston no se le ocurre otra cosa que rodar una película de carácter intimista, con un ritmo demasiado lento y con un reparto formado por actores irlandeses (excepto su hija Angélica). Una película demasiado europea o demasiado buena para lo que se hacía en esa época. Una despedida a la altura del genio díscolo e inconformista que fue John Huston. Una magistral adaptación de un magistral relato de un magistral escritor. Magistral.
Juan Diego
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