Rashomon
8,0
23.567
Intriga. Drama
Japón, siglo XII. En Kioto, bajo las puertas del derruido templo de Rashomon, se guarecen de la torrencial lluvia un leñador, un sacerdote budista y un peregrino. Los tres discuten sobre el juicio a un bandido, acusado de haber dado muerte a un señor feudal y violado a su esposa. Los detalles del crimen son narrados desde el punto de vista del bandido, de la mujer, del señor feudal -con la ayuda de un médium- y del leñador, único ... [+]
12 de octubre de 2010
12 de octubre de 2010
8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rashomon me parece un relato perfecto. Bien es verdad que cinematográficamente no añade mucho más que la fuerza del bosque y de la lluvia (aportaciones nada despreciables, por otro lado). Hay películas que nunca podrían ser una obra de teatro, como por ejemplo Mullholland Drive. Pero ésta de Kurosawa pienso que sí. Sin embargo esto no le quita méritos. El formato escogido le permite difundirse de forma más eficaz. Y ya digo, el relato lo merece.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Lo primero que pensé cuando salí del cine es que esta película muestra abiertamente la solución al enigma que plantea. Justo lo contrario de lo que se lleva hoy en día (tampoco lo critico), es decir, dejar puertas abiertas a la interpretación, no desvelarlo todo. Pero aquí no; hay una total fraqueza por parte del director, algo que puede resultar arriesgado (como lo fue en su día para Almodóvar mostrar al final de Todo sobre mi madre a la tan nombrada Lola). Hay que saber hacerlo. O más corto: hay que saber.
Fantaseo con la idea de montones de geniales directores de películas también geniales intentando que la gente no vea Rashomon. ¿Para qué se han rebanado ellos los sesos en plantear un misterio sobre el misterio humano si los espectadores tiene a su disposición Rashomon? Porque Rashomon se podría haber servido en los mismos términos relativistas: simplemente no dando la cuarta versión de lo ocurrido. ¡A ver quién es el valiente que la deduce! Jaja, ¡casi imposible! La película hubiera pasado también a la historia del cine, pero no por su clarividencia, sino por su astucia. Y parece que a Kurosawa no le movía lo último.
Fantaseo con la idea de montones de geniales directores de películas también geniales intentando que la gente no vea Rashomon. ¿Para qué se han rebanado ellos los sesos en plantear un misterio sobre el misterio humano si los espectadores tiene a su disposición Rashomon? Porque Rashomon se podría haber servido en los mismos términos relativistas: simplemente no dando la cuarta versión de lo ocurrido. ¡A ver quién es el valiente que la deduce! Jaja, ¡casi imposible! La película hubiera pasado también a la historia del cine, pero no por su clarividencia, sino por su astucia. Y parece que a Kurosawa no le movía lo último.

Takashi Shimura
En la película asistimos a cuatro testimonios distintos y dramáticos sobre un mismo suceso (la violación de una mujer y la muerte de su marido) relatados por los tres protagonistas (el samurái muerto, su mujer y el violador) y por un observador casual externo.
Todos los testimonios coinciden en dos hechos básicos: la mujer del samurái no despreció al
violador después de su acto, y el samurái murió atravesado por una espada o puñal. Además, los tres implicados se atribuyen la autoría de la muerte (incluido el propio muerto), pero lo relatan de forma que la culpa no recae del todo sobre ellos (todos la mataron y él solo se murió).
El testimonio del observador externo es inesperado y revelador (gracias Kurosawa por el rescate). A través de él podemos ver las mentiras y deformaciones en que incurrían los tres protagonistas principales, y más importante todavía, las verdades que con ellas querían esconder.
Porque, ¿quién fue el culpable de aquella muerte? Todos y cada uno tiene su parte de culpa, y es que en ese trío se resume la inagotable fuente de porquería del mundo.
Y para cerrar el círculo, esa frase del final dicha para expiar una culpa: "¿qué más me da alimentar seis bocas que siete?" Más leña al fuego.
Todos los testimonios coinciden en dos hechos básicos: la mujer del samurái no despreció al
violador después de su acto, y el samurái murió atravesado por una espada o puñal. Además, los tres implicados se atribuyen la autoría de la muerte (incluido el propio muerto), pero lo relatan de forma que la culpa no recae del todo sobre ellos (todos la mataron y él solo se murió).
El testimonio del observador externo es inesperado y revelador (gracias Kurosawa por el rescate). A través de él podemos ver las mentiras y deformaciones en que incurrían los tres protagonistas principales, y más importante todavía, las verdades que con ellas querían esconder.
Porque, ¿quién fue el culpable de aquella muerte? Todos y cada uno tiene su parte de culpa, y es que en ese trío se resume la inagotable fuente de porquería del mundo.
Y para cerrar el círculo, esa frase del final dicha para expiar una culpa: "¿qué más me da alimentar seis bocas que siete?" Más leña al fuego.
19 de julio de 2016
19 de julio de 2016
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Extraña, como las otras películas de A. Kurosawa, Rashomon se escribe en clave japonesa, se desarrolla en fabulación de enigmática propuesta y toma sus arquetipos de un modo de entender el honor, la vida y el cine que entra en conflicto con nuestra forma occidental.
Por eso nos parece sobreactuada y, en cualquier caso, exige una determinada actitud positiva y un esfuerzo adicional en el patio de butacas.
Pero posee intensidad narrativa, viveza argumental, imaginación, una notable calidad cinematográfica y una carga emocional que traspasa la barrera cultural.
Sus aliados son una obsesiva banda sonora que nos acompaña durante todo el metraje, una puesta en escena magistral y la interpretación sublime de alguno de sus protagonistas hasta con seguir un resultado admirable.
Por eso nos parece sobreactuada y, en cualquier caso, exige una determinada actitud positiva y un esfuerzo adicional en el patio de butacas.
Pero posee intensidad narrativa, viveza argumental, imaginación, una notable calidad cinematográfica y una carga emocional que traspasa la barrera cultural.
Sus aliados son una obsesiva banda sonora que nos acompaña durante todo el metraje, una puesta en escena magistral y la interpretación sublime de alguno de sus protagonistas hasta con seguir un resultado admirable.
30 de mayo de 2008
30 de mayo de 2008
20 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tenía interés por ver esta película, ya que en la mayoria de los casos mis gustos suelen coincidir con la votaciones de filmaffinity, pero acabo de ver Rashomon de Akira Kurosawa (coletilla que siempre añaden los pseudo-intelectuales), y casi me duermo..si no lo he hecho es porque ahora juega Pau Gasol...Bueno a lo que voy, el guión si me parece interesante, la misma situación vista desde cada uno de los personajes, y el gran dilema de la verdad o la mentira, quien miente?, quien parece mas creíble?, de todas formas en cualquier película de medio pelo encontramos tambien dilemas morales, es algo a lo que se le da demasiada importancia en esta...ya sé que mentir esta mal...y que el ser humano es malo por naturaleza..hasta el que se cree bueno es malo...hasta yo...hasta tu....pero Rashomon no me ha hecho recapacitar en nada que antes no lo hubiera hecho.
Insufribles por otra parte escenas larguísimas en las que intentaba apreciar algo especial..pero nada de nada...50 segundos de Fumiko, de Takashi o del que sea andando por un bosque con una camara fija....que eso era una novedad para la época, tambien el video vhs era una novedad para la época pero yo tengo lector de dvd...y supongo que tú también...
Insufribles por otra parte escenas larguísimas en las que intentaba apreciar algo especial..pero nada de nada...50 segundos de Fumiko, de Takashi o del que sea andando por un bosque con una camara fija....que eso era una novedad para la época, tambien el video vhs era una novedad para la época pero yo tengo lector de dvd...y supongo que tú también...

Toshirô Mifune & Machiko Kyô
Mención aparte merecen la actuación de la medium, que es una mezcla de la niña del exorcista y Quique Camoiras y del ladrón que intenta hacer el loco y sobreactúa de tal manera que parece Tarzán tomando ayahuasca (la propia liana)....
7 de noviembre de 2010
7 de noviembre de 2010
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rashômon es una película -basada en dos cuentos cortos de Ryūnosuke Akutagawa- que explora la mente y el comportamiento humano. Ante el asesinato de un hombre, su mujer, un bandido, un leñador y el mismo muerto a través de una médium dan su versión sobre el mismo hecho. Cada versión difiere un poco con las demás, y se adecúa a los personajes por el tema de honor, al cual Japón daba y da mucha importancia.
Después de ver la película, uno no consigue saber realmente la verdad. Aun así, eso es lo de menos, puesto que las cuatro versiones podrían serlo. ¿Qué es la realidad, al fin y al cabo? Esta es una de las preguntas que más respuestas tiene. Creo que todos tenemos la costumbre de dar por hecho que la realidad está allí, ajena a nuestra existencia. Descartes afirmaba que existimos en cuanto y tanto que pensamos –pienso, luego soy-, por consiguiente, cuando no hay una consciencia, una mente pensante, es que no hay existencia, ¿no hay realidad? Una posibilidad sería que la mente y lo material, lo real y tangible, estuviesen conectados, que fuesen la misma cosa. Esto lleva a pensar que podemos crear nuestra propia realidad, y suena algo descabellado, pero en mi opinión, es plausible en ciertos aspectos. Está claro que no aparece un flamante coche rojo delante nuestro simplemente porque lo deseemos, pero existe por ejemplo el efecto placebo. La mente piensa que algo se dará de un modo determinado, en mayor o menor medida esa cosa sucede, dependiendo del grado de confianza que uno tenga.
Después de ver la película, uno no consigue saber realmente la verdad. Aun así, eso es lo de menos, puesto que las cuatro versiones podrían serlo. ¿Qué es la realidad, al fin y al cabo? Esta es una de las preguntas que más respuestas tiene. Creo que todos tenemos la costumbre de dar por hecho que la realidad está allí, ajena a nuestra existencia. Descartes afirmaba que existimos en cuanto y tanto que pensamos –pienso, luego soy-, por consiguiente, cuando no hay una consciencia, una mente pensante, es que no hay existencia, ¿no hay realidad? Una posibilidad sería que la mente y lo material, lo real y tangible, estuviesen conectados, que fuesen la misma cosa. Esto lleva a pensar que podemos crear nuestra propia realidad, y suena algo descabellado, pero en mi opinión, es plausible en ciertos aspectos. Está claro que no aparece un flamante coche rojo delante nuestro simplemente porque lo deseemos, pero existe por ejemplo el efecto placebo. La mente piensa que algo se dará de un modo determinado, en mayor o menor medida esa cosa sucede, dependiendo del grado de confianza que uno tenga.

Toshirô Mifune
Otro aspecto interesante de la historia es como se muestra al ser humano. Sea el siglo que sea, el hombre es egoísta (en mi opinión hay que serlo, para según qué cosas) y mentiroso. Pienso que no siempre ocurre así, y desde luego no tiene porqué ocurrir en todas las culturas ni etnias. En la historia, parece que todos son corruptos, pues incluso el monje sospecha ya al final de las intenciones del leñador, como bien podríamos hacer nosotros después de todo lo que hemos visto anteriormente. Los personajes que se ven involucrados en el delito prefieren autoinculparse de un asesinato y mentir, antes que ser vistos sin honor. Es preocupante el grado de importancia que damos a la opinión de los demás respecto a nuestra propia persona.
La película está considerada entre las mejores, y no es de extrañar. Da la sensación de estar muy completa, tiene un desarrollo muy adecuado y un ritmo un tanto pausado. Llama la atención el elemento de la lluvia, que es símbolo de cambio dramático o de escenario. Sigue una tradición cinematográfica del teatro Kabuki, donde se exagera la dramatización y se apuesta por la sencillez en otros aspectos.
La película está considerada entre las mejores, y no es de extrañar. Da la sensación de estar muy completa, tiene un desarrollo muy adecuado y un ritmo un tanto pausado. Llama la atención el elemento de la lluvia, que es símbolo de cambio dramático o de escenario. Sigue una tradición cinematográfica del teatro Kabuki, donde se exagera la dramatización y se apuesta por la sencillez en otros aspectos.
30 de mayo de 2012
30 de mayo de 2012
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Piensen en uno de esos cuadros que cuelga en algún museo del mundo, en un edificio arquitectónico o en una escultura que están consideradas arte, ejemplos de la disciplina artística que presentan, consideradas obras maestras. Pues eso es “Rashomon” en el arte cinematográfico, una obra maestra.
Por fin Kurosawa se siente absolutamente libre para hacer la película que quiere y eso se traduce en una expresión de creatividad artística en grado sumo. Todas y cada una de las escenas son magníficos cuadros cinematográficos que, como en un museo, nos van contando las partes de una historia, o de varias historias según los personajes. La escena del leñador por el bosque y su hallazgo, es uno de esos cuadros cinematográficos donde se combinan las ideas fundamentales del montaje descrito por los rusos y las aportaciones propias y originales de un maestro del cine.
Formalmente la película se plantea con toda originalidad pues Kurosawa estructura la historia en tres niveles que irá combinando. Un nivel son los relatos que hacen el leñador y el sacerdote al plebeyo, en las ruinas del templo Rashomon, mientras llueve; el segundo nivel es el relato de los distintos personajes implicados y hasta de una médium, ante las autoridades, y el tercer nivel es lo que cuentan los protagonistas principales de la historia, Tajômaru (Toshiro Mifume) y Masako (Machiko Kyô) según su propia percepción de la realidad. Cada uno de esos niveles, contado por los distintos protagonistas como hechos vividos independientemente, constituyen auténticos capítulos de la narración cinematográfica y la unión, el montaje de esos niveles, es lo que hace de esta película una expresión maestra del arte cinematográfico. En cuanto a la música, Kurosawa ya no recurre a música occidental clásica o moderna, sino que utiliza música oriental japonesa compuesta y adaptada a cada momento de la historia que le da una unidad y acentúa sus características de cine personal japonés. Como el bucle que parece ser la narración, así hay una música que recuerda a “El bolero” de Ravel perfectamente ensamblada en la historia. Por último la fotografía, quizás el mejor elemento de esta película, está muy bien tratada y experimenta con contraluces y claroscuros que asombran al espectador. Una anécdota: el productor tenía tan poca fe en el éxito comercial de la película que para los carteles de la promoción puso a la protagonista en bañador, cuando en todo momento lleva un vestido y unos velos que le cubren desde el cuello a los pies.
Por fin Kurosawa se siente absolutamente libre para hacer la película que quiere y eso se traduce en una expresión de creatividad artística en grado sumo. Todas y cada una de las escenas son magníficos cuadros cinematográficos que, como en un museo, nos van contando las partes de una historia, o de varias historias según los personajes. La escena del leñador por el bosque y su hallazgo, es uno de esos cuadros cinematográficos donde se combinan las ideas fundamentales del montaje descrito por los rusos y las aportaciones propias y originales de un maestro del cine.
Formalmente la película se plantea con toda originalidad pues Kurosawa estructura la historia en tres niveles que irá combinando. Un nivel son los relatos que hacen el leñador y el sacerdote al plebeyo, en las ruinas del templo Rashomon, mientras llueve; el segundo nivel es el relato de los distintos personajes implicados y hasta de una médium, ante las autoridades, y el tercer nivel es lo que cuentan los protagonistas principales de la historia, Tajômaru (Toshiro Mifume) y Masako (Machiko Kyô) según su propia percepción de la realidad. Cada uno de esos niveles, contado por los distintos protagonistas como hechos vividos independientemente, constituyen auténticos capítulos de la narración cinematográfica y la unión, el montaje de esos niveles, es lo que hace de esta película una expresión maestra del arte cinematográfico. En cuanto a la música, Kurosawa ya no recurre a música occidental clásica o moderna, sino que utiliza música oriental japonesa compuesta y adaptada a cada momento de la historia que le da una unidad y acentúa sus características de cine personal japonés. Como el bucle que parece ser la narración, así hay una música que recuerda a “El bolero” de Ravel perfectamente ensamblada en la historia. Por último la fotografía, quizás el mejor elemento de esta película, está muy bien tratada y experimenta con contraluces y claroscuros que asombran al espectador. Una anécdota: el productor tenía tan poca fe en el éxito comercial de la película que para los carteles de la promoción puso a la protagonista en bañador, cuando en todo momento lleva un vestido y unos velos que le cubren desde el cuello a los pies.
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