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España España · Estepona
Críticas de Juan Diego
Ordenadas por:
16 críticas
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8
11 de enero de 2012
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me gusta el cine de Bertolucci. Creo que bajo la sempiterna provocación de sus películas subyacen unas ansias de vida enormes, su cine nos incita al deseo de trascender el vouyeurismo al que todo espectador está ligado para dejar de serlo y vivir las vivencias de sus personajes, a veces rodeados de las peores circunstancias, como en “Novecento”, pero siempre llenos de vida. Esto es lo que hace especial a Bertolucci, la vida que su cine nos insufla en grandes cantidades, y es que cuando uno de sus personajes abraza, nosotros abrazamos con él.

En absoluto considero a “Soñadores” como una película sobre mayo del 68. Considero que en esta ocasión este mayo del 68 solo es un contexto, una excusa para poder entender el proceder de los personajes, su rebeldía, sus ansias de discordancia, sus ganas de estallar y la natural concupiscencia del despertar sexual que unida a un movimiento emergente y de carácter insurreccional multiplican de manera considerable el resultado de sus actos. “Soñadores” es una película sobre la amistad, el amor por el cine y el despertar sexual.

Si “Soñadores” es provocativa, no lo es, en mi opinión, gracias a las escenas de sexo explícito, estas escenas no me provocan, las acepto con naturalidad; en cambio, lo que sí me provoca, lo que no soporto, lo que me azota y me desgarra es la impersonalidad de los dos hermanos, que viven permanentemente uno al lado del otro y son incapaces de vivir separados. Esta carencia de personalidad, esta pusilanimidad frente a la vida es la que los arrastra a la masa informe del comunismo, donde la voluntad personal queda subyugada por la voluntad común del partido.

Se sabe que Bertolucci es un director detallista (y en esta ocasión no iba a serlo menos), que además ha heredado de su antigua faceta como poeta y de su colaboración con Pasolini el sentido del color y la musicalidad, y es que todo en sus películas, hasta el detalle más nimio, está ahí por algo, como pasa con los objetos; tenemos la sensación de que ningún objeto es solo algo inerte y decorativo, estos objetos están revestidos de una elocuencia sugestiva, como el Delacroix con la cabeza de Marylin Monroe avisándonos de que ese pasillo nos ha transportado desde el mundo frío, sobrio y estirado de los padres al cálido, cinéfilo, lascivo y díscolo mundo de Theo e Isabelle.

Esta película aunque es un regalo para todos los cinéfilos no alcanza las cumbres cinematográficas que han alcanzado otros films de Bertolucci debido a su temática sexual casi monopolizadora y a que en lugar de crear escenas legendarias se encarga de recordarlas y retratarlas, como aquella de “A band apart” en el museo del louvre. Tengo la sensación de que este film jamás podrá ser un clásico puesto que al rendir homenaje la mayor parte del tiempo a otras películas deja de mirarse a sí misma y solo aquellas películas que se tengan a sí mismas como referencia más directa se convertirán en obras de arte inmortales. Notable película para cinéfilos de pro.
Juan Diego
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9
19 de diciembre de 2011
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La máxima cinematográfica de Frank Capra era la siguiente: “En el cine no hay normas. Sólo pecados. Y el pecado capital es el aburrimiento.” Capra intentó a la lo largo de su carrera no serle infiel a este principio y lo consiguió con creces. Pero si de algo se ha acusado al cine de Capra ha sido de su optimismo desaforado y de su ingenuidad, pero creo que este hecho responde al deseo del director de hacer que las cosas sean perfectas en el arte, puesto que en la vida no lo son. Del deseo de hacer que toda una generación, en una época desencantada por los horrores de la guerra y la miseria de la posguerra, volviesen a soñar.

Todo en esta película es maravilloso, desde el comienzo de los créditos iniciales, en los que vemos a “Annie Manzanas” con su cesto caminar bajo la lluvia, abriéndose paso por la acera en la que todos, con sus bellos trajes y paraguas, se apartan al ver a una mujer de estética tan desagradable; este comienzo supone toda una lección de cómo se presenta a un personaje principal y sus condiciones sin que haga falta ni una palabra. Es muy de resaltar en esta cinta, el uso minimalista de la música, ya que el punto fuerte de la cinta es el guión y la velocidad entre uno y otro diálogo, con lo que hubiese sido desastroso el uso desmesurado de música. Pero evidentemente, nada sería del guión si no estuviera interpretado por un reparto tan magnífico e incuestionable en el que aunque todos están inmejorables, se eleva por encima de todos los demás, una Bette Davis irrenunciable, de ojos brujos y magia infinita, que nos lo entrega todo con cada uno de sus gestos y movimientos y se hace dueña de toda la pantalla con una facilidad inusitada, por algo la apodaron la “Reina de Hollywood” y “La primera dama del cine en blanco y negro”, y es que contar con Bette Davis para una película significaba tener a la que muy probablemente sea la mejor actriz de todos los tiempos.

En “Un ganster para un milagro” podemos ver los rasgos inherentes de las historias de Capra: solidaridad, optimismo, fe, romanticismo, esperanza e ingenuidad. Esta es una película a la que se le podría atribuir el mejor elogio que se me ocurre, que no es otro que decir que ha sido rodada por un niño o por un hombre con alma de niño, que no ha perdido la magia, y que a través de su arte intenta liberarnos de nuestro letargo o largo ensueño a nosotros, los realistas, los adultos, los muertos, que ya no creemos en la magia de los cuentos. Y es que esta película, desde el primer fotograma al último, no es otra cosa que un derroche de magia y de cómo hacer comedias con elegancia, algo que abundaba en el Hollywood de la época y que murió con directores como Capra, Lubitsch o Wilder. Ésta es una manera de hacer cine que ya no existe. En definitiva, esta es una obra maestra irrenunciable, una película cargada de buenas intenciones e imposible de olvidar, además de ser el film con el que todo director soñaría despedirse de este hermoso arte. Un cuento inolvidable.
Juan Diego
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8
12 de junio de 2012
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si prescindimos del sentido alegórico de las obras artísticas en general, no sólo en el cine, nos veremos irremediablemente abocados a eso que yo denomino: “la banalización del arte”. Esta banalización consiste en reducir las obras a los términos más simples, algo a lo que determinadas mentes prosaicas tienden a hacer con asiduidad. Pongo un ejemplo claro de ello: si aseguramos que “El Castillo” de Kafka no es más que la historia de un hombre que no puede acceder a un castillo por ningún medio, la obra pierde todo interés y además de estar cometiéndose una injusticia con ella, se está dejando al descubierto la frivolidad de dicho juicio. Pues bien, esta disertación sobre arte que me he permitido no es gratuita, de ningún modo. Parece ser que Stromboli es una película a la que se ha acusado de banal, al tener un argumento demasiado sencillo. Nada más lejos de la realidad: Stromboli es un film cargado de metáforas, donde no sólo todo lo que se ve ha de interpretarse de manera literal sino que además hay que hacerlo de manera metafórica para poder disfrutar de esta gran película y lo que es más importante, no ser injustos con ella. En esta época de suntuosidades frívolas, esta cinta no se hubiera estrenado ni en el festival de Málaga, ya que es una película con pocos diálogos, donde prácticamente sólo hay una actriz en la pantalla, ¡pero qué actriz!, y donde todo se reduce al tormento de dicho personaje. Si analizamos la película veremos que está llena de contrastes donde dos culturas diferentes se encuentran en clara pugna: por un lado tenemos a los habitantes de la isla que emigran a los Estados Unidos en busca del sueño dorado de la diosa bastarda: la fortuna; y por el otro, a los que desean seguir viviendo en la tierra en que crecieron, aguantando los envites de la naturaleza. Digamos que están los conservadores y los progresistas, y el personaje de Ingrid Bergman, una mujer culta, hija de burgueses venidos a menos que no se resigna a vivir en la isla rodeada de paletos, pertenece a estos últimos. Durante toda la película vemos al hombre en clara pugna con la naturaleza: cuando los hombres se enfrentan al mar para pescar, cuando el volcán los obliga a huir o cuando el personaje de Ingrid Bergman intenta de modo infructuoso acallar a su naturaleza que le ordena que abandone esa cárcel donde se encuentra prisionera. Si se quiere ser justo con este film, tenemos que tener en cuenta que en aquella época no existían los Almodóvar y apenas se hacían películas protagonizadas por mujeres –o, al menos, en proporción- y mucho menos en que se denunciasen las cárceles en que vivían millones de mujeres de todo el mundo tiranizadas por un ambiente opresor y maridos déspotas. Pues ésta es otra de las muchas alegorías con que cuenta la película: la esclavitud, aunque no entendida del modo tradicional, sino una esclavitud más sofisticada y cobarde.

Se puede seguir leyendo abajo, en relidad no contiene spoiler.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Juan Diego
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10
27 de diciembre de 2011
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Los amores exóticos acaso...?
Como rosa de Oriente me fascinas:
me deleitan la seda, el oro, el raso.
Gautier adoraba a las princesas chinas.

¡Oh bello amor de mil genuflexiones:
torres de kaolín, pies imposibles,
tasas de té, tortugas y dragones,
y verdes arrozales apacibles!

Ámame en chino, en el sonoro chino
de Li-Tai-Pe. Yo igualaré a los sabios
poetas que interpretan el destino;
madrigalizaré junto a tus labios.

Diré que eres más bella que la Luna:
que el tesoro del cielo es menos rico
que el tesoro que vela la importuna
caricia de marfil de tu abanico.

Me he permitido poner en esta crítica un extracto de un poema de Ruben Darío, porque al fin y al cabo es de poesía de lo que voy a hablar en esta critica; o dicho en otras palabras, del director del cine mas poético que existe en estos momentos. Wong Kar Wai es, por encima de todo, un cineasta estético; un poeta de la imagen que en su delirium tremens pinta imágenes de una belleza inigualable, de una sofisticación exquisita; un Prometeo que en su heroico acto de entregarle a los mortales un poco de vida, roba del paraíso, en lugar del fuego, huríes de ojos rasgados y nívea tez, y convence a las náyades, para que en vez de en ríos y fuentes, jueguen en sus películas y les muestren al mundo su belleza oriental.

Los personajes de las películas de Wong Kar Wai y por supuesto de “Deseando Amar”, son seres profundamente sensibles, inteligentes y de fuerte personalidad, sobre todo las mujeres, que no son simples esculturas exóticas de carne y hueso sino que ocupan un lugar importantísimo en sus obras; no están dibujados psicológicamente, lo importante en ellos son sus sentimientos y no los motivos que los llevan a a actuar de una u otra forma; son, en su mayoría, seres despreocupados de la realidad social o política de su país, para ellos lo único importante son sus vidas. Se encuentran insatisfechos con la vida que llevan, abrumados por la certeza de una existencia gris, pero son conscientes de este hecho y de que deben dar un cambio a sus vidas. Aquí es donde entra el leitmotiv del cine de Wong Kar Wai: el amor. <<¡Oh,es el amor! Tendré que ocultarme o huir.>> exclamaba Borges en uno de sus poemas. Sus personajes intentan encontrar la redención en los poderes del amor. Se entregan a un amor sin limites, que acaba siendo devorado por las dificultades de la situación o por sus propios fantasmas que los hacen abandonar y huir, malogrando así sus vidas y viviendo el resto de sus días en la melancolía de lo que pudo ser y no fue.

Esta es una película deliciosa, mágica, triste, desgarradora, sensual, preciosista, lírica, intimista, y profundamente bella y turbadora en cada una de sus imágenes y melodías que contienen toda la fragancia del perfume de oriente; ergo, este es un cine de sensaciones. En definitiva, una obra maestra insuperable, realizada por un director único, con una sensibilidad e imaginación exquisitas. ESTO SÍ ES POESÍA.
Juan Diego
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7
14 de enero de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película nos conecta con nuestros instintos más bajos y arraigados como son el deseo de posesión y la inmortalidad que todo artista desea aprehender mediante su arte. Esta película paradójicamente es comercial y digo paradójicamente porque contiene una de las psicologías más complejas que he visto en una película en los últimos tiempos, la de su personaje principal. Esta psicología se me revela ininteligible para la gran masa que habrá visto y que verá esta película. Y que a mí me lleva a plantearme cuestiones como: ¿Puede un artista para crear su gran obra, valerse de cuantos elementos haya a su alrededor aunque se trate de vidas humanas? ¿Y si el producto final proporciona una felicidad enorme a un número mucho mayor de personas que el número a las cuales se les ha infligido un daño? ¿No es esto lo que se considera utilitarismo, es decir, provocar un mal menor para conseguir un bien mayor? O dicho de otro modo, ¿el fin justifica los medios? Ya Dostoievski nos demostró que no en “Crimen y Castigo” pero aún así, dejo aquí esa disyuntiva. ¿Se puede juzgar a una persona que no sabe lo que hace con la misma ortodoxia que se juzga al criminal que sí lo sabe? ¿Qué pasa con la sexualidad reprimida, en qué patologías deriva? Ya ven que no son pocos los frentes que me ha abierto esta película y aún se podrían abrir algunos más que la película nos plantea, por eso digo que aunque su puesta en escena sea muy comercial la idea de la película no lo es.

Tengo la sensación de que esta película/libro ha causado tanto revuelo y ha interesado a tanta gente porque nos sumerge en nuestra parte más oscura, esa que ni queremos ni debemos negar. Y además debido a su sentido alegórico, en el cual el personaje principal desea capturar y mantener la esencia de las cosas mediante su olor, creando un perfume que logre perpetuar esas esencias, entre ellas la femenina. Esta es una obsesión que en uno u otro modo nos atañe a todos, las ansias de eternidad: las personas hermosas desean perpetuar su belleza; el amante, el amor de su amada; el joven, su juventud; el sabio, su lucidez; el rico, sus posesiones, y así infinitamente. Este artista desea rendirle tributo a sus dioses paganos, que son los dioses de su omnipotente avidez olfativa, mediante sus macabras ofrendas, mientras que nosotros deseamos rendirle tributo a nuestra vanidad, lascivia o avaricia. Se puede ver que si los extrapolamos no existe tanta diferencia entres sus deseos y los nuestros.

Aunque absolutamente comercial, su puesta en escena consigue transportarnos a la hedionda Francia del siglo XVIII. Sus decorados y vestuarios no están nada mal pero por desgracia y exceptuando a Dustin Hoffman, su reparto no pasa de ser mediocre y la historia contiene algunas lagunas por lo que poco a poco y a medida que se va volviendo más inverosímil se va desinflando. A lo que se le suma que ni su música ni su fotografía son memorables.
Juan Diego
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